Reseñas de artículos Documenta Laboris
Maximiliano Korstanje
Resumen
El siguiente trabajo de revisión versa en un análisis de tres artículos que si bien parecen tratar diferentes problemáticas, en el fondo tienen un hilo conductor que los une y les da sentido, a saber la pulsión, el placer, la represión, la culpa y la proyección en un objeto (máscara) externo. Los artículos fueron extraídos del compendio Documenta Laboris publicado en 2008 por la prestigiosa Universidad Argentina John. F. Kennedy por reconocidos docentes, investigadores y terapeutas de la maestría en Psicoanálisis e invitados. Con una enfática crítica al estructuralismo antropológico, consideramos necesarios en futuros abordajes redefinir teóricamente la relación entre pulsión, represión y culpa retornando a los postulados freudianos clásicos como los textos que hemos discutido nos sugieren. La relación entre significado y significante, han sido mal comprendidas por Lacan y sus seguidores. En definitiva, dos o más síntomas pueden parecerse en su estructura sin haber sido provocados por la misma patología.
Palabras Claves: Pulsión - Significante - Temor - Demoníaco - Culpa - Estructuralismo.
Universidad de Palermo, Argentina .
El siguiente trabajo de revisión versa en un análisis de tres artículos que si bien parecen tratar diferentes problemáticas, en el fondo tienen un hilo conductor que los une y les da sentido, a saber la pulsión, el placer, la represión, la culpa y la proyección en un objeto (máscara) externo. Los artículos fueron extraídos del compendio Documenta Laboris publicado en 2008 por la prestigiosa Universidad Argentina John. F. Kennedy por reconocidos docentes, investigadores y terapeutas de la maestría en Psicoanálisis e invitados.
El primer artículo escrito por A. Haydeé Imbriano plantea el tema de la pulsión en el "hombre moderno liberal", así llamado por mantener una relación debilitada con referencia a la paternidad, la mayoría de ellos padecientes por un exceso de preocupación, satisfacción y ansiedad. En este contexto, la autora desmenuza la noción freudiana de pulsión desde lo que se nos aparece, y éste a su vez en la verdad de la cosa, ocultamiento de esa verdad y el camino para llegar a ella.
El primer término hace referencia al aspecto que envuelve la sustancia, en este caso "la cosa" no es más que un conjunto de apariencias; el segundo, se sitúa más allá de lo que parece y finalmente en el último tipo, la cosa sólo puede ser comprendida por la interpretación profunda de lo que pensamos que es pero desconocemos. Por otro lado, también la pulsión puede ser comprendida como un concepto propiamente dicho, cuyo fin último es darle fuerza ontólogica al objeto o un concepto fronterizo por cuanto delimita el mundo de lo psíquico y lo somático, o también como representante del orden psíquico capaz o plausible de ser medido. En efecto, la pulsión puede ser en la literatura freudiana descompuesta en grados en cuanto a un trabajo específico, a la cual se la llama energía (del vocablo energeia).
En este sentido, Imbriano analiza en Freud su posición con respecto al placer y las pulsiones de vida (eros) y muerte (thanatos). Según la autora, "lo que Freud descubre y conceptualiza en 1920 es que el sujeto humano no solamente repite lo displacen tero sino que la tendencia a la destrucción es más radical, mas primitiva, elemental y pulsional que el principio del placer" (Imbriano, 2008: 20). En concordancia con el hombre hobbesiano, la pulsión de muerte es el principio psíquico y más elemental del funcionamiento orgánico. Luego de la completa exposición sobre las pulsiones en Freud, Imbriano intenta crear un lazo conceptual con la revisión lacaniana sobre el mismo tema. Para Lacan, explica la autora, "la pulsión traza su vía en lo real que se ha de penetrar, es la vía para saber sobre lo real, o sea, sobre aquello que escapa a la representación, y que es del orden de una satisfacción en demasía" (Ibíd.: 24).
A diferencia de Freud, la posición lacaniana explica que existe una discontinuidad que debe ser comprendida no como un elemento heredado sino como una gramática singular presente en cada sujeto sin distinción sexual del inconsciente. Esta escenificación, que luego será criticada por la corriente anti-estructuralista, enlaza con la fuente en la excitabilidad que proporcional el limite y vacío generado por la madre. Por tanto, la excitación no está vinculada al órgano en sí sino a la relación y el lenguaje. Por ejemplo, si el sujeto demanda y no encuentra respuesta, esa demanda no encuentra satisfacción; así se configura sustitutos imaginarios del objeto perdido, pecho, heces, vos o mirada; pero ya ninguna satisfacción puede ser esperable y entonces Freud equivoca cuando supone que el placer entra en el campo de la pulsión. De esta manera, Imbriano nos ayuda a comprender precisamente el trauma como el vacío por el cual no existe nada que lo colme; pero clínicamente el trauma en sí no es la imposibilidad de gozar, sino el goce que no es posible y en consecuencia es constantemente buscado y añorado.
El segundo artículo titulado ¿culpable, no culpable? De Francois Gorog es un intento válido de interpretación de los estudios legados por S. Kierkegaard de la melancolía y la melancolía religiosa. Desde una perspectiva lacaniana, el autor expone convincentemente la descripción sobre la existencia y la producción a la vez que supone en las enseñanzas del filósofo danés una brecha entre la melancolía y el tú. En este sentido, la angustia puede entenderse como la última aprehensión de toda realidad. ¿Qué significa esto precisamente?. Podríamos en tratar la angustia de tres formas diferentes, la melancolía religiosa, la melancolía de amor y el amor cristiano. El primer aspecto a considerar, en el trabajo de Kierkegaard, según Gorog se inscribe la desesperanza sino como destino último para un bien mejor. Como por ejemplo, la resucitación de Lázaro ha sido llevada a cabo para una causa mayor, la "gloria de Dios".
En este punto, el principio de realidad no sólo es rechazado sino que además se transforma en una forma de mayor alcance, una melancolía que añora lo que no tiene; y es precisamente porque lo añora, no lo tiene. Por el contrario, la melancolía de amor puede explicarse por medio de su análisis de la Fe en Temor y Temblor. La figura del pecado, siempre vuelve en una próxima generación en asociación metafórica, Kierkegaard se refiere en este tratamiento a la culpa. El miedo y la Culpa, como en el Kierkegaard real son los causantes de la melancolía de amor. Sin embargo, a diferencia de la interpretación de Gorog, el interés del filósofo danés se encuentra vinculado a criticar la autoridad religiosa; y no necesariamente rememorando su ruptura con Regina Olsen, como originalmente sugiere Gorog. No es su propio arrepentimiento la explicación a su proposición en temor y temblor sino el desprecio de Kierkegaard al uso ideológico que las instituciones eclesiásticas de la época (de la cual él era parte). Las instituciones religiosas hacen del pecado y el arrepentimiento no sólo una forma de redención sino de adoctrinamiento -misma preocupación en el existencialismo alemán del cual Kierkegaard se ve influenciado-. Por último, la figura del amor cristiano sugiere Gorog es el amor psicótico que anula al yo como persona en cuanto asume una exacerbación de un "otro". Pero en términos ontológicos se trata de un amor muerto. En resumidas cuentas, el síntoma de la melancolía, más específicamente, es la culpa por la pérdida y el vacío que ésta genera (como explicara también Imbriano).
Ahora bien, el tercer y último trabajo titulado La Posesión demoníaca de D. Salomone, focaliza en la articulación de la posesión y la estructura histérica tomando en cuenta las contribuciones de Freud. Básicamente, la función del diablo como máscara en asociación con el goce femenino en la edad Media. En la antigüedad, una de las teorías que más de moda estaba con respecto a los episodios histéricos era la intervención de dioses o demonios en las conductas humanas que los hacían perder la cordura. Por último la teoría demonológica, llegaría (explica el autor) a su punto máximo en la Edad Media, época en que las brujas, posesas, y pactos satánicos encontráronse un límite en la "Santa Inquisición", cuyo código era tomado del código de la Alianza, Éxodo (22, 17), "no dejarás con vida a la hechicera". En 1563 Jean Wier desafía a la Inquisición dando para estos casos un diagnostico clínico de melancolía o de manía.
Producto de una previa extensa y profunda investigación en su tesis doctoral, del cual forma parte el artículo, Salomone explica historiográficamente la relación que aparenta existir entre el diablo y la patología histérica. En este sentido, "tanto Michele como Malinowski pensaban que el papel que la bruja tuvo en la Edad Media es el producto de la desesperación y la impotencia del pueblo ante la imposibilidad de controlar las pestes, las guerras y sus consecuencias. La culpa del malestar en la cultura recaería entonces sobre las mujeres. Desde un punto de vista menos sociológico y considerando la insatisfacción mencionada como rasgo, podemos explicar la cuestión considerando la histeria como susceptible de hacer de la posesión una de sus manifestaciones. De todas formas la mujer siempre ha sido portadora de un peligro enigmático por su particular relación con el goce" (Salomone, 2008: 179).
En este contexto, fue Charcot uno de los primeros de recopilar casos de posesiones demoníacas que luego fueran traducidas por Freud quien aducirá que los fenómenos de histeria disfrazados de posesión se mantienen inmutables a lo largo del tiempo; una prueba más de la eficacia científica por sobre la superstición medieval. Como sea el caso, el tratamiento freudiano sobre el tema apunta a la histeria como la causante de la mayoría de los casos observados. En consecuencia, para Freud el diablo es la representación de las pulsiones inconscientes y reprimidas de los aspectos sexuales humanos basados en el erotismo anal y el delirio paranoico. Retomando el caso de un pacto satánico de Haizmann en el siglo XVII, Freud sostiene una tesis por demás interesante, el pacto representa una "fantasía neurótica" y el demonio "un sustituto paterno". En el caso de Haizmann, éste se había sometido al demonio como hijo, luego de la muerte de su padre en tanto que el monje se revela contra la actitud femenina como respuesta a un sentimiento ambivalente ante la posibilidad de castración.
En este sentido, Salomone explica "en el estudio freudiano sobre Haizmann pueden observarse claros indicios del papel jugado por la identificación histérica" (ibid: 188). La confusión en la posesión hace referencia a la presencia del Diablo como un ente simbólico que se hace presente por medio del síntoma. En consecuencia, el significante no es culturalmente construido como en Lacan, sino biológicamente derivado del proceso represivo. Lo innombrable o el ocultamiento de la verdad (en palabras de Imbriano) se hacen presente y real en el poseído. Surge de esta forma, la representación -máscara- del diablo implica una representación de su propia existencia.
Siguiendo las contribuciones del estructuralismo entre significado y significante, el hechicero crea el mito mientras el paciente lo acepta, le quita el demonio de forma inversa (dijera Lévi-Strauss) el analista acepta la elaboración mitológica del paciente neurótico -en este caso el poseído. El diablo, es sólo un mecanismo de sustitución por tanto lejos está en el tratamiento freudiano de tener existencia ontólogica, sino sólo simbólica en la mascara que lo representa. Quizás, sin saberlo, una de las mayores contribuciones de Freud al tema rescatan el aspecto cultural en el tema de las posesiones; en efecto, no existe registro en el mundo de posesiones llevadas a cabos por personas que no pueden comunicarse por medio del lenguaje, por tanto se asume un problema derivado del trauma cultural.
En razón de lo expuesto, la siguiente reseña tiene como objetivo discutir críticamente (por medio de tres artículos que en apariencia son inconexos) el papel clínico que toman los analistas lacanianos con respecto al significado-significante, con respecto a la pulsión, la represión, la culpa y la neurosis. ¿Pero cual ha sido la limitación del desarrollo lacaniano sobre los significantes del lenguaje?; mejor dicho, ¿Cuáles son los problemas que comete Lévi-Strauss en la construcción de su método estructuralista y Lacan acepta?.
Una de las cuestiones centrales que se le cuestionan al estructuralismo levi-straussiano es precisamente la confusión entre el significado (como estructura) el significante (como vinculante). En efecto, dos estructuras mitológicas o lingüísticas pueden parecerse aun cuando ello no implique causalidad científica, las estructuras y sus órdenes son producto de semejanzas en los procesos "evolutivos" o de "adaptación". Por ejemplo, en su análisis sobre los mitos el autor toma la estructura (no el contenido semántico) del mito helénico de Edipo con respecto al incesto y en analogía toma el mito céltico de Parsival. Si bien en su desarrollo ambos parecen sustancialmente contradictorios, el método estructuralista termina por demostrar que existen en ambos ciertas estructuras gramaticales plausibles de ser comparadas y que demuestran en el mito una forma humana de reducir la contradicción que existe entre el orden cultural y animal. Llegado el caso, podría cuestionársele a Lévi-Strauss, que ve semejanzas donde existen formales diferencias pero no ha de ser tan simple, el antropólogo francés sortea inteligentemente ese primer escollo. En consecuencia, como los mitos otras instituciones y prácticas sociales no deben ser clasificadas, e inventariadas en cuanto a su contenido específico como promovió la Escuela de Antropología Social Británica, sino en sus semejanzas estructurales.
Esta tesis es reforzada convincentemente por un estudio brillante sobre las estructuras mito-totémicas de diferentes sociedades tribales; en todas ellas agrupadas siempre como binomio sobresale la idea de que en el hombre existe una tensión entre el mundo natural del cual evidentemente forma parte y el cultural. A diferencia de sus predecesores, para el autor todo comportamiento humano se enmarca en una inherente tensión entre naturaleza y cultura. Ya esta idea estaba presente en una obra anterior: Las formas elementales del parentesco. En ese trabajo, Lévi-Strauss (1991; 2003; 2002; 1995) sostiene que en el mundo de los individuos existen dos órdenes: el universal (biológico) y el normado (social). Ambos están unidos por la sexualidad y es por medio de la prohibición del incesto que el sujeto se reserva y somete a ciertas normas el contacto sexual con las integrantes de su familia. En este sentido, la regla de exogamia permite el intercambio de mujeres (hermanas, esposas o hijas) entre grupos y paralelamente garantiza el orden social. Sin embargo, el desarrollo del autor va a encontrar una fuerte oposición en una antropóloga estadounidense Mary Douglas quien le crítica el haber descuidado el papel que cumplen las prácticas sociales dentro de las mismas estructuras (Douglas, 1998).
Según Douglas, Lévi-Strauss en este punto no sólo olvida a las prácticas dentro del propio proceso teórico estructuralista sino que subestima la posibilidad de que las semejanzas no sean una causalidad científica específica para demostrar una relación entre dos grupos humanos. Es decir, que si la tribu A se parece a la B, ello no es por una concatenación o eficacia del método estructuralista sino todo lo contrario su falencia más clara. Existen en los grupos humanos factores ambientales que predisponen a ciertas prácticas conjuntas o atributos distintivos; en efecto, entonces la supuesta similitud entre dos grupos no habla en sí de algún tipo de relación cierta sino de una reacción paulatina del propio grupo por la adaptación en el entorno. En otras palabras, lo similar no implica de ninguna forma una causalidad certera entre dos fenómenos o estructuras. Con esta certera crítica, la antropóloga hiere de muerte todo el desarrollo levi-straussiano con respecto al significado y al significante luego re-tomado erróneamente por J. Lacan y otros varios psicoanalistas.
En el sentido expuesto, consideramos necesarios en futuros abordajes redefinir teóricamente la relación entre pulsión, represión y culpa retornando a los postulados freudianos clásicos como los textos que hemos discutido nos sugieren. La relación entre significado y significante, han sido mal comprendidas por Lacan y sus seguidores. En definitiva, dos o más síntomas pueden parecerse en su estructura sin haber sido provocados por la misma patología.
Referencias
Douglas, M. (1998) Estilos de Pensar: ensayos críticos sobre el buen gusto. Barcelona, Editorial Gedisa.
Gorog, Francois. (2008). "Culpable, no culpable?". Documenta Laboris. Ensayos y Tesis en Psicoanálisis. Número 12, pp. 61-82.
Imbriano, Haydee A. (2008). "La Pulsión es un concepto necesario". Documenta Laboris. Ensayos y Tesis en Psicoanálisis. Número 12, pp. 13-39.
Lévi-Strauss. (1995) C. Antropología Estructural. Buenos Aires, Ediciones Paidos.
Lévi-Strauss, C (1991). Las formas Elementales del Parentesco. Madrid, Editorial Paidos.
Lévi-Strauss, C. (2002). Mito y Significado. Madrid, Editorial Alianza.
Lévi-Strauss, C. (2003). El Pensamiento Salvaje. México, Fondo de Cultura Económica.
Salomone, Luis Dario. (2008). "La Posesión Demoníaca". Documenta Laboris. Ensayos y Tesis en Psicoanálisis. Número 12, pp.177-191.