Algunas anticipaciones de Schopenhauer a las ideas de Freud sobre el hombre y la cultura


Elena Bravo*




Resumen: Este ensayo trabajo consiste en hacer una comparación entre Schopenhauer y Freud en su concepción sobre el hombre y la cultura. A pesar de la separación de casi 100 años entre un pensador y otro, y más aún, a pesar de la negativa de Freud a reconocer alguna influencia de Schopenhauer sobre él, se pueden rastrear puntos de coincidencia en sus planteamientos, a los que Freud arriba mediante su trabajo clínico y Schopenhauer mediante su intelección filosófica. 


La propuesta de revisar en Schopenhauer antecedentes de la obra de Freud no es nada novedosa. Al mismo Freud un par de veces se le confronta con este tema y él, en 1914, niega categóricamente que este filósofo lo haya influido, pues según sus palabras lo empezó a leer ya tarde en su vida, afirmando que si se hallasen coincidencias en torno a la afectividad, sexualidad y la teoría de la represión, no podrían atribuirse a que estuviera familiarizado con su doctrina (1).  Saltan a la vista, sin embargo, ciertas contradicciones de Freud: en 1900, en el texto inaugural del psicoanálisis, "La Interpretación de los sueños", cita a Schopenhauer varias veces. Más tarde, en 1914, admite que lo leyó tarde en su vida.  Y aún después, en 1919, vuelve a negar en una carta a Lou Salomé haberlo hecho y dice proponerse empezar a hacerlo (2). ¿Por qué Freud pospone el reconocimiento de la influencia del pensamiento de Schopenhauer en su obra? Ya sea por un intento de preservar su originalidad, o tal vez por mantener al psicoanálisis como una práctica distinta de la filosofía a la que considera mera especulación.  Sin embargo, es hasta 1932 en donde ya a Freud parece no preocuparle tanto que se insista en esta comparación:
Acaso digan ustedes, encogiéndose de hombros: "Esto no es ciencia de la naturaleza, es filosofía schopenhaueriana". Pero, ¿por qué, señoras y señores, un pensador audaz no podría haber colegido lo que luego una laboriosa y sobria investigación de detalle confirmaría? Además, todo ya se dijo alguna vez, y muchos dijeron cosas semejantes antes de Schopenhauer (3).


Independientemente de que Freud admita si Schopenhauer ejerció una influencia sobre él, este ensayo no busca establecer árboles genealógicos que subestimen la originalidad del psicoanálisis; se trata simplemente de describir algunas conclusiones a las que Freud arriba a partir de su práctica clínica que coinciden con planteamientos de Schopenhauer realizados como efecto de lo que Freud denomina un tanto despectivamente como de la pura "intelección" obtenida de manera intuitiva.


A estos pensadores los separan casi 100 años. Ambos han sido recordados como "pesimistas", "misóginos" y hasta "misántropos".  
Vayamos trazando entonces algunos de estos paralelismos que van mucho más allá de los calificativos mencionados. Primero, el concepto de "Voluntad" como equivalente a "vida pulsional", piedra angular de la teoría psicoanalítica. Esta comparación ha sido la más abordada, incluso es Freud el primero que lo reconoce:
Cabe citar como predecesores a renombrados filósofos, sobre todo al gran pensador Schopenhauer, cuya "voluntad" inconsciente es equiparable a la "vida pulsional" del psicoanálisis. Es el mismo pensador, por lo demás, que con palabras de inolvidable acento ha recordado a los hombres la significación siempre subestimada de su pujar sexual. El psicoanálisis sólo ha tenido prioridad en esto: no se limitó a afirmar en abstracto esas dos tesis tan penosas para el narcisismo (la significación de la sexualidad y la condición de inconsciente de la vida anímica), sino que las demostró en un material que toca personalmente a cada quien y lo obliga a tomar posición frente a ese problema. (4)


La voluntad, así como el ello y sus pulsiones son inconscientes y se manifiestan en el deseo sexual, buscan de manera insaciable la satisfacción, provienen del interior del organismo y no del exterior, no aparecen como una fuerza momentánea sino como una fuerza constante y constituyen el principal motor de la vida humana. Para Schopenhauer, los genitales serían el "auténtico núcleo de la voluntad" mientras que para Freud, si bien sí se trata de la pulsión sexual, ésta abarca mucho más allá de la genitalidad.


La sexualidad entonces, para ambos es la fuente principal de energía que mueve al hombre, aunque sea después de haber sido reprimida o sublimada en términos de Freud o "tramitada en secreto y ostensiblemente ignorada" (5) en términos de Schopenhauer.  Freud se ha recordado como el "pansexualista" de todos los tiempos pero veamos cómo ya Schopenhauer lo había adelantado:
"Vemos a cada instante cómo este instinto [el sexual], a título de señor hereditario del mundo, se sienta por impulso propio sobre su trono solariego y desde allí se ríe con mirada burlona de las disposiciones que se adoptan para reprimirlo, encarcelarlo o al menos restringirlo y allí donde es posible ocultarlo por completo o dominarlo para que aparezca como un asunto colateral y completamente subordinado de la vida.  Mas todo eso viene a coincidir con el hecho de que el instinto sexual es el núcleo de la voluntad de vivir, o sea, la concentración de todo querer" (6).
Así, coinciden en la importancia otorgada a la sexualidad, aunque no la definen igual. Mientras que Schopenhauer encuentra el fundamento de esta sexualidad en los genitales, Freud describe otras zonas erógenas como la boca o el ano; analiza también diversas formas de elección de objeto para la satisfacción de esta pulsión y uno de sus hallazgos más escandalosos será el de la sexualidad infantil al grado de definir al niño como "perverso polimorfo" (7). Schopenhauer, por el contrario, describe a los niños como "prudentes, razonables, curiosos, inteligentes y que, en conjunto, están mejor dispuestos que los adultos para cualquier ocupación teórica" (8) argumentando que la infancia es "el tiempo de la inocencia y de la dicha, el paraíso de la vida, el perdido Edén al que miraremos retrospectivamente con nostalgia el resto de nuestra vida" (9) pues la "fatal actividad" del sistema genital aún dormita.
Ambos concordarán también en que el yo, la racionalidad, la conciencia o el entendimiento, están subordinados a las demandas de la Voluntad o de la vida pulsional por lo que suponer una libertad que afirma "yo quiero" resulta más bien ilusoria. Freud lo resume en la frase "el yo no es el amo en su propia casa" (10). Con esta idea que ambos comparten, vemos la conocida herida que infligen al narcisismo humano. Hay aquí una subversión del "animal racional" y del sujeto cartesiano que piensa y luego existe.


Ahora avancemos en lo que ha hecho a ambos ganar el calificativo de "pesimistas" y esto es en parte, por su concepción de cómo el hombre es esencialmente de naturaleza egoísta o narcisista, alguien que repite continuamente hasta el absurdo y cómo resultan innumerables las fuentes de su malestar, de su dolor, aburrimiento e insatisfacción mientras que los placeres que logra gozar son pocos y comparativamente, pobres.


Schopenhauer considera que el egoísmo es una clara expresión de la voluntad de vivir y lo describe como la forma en la que cada individuo se toma pese a todo como el centro del mundo y hace que su voluntad busque sobrepasar fácilmente su propia afirmación hasta llegar a la negación de esa misma voluntad que aparece en otro individuo. En sus formas más extremas se llega a manifestar como mentira, injusticia o hasta asesinato. Freud por su parte, al plantear el narcisismo, la pulsión de vida y la pulsión de muerte, ambas con sus componentes sádicos, llega a la conclusión de que el prójimo si bien puede ser alguien amado, admirado, cuidado, también es un auxiliar y objeto que se puede utilizar para la gratificación sexual o para satisfacer en él la agresión.


Desde esta condición que sujeta al hombre permanentemente del dolor al hastío, del deseo a la insatisfacción, de la afirmación de la voluntad o de la propia fantasía con o sin descarga de la pulsión a la culpa y al remordimiento, Schopenhauer y Freud coincidirán en que el hombre intenta encontrar escapatoria o salida con diferentes distractores que la cultura proporciona en alianza con un yo o un "querer" pero que finalmente no le permite a éste salir de su determinismo, de su atolladero. Freud en este punto menciona diversas distracciones, objetos que se presentan como satisfactores ilusorios del deseo, satisfacciones sustitutivas como los mismos síntomas que permiten una cierta descarga pulsional, sustancias "quitapenas" o la religión que ofrece una ilusión de completud y salvación que alivia temporalmente el malestar del hombre.


En Freud existe permanentemente una paradoja pues la fuente constante del dolor y malestar es la misma incompatibilidad entre el deseo y las exigencias culturales; condición que lleva a reprimir y por lo tanto a hacer síntomas; condición que se muda en angustia, en culpa, en frustración y dolor pero que finalmente acaba siendo el precio que se ha de pagar por vivir con el otro. Bajo este marco quedan otros caminos producto de la sublimación que permitirían mudar esa energía hacia la creación y la generación de ciertos vínculos.
Schopenhauer va a plantear como una vía de salida a esta eterna repetición del absurdo, el reconocimiento del sufrimiento como consustancial a la vida  El planteamiento del psicoanálisis de asumir la castración resulta coincidente con esta idea de Schopenhauer.  Es decir, la posibilidad de renunciar a falsos ideales como el de la felicidad o del retorno a un estado mítico de completud.


Ambos están de acuerdo en que este reconocimiento puede permitir dejar atrás la búsqueda de distractores o fetiches que nieguen o desmientan sólo por instantes esta condición de falta o de insaciabilidad, de hastío o de aburrimiento. Sin embargo, después de este punto Freud y Schopenhauer se separan de manera tajante. Schopenhauer propone como salida del egoísmo, la posibilidad de reconocer el sufrimiento ajeno, acceder entonces al amor puro, dejarse tocar por el afecto de la compasión y así atravesar el "Velo de Maya" (11). Seguido a esto, Schopenhauer formulará que el ascetismo, la castidad, la afirmación de la voluntad que sobrepase la vida individual, es decir, la negación de la voluntad de vivir, la supresión o quietud de todo querer es la vía de la superación.


En este punto, Freud será muy diferente a Schopenhauer. Para Freud sería inconcebible que la compasión pudiese ser una salida al egoísmo, no confía en que nada parecido a tal afecto pueda suprimir el narcisismo. Más aún, hacer una renuncia pulsional como la que Schopenhauer plantea implicaría una enorme represión que inevitablemente retornaría mediante formaciones sintomáticas.


¿Será posible decir que Freud y Schopenhauer son pesimistas? Lo que ellos hacen es desmentir ideales filosóficos, sociales y personales que son más causantes de dolor y hastío. Dejan atrás la confianza en la racionalidad, colocan al sujeto de frente a su castración y denuncian los objetos culturales que sirven como fetiches. Todo esto para dar lugar al reconocimiento del dolor, del deseo, de la imposibilidad de la satisfacción, pero no en un sentido desmoralizador, sino apuntando a una congruencia de las posibilidades entre el sueño y la realidad.


* Psicoanalista. Lic. En Psicología por la Universidad Iberoamericana. Maestría en Teoría psicoanalítica por el Centro de Investigaciones y Estudios Psicoanalíticos. Alumna del Doctorado en Filosofía en la Universidad Iberoamericana. Profesor de asignatura en la Universidad Iberoamericana


(1) Sigmund Freud, "Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico" (1914), en Obras Completas, Volumen XIV, Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996, p. 15.
(2) Sigmund Freud / Lou Andreas-Salomé, carta fechada el 1 de agosto de 1919, México, Siglo XXI, 1981, p. 129.
(3) Sigmund Freud, "32ª Conferencia. Angustia y vida pulsional" (1933 [1932]), en Obras Completas, Volumen XXII Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996, 95.
(4) Sigmund Freud, "Una dificultad del psicoanálisis" (1917 [1916]) en Obras Completas, Volumen XVII, Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996, p. 135.
(5) Arthur Schopenhauer,  "Vida de la especie" (1844) en El mundo como voluntad y representación, volumen II, Madrid: Fondo de Cultura Económica de España, Primera edición, 2003, p. 497.
(6) Ibidem.
(7) Sigmund Freud, "Conferencia 13. Rasgos arcaicos e infantilismo del sueño" (1916), en Obras Completas, Volumen XV, Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996, p. 191.
(8) Arthur Schopenhauer, "Del genio" (1844) en El mundo como voluntad y representación, Madrid: Fondo de Cultura Económica de España, Primera edición, 2003, p. 382.
(9) Ibidem.
(10) Sigmund Freud, "Una dificultad del psicoanálisis" (1917 [1916] en Obras Completas, Volumen XVII, Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996, p. 135.
(11) Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación (1818), Madrid: Fondo de Cultura Económica, Primera edición, 2003, pp. 476-477. 

 
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