La palabra arrinconada
Primera parte




…el pasado que no ha sido amansado con palabras no es memoria, es acechanza.                       
                Laura Restrepo
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Jorge M. Helman*


Debo comenzar haciendo una confesión. Cuando Jorgelina Butta me pidió el título de esta conferencia, pensé en "la palabra amurallada". Pero luego se dio lo que Borges denominaría una especie de coincidencia cósmica. Hace un mes aproximadamente, entre Fernando e Isidro, dos barrios con nombres de santos, a alguien se le ocurrió construir una muralla; hecho que algún periodista, con prudencia,  calificó de estupidez. Reconozco entonces que para no quedar pegoteado a eso, cambié el título por "la  palabra arrinconada". Pero "arrinconada" o "amurallada", sea uno u otro, están en realidad inspirados en el libro La palabra amenazada (1) de la lingüista argentina Ivonne Bordelois.


TÍTULOS
Como de ellos se trata, me voy a detener entonces en el título de este ciclo que tan inteligentemente han diseñado las coordinadoras, porque cubre un amplio espectro. Va desde la morfología subjetiva hasta las vicisitudes que ella va causando, es decir, los resquebrajamientos que se producen a lo largo de su construcción y las estrategias psicoterapéuticas emergentes. El programa es muy generoso en ese sentido.


Quiero tomar el título de este curso: "Del infans al nacimiento del sujeto", la conferencia de hoy se va a demorar en su análisis, en su retorcimiento; éste convoca a un referente particular, el lacaniano. Más aún, el uso de la palabra infans, en lengua francesa, nos hace pensar en esa procedencia; no solamente por el contenido del enunciado, sino también por el contexto en el cual se emite. Este es un servicio de psicopatología, que ofrece la ciudad de Buenos Aires, con una fuerte tradición lacaniana. Y el significado que posee el título está profundamente arraigado al pensamiento de Lacan; es lo que todos, empujados por el enunciado,  esperamos encontrar.


En este sentido, el pasaje que va del infans al sujeto humano, aun cuando emerge en el interior del "clima" lacaniano, guarda una rigurosa solidaridad con el pensamiento de Freud. (Hablando de coincidencias cósmicas, hoy conmemoramos un aniversario de su natalicio, fue un 6 de mayo... de 1856).


Esa solidaridad, entre ambas reflexiones, se percibe cuando acudimos a un concepto de Freud implantado en Introducción del narcisismo (2) de 1911. En este texto, él sostiene que el pasaje que va del autoerotismo al narcisismo se produce a la luz del surgimiento de un nuevo acto psíquico, que podemos precisar como el nacimiento del Yo. Y así como se puede pasar del autoerotismo al narcisismo, ocurre lo mismo con la mudanza del infans (que traducido al español quiere decir "no hablante") al sujeto psíquico o al sujeto humano. Si allí, en Freud, lo que intervenía era la emergencia del Yo, aquí, en Lacan, lo que media es la presencia del LENGUAJE. Esto se deja traducir, en términos de Levi-Strauss, como el viraje de la Naturaleza a la Cultura.


SUJETOS
Éste es el significado esperable del enunciado que gobierna este curso sobre psicosis infantil. Sin embargo, yo me voy a demorar en el significado inesperado, en la pregunta sobre cuándo nace el sujeto, más allá de las precisiones puntuales que cada uno de nosotros tengamos, y más acá de cuándo nació un sujeto en particular. Rebasando ese significado puntual, hay una pregunta que es cuándo nace el sujeto en la historia de las ideas... Salvo que pensemos, erróneamente, que el sujeto siempre existió; esto sería algo análogo a suponer que el universo siempre estuvo. Hoy sabemos, merced a la teoría del Big Bang, que el universo tuvo un momento de nacimiento, otro de crecimiento y expansión; tendrá, también, una fase de decrepitud y, por último, de fallecimiento. Con el concepto de sujeto, pasa algo análogo.


HISTORIAS
Voy a tratar de conducirlos a través de un viaje en el tiempo, compactado, que nos permita conocer la historia de la teoría del sujeto.


En la Antigüedad griega, no existía la palabra sujeto; sin embargo, hallamos en los textos de Aristóteles, un concepto que se le aproxima, es la voz hypokeimenon. ¿Qué significaba este término? Para Aristóteles, era el soporte de las cualidades, el ser de las cosas. Todos los entes, incluidas, por supuesto, las personas, son un hypokeimenon. Quiere decir que somos el sostén material que está apuntalando a un conjunto de atributos, aunque no viene al caso cuáles son; éstos se encuentran atados a una materialidad. La mejor traducción que se puede hacer de esa palabra es sustrato. Recuerden que estamos situados tres siglos antes de la era cristiana.


Ahora vamos a realizar un salto generoso en el tiempo, nos trasladaremos al siglo VIII, que es cuando brota por vez primera la palabra subjectum (que traducido significa: "caído o movido hacia abajo"). Como es sabido, todo el dispositivo lexical de una comunidad constituye una estructura dominada por la lógica de las oposiciones (quiere decir que una palabra se afirma para denegar la existencia de todas las otras), de modo tal que cuando brota el término subjectum es para oponerse a otro: objectum;  esta voz se sitúa en la vereda de enfrente de aquélla.
Objectum significa "objeto" y se traduce como "lo que está frente a mí". En esta oposición, se evidencia el modo en que el Objeto somete a su contrario, o sea, al Sujeto.


El sufijo jectum expresa movimiento, la lengua española lo recolecta del latín; por ejemplo, la palabra abyecto denota un movimiento de repulsión. Si digo subjecto, me refiero a algo literalmente "movido o caído abajo", como lo señalé con anterioridad; introyecto es algo que se mueve hacia adentro; la proyección alude a lo que es expulsado hacia afuera.


Pero ¿cuál es la sala de parto de la cual brotan estas palabras, estas voces latinas? La gnoseología, o sea, la teoría del conocimiento. Los pensadores medievales entendían que el sujeto se encontraba amarrado, atado, aferrado, sujetado a las condiciones del objeto. Expresado en otros términos, SUJETO supone amarre, sujeción y sometimiento a un OBJETO. En este sentido, el pensamiento medieval opera con dos términos: sujeto y objeto, pero todavía estamos lejos del sujeto tal cual lo conocemos hoy.


MODERNIDADES
Tenemos que saltar nuevamente en el tiempo para fijar ciertas estaciones ideológicas, donde se irán produciendo transformaciones, que van cambiando la mirada. Así debemos, ineludiblemente, posarnos en el siglo XVII y, fundamentalmente, en un texto capital: El discurso del método (3) de René Descartes, de donde surge el conocido cogito cartesiano: pienso, luego existo. Acá se produce un corte altamente significativo que se distancia del concepto medieval; se trata del sujeto de la conciencia y sus aledaños, no es solamente de la conciencia. Descartes, con esto, funda un sujeto que es un vecino muy próximo del que actualmente conocemos.


Descartes escribió varios tratados, trabajó en Bélgica durante mucho tiempo, y estampó también el Tratado de las pasiones del alma (4) donde analiza sueños. Vale decir que Freud no fue el primero en analizarlos; en este sentido, se puede acudir al propio testimonio freudiano, básicamente, al primer capítulo del libro de los sueños, que se llama La literatura onirocrítica que opera como introducción enérgica del libro La interpretación de los sueños (5).
   
Algunos años más tarde del pienso, luego existo (6),  alrededor de sesenta años después del Discurso del método, el empirista inglés John Locke escribe el Tratado sobre el entendimiento humano (7). Y unos 20 años más tarde, el matemático alemán Godofred Leibniz le escribe una respuesta al empirista inglés llamada Nuevo ensayo sobre el entendimiento humano (8).


Disponemos, en consecuencia, del pensamiento de Descartes, del de Locke (quien además tuvo una influencia notable sobre David Hume (9)) y del de Leibniz, con una diferencia de setenta años aproximadamente. Para nosotros,  es una cifra inconmensurable de tiempo, pero para la historia de las ideas es prácticamente insustancial.


Propongo, merced a un juego imaginativo, un ejercicio lúdico: sobrevolar con un helicóptero para percibir el tráfico ya no de automóviles, sino de las ideas. Y vamos a ver allí un fenómeno muy destacado; una especie de "atolladero" o "follón".


Por una parte, observamos que el sujeto se transforma en objeto de estudio, lo que nos permite percibir el nacimiento de la Psicología moderna. Porque ¿qué estudia la Psicología que hoy conocemos?  Más allá de cualquiera de las definiciones que hagamos de ella, de las precisiones que hubiésemos obtenido en las materias introductorias de las carreras de Psicología, tales como Psicología general u otras afines, esas nociones tendrán que ver con el sujeto humano. Ya sea que hablemos de  conducta como hace José Bleger (10), o de estudio del entendimiento humano, lo cierto es que existen algunos acontecimientos sumamente fuertes ocurridos durante ese período de la historia de la humanidad.


El surgimiento de la Psicología moderna es una ineludible consecuencia del nacimiento de la ciencia en la Modernidad. Ésta opera, precisamente, como causa, ya que los descubrimientos de Isaac Newton, promovidos desde el campo de la física, se han expandido a vastos territorios del saber humano, sus postulados epistemológicos siguen aun hoy vigentes.
O sea que estamos en plena época de la Modernidad, con un pensamiento que responde a cánones y protocolos que tienen como origen las ideas fundadas durante el siglo XVII. Incluso, cuando Freud piensa en CIENCIA, lo hace sobre el horizonte de postulados instalados por Isaac Newton. Aun a riesgo de reiteración, es importante resaltar que lo que hoy nos llega como conocimiento científico no es más que la herencia de los desarrollos cognoscitivos instalados a lo ancho y a lo largo del siglo XVII.


De modo tal     que estos hechos constituyen el anverso y el reverso de un mismo proceso que comprende la aparición férrea de métodos, objetos y procedimientos de aprehensión cognitiva, y el surgimiento del estudio del sujeto humano como objetivo.


DESVÍOS
Algunas digresiones vecinas a lo arriba enunciado. Harold Bloom, un historiador y pensador estadounidense, escribió, no hace demasiado tiempo,  un libro que se llama  Hamlet o la invención de lo humano (11), o sea que según él, lo humano nace a la luz de lo que Shakespeare plantea en Hamlet. Múltiples son los ejemplos que podemos encontrar que le dan la razón a Bloom. Nos podemos remitir al segundo acto de la obra Hamlet donde el personaje expresa el enunciado "algo se ha desordenado en la naturaleza" (se refería a la muerte de su padre y al temprano casamiento de Gertrudis, su madre, con su tío Claudio). Ahora, el hombre que puede decir ésto es porque está fuera de la naturaleza y la puede observar; lo hace porque está hablando desde la cultura.


La cultura, ya que hago mención a ella, nace en la Modernidad... pero ¿antes no existía "cultura"? Por supuesto que sí, pero no había conciencia de ella. Algo análogo aconteció con la idea de infancia, que nació en el siglo XVI. Pero antes ¿no había niños? Sí, por supuesto que sí... ¡si no,  no hubiesen existido los adultos! Lo que ocurre es que nadie posaba la mirada en ellos; yo me baso, al hacer esta afirmación, en las investigaciones que Juan Carlos Volnovich estableció acerca del tema. En otras palabras, recién en el siglo XVI se comienza  a reflexionar sobre la infancia; antes no se la consideraba como un "observable" particular, y todo esto tiene que ver con el surgimiento de la Modernidad.


Por el momento dejaré, entre paréntesis, este trayecto para introducir un interrogante; luego volveré sobre lo desarrollado hasta ahora.
   
Quiero invitarlos entonces a imaginar dos escenarios diferentes para que al compararlos, emerja una conclusión. Por un lado, se trata de la escena donde la Historia (por lo menos en el pensamiento occidental), aparece como forma de memoria colectiva; y por otro, la singularidad de cada uno de los sujetos en su materialidad concreta, como modo de expresar la memoria particular. A ambos escenarios, los voy a interrogar planteándoles cuándo han nacido.


Aun hoy, seguimos polemizando sobre el inicio de la Modernidad. Algunos opinan que fue luego de la caída del Imperio Bizantino, tras la toma de Constantinopla por manos turcas, merced al sultán Mehmed II, ocurrido en  1453. Otros autores sitúan su nacimiento con la invención de la imprenta de Gutenberg, hecho sucedido en el año 1440 en Alemania. Otros pensadores lo ubicarán junto al descubrimiento de América en 1492, que es coincidente con el decreto firmado por los Reyes Católicos, de expulsión de judíos y moros del territorio hispano. Lo cierto es que no hay una fecha precisa, la vacilación fluctúa aproximadamente en un período de cuarenta años; una cifra irrelevante en la memoria colectiva.


Volquemos ahora la misma pregunta sobre la segunda escena, la del nacimiento de la subjetividad. Sabemos que aquí el lenguaje juega un protagonismo hegemónico. ¿Cuándo habla un niño?, ¿cuándo balbucea?, ¿cuándo emite sus primeros sonidos, que los adultos cercanos traducen como "palabras"? O ¿cuándo, siguiendo a Piaget, se ha instalado el pensamiento abstracto (12)? No hay una fecha precisa, al igual que en la escena histórica. Se puede inferir, comparando ambas escenas, que la ontogénesis clona o duplica a la filogénesis... ¡como afirmase un tal Sigmund Freud!


Voy a concluir, con este período de la Modernidad, haciendo algunas puntuaciones y comentarios adicionales, para luego retornar a la "máquina del tiempo" en busca de nuestro objetivo: encontrar al concepto de sujeto que manejamos en la actualidad.


Este período, que nace en el siglo XVII y se extiende hasta nuestros días, ha generado múltiples innovaciones. Una muy destacable es el surgimiento de una nueva modalidad de relatos. Los que hasta la época medieval constituían relatos a secas, ahora se han divorciado en dos grandes territorios. Por un lado, ha nacido la novela (nouvelle), que es el habitáculo de las fantasías (llámese "subjetividad" o "realidad psíquica"); y por otro, surge el ensayo, que es el espacio donde se albergan los conocimientos objetivos provisorios (¡de ahí su nombre de ensayo!), conocido como "realidad objetiva".


Con relación a la subjetividad, anteriormente mencionada, algo importante aconteció. Cuando surge, en el siglo XVII, el pensamiento sobre el sujeto de la conciencia, emerge la autorreflexión, y esta noción se alterna con la de subjetividad (opera como sinónimo). Se trata de la idea de un sujeto que está partido y repartido en sí mismo, o sea, un sujeto desdoblado y en diálogo (o monólogo) interior. Podemos hablar de una escisión "intelectual", porque luego vendrá acompañada de otra, que designaremos como "afectiva".


Por eso, anteriormente decía, a propósito de Descartes, que no se trataba solo del sujeto de la conciencia en estado puro, sino de sus parámetros afines. Esto implica que hemos adquirido la posibilidad de auto-pensarnos.


El concepto de reflexión nace en el espacio de la óptica, lo trae Baruj Spinoza (13) que era, además de filósofo, óptico. La idea de reflexión implica que alguien se piensa a sí mismo, lo que llamamos anteriormente "escisión intelectual", y viene acompañada de otro desdoblamiento, que designamos como "afectivo". Se trata del narcisismo.


Y ¿qué es el narcisismo sino el amor que alguien se profesa a sí mismo? Esto presupone una disociación entre una parte amada (pasiva) y otra amante (activa); estos retazos del Yo configuran la subjetividad. Señala Freud en Introducción del narcisismo  que las grandes lastimaduras al sistema narcisista no brotan de la multiplicidad de yoes, atento a que se pueden construir muchos álter ego. Un ejemplo adicional del mismo autor; en 1908, escribe el texto El poeta y la creación fantástica (14), donde señala que el escritor puede fabricar distintas alternancias de sí mismo. En rigor, y volviendo sobre el texto de 1911, las auténticas ofensas a la estabilidad yoica surgen del devenir; lo que lastima a la estructura narcisista es la enfermedad, la fragilidad que tiene el yo corporal, aliado al paso del tiempo.


En síntesis, y aún a riesgo de reiteración, hay una serie de acontecimientos muy sobresalientes que hacen que se deposite la mirada sobre algo que sí se ha transformado en la Modernidad: es el surgimiento del sujeto de la conciencia y sus confines, es decir, también de lo que le va dando contorno. "YO pienso, luego, YO existo" significa que hay un YO que está operando ya en vecindad con el sujeto tal cual hoy lo conocemos.


Reitero que Descartes trabaja con tres términos, rompiendo el dualismo sujeto-objeto vigente en el pensamiento medieval. Ese tercer término, garante de los anteriores, es Dios, quien, desde las sombras, avala su vínculo.


Una consideración adicional con relación a este período fundacional. Como bien lo ha señalado Umberto Eco(15), la Modernidad ha liberado fuerzas que estaban oprimidas durante el período medieval; ha producido una suerte de estallido expansivo de sentimientos e ideas innovadoras. Se ha pasado de un mundo cerrado a un universo infinito, siguiendo la feliz expresión impuesta por Alexandre Koyré(16). Simultáneamente, esa explosión ha generado muchos momentos altamente críticos en la historia; uno de ellos es el  actual.


La hoy llamada postmodernidad,  situación histórica que va desde el siglo XX hasta nuestros días, en estado ya de declinación, ha producido una mutación en los modos de pensamiento y en el sentir del ser humano, de forma novedosa e impredecible, desde el punto de vista de las resonancias subjetivas.


Numerosos autores han reflexionado acerca de este período (17); apelando a diferentes nomenclaturas. Un rasgo, entre otros, rescatable es el surgimiento de una modalidad particular de narcisismo: se trata de un Yo tan repleto de estímulos que, aturdido por ellos, ha extraviado su identidad (aunque ésta sea imaginaria y transitoria). En última instancia, esas estimulaciones concluyen vaciando a ese mismo YO, hecho resaltado por Gilles Lipovetzky (18).


Otro trazo atendible acerca de estos tiempos que ya están caducando, lo representa la irrupción del descrédito; llamado también "el fin de las ideologías" o "el fin de los grandes relatos". Estas ideologías (¡porque, al fin de cuentas, aunque "light", lo son!) descreen de todas las formas de representación; y como lo señala la ya citada Ivonne Bordelois, aparece LA PALABRA AMENAZADA. Este quiebre de la creencia en la representatividad se expande en vastos en territorios y forja una atmósfera de desconfianza... Y así como, en 1927, Freud escribió el libro EL PORVENIR DE UNA ILUSIÓN (19) hoy "podría" escribir otro texto en respuesta a aquél que se titulase: EL PORVENIR DE UNA DESILUSIÓN... ¡con la plena garantía de que ocuparía un sitio privilegiado en las bibliotecas de los psicoanalistas!


Pero tal vez una viñeta humorística sirva no sólo para ilustrar estos tiempos actuales, sino también para aliviar el espíritu del lector de esta exposición. Esa pincelada surge de una humorada de Woody Allen, y funciona adecuadamente como "pintura de nuestra época". En un film de reciente factura, el cineasta es interrogado por un interlocutor acerca de qué religión profesa, ante lo cual el humorista le responde: "nací dentro del judaísmo, luego me convertí al cristianismo, pero hoy soy un ferviente devoto del narcisismo".


RETORNOS
Retomo lo que había dejado pendiente antes de estos extensos desvíos; aquello que quedó latiendo: la innovación cartesiana y sus consecuencias próximas. Y en función de esa vecindad, se hace necesario producir un nuevo salto abrupto en esta "máquina del tiempo", que nos hace transitar a través de la historia.


Desde la perspectiva de la historia del sujeto, es el momento de arribar al siglo XX.  Martín Heidegger, un pensador alemán, contemporáneo de Freud y de Lacan, escribe el libro Sein und Zeit que traducido al español quiere decir Ser y Tiempo (20). En la cuarta parte del texto, dice algo un poco enigmático: el lenguaje es la morada del ser. Caben aquí dos traducciones: el ser tiene un habitáculo que se llama lenguaje (esta sería una traducción tradicional, ¡pero poco fecunda!); el hombre estaría habitado por el lenguaje o, dicho con otras palabras, el recinto del ser es el lenguaje... Sin embargo, brota una pregunta frontal: ¿QUÉ ES EL HOMBRE?


Foucault dice que el hombre es una invención de Kant (algo bastante similar a lo que introduce Harold Bloom en el texto ya citado). Pero, entonces, antes de Kant ¿no había hombres? Sí, pero él acentúa la unidad de algo que llamamos "el hombre". El nacimiento del humanismo es muy anterior (¡nuevamente nos encontramos en los orígenes de la Modernidad!); data del siglo XVI, viene de la mano de Erasmo de Rotterdam,  el autor del Elogio de la locura(21), donde surge la idea del hombre como unidad, o sea, "individuo", que significa: indiviso.


Vuelvo ahora sobre la frase de Heidegger; la otra traducción, mucho más rica, más fecunda, se centra en el modo en el cual traducimos el término morada, si ésta se encuentra vinculada a la vida o a la muerte del ser. La palabra morada significa "lugar donde residen los muertos"; esta interpretación condice mucho más con el pensamiento del filósofo alemán. Ya que si se comprende que el lenguaje es la muerte del ser, tiene sentido preguntarse ¿por qué muere el Ser en el lenguaje? Precisamente, para que se produzca el nacimiento del sujeto; pero ¿de qué Sujeto hablamos?, en rigor, del sujeto del lenguaje.


El filósofo alemán inventa una palabra que fue recientemente incorporada, hace más o menos quince años, a la lengua alemana. Se trata de  DASEIN, que quiere decir, traduciendo literalmente, icónicamente (22): SER AFUERA (o existencia). Este término conjuga el SEIN (ser) con el prefijo DA (afuera). De modo tal que la palabra inventada por Heidegger contiene el DA (¡figura conocida por los analistas, atentos a la función que Freud le asigna al juego del carretel: "fort-da ", relatado a propósito de la observación de su nieto!).


En síntesis, ser afuera implica ser excluido del lenguaje. Entonces si el ser está fuera del lenguaje, qué es lo que habita dentro del  lenguaje, sino el sujeto del lenguaje.
¿Quién  puede dudar de que tanto Freud como sus sucesores, incluido Lacan, trabajaron con los conceptos de Sujeto y Objeto? En rigor, ambos términos son acogidos por el psicoanálisis, pero proceden del campo de la filosofía (23)... y del uso coloquial que de ellos se hace. Puntualmente, Lacan los abordará en la especificidad del seminario IV, cuyo título es por demás elocuente: La relación de objeto (24).
Con relación a este tema, quiero hacer notar una curiosidad. Como bien lo señala Max Weber, "la historia la escriben los que vencen, pero hay otra historia sepultada; es la de los vencidos". En realidad, hay algunos hechos ocultos o tal vez reprimidos también en el psicoanálisis. Uno de ellos consiste en atribuirle la cuestión del estudio de las relaciones de objeto a Melanie Klein. De igual forma, cuando se tropieza con la expresión del infante al nacimiento del sujeto, lo vinculamos automáticamente con Lacan. Por las razones arriba expresadas, también vinculamos con Melanie Klein el tema de las relaciones de objeto quien, junto con Hannah Segal, trabajó este concepto... Sin embargo, quien originalmente lo desarrolla, luego de Freud, es Ronald Douglas Fairbairn 25); él elabora muy fuertemente el concepto de relaciones de objeto.


Abandonemos esta curiosidad y volvamos sobre el filósofo alemán. Si se observa cuidadosamente al Heidegger de SER Y TIEMPO, se puede legítimamente inferir que no es la única relación que ambos términos, SUJETO-OBJETO, albergan como oposición. Existe, en las tinieblas de esas voces, otro antagonismo más interesante que el tradicionalmente conocido.


Por ejemplo, en el caso de SUJETO, encontramos escondida la categoría de SER. Del mismo modo que tras OBJETO se halla oculto otro término: DAS DING (que significa "la Cosa"). Este concepto es trabajado por Lacan en el Seminario XI (26).


Para poder comprender esta última noción, voy a emitir, a modo de ejemplo, el siguiente enunciado: "¿alguien me puede prestar la cosa?". Cuando escuchamos esto,  pensamos: este hombre tiene necesidad de algo, pero no se sabe de qué; como él no lo puede localizar, tampoco nosotros; como no es capaz de representarlo, no lo puede pedir como objeto identificable. Se aleja este enunciado de otro, por ejemplo, si digo: "¿me presta alguien su libro?". La diferencia entre ambos enunciados es que con el término cosa designo lo que no puedo designar. Es la voz que la lengua me otorga para poder representar lo que no puedo representar; difiere, en consecuencia, de objeto. Por eso, reservamos los nombres de sujeto y objeto para las representaciones y utilizamos ser y cosa, para lo que no podemos representar.


Resumiendo: Objeto no tiene un único opositor, tiene otro que es das Ding (o Cosa), así como Sujeto posee al Dasein (o Ser), de modo tal que tenemos en el subsuelo de la oposición Sujeto-Objeto, otro antagonismo que es Ser y  Cosa. Esto se deja graficar del siguiente modo:


    (manifiesto)           SUJETO            OBJETO                                                _____________________________________
                SER                COSA          (oculto)


Como es posible percibir, en este extenso viaje a través del tiempo, hemos pasado de la época medieval, donde se utilizaban dos términos, a la etapa de la Modernidad, que hace uso de tres nociones y, luego, a la actualidad que implementa cuatro términos.


Se nos plantean una serie de problemas: cómo capturar la Cosa, cómo percibir al Ser y, solidario de ello, pueden emerger algunas preguntas referidas a todo lo expuesto hasta ahora.


Existen, entre otras muchas, dos frases de Lacan que encierran algunos enigmas susceptibles de develamiento. Una de ellas se expresa como "Allí donde pienso, no soy"; la otra es "elevar el objeto a la dignidad de la cosa".


En principio, voy a tomar la primera expresión. Es evidente que él hará un retorcimiento de la fundamentación cartesiana, ¿se trata de un capricho de Lacan? O, por el contrario, ¿es una exigencia lógica? Si disponemos del contexto cartesiano y le sumamos al entorno heideggeriano, vestimos la desnudez de la frase y estamos en mejores condiciones de entenderla.


¿Por qué allí donde pienso, no soy? Porque cuando pienso estoy amarrado, obligado, sujetado a las reglas de la gramática y de la  lógica. El pensamiento aparece íntimamente vinculado a la capacidad de representabilidad; puede ser un pensar con diferentes formas de lógica y con ubicaciones tópicas disímiles, pero siempre estamos sometidos, atados, a leyes lógicas. Como decía Lev Vygotsky, en un texto clásico, de la década del '30 del siglo pasado, Pensamiento y lenguaje (27) se encuentran profundamente amarrados uno al otro.


Si acogemos el enunciado del cogito y lo damos vuelta en un giro de 180 grados, conforme lo hace Lacan, veremos que solamente se lo entiende insertándolo o vistiéndolo con "Descartes" y "Heidegger". En síntesis, para poder entender esa frase es imprescindible contextualizarla sobre el horizonte de los pensadores que lo precedieron.


La otra proposición que surge en Lacan es "nunca el objeto estará a la altura de la cosa". Otro modo de formular este enunciado sería: "elevar el objeto a la dignidad de la cosa". Si el OBJETO es representación o vestimenta de la cosa, podemos variar los diferentes disfraces (o versiones) acerca de la Cosa. Hecho que ocurre porque el campo representacional es móvil, los sistemas representacionales y sus significados pueden variar transformándose, pero nunca agotarán al das Ding,  la Cosa. Ésta es siempre productora de nuevas modalidades de representación... lo que implica que no la abarcan ni la cubren en su totalidad.


Por ello, es muy difícil aprisionar tanto al Ser como a la Cosa. En lo que atañe al Objeto y al Sujeto, es mucho más fácil porque apelamos a sus representaciones.


El sujeto se autodefine de acuerdo con las cualidades identificables de su propio yo, que siempre son del orden representacional, del registro imaginario. Ortega y Gasset decía que el Yo es el yo y sus circunstancias.  En otros términos, no solamente me defino a mí mismo, sino que las circunstancias (¡entendidas como "Objeto"!) contribuyen a definirme; el sujeto se identifica con el Yo.


Pero ¿qué es en realidad el Yo? Apelo aquí a una definición tempranamente instalada por Freud en la primera parte del Proyecto de la psicología científica para neurólogos (28). El Yo es un conjunto de "neuronas" (¡léase: "representaciones"!) de alta estabilidad y amplia facilitación intersistémica. Son representaciones durables e impertérritas al paso del tiempo; es decir que cuando nos definimos, lo hacemos a través de lo que es constante en cada uno de nosotros y no por lo variable y fugaz. Por otra parte, estos rasgos duraderos se enlazan o se asocian entre ellos forjando lo que en Psicología se denomina "personalidad", o sea, el perfil invariable de un sujeto.


Si, como afirmé anteriormente, cualquier entidad yoica se define por lo estable y lo permanente y no por lo variable, hay involucrado un fuerte componente de carácter imaginario, porque alguien puede recordarse como siendo siempre el mismo. Por ejemplo, cuando entramos en este curso, traíamos ya una identidad, y luego, nos iremos con la misma... ¡pero no será exactamente igual que cuando vinimos, porque se supone que, con lo que estoy transmitiéndoles, se producirá una variabilidad en sus sistemas de conocimiento, por lo tanto, al salir no van a ser los mismos!


Ahora bien, ¿por qué aludimos a lo Imaginario? Porque tiene que ver con la permanencia de la noción de identidad. En Introducción del narcisismo, Freud marca las situaciones que lastiman a la estructura narcisista: la enfermedad y el paso del tiempo (hecho que ya hemos resaltado anteriormente). Somos los mismos desde que nacemos, sin embargo, no somos los mismos, nos queda la ilusión de seguir siéndolo, porque eso tiene que ver con el espacio de los recuerdos.


No obstante, tenemos otro campo que es altamente fecundo, pero de muy difícil acceso, me refiero al vasto territorio del Ser.


Como sabemos que la diferencia entre Ser y Sujeto está vinculada con la presencia o la ausencia de la representación y el lenguaje, que son las dos caras de una misma moneda; resulta muy difícil aprisionar al Ser, ya que al Sujeto lo podemos capturar con mucha más facilidad.


Los territorios a través de los cuales podemos percibir la presencia del Ser son tres. Dos, de muy difícil acceso: la práctica clínica y la vida cotidiana. Allí donde aparece algo que tiene que ver con el agujero de lo Real (en el sentido lacaniano del término), donde surge el "pariente" del "objeto a".


¿Por qué decimos que son de difícil acceso? Porque al material clínico siempre lo representamos, lo trasmitimos; se nos hace accesible. Cuando supervisamos un caso clínico, lo hacemos por la vía de un relato de lo acontecido, por ende, representamos los hechos. Nos disociamos, dejamos de ser analistas para transformamos en narradores de lo ocurrido; nos mudamos de protagonistas a personajes de un relato.


¿Y qué ocurre con la vida cotidiana? Allí relatamos, y a medida que contamos, estamos representando. Pero puede haber algún momento espasmódico en el que se nos escape la posibilidad de representar algo; esto es conocido en Psicología con el nombre de SENSACIÓN. Ésta podrá transformarse en PERCEPCIÓN a partir del momento en el que se encuentre con las "representaciones de palabra". Porque "percibir" supone que la representación de cosa está adherida a la representación de palabra. Sí yo no tengo a esta última, pero sí, la representación de cosa, puedo hacer alguna aproximación (lo que habitualmente llamamos "intuición"), pero necesito del tributo de la palabra para poder describir aquello que no puedo enunciar. Tan pronto el Ser me irrumpe y lo inscribo, pasa a transformarse en Sujeto o en indicio de subjetividad. 


El tercer camino para percibir al Ser consiste en invocar a la ayuda de la literatura, que es una vía muy rica y fecunda;  ahí sí lo podemos aprisionar.


Veamos algunas ilustraciones emergentes del campo literario.


Los escritores y los poetas tienen una gran sensibilidad para codearse con el inconsciente y coquetear con él, muchas veces mayor de la que tenemos los psicólogos y los psicoanalistas: Para expresarlo en otros términos, poseen una soberbia facilidad y una profunda intuición  (¡algunos!)  para convivir con los bordes de ese núcleo, para contornear a ese nudo del inconsciente que es lo Real, y gozan de mucha comodidad porque trabajan con la palabra... ¡son grandes competidores nuestros! ¿Con qué trabajamos nosotros? Nos atareamos con la palabra; pero los escritores también lo hacen, y a lo mejor no tienen tantos tapujos, o poseen una  mayor sensibilidad o han vencido determinados caminos represivos y lograron sublimar. Y en consecuencia, tienen una gran habilidad para describirnos elementos que son de gran riqueza psicológica y psicoanalítica.


He de compartir dos testimonios importados de la literatura para que podamos entender la cuestión del Ser. Son muy breves, y emanan de Mario Benedetti y de Jorge Luis Borges... aunque acabo de acordarme recién de un poema de Federico García Lorca (29) que se llama La sombra de mi alma y evoco su primer verso:
"La sombra de mi alma se desliza por un laberinto de alfabetos y palabras". Es muy interesante, porque el poeta granadino nos muestra que el alma tiene una figura, pero también, una sombra, ¿cómo sabemos acerca de la sombra de la figura? …por aquello que se desliza por un laberinto de alfabetos y palabras, según nos explica el poeta.


Vayamos ahora al testimonio de Mario Benedetti (30):


Sobre cartas de amor
Una carta de amor
no es un naipe de amor


Una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o crédito / de pago o fletamento


en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado
una carta de amor
es por lo general un pobre afluente
de un río caudaloso
y nunca está a la altura del paisaje
ni de los ojos que miraron verdes
ni de los labios dulces
que besaron temblando o no besaron
ni del cielo que a veces se desploma
en trombas en escarnio o en granizo


Una carta de amor puede enviarse
desde un altozano o desde una mazmorra
desde la exaltación o desde el duelo
pero no hay caso / siempre
será tan sólo un calco
una copia frugal del sentimiento


una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia


Le podríamos haber preguntado al poeta uruguayo: ¿qué es el lenguaje, sino el permanente informe de una ausencia? En rigor, es una pregunta de baja talla frente a la elocuencia de lo que Benedetti plantea.


Segundo testimonio, un relato muy breve pero absolutamente transparente en lo que atañe al tema del Ser, de Jorge Luis Borges (31).
   
Borges y yo


Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición (32). Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.


Este texto de una sola carilla posee mayor riqueza que muchos manuales de teoría y técnica psicoanalítica.


Sé que estamos en un Servicio de Psicopatología, pero los invito a que se  despeguen de esa circunstancia y se alejen de leer o de escuchar esto como fruto de un lenguaje esquizofrénico, porque la literatura nos ofrece la posibilidad de hacer disociaciones, que llamamos "licencias literarias", sin considerar por ello a su autor como "psicótico". Parecería que en este relato hay dos personalidades pero, en realidad, tenemos cuatro figuras en juego. Está Borges, el Yo, y en la última frase, aparece un tercer personaje, el que no sabe cuál de los dos está escribiendo, es decir, la voz del relator se desdobla y surge una nueva frecuencia de narración. Y por último, emerge una cuarta figura: somos nosotros que lo estamos leyendo y, en consecuencia, fuimos "tocados" por el texto.


Esto nos permite captar o percibir, de modo transparente,  la diferencia entre el Sujeto y el Ser; este último aparece siempre en un estado de fuga, aunque hay momentos en que hace bisagra con el Sujeto... quien le facilita algún tímido modo de expresión. En resumen, Borges logra articular nítidamente el divorcio entre el Otro (el Sujeto) y el Yo (el Ser).


Por el otro costado, vemos como Benedetti describe la relación del Objeto (discurso) en su extraño vínculo con el Ser: es por lo general un pobre afluente/ de un río caudaloso/ y nunca está a la altura del paisaje... Se puede afirmar, en consecuencia, que el Objeto se pretende elevado a la dignidad de la cosa, como ya señalé anteriormente, pero nunca llega a esa altura porque el campo representacional es, como dice Mario Benedetti, el pobre afluente de un río caudaloso.


RELEVOS
Élisabeth Roudinesco (33) implementa un concepto muy fértil con relación a la generosa obra de Lacan (¡tan abundante como la de Freud, ya que se expandieron ambas a lo largo de casi cuarenta años!); se trata de la noción de relevo teórico, que también puede ser designado como giro semántico. Es posible utilizar una unidad semántica para darle un significado y luego mudar los contenidos de la definición haciendo permanecer a dicha unidad de forma imperturbable.


Voy a ilustrar lo antedicho con el concepto freudiano de INCONSCIENTE. Erróneamente se podría pensar que éste se extendió inconmovible a lo largo de toda su escritura. Esto no es así; por el contrario, encontramos en Freud cuatro definiciones distintas de Inconsciente que se han desplegado en diferentes épocas.


¿Cuáles son? Tenemos un primer momento que se vincula con el rellenado de las huellas mnémicas. Recordemos, en todo caso, la designación, que él implementa junto a Breuer, acerca del grupo psíquico separado, aquello que se había exiliado de la conciencia, se había fugado y había construido un grupo psíquico separado. La terapéutica, por aquellos tiempos, consistía, precisamente, en el rellenado de las huellas mnémicas. Este es el embrión del concepto de inconsciente (¡aunque no aparezca aún la palabra!); luego, éste surgirá con la nomenclatura de inconsciente descriptivo y, posteriormente, como inconsciente económico, dinámico y tópico.


Luego disponemos de un segundo momento donde se trata de hacer conciente lo inconsciente, que abarca el período que va de 1899, con el Libro de los sueños, hasta 1919, cubriendo textos cruciales como la Psicopatología de la vida cotidiana (34), El chiste y su relación con el inconsciente(35), incluso los Trabajos metapsicológicos (36).


Más tarde, encontramos una nueva conceptualización: Allí donde ello hubo, el yo debe arribar, que abarca los textos emergentes a partir de 1920, Más allá del principio del placer (7)  y  El yo y el ello (38) en  1923. Y por último, disponemos de un cuarto concepto de Inconsciente que se puede localizar en Análisis terminable e interminable (39) de 1938.


De modo que tenemos una sola palabra, inconsciente, y al abrigo de un solo semantema, de una sola unidad material fónica, se amparan cuatro conceptos. Esto es lo que la filósofa francesa Élisabeth Roudinesco designa como relevo teórico. Un término griego, TROPOS, se arrima mucho a este concepto de ella; se define como la pluralidad de voces que habita en una sola voz.


Con relación a Lacan, esta filósofa demuestra que él tiene varios relevos teóricos. Uno de ellos es "el inconsciente es condición del lenguaje", después gira la fórmula y dice: el lenguaje es condición del inconsciente ", y por último, vuelve a la primera fórmula el inconsciente, en lo real, es condición del lenguaje.


Hay otros relevos teóricos, en Lacan, que se pueden localizar, por ejemplo, con relación al concepto de lo REAL. Aquí se pueden distinguir tres enunciados diferentes: 1) Lo Real como imposible, concepto que posee una  baja densidad clínica, pero un alto volumen epistemológico; acá lo real está vinculado con las fronteras de la accesibilidad del pensamiento (entendiendo que ésta se mueve sobre un horizonte extenso, pero finito). O sea que aquí lo Real se remite a los límites o bordes donde la  imaginación tropieza con algo que está por fuera de su campo, de las posibilidades imaginarias y simbólicas. 2) Lo Real como aquello que no cesa de no inscribirse, donde sí se puede hallar gran valor clínico, porque alude al conjunto de representaciones que han sido segregadas del campo de la conciencia y que brota bajo cualquier modalidad de las formaciones del inconsciente. 3) Lo Real como Letra sobre lo cual conviene detenerse un momento.


Situemos al último Lacan, el del Seminario XXIII, Joyce, le sInthome (40); es el Lacan de la Letra. ¿Cómo distinguir Letra de Significante? La primera no es significante porque mantiene distancia y disparidad con relación a este último. El significante siempre es lazo social, no significa nada, si no es en virtud de sus vínculos con otros significantes, se trata de la grafía de la relación del S1, S2... que concede u otorga significados. En otros términos, contra Saussure (41), los significantes no poseen significados intrínsecos, sino que al hacer alianzas entre ellos, pueden generar efectos de significado; es decir, sus significaciones siempre aparecen atadas extrínsecamente.


Por el contrario, la letra no es significante, es del orden de lo real, no está sujeta o ligada al comercio con otras letras; al haber quedado  desquiciada del vínculo con otras, pernocta en un estado de exilio y soledad. En otros términos, el significante posee movilidad, sobrevive dentro de los contextos imaginarios y simbólicos, a diferencia de la letra que subsiste, pero al no haber hecho lazo social, pertenece al vasto campo de lo Real (42).


En una psicoterapia, en un  análisis pensado desde el punto de vista lacaniano, habría que ver cuáles son los modos posibles para sustraer a la letra de su estado de soledad, para arrancarla de su modalidad insignificante y  transformarla en significante.


En otros términos, y para expresarlo en términos freudianos, hacer conciente lo inconsciente implica  tomar algo del orden de lo real que no ha sido significado y llevarlo al campo significante, para transformarlo en algo que vincule al sujeto con relación a su propia historia. Y ¡nuevamente!, la literatura puede enriquecer al enunciado anterior si se apela a la voz que Laura Restrepo instala en su novela: Demasiados héroes (43)  mencionada en el epígrafe de este escrito.


Ahora bien, ¿qué ponen de relieve estos giros semánticos?


La pensadora alemana Hannah Arendt, refiriéndose a F. Nietzsche, sostiene que éste, en sus textos, expone un pensamiento experimental; vale decir que nos va dejando testimonios de los avatares de su razonar. De modo tal que un libro actual puede contradecir a uno anterior y viceversa. Es una forma de siembra testimonial que permite extraer, a modo de cosecha, un sistema de pensamiento.


Es posible importar este concepto de pensamiento experimental tanto a Freud como a Lacan, dadas la generosidad y la extensión que han tenido sus obras expandidas a lo largo de casi medio siglo.


Desde esta perspectiva, pueden ser tratados ambos autores como significantes, en el sentido riguroso del término. Sus significaciones no han quedado estacionadas en el tiempo, petrificadas en él, sino que han ido variando conforme a sus contextos; soportes o lechos de lectura e interpretación que cada uno de los sucesores les han ido asignando. En este sentido, sus herencias, sus legados dependen mucho de sus depositarios(44).


(DIS)CONTINUIDADES
Obvio es que Lacan reclama una re-lectura de Freud, un retorno a él; entiende que su mensaje fue pervertido, desviado o extraviado (como diría J. Derrida(45)). De este modo, el analista francés se proclama como un auténtico freudiano que ha rescatado lo que se perdió (siguiendo la interpretación de Derrida). Pero si Lacan es freudiano, cabe también preguntarse si Freud sería hoy lacaniano.


Dada la distancia en el tiempo que nos aleja de ambas escrituras, se puede afirmar que existen en Lacan líneas de auténtica continuidad con Freud, así como también hay cortes o quiebres con relación a este último; lo que Bachelard (46) definiría como "rupturas epistemológicas".


Cuando se realizan comparaciones entre términos o personajes (cualesquiera de ellos que intervengan), deben encontrarse los puntos de comunión y de distanciamiento, o de dispersión; situación, esta última, que los aleja inexorablemente. Por ejemplo; si contrastamos los conceptos de transferencia y de repetición, o en otro ejemplo Freud y Lacan, hay que ver qué es lo que lo que los mancomuna y qué los distancia. Ya que si sólo percibiéramos su comunión, no necesitaríamos de diferentes vocablos; tan solo nos bastaría, en términos de una economía psíquica y epistemológica, con una sola voz que represente a ese concepto.


Veamos en el ejemplo citado sobre Transferencia y Repetición. Ambos términos comparten un espacio: son clonaciones del pasado y constituyen modalidades resistenciales; pero se separan por cuanto la transferencia siempre es activada desde el presente y con la inevitable presencia del Otro, a diferencia de la Repetición, que irrumpe inesperadamente y se vincula de forma directa con el automatón.


Volviendo sobre la comparación entre Freud y Lacan, es importante destacar la variabilidad de los contextos históricos y científicos que los habitan. Freud se enmarca dentro de un proyecto de cientificidad, cuyos postulados epistemológicos fueron labrados por Isaac Newton en el siglo XVII, como señalamos anteriormente. La física que cobijó a Freud era profundamente sobredeterminista (¡debemos recordar que su maestro en este territorio fue von Helmhotz!); el último capítulo de la Psicopatología de la vida cotidiana (47) se llama, precisamente, "determinismo y fe causal". El contexto de la física dominante en la época de Lacan es otro; conlleva la irrupción de la teoría termodinámica o cuántica que surge en la segunda década del siglo pasado, aun cuando sus orígenes se pueden remontar a comienzos de ese siglo, Max Planck mediante.


Pero ¿qué incidencia tienen estos diferentes contextos científicos? Por lo menos una de profundo peso: el papel protagónico que los físicos cuánticos le han asignado al azar (o "libertad"), tema deportado de la física clásica de origen newtoniano. Este tópico ha sido incluido, indirectamente, por Lacan bajo el antiguo nombre de Tyché (extraído de la Metafísica de Aristóteles). Por lo tanto, tenemos un fuerte enfrentamiento entre el sobredeterminismo freudiano y la gravitación que posee para Lacan la inclusión del azar (o indeterminismo o "libertad") en la fundación del inconsciente y en su continuidad.


Repasemos algunos detalles encuadrados en el  ya citado Seminario XI - Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Básicamente, en la clase titulada "el inconsciente freudiano y el nuestro". Es evidente que allí el mismo Lacan produce un divorcio respecto del pensamiento freudiano... ¡y como expresa el decir popular:   "a confesión de partes, relevo de pruebas"!


Veamos, ahora, un elemento agregado, emergente del mismo seminario; puntualmente, la clase referida a "Dios es inconsciente". Sobre la base de esta señal, y partiendo de la  premisa de que quien sea "tocado" por este escrito (ya sea en su versión oral o gráfica) se encuentra dominado por el espíritu crítico (que es el que debe prevalecer en cualquier investigador), este texto no tendrá pudor en formular una pregunta que, a los oídos y ojos coloquiales, puede resonar como "sacrílega"


La pregunta sería ¿QUIÉN O QUÉ ES DIOS?  Dios es una frase, una expresión compactada emergente de la lengua griega: di on sen, que significa lo que da vida a todo. Con el tiempo, se comprimió ese enunciado, mudándola en la palabra "dios", que es sinónimo de luz. A lo largo de la historia, esta unidad fónica se ha poblado, alternativamente, de múltiples significados... ¡incluso diabólicos! Hasta su muerte, decretada por dos "Federicos", uno de origen ruso y el otro alemán, Dostoievski (48) y Nietzsche, tuvo sentidos plurales que se expandieron desde la idea hebrea de un dios impiadoso, pasando por el  dios cristiano, misericordioso y pletórico de amor, atravesando el Deus ex machina de Descartes, llegando, con el Iluminismo, a ser sinónimo de Razón.


Con toda legitimidad, es posible pensar que el término dios se emparienta con lo que anteriormente se describió acerca de DAS DING. Más aún, computando el hecho de que, según la antigua tradición hebrea, cristiana e islámica, el nombre de dios es irrepresentable e incluso, al albergarlo en el tetragrámaton JHVH, lo transforma en impronunciable.


A la luz de esta reflexión, es posible traducir la expresión de Dios es inconsciente de Lacan como el inconsciente es lo Real. De modo tal que está desposeído de las cualidades significantes, por ello es inefable. Se trata de aquel agujero originario que se manifiesta en los intersticios de los significantes; que Umberto Eco llamará, en Obra Abierta (49), estructura agujereada, no compacta, sino hueca.


En consecuencia, se pueden observar entre ambos autores, Freud y Lacan, líneas de continuidad, donde el segundo expande y hace sobrevivir teorías del primero, e itinerarios divergentes que los alejan.




Por último, evoquemos el título de esta exposición: LA PALABRA AMURALLADA. Lo hasta ahora expuesto abre algunas líneas de pensamiento, que han dilatado el encuentro con esa expresión; por eso, bien cabe otro  título, provisorio: LA PALABRA DEMORADA... ¡por lo menos, hasta la próxima exposición!


  
Buenos Aires, 20 de junio de 2009.


"    Psicoanalista, Profesor Invitado en la Cátedra de Clínica de Adultos (II) de  la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires, Profesor Titular de Práctica Clínica I y Corrientes psicoterapéuticas II - Lacan - (Especialidad en Psicología Clínica) de la Universidad Argentina John F. Kennedy y ex Supervisor Clínico del Servicio de Adultos del Centro de Salud Mental N° 3 Arturo Ameghino, dependiente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina). Autor de trabajos referidos a los bordes e intersecciones entre Cultura y Psicoanálisis.


Notas
BORDELOIS,  Ivonne - La palabra amenazada  - Libros del Zorzal - Buenos Aires - 2003.
2FREUD, Sigmund - Introducción del narcisismo - (1911) en Obras completas correspondientes a las ediciones españolas de Biblioteca Nueva (1948) y Amorrortu Ediciones de 1978; a la edición alemana de Conditio Humana - Buchdrukerei Eugen Göbel, Ed. S. Fischer Verlag GmbH - Frankfurt am Main de 1975. En adelante, sólo se señalará el título del trabajo y la fecha de su factura.
3DESCARTES, René - Discurso del método - (traducción de Juan Carlos García Borrón) - Bruguera (Libro clásico) - (fecha original: 1637) - Barcelona  - 1980.
4DESCARTES, Renato - Tratado de las pasiones del alma - Biblioteca Nueva - (fecha original: 1649) - Barcelona  - 1980.
5FREUD, Sigmund - La interpretación de los sueños - 1900.
6¡Que en otro orden de cosas incluye, en la penumbra, un tercer término además del pienso-existo y es Dios, quien opera como garante en ese vínculo!
7LOCKE, John - Ensayo sobre el entendimiento humano - (fecha original: 1690) - Fondo de cultura económica - México - 1983.
8LEIBNIZ,  Godofredo Guillermo - Nuevo ensayo sobre el entendimiento humano  - (fecha original: 1714) - Aguilar - Buenos Aires - 1980
9HUME, David - Tratado de la naturaleza humana - (traducción de Félix Duque) TOMOS I y II - (fecha original: 1734) - Editora Nacional - Madrid 1981.
10. BLEGER, José - Psicología de la Conducta - Paidós (Biblioteca de Psiquiatría, Psicopatología y Psicosomática) - Buenos Aires - 1967.
   
11. BLOOM, Harold - La invención de lo humano - Editorial Norma - Buenos Aires - 2001.
12.  PIAGET, Jean -Seis estudios de Psicología - (fecha original: 1964) - Paidós - Buenos Aires - 1973.
13. SPINOZA, Baruch - La ética geométrica demostrata (fecha de escritura: 1661, fecha de publicación: 1677) - Aguilar  Argentina - Buenos Aires - 1980.
14. FREUD, Sigmund - El poeta y la creación fantástica - 1908.
15. ECO, Umberto - De los espejos y otros ensayos - Editorial Lumen - Barcelona -1988.
16. KOYRÉ, Alexandre - Del mundo cerrado al universo infinito - Siglo XXI Editores - Madrid - 1982.
17. Tan solo con el ánimo de puntuar algunos referentes, remitimos a: BAUMAN, Zygmunt - Modernidad líquida - Fondo de Cultura Económica - Buenos Aires - 2002; VATTIMO, Gianni - El fin de la Modernidad (Nihilismo y hermeneútica en la cultura postmoderna) - (fecha original: 1985) - Gedisa - México - 1986; HELMAN, Jorge -  La subjetividad entre la escritura y lo inconsciente. - (Incluido en LA ESCRITURA EN ESCENA) - Editorial Corregidor (Colección Norte-Sur) - (fecha original: 1993) - Buenos Aires - 1994. - Reproducido por ACHERONTA N° 2 (Primera Revista psicoanalítica en formato electrónico) - Acceso directo a Internet: www.acheronta.org; CASULLO, Nicolás - El debate modernidad - postmodernidad - autores varios - Puntosur - Buenos Aires - 1989, entre otros.
18. LIPOVETZKY, Gilles - La era del vacío - Anagrama - Barcelona - 1986.
19. FREUD, Sigmud - El porvenir de una ilusión - 1927.
20. HEIDEGGER, Martín - Ser y Tiempo - (Sein und Zeit) (fecha original: 1927) - Fondo de Cultura Económica - Madrid - 1986.
21. ERASMO de Rotterdam - Elogio de la locura   - Alianza Editorial - (apareció en 1511- se escribió en 1509) - Madrid - 1984.
22. Las traducciones no pueden realizarse literalmente, punto por punto, icono contra icono, sino que deben someterse al espíritu habitable en una lengua en su traspaso al espíritu de la nueva lengua que los aloja.
23. FERRATER MORA - Diccionario de filosofía abreviado - Edhasa - Sudamericana - Madrid - 1980.
24. LACAN, Jacques - La relación de objeto (Seminario IV - 1956/7) - Escuela Freudiana de Buenos Aires - Buenos Aires - 1996.
25. William Ronald Dodds Fairbairn (11 de agosto de 1889 - 31 de diciembre de 1964) fue un teólogo, filósofo, médico y psicoanalista inglés, miembro de la Sociedad Psicoanalítica Británica. Fairbairn and the Origins of Object Relations (1994), and an edited study by Neil J. Skolnik and David E. Scharff, Fairbairn Then and Now (1998).
26. LACAN, Jacques - SEMINARIO XI - Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis - Barral - (fecha original: 1964/65) - Madrid (España) - 1976.
27. VYGOTSKY, Lev - Pensamiento y lenguaje - (fecha de origen: 1934) - Visor  - Madrid -  1992.
28. FREUD, Sigmund - Proyecto de una Psicología científica para neurólogos. - 1896.
29. GARCÍA LORCA, Federico - Obras completas -  (La sombra de mi alma) - Aguilar - Madrid - 1963.
30. BENEDETTI, Mario - Antología Poética (1948-1991) - Ed. Casa de las Américas - La Habana - 1973.
31. BORGES, Jorge Luis - Obras Completas - EMECÉ Editores - Buenos Aires - 1976.
32.Lacan lo designaría aquí como EL TESORO DEL SIGNIFICANTE.


33. ROUDINESCO, Élisabeth - Lacan (Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento) - Fondo de cultura económica - Buenos Aires - 1994.
34. FREUD, Sigmund - Psicopatología de la vida cotidiana - 1901.
35. FREUD, Sigmund - El chiste y su relación con el inconsciente  - 1905.
36. FREUD, Sigmund - Trabajos metapsicológicos  - 1915.
37. FREUD, Sigmund - Más allá del principio del placer - 1920.
38. FREUD, Sigmund - El yo y el ello - 1923.
39. FREUD, Sigmund - Análisis terminable e interminable - 1938.
40. LACAN, Jacques - Seminario XXIII: Joyce, le sinthome - (fecha original: 1975/6) - Paidós - Buenos Aires - 2005.
41.  SAUSSURE, Ferdinand de - Curso de Lingüística General - (fecha original: 1906 a 1911) -Estudio preliminar de Amado Alonso  - Alianza Editorial - Madrid - 1989.
42. Detalles más extensos de los aquí expuestos se pueden encontrar en: MILNER, Jean Claude - La obra clara (Lacan, la ciencia, la filosofía) - Bordes Manantial - Buenos Aires - 1996.
43. RESTREPO, Laura - Demasiados héroes - Alfaguara - Montevideo - Abril de 2009.
44. HELMAN, Jorge - Legacies - (Herencias) - Clinical Studies: International Journal of psychoanalysis - Volume 3, Number 2 - New York - USA. - 1997.
45. DERRIDA, Jacques - La tarjeta postal de Freud a Lacan y más allá - Siglo XXI Editores - (fecha original: 1980) - México - 1986.
46. BACHELARD, Gastón - La formación del espíritu científico (Contribuciones a un psicoanálisis del conocimiento objetivo) -  (fecha original: 1948) - Siglo XXI Argentina Editores S.A. - Buenos Aires - 1972.
47. FREUD, Sigmund - Psicopatología de la vida cotidiana - 1901.
48. HELMAN, Jorge - "... DIOS HA MUERTO... - Ponencia oficial del panel: "¿Degradación de la vida erótica?" correspondiente a las XVIII Jornadas del Departamento de Psicología Clínica de la Universidad J. F. Kennedy -  SEXUALIDAD: "Lo mismo-Lo diferente, Lo diverso-Lo nuevo" - Buenos Aires - 30 de octubre de 1999 - Publicado por DOCUMENTA LABORIS del Departamento de Investigaciones de la Universidad John F. Kennedy - N* 7 - Buenos Aires - octubre de 2003. Publicado por la Revista DIÁLOGOS de ENCUENTRO PSICOANALÍTICO  - N* 3 - JULIO de 2001 y por la revista psicoanalítica electrónica EL SIGMA - Buenos Aires - 29 de agosto de 2001 -Acceso a Internet: www.elsigma.com.
49  ECO, Umberto - Obra abierta - Ariel Editorial - (fecha original; 1979) - Barcelona -  1984.








BIBLIOGRAFÍA INVOCADA




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REVISTA  PSIQUE Y SOCIEDAD
  ISSN 2011-8511
Revista Electrónica del Campo Psi y Social 
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