EL BIEN ES EL MAL: UN PLACER NECESARIAMENTE DOLOROSO                                                                   

Fabián Becerra Fuquen

"Siendo obra de Dios,
todo lo que es,
es bueno."
San Agustín.

Resumen.
El bien y el mal son términos que atañan a múltiples disciplinas, para este caso el psicoanálisis y la filosofía, se unen a partir del concepto de Bien planteado por Platón y del Goce planteado por el psicoanálisis. Sin embargo, más que pretender entrar en sus profundidades se busca establecer una posible articulación entre el bien y el mal, que aunque aparentemente opuestos, tienen un elemento en común que permite pensarlos como iguales. A saber, el hecho que se presentan como un ideal que incita el deseo en el sujeto, y como ideal, son siempre inalcanzables.
Palabras claves: bien, mal, deseo, goce, objeto "a", sujeto, psicoanálisis, inconsciente.

Abstract.
Good and evil are terms that pertain to multiple disciplines, in this case psychoanalysis and philosophy, joined the concept of property raised by Plato and Enjoy raised by psychoanalysis. However, rather than attempting to enter its depths is to establish a possible linkage between good and evil, though apparently opposed, have one thing in common as to suggest the same. Namely, the fact is presented as an ideal that encourages the desire on the subject, as an ideal is always unattainable.

Keywords: good, bad, desire, enjoyment, object "a", subject, psychoanalysis, unconscious.


1-        Introducción
No es la intención del presente escrito abordar la idea del bien de manera exhaustiva y minuciosa, sólo se pretende mostrar la analogía que existe entre el bien platónico y el concepto de goce en el psicoanálisis. Conceptos que funcionan como activadores de lo humano hacia la búsqueda de algo. Al hablar de una idea del bien deviene inmediatamente una idea de lo bueno, lo debido,  lo positivo y lo perfecto. Es en tanto lo que se tiende y debería buscar,  es lo que de alguna manera podría decirse que hace  feliz al hombre; y es la intención de demostrar lo contrario, lo que convoca a este escrito. Así, se busca dar cuenta de un bien que está en relación directa con el mal. Será esta relación quien ira mostrando esa idea de bien en su sentido opuesto, desdibujándolo de ese ideal de fantasía, evidenciando que el bien gira hacia un mal. Un mal que deviene como necesario.

Platón deja fluctuando la idea del bien, por lo que se intenta dar razón de su concepto como ideal accionario del sujeto, poniéndolo en un punto activo, causa última de toda acción e ideal inalcanzable. Contrastarlo con la teoría psicoanalítica es ponerlo en una misma dirección hacia ese algo que jala al sujeto a existir, siendo aquello lo que se persigue y por lo que se obra, aquello que aparece como designio de lo buscado, lo anhelado y lo arrebatado; lo que una vez se tuvo y ahora se añora. Al igual que el bien platónico, se busca como ideal último, y se busca porque se conoce su existencia, aunque no su presencia; por lo que será siempre un imposible, -simple ideal-. Así es el ideal neurótico en el psicoanálisis; la búsqueda de ese más allá del principio del placer, un más allá que se tornará doloroso para el sujeto, pero sin embargo es siempre anhelado en su existencia. Así en el psicoanálisis lo que se anhela es la completud en la obtención del goce y en Platón la inmortalidad en la obtención del bien absoluto. De esta forma se pretende argumentar que el bien planteado por Platón se aproxima al mal a partir de los postulados psicoanalíticos.
2-        Deseo de amor y la imagen del otro.
El deseo es el punto culminante en todo este proceso. Será el deseo quien lleve a la búsqueda de un algo, un algo desconocido en su esencia pero conocido en su existencia, se sabe que existe algo, pero no se sabe con exactitud que es ese algo. El deseo es la fuerza que impulsa a la existencia del sujeto en su devenir estructural en relación con el Otro del significante. Pues en últimas, el deseo no es sino el deseo del Otro.
Surge entonces el interés de aclarar qué es el deseo, lo que de inmediato deviene la intervención del discurso psicoanalítico para dar inicio a la comprensión del origen y función del mismo. De esta manera poder darle sentido a este proceso de anudamiento entre el bien y el mal a partir de los postulados psicoanalíticos.

"El deseo es el deseo del Otro"  (Miller, 2000: 59). Ante las demandas del Otro impuestas como significantes, van adquiriendo un significado propio que da sentido a la existencia del sujeto. Demandas que buscan llenar un vacio satisfaciendo un deseo, el deseo del Otro. Ahora bien, será el Otro quien con su demanda desequilibre la armonía del individuo, bajo la instauración del lenguaje en un cuerpo que vivía anclado bajo un deseo ajeno, para luego pasar a vivir bajo "su propio deseo", marcado siempre como residuo del Otro.
Es este el proceso que actúa en el sujeto, haciéndolo existir en cultura, en relación a un Otro de deseo y no anclado a un Otro de goce. Me refiero con esto el proceso simbólico de la castración que da vida al sujeto en un devenir estructural a partir del lenguaje. Es a partir de este momento que el sujeto empieza a desear para poder existir.

Este deseo que se generó a partir de las demandas del Otro, Otro que en una primera instancia significó el grito que surge instintivo, para imponerse en un segundo plano como demandas pulsionales. Convertidas estas necesidades en demandas, el individuo pasa a ser producto de una cadena de significantes que lo determinan como sujeto, a partir de la entrada en cultura, de la existencia como sujeto del lenguaje. Es este un proceso efectuado en los primeros años de vida del infante, por el que pasará de un estado de completud a un estado de falta.  El infante gozaba del deseo del Otro -lugar ocupado generalmente por la madre-,   goce que es socavado por las interdicciones de la norma como accionar de la metáfora paterna, que genera una "No Relación", una relación que no fue inscrita y queda como faltante. Así surge el deseo bajo esa perdida y se tornará constante en la búsqueda de ese objeto que se tenia y se perdió -objeto "a" denominado por Lacan-. Objeto que reaparece como falta para dar origen a un largo camino de lo imposible, pues esta falta es lo que lleva al sujeto a su accionar, a existir en un reactivar constante en búsqueda de aquello. Toda su vida girará en torno a la búsqueda de lo perdido.

De esta forma el deseo se convierte en la búsqueda de un objeto desconocido, objeto que existente en su lugar antes de la perdida, estableció un estado ideal de placer. Estado donde el Otro y el individuo son uno en relación a un mismo goce  - de tener y ser el falo-, inscripción de esa "Relación Sexual" que quedo por fuera de lo asimilable. Goce que termina en simulacro a causa de la metáfora paterna (Nombre del Padre), dejando como desconocido a dicho objeto deseado.  Por lo tanto lo que se busca es la "Cosa", como objeto que se desconoce y como expresión de una Relación No inscrita.
Ahora, surge el deseo de amor por el objeto "a", amor en cuanto engaño, pues el sujeto podrá poner tal Cosa desconocida en muchos lugares de manera imaginaria, por medio de esa demanda imaginaria, engañarse, suponiendo la obtención de dicho objeto de amor, pero ese objeto "a" es siempre otra "Cosa" diferente de la que se demanda; es en la medida que actúa como metonimia.  El fantasma del objeto estará siempre presente en su deseo, más nunca el objeto en si. Aparece el deseo como un deseo inarticulado que, seguía siendo desplazado; tratando de buscar un objeto de imitación como imagen de ese objeto perdido. Por eso es un deseo insatisfecho. Es lo que se desplaza. El desplazamiento no es más que metonimia del significante puesto en un objeto como búsqueda de la cosa. Un deseo que no puede ser articulado por el sujeto, por eso sigue siendo desplazado.  El deseo sale sublimado a través de vías no prohibidas, como los sueños, los chistes, los lapsus, etc. Lenguaje y deseo anclados en una misma dirección, la instauración de uno determina la existencia del otro y la permanencia del mismo. 

El deseo de amor se convierte en la imagen del otro  - en el matema lacaniano: i(a) -, como imagen del objeto "a". Hay sustitución del objeto deseado, ejemplo de ello se da en el plano del análisis, en el amor de transferencia, en el que hay un "goce puro de palabra, siendo 'a minúscula' la posición del analista y de $ (sujeto en falta) la del analizante" (Miller, 1998: 156) así el deseo de amor es el deseo de la Cosa, y esta toma un camino directo en relación al goce. Pues el objeto" a" como Cosa es en si el objeto de goce. Es la búsqueda de esa "No Relación" que hizo falta inscribir, relación de "goce" en la medida que es una relación que no se inscribió a causa de las interdicciones paternas, de ese Nombre del Padre que actuó como "Norma",  impidiendo la satisfacción del Otro. Deviene la prohibición y el deseo del objeto. Lo que así mismo da el carácter de placer doloroso a causa de la ambivalencia afectiva, en relación a un querer y un deber.

De esta manera el goce esta directamente relacionado con el objeto de amor, ya que la obtención de este ultimo es quien causa la satisfacción del primero. Sin embargo, existen una serie de condiciones de elección de objeto de amor, "- gobierna la elección del objeto de amor. Y, en cierto modo, se puede decir que la condición de amor (Liebesbedingun freudiana) es una determinación del goce, lo que quizá podíamos escribir así: goce debajo del deseo, y el amor como la vinculación misma entre el goce y el deseo"  (Ibíd.: 166).
                                                                                                                                                                     
Por tal razón se puede hablar de un deseo del Otro, en correlación a un goce del Otro. Pues el deseo del objeto de amor, esta directamente concatenado con el goce, pues el deseo se encadena con el goce a través del amor.
El sujeto tras la falta de ser, establece un principio del placer, el cual tiene un límite de energía para soportar los eventos desplacientes, por lo que este principio apunta a evitar el displacer y obtener el placer, estableciendo un equilibrio homeostático. Más allá de ese principio del placer se encuentran las pulsiones de muerte (concepto utilizado por Freud), que están dirigidas por las tendencias repetitivas, en relación a un retroceder tras la búsqueda de la "Cosa", pulsiones provenientes del Ello. En este punto se halla el "goce" como cantidad excesiva de excitación que imposibilita el principio del placer, llevando la intención de destruir y traumatizar al sujeto. Pues el principio del placer actúa prohibiendo el incesto, mientras que el goce busca la instauración de esa relación. En esta medida el principio del placer es una instauración simbólica mientras que el goce se halla en lo Real. Donde todas las pulsiones pugnan en salir, y en la medida que este real que es desconocido se haga latente ante la consciencia, el sujeto sufre, tras la posible rememoración de eventos desplacientes que fueron reprimidos, poniendo en peligro la integridad yoica del sujeto.    

De esta forma se deja prever el goce que actúa como el sufrimiento que deriva de la propia satisfacción, y a su vez la relación de lo deseado con lo doloroso, y su afinidad con el mal, en correlación con el peligro a la integridad yoica del sujeto.  
3-        Goce: amalgama del bien y del mal
Platón en algunas de sus obras deja entre dicho la idea del bien tomándola como aquello que mueve, aquello que impulsa a ejecutar toda acción. Es el referente de un ideal que se debe alcanzar, es el fin permanente de nuestra conducta, y siempre estamos en ese accionar hacia algo, pues aquel bien, como es dicho, no es más que un ideal, no se alcanza, no se obtiene, sólo se desea; pues su conocimiento es imperfecto por ello buscamos la perfección en su conocimiento. Tal como se evidencia en La República: "la idea del bien es el objeto del más sublime conocimiento […] añadiendo que no conocemos esta idea sino imperfectamente."(Platón, 1993: 225). Esto introduce de inmediato la relación del bien con el goce, en la medida en que el goce se logra en la relación con el objeto "a", como objeto incognoscible, que determina el goce producto del deseo del mismo.  Siendo inalcanzable y es lo que mueve al sujeto. El goce como ideal que gira tras un placer que trae dolor, tal vez apartándolo del bien mismo; sin embargo es en la relación con el más allá del principio del placer, donde aquel ideal de bien se torna como mal. Pues, es que a caso "¿no están precisados a confesar que hay placeres malos? […] ¿Y, que por consiguiente que las mismas cosas son buenas y malas?"(Ibíd.: 226.).

Siguiendo con Platón el bien no sólo es el generador de acciones del sujeto sino activador de deseo, llevando a los sujetos a la búsqueda, de un  conocimiento que se  pretende infinito, de la verdad que se hace en la luz del bien y de las ideas como un algo más allá del cuerpo, de la esencia que enmarca su existencia, pues "de las cosas bellas o buenas decimos que son objeto de los sentidos y no del espíritu; y de las ideas lo bello y lo bueno en sí decimos que son objeto del espíritu y no de los sentidos […] el bien mismo no sea esencia; sino una cosa muy por encima de la esencia en razón de dignidad y de poder" (Ibíd. pp. 228 - 231). El bien en platón esta sobrepuesto sobre un más allá de una esencia pues es incognoscible en su totalidad.  Se conoce negativamente, no se posee pero se sabe que existe en algún lado:
"sin duda es una cosa muy graciosa echarnos en cara nuestra ignorancia respecto al bien, y hablarnos enseguida como si lo conociéramos […]  Y este bien, a cuyo goce aspira toda alma en vista del cual lo hace todo, cuya existencia sospecha, pero en medio de la incertidumbre y sin poder definirlo con exactitud, ni con esa fe inquebrantable que tiene en las demás cosas, lo cual le priva de las ventajas que podría sacar de ellas; este bien tan grande y tan precioso."(Ibíd.: 226). 
En este sentido y siguiendo con los postulados platónicos el principio del placer nos muestra ese limite entre el bien y el mal del sujeto, entre lo placentero y lo desplaciente. Donde ese más allá se torna doloroso, pero es un más allá en el que el goce se interpone como aquello que se desea siendo así mismo inalcanzable.  
Así, todo lo buscado es lo deseado y todo lo deseado gira alrededor de la idea del bien, bien como lo deseado y mal como lo alcanzado. Ideal de alcanzar  ese deseo sublime, ese deseo que haría perfecto al ser. Pues esa es la idea última de todo conocimiento, después de ello no existe  nada. Después no hay nada que jale al sujeto hacia la búsqueda de algo. Al traspasar el principio del placer el sujeto entra en un punto denominado como tensión cero. Y éste dejaría de vivir, pues volvería al estado de completud en el que permanecía en el vientre materno, en el que no existía sino a través de la madre. Será la cosa sin lenguaje.
El bien es aquello que da la verdad en la medida que lo esclarece en su plenitud, como la cosa en sí. Platón le atribuye a Eros, como  causa del deseo del bien y la alegría que está activa en el alma en todos los niveles y por medio del cual somos capaces de dirigirnos hacia la realidad. Pues el amor es quien enlaza el deseo con el goce, esa relación de objeto amado, objeto deseado, que lleva a buscar el goce perdido en la "Imagen del otro", pero este objeto "a" siempre será otra cosa. Así, Eros es una forma de deseo de la inmortalidad, de posesión perpetua de lo bueno, sin importar lo que entendamos por bien. En este sentido el bien es el mal.

El goce sólo es deseado como genuino al igual que el bien, pero estos como esencia son inalcanzables, solo el plus de goce es obtenido como consuelo, que pronto se tendrá en su estado puro. Lo que en últimas no serán más sino actos fallidos por la búsqueda de un goce.
Entonces el psicoanálisis habla de un hecho doloroso pero necesario el cual es designado como la castración, en relación al Nombre del Padre que actúa como metáfora paterna.  Es allí, donde se pierde ese goce sublime que se tenia, y ahora surge a causa de este hecho, el deseo, el deseo por aquello perdido, aquel goce que se tornará imposible de acceder nuevamente, pero que llevará al sujeto a su búsqueda incesantemente.

Así vemos como se contraponen dos términos aparentemente opuestos, pero que terminan siendo uno mismo, el bien y el mal agobiados por un deseo, un deseo incesante que mueve y hace existir al sujeto, en su búsqueda como actos fallidos, como ideal.  Así el bien platónico es lo que se persigue y por lo que se obra. El bien como inabarcable e inexplicable y el goce un dolor que se fundamenta en la pulsión  de muerte que arrastra al sujeto a la existencia de su destrucción, lograr ir a un más allá del limite del sujeto, más allá del principio del placer. Por lo que el bien planteado por Platón podría pensarse como el mal, resumido en el término psicoanalítico del "GOCE"; el bien es el mal y se ve fundamentado tras un placer necesariamente doloroso. 

Referencias bibliográficas
Braunstein, N. (1999). "Goce". México: Siglo XXI.
Cruz, Alexander. (2006). "Algunas consideraciones acerca del cuerpo y la violencia de  su origen". Argentina: revista Archeronta. Disponible en red: http://www.acheronta.org/acheronta23/cruzaponasenko.htm
Miller, J (1998). "Introducción al método psicoanalítico". Argentina: Paidós. 
Miller, J (2000).  "Elucidación de Lacan". Argentina: Paidós.
Platón. "Lisis" en Diálogos. Traducción de M. Martínez Hernández.  Barcelona: Planeta de Agostini.
Platón (1993). "El banquete" en Diálogos. Traducción de M. Martínez Hernández.  Barcelona: Planeta de Agostini.
Platón (1981). "La República". Venezuela: Biblioteca clásicos

 
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