Del duelo y del chiste




María Elena Elmiger *






Resumen: Nos proponemos en este trabajo pensar el duelo en su función subjetivante como el comienzo del trabajo simbólico-imaginario que da cobertura a lo real, así como la desubjetivación en los duelos que deja al sujeto tomado por lo real, por el trauma, por el "pathos".


Abstract: We propose in this work think mourning based subjetivante as the beginning of the simbólico-imaginario job which gives coverage to the real, as well as the desubjetivación in duels leaves the subject taken by real, by the trauma, by "pathos"


Palabras Claves: Duelo. Trabajo. Subjetivación. Desubjetivación


Key words: Duel. Work. Subjectivation. Desubjetivación




I. Introducción: Los chistes


Un buen chiste, decía Freud, es aquel que, con un simple juego de palabras, produce la risa del semejante, del que escucha.
La combinación de significantes (S1-S2 ' Plus de significación) ANTE UN SEMEJANTE  que, además, comparte el código (mejor decir: el lenguaje, el sistema lingüístico) produce la magia del chiste y de la risa.
Tenemos entonces, los siguientes elementos:
1)    S1    .    S2 . Sn :  A
       a           a      a     -?
Un significante S1 remite a otro significante S2, haciendo cadena. Ellos participan del lenguaje, llamado Otro por Lacan. Entre - dos significantes, algo que no debe decirse pero que aparece (el a debajo de la barra) velado insinuado (-?),  produce la risa.
Sale el medico de revisar al esposo y habla con  la mujer:
- Mire señora, la verdad, el aspecto de su marido no me gusta nada.
- La verdad doctor, a mí tampoco, pero es tan bueno con los chicos...
Dicho freudianamente, algo que no debe decirse por que el pudor lo impide: una burla, una querella, una insinuación sexual, odios, desamor, etc., se dice en una verdad disfrazada, tal como el mal aspecto del marido de la señora del chiste. 
José Pablo Feinmann (1) relata un chiste post- ataque a las torres gemelas, donde claramente lo indecible, lo terrorífico, puede ser dicho en el juego de palabras del chiste:
Un niño y su padre, en el año 2031, pasean por Manhattan. El padre le dice: "Aquí estaban las Torres Gemelas". El niño pregunta: "¿Qué eran las Torres gemelas?". El padre dice: "Unos rascacielos que destruyeron los árabes". El niño pregunta: "¿Qué eran los árabes?"


Que pueda hacerse un chiste sobre un genocidio (dos genocidios: sobre Manhattan y sobre los árabes) muestra con claridad cómo el ser humano puede decir las peores cosas veladas, en "otra escena", "como si" no las dijera.
2)    La presencia del que escucha, participando del mismo código. O, mejor dicho, del mismo sistema lingüístico. …el otro debe ser de la parroquia, dirá Lacan en el Seminario V. (2) (Para que el chiste surta efecto, los que escuchan el mismo deben poder captar la sutileza de los giros, de los juegos de palabras. Sabido es: un chiste no se explica).
3)    Un chiste, entonces, es un discurso. Dice algo oculto al semejante, que lo traduce a nivel del Otro y por lo tanto, sostiene el lazo social. Un chiste, como toda formación del inconciente, articula el deseo inconciente a la demanda. Al deslizamiento significante.
4)    El chiste y la risa son producciones solamente humanas. Mejor aún: la risa distingue al humano de los otros animales. El chiste -como metáfora- es propio de las neurosis.
5)    El chiste dice una verdad, veladamente. Por eso requiere de los intérpretes del mismo. Se viste con  galas fálicas (-?), que aparecen/desaparecen produciendo la risa. De esta manera vela con alguna eficacia lo real indecible y lo monta en un discurso posible de enunciar, aún en la opacidad.


II. Los Duelos


Introduje estos ejemplos para pensar los duelos, que, como producción humana, también diferencian el hombre del resto de los animales de la escala zoológica.
Ante el acontecimiento de la muerte, el ser humano requiere del lenguaje. Precisa transformar la muerte en palabras. Darle algún estatuto de representación, de como sí, de relato, de mito, de cuento. ¿No son los rituales una gran representación, donde se  sigue, como en el teatro, algún libreto? Vía los rituales, lo indecible de la  muerte se monta en un escenario donde cada personaje hace su juego y algo de ese real puede decirse en ese como sí que es el velatorio, el entierro, o cada rito de despedida.
Vimos ya cómo el horror de un genocidio fue montado en el chiste que tomara Feinmann.
Cito a Nelly Schnaith: Ya lo decía Isak Dinesen: no hay pena que no pueda soportarse si se la coloca en un cuento (3)
Como el chiste, el duelo necesita - entonces - de:
1)    La cadena significante para bordear, sombrear, lo indecible: el agujero que la muerte produce en el sujeto.
A diferencia del chiste que en sí vela y devela una verdad, la muerte de un ser querido produce la ruptura de la cadena significante como tal. Se conmueve el sistema de creencias que sostiene al mundo en tanto simbólico; es por lo tanto preciso apelar, llamar al logos para producir el velamiento vía los rituales. Es necesario, entonces, velar -valga el significante- el vacío que deja un ser querido devenido muerto.
S1    .    S2 . Sn :  A      Velamiento
                 Real      a           a      a   -?


2)    Es preciso, también, participar de los sistemas lingüísticos: religiones, costumbres, mitos, tradiciones, épocas, lo que antes llamáramos lo público. Éstos proponen ritos que han de circunscribir el mudo dolor de la muerte, a fin de prestarles alguna significación, aún fallida, esquiva, opaca.  Concierne hablar de la muerte y de su muerto de tal forma que la angustia quede velada. Precisa domesticar, disimular, la muerte real.
Dirá Nelly Sahnaith (4): Esculpimos la memoria de los muertos, creamos símbolos, entronizamos algunas representaciones comunes que oficien el exorcismo de lo ignoto…
3)    La presencia del semejante -esto fue trabajado por Lacan en el duelo en Hamlet- hace del duelo, un discurso. El testigo, el semejante, el que comparte el dolor, (acompañar en el sentimiento, dice el saber popular), al que se le muestra, se le ostenta ser el dueño de esa causa perdida en la que nos precipita el muerto; el sostén de ese objeto que queda suelto y se engancha en un espectador, el semejante, hace que el duelo se convierta en un discurso. El semejante está allí causado por ese dolor que hace, desde el psicoanálisis, que el amor no sea un trámite de sujetos que no desean nada del otro, sino que aman justamente porque algo falta. (El amor, dice Lacan, es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es). El semejante, entonces, sostiene, desde su falta, el horror del agujero del deudo, velándolo, disimulando la angustia, haciendo de soporte para ahuyentar el fantasma de la propia muerte.  De cierta manera se intenta articular lo real (la desnudez del objeto) a la demanda, a algún llamado, aún desesperado- al Otro de las leyes -lo público- y al semejante. De esta forma de algún modo se lo vela, se lo cubre.
4)    Y si la risa es una producción solamente humana y el chiste, una creación de la neurosis se podría decir, en esta comparación, que las lágrimas son exclusividad del hombre, y el duelo, de la neurosis. ¿Podríamos pensar a las lágrimas como lo que permite algún desvío de mirada del horror, mientras participa de él y a la vez, podría introducirlo en un llamado, en un discurso?
5)    Si el chiste dice una verdad veladamente, vía la significación fálica -? con la muerte de un ser querido irrumpe lo real, el objeto a casi sin coberturas fálicas. Poner a funcionar -? (los velos, los vestidos a lo real de la muerte) sería la función del duelo. Ritos, costumbres, mitos, religiones, dicen en un primer movimiento, qué hacer, qué decir, cómo vestir, cómo circunscribir de alguna manera lo real de la muerte.


El sujeto del Psicoanálisis


Usar la comparación chiste-duelo (5) es a los efectos de plantear en esta tesis a ambos como efectos del lenguaje y  su relación al sujeto del inconciente.
Para lo cual, explicitaremos en este punto, de qué sujeto hablamos en psicoanálisis.
En principio, valga el ejemplo del chiste, es un sujeto que no todo puede decir, que no todo puede comunicar, y que sólo puede producir un efecto de verdad, cuando se origina una cierta resonancia en el sujeto acerca de eso que dice; verdad que surge, como en el chiste, velada. Disfrazada. (Sea la verdad del marido de la Sra.,  o sea la verdad de los genocidios)
El sujeto de la ciencia, en cambio, es un sujeto que sí tiende a conceptualizar con precisión, a llevar el concepto al rango de leyes (Leyes de la física, de las matemáticas, de las ciencias naturales, de la lingüística, etc.), pues su labor está del lado del objetivar el conocimiento; la de los psicoanalistas, incluye la subjetividad en el mismo. La ciencia precisa suponer la posibilidad de aprehender el mundo y matematizarlo. Supone cierta complementariedad entre el sujeto - agente del conocimiento y su objeto.
El psicoanálisis, en cambio,  sostiene la imposibilidad de la complementariedad del sujeto con su objeto por estar ambos atravesados, divididos por el  muro del lenguaje,
Por lo que la concepción de sujeto y su lazo con el objeto  adquieren una especificidad que es preciso ir desmontando en esta tesis.
El sujeto  que propone y con el que trabajamos en Psicoanálisis es un sujeto, que, como dice Julia Kristeva, se forma y se transforma en el discurso que comunica al otro (6)
El psicoanálisis propone soportar la no univocidad del sujeto, único modo del advenimiento del inconciente, el que siempre hará de muro, de filtro, de causa; siempre tiene algo que ver con el objeto; en el tema que nos ocupa, con el objeto amado que se pierde. Pero también con todo objeto con que se confronte el sujeto: de estudio, de conocimiento, de producción, etc.
Así, por ejemplo, un ser amado es -simultáneamente, desde un saber no sabido- también odiado. Freud descubre la ambivalencia de los sentimientos justamente cuando más se ostenta el amor, vía el descubrimiento del inconciente. 
Este sujeto dividido por el significante, como ya dijimos, no puede decirlo todo ni sabe todo lo que dice; por eso, se forma y se transforma en el discurso, como dice Kristeva.
Primero Freud y luego Lacan proponen que esa división implica -por un lado- que no todo puede decirse, ni mirarse, ni oírse…  Y por otro, que el sujeto está dividido contra sí mismo. El sujeto se toma a sí mismo como objeto de crítica o de castigo. Atenta contra sí mismo y no sabe que esa crítica o que ese castigo le son propios. Por un lado, dijimos, el inconciente como saber no sabido posible de descifrar. Y por otro, el superyó ligado al ello y a la satisfacción pulsional.
La división cuerpo-alma fue, probablemente, una de las formas que tuvo occidente de nombrar esa escisión subjetiva. La idea del alma, de ángeles y demonios (que ayudan o atentan contra los sujetos primero tentando y luego buscando venganza) podrá pensarse desde esta concepción de subjetividad, tal como lo hace Freud en Tótem y Tabú y en Consideraciones de actualidad sobre la Guerra y la muerte, entre otros textos.  Freud y Lacan trabajan también los fenómenos elementales de las psicosis desde esta concepción de sujeto. Alucinaciones y delirios en la neurosis, con la misma lógica.
El sujeto que propone el Psicoanálisis es, entonces, un sujeto dividido:
1.    Por el significante: No todo se puede decir.
2.    Contra sí mismo. (El superyó y las diferentes versiones de la culpa, ocupan aquí su lugar)
Lejos de ser agente de su discurso este sujeto está dividido por el lenguaje que lo produce y lo habita. Es un sujeto, entonces, efecto de los discursos y de los deseos de Otros. Barthes hablará, en este sentido, del fascismo de la lengua. Dirá, en su Texto La Lección Inaugural de la Cátedra de Semiología Literaria del Collage de France  que no es posible para el hablante ser habitar el mundo por fuera de ella ni por fuera de sistemas lingüísticos. Dirá: "Pero la lengua, como ejecución de todo lenguaje, no es ni reaccionaria ni progresista, es simplemente fascista, ya que el fascismo no consiste en impedir decir, sino en obligar decir."(7)          
   






Barthes se pregunta cómo hacerle trampas, entonces a ese fascismo de la lengua y se responderá: usando el poder de los juegos de la lengua: de las metáforas. A lo que agregaremos: escuchando y subjetivando (hacerlos propios) esos juegos de la lengua. Sean éstos equívocos, chistes, tropiezos en el decir, sueños, síntomas, amores o accidentes, torpezas, atentados contra sí mismo o contra otros.                                    
A la lengua, como sistema, Lacan formula como Otro (A), en un lugar tercero: el Lenguaje, la época, la cultura y sus leyes.
Otro al que el sujeto que está afiliado - de filius - (hijo), por lo que desde allí adeuda su filiación y su genealogía. Otro (A- barrado) que deja sus marcas, sus formas, sus huellas en el sujeto.


Esas huellas significantes (lo real, objeto a) el sujeto -sabiéndolo o no- porta, como de contrabando, diría J. Hassoun (8) y que es lo que primero Freud -con los sueños, chistes, actos fallidos, síntoma, transferencia, las formaciones del inconciente - y Luego Lacan, descubrieron. Por un lado, externos, extraños. Por otro, íntimos. Cómo esas huellas, esas marcas del lenguaje en la subjetividad (el ombligo del sueño, lo real, la pulsión, el objeto a, según se teorice) aparecían, disfrazados, investidos, contrabandeadas, en las formaciones del inconciente, por lo tanto, también en el objeto de amor. A veces, extraños. (Nos sorprende tanto enamorarnos como un equívoco, un sueño, un "accidente". Todos parecen venir de afuera, con nada del sujeto allí). Otras veces, íntimos. ¿Qué mayor intimidad que aquella que se produce en el momento en que reconocemos como propia esa producción? ¿Qué mayor intimidad que la de los enamorados? Nadie como nosotros para reconocerlos. Ese objeto, esa marca, esa huella que el Otro dejó en mí, y que hallo sorprendida en los sueños, en los chistes, en el objeto amado… ¿es propio o ajeno?
Lacan ubicó el inconciente y sus marcas en un lugar topológico que llamó éxtimo. Ni íntimo ni extraño, ni interno ni externo. Esa extimidad se manifestará en los tropiezos en el decir, en los equívocos, en los sueños, en los chistes, en el lazo social.
El análisis…. Es un lazo social íntimo y extraño al mismo tiempo, de ahí que Lacan hable de extimidad. Esa extimidad está presente en las relaciones cotidianas de las personas con sus próximos, pero de una manera donde lo íntimo y lo extraño se rechazan mutuamente.
¿Cómo medir si alguien es un íntimo o un extraño?... Es cierto que hay una cuestión con la distancia, pero esa distancia no es lineal sino topológica, no se mide, pero sin embargo tiene una traducción subjetiva y afectiva (9).


El inconsciente está estructurado como un lenguaje (10) no es sino esto.
Los sueños, los chistes, los lapsus, el amor de transferencia, el amor, el lazo social... son hechos del lenguaje; y a esto, Lacan llamó formaciones del inconsciente. Por un lado, nos sorprenden como algo extraño, extranjero. Por otro, es una producción  absolutamente íntima.


"El inconsciente, dicho desde una manera simple desde Freud, alude a un conjunto de representaciones, pensamientos, como si fueran ajenos, como si fueran extranjeros, que operan sobre el yo. Así, cuando Lacan precisa aclarar al tratar la cuestión del sujeto, sujeto... del inconsciente, insiste en ese sujeto como un producto, un efecto de ese inconsciente que está estructurado como un lenguaje. El sujeto no es un dato primero, es un efecto" (11)
El sujeto no es amo de su propia casa. Es sólo un siervo tironeado, tomado, habitado por el lenguaje.
Pero un siervo que logra  trampear su servidumbre, como dijimos,  por los juegos de la lengua. Lacan construyó un inconsciente sin profundidades, basado en los "hechos del lenguaje". Por lo tanto, tan descifrables como cualquier escritura. Tan descifrables por el propio sujeto, vía la transferencia.
Éste puede escuchar sus producciones, sus opacidades, sus silencios y reconocerlos como propios.  Algo le resuena  allí  y  puede producir alguna subjetivación.
El equívoco que escapó de su boca, ese "tesoro" que encontró -sorprendido - en sus sueños, el rubor de su rostro, el aguijón del amor, como los tropiezos en la vida, los accidentes... ¡las enfermedades! le pertenecen. Todos ellos son hechos del lenguaje, textos a los que el sujeto puede poner a hablar, a descifrar y a escuchar.  Y de los que,  al decir de Freud, es responsable.  Subjetivable, dirá Lacan.
El efecto sujeto dice su verdad. La verdad del inconciente. No hablamos allí de significado, sino de efecto de significación o de "resonancia" subjetiva que Lacan llama, en sus seminarios, coloquialmente,  subjetivación.


III: El lenguaje compactado


En un maravilloso artículo de Carlos Pérez (12), en el que desarrolla el proceso de compactación y trituración de palabras que propone nuestra época, el autor plantea el desarrollo de las subjetividades por el (des)arrollo tecnológico/científico (combinados  al capitalismo neoliberal), o, al decir de Feinmann, el  tecnocapitalismo comunicacional de mercado (13) 
En consonancia con este autor, pensamos que así como el chiste requiere de la cadena significante, el placer que el chiste conlleva, precisa de la cadencia, del ritmo, del tiempo necesario para el deslizamiento de las palabras que va a producir la magia de la creación y la consecuente risa. (Ese poquito de real que se exhala, esa pizca de objeto a -contrabandeado en las palabras- que habla de la tentación incestuosa o parricida y que contagia al semejante)
Nos preguntamos cómo sobrevivirá el sujeto (recordemos que proponemos un sujeto efecto del Otro)  en un mundo que tritura y compacta palabras para producir inmediatamente información, más no discurso; pues el discurso precisa de las siguientes variables: del sujeto del inconciente, del lenguaje (A) del semejante y del tiempo -lógico-  de la comprensión/apropiación  del mismo. (El lenguaje se ha convertido en una base de datos,  en un  código cerrado, sin sujeto, sin semejante, sin tiempo de comprender, sólo  obedecemos.  Ya no enfermamos, no sufrimos: Padecemos  de trastornos que se numeran en el DSM4 o en el CIE10… a los que corresponde la droga tal, etc. Se produce una droga para cada trastorno). No hay aflicciones, dolores. Hay enfermedades. Trastornos.
Cómo sostener, entonces, el discurso, las trampas a la lengua -o sea, la metáfora- el lazo social… Cómo producir un sujeto siempre evanescente, esquivo, pero fabricante de infinitos saberes. Cómo sostener las diferencias, (no existe UNA verdad absoluta), los pactos que enriquecen, el tiempo de espera, de combinación- sustitución significante, cómo resistir a la tentación de ser objetos manipulados por una única verdad universal: la combinación capital-ciencia-tecnología-medios (o tecnocapitalismo comunicacional de mercado) sin caer en el oscurantismo cómplice. Cómo mantener el lazo con el semejante.
Pensémoslo en relación a los duelos: El Siglo XX tuvo el triste privilegio de dos guerras mundiales en una sola generación, de la invención de campos de concentración y exterminio. Los totalitarismos tecnificaron la muerte para lograr arrancarle su máximo rendimiento. Instalase así, las fábricas de destrucción masivas de humanidades. Junto a esa destrucción, el capitalismo anexaba la urgencia de ganancia económica. Los tiempos para morir y para vivir fueron totalmente prescindibles. (En el tiempo surge la escansión, la diferencia, la metáfora. En la urgencia, se obedece) El sujeto, el semejante, y el lenguaje se han vuelto  obsoletos. La deshumanización del hombre produce máquinas de consumir, de gastar, de no pensar, de morir, de matar… a fin de obedecer a un amo absoluto: el capital.
El Otro encarnado en los matrimonios: ciencia/tecnología-mercado/medios de comunicación, se propone como Otro absoluto, sin fallas, con respuestas para cada muñón de pregunta.  Este Otro produce sujetos-máquinas, yuppies, tribus urbanas, consumidores y excluidos. No soportan la incertidumbre del sujeto. Su imprecisión, su división, sus dudas, sus tiempos. ¡Llame ya! es el símbolo de la urgencia.


Volvamos al tema que nos ocupa: los duelos:
Planteamos aquí también la necesidad del tiempo de espera, de soportar el agujero, el vacío que el muerto nos deja, pero pudiendo -aún allí- sostener algún tipo de lazo social. El Otro del lenguaje -como sistemas rituales o míticos- y el semejante, a quien se dirige el llamado, el llanto, el dolor, vienen allí a configurar el sostén simbólico necesario para no aceptar la urgencia  a ser máquinas de obedecer: sea en el consumo, en la violencia, en la desubjetivación.


IV.    El tiempo y los duelos


Lacan le da importancia al tiempo. No reduce la subjetividad a las cifras.
Pensemos los tiempos lógicos, en los duelos:


a)    El instante de ver (el horror de la muerte; lo que plantearan Freud y Lacan como trauma  y  angustia)
b)    El tiempo de comprender. (Tiempo necesario del duelo)
c)    El momento de concluir. De alguna manera nuestro muerto habrá de convertirse en algo distinto (14).
Los tiempos no son sin el lenguaje que lo demarca y sin el discurso, o sea, el semejante.
Esto no es otra cosa que el sujeto en duelo precisa, pues:
"    de la lengua, lo público. (Sistemas lingüísticos. Ritos y Mitos. Otro -A- en Lacan)
"    de la práctica de la lengua (el habla): del tiempo de comprender, del tiempo de combinación y sustitución significante; del tiempo en que el sujeto  por un lado  bordea el agujero, el vacío,  y por otro se sostiene del significante en algún lazo social. Del tiempo en que se apropiará de su duelo -por un lado- y lo hará reconocer, por otro.
"    Y de "eso" indecible -llámese angustia, tentación parricida, homicida, incestuosa- que usufructúa algún goce con la muerte: lo íntimo. Lo que sólo se semi-dice, o se dice velada, elípticamente, en un chiste como el que ilustrara al principio, o en el dolor del duelo.


Tres registros dirá Lacan desde el Psicoanálisis: Simbólico, Imaginario, Real, tres estados: Público, Privado, Intimo. En una torsión cuasi mágica -o metafórica- producen el inconciente, el lazo social, y la posibilidad de la neurosis de vivir en un mundo que al fin y al cabo, es un mundo de símbolos.  De pactos, de leyes de combinación y sustitución o de alianzas e intercambios.
El sujeto que propone el psicoanálisis es un sujeto, por lo que dijimos,  escindido: entre el amor y el espanto. Entre la culpa y la tentación. Un sujeto evanescente -en tanto sostiene frágiles pactos simbólicos- y espinoso (como plantea Zizek): siempre tentado a incrustar las púas en el semejante y en sí mismo.
Este sujeto que no - todo puede decir por estar dividido por el significante, por un lado, pero también dividido contra sí mismo y contra los demás, por el otro.
Un sujeto, por un lado esclavo del lenguaje (o del Otro, sea éste Cultura, lenguaje, Historia, épocas…) pero por otro, logra su singularidad si se escucha; si esos sueños, o lapsus, o chistes inquietantes que nos asaltan, que nos dividen, que nos hablan, que nos habitan, pueden ser escuchados por el sujeto para sacar de allí alguna verdad -a medias, semidicha- pero por la que se puede responder porque es propia. De producir -? y escuchar en él alguna verdad subjetiva.
La codificación del lenguaje, o sea, convertir el deslizamiento significante, en un saber sin fisuras: en un código, lejos de producir ese sujeto incierto, evanescente, espinoso, con posibilidad de escuchar/se, produce sujetos objetalizados, telecomandados. Obedientes: hay que consumir. Hay que alcoholizarse. Hay que tener sexo, Hay que drogarse. Hay que destruir/se.
El despliegue significante requiere de soportar el tiempo -el vacío de la angustia- para, sobre él, inventar la metáfora del lazo social y de ser causa (identificarse a lo que se supone al otro le falta) del deseo del Otro y del semejante.
El tecnocapitalismo comunicacional de mercado (o la  asociación Ciencia/Tecnología-Capital/Medios de Comunicación) propone, justamente, la inmediatez,  lo rápido, fast-food, para tapar  precipitadamente el vacío; con lo cual se excluye al sujeto, al semejante y lo que habría de propio, de creativo, de singular, de diferente en cada cual, dada la no complementariedad, la no univocidad del sujeto. (Convierte la singularidad de -? en un significante que se pretende igual para todos)
Vamos desde aquí a nuestro tema: los duelos luego del acontecimiento de la muerte de un ser querido. Estos nos confrontan, por supuesto, al peor de los vacíos.
Dijimos que éstos precisan de lo simbólico - lo público -: los ritos y mitos que propone cada cultura. Del anudamiento con lo Imaginario, que equiparamos a lo privado: el tiempo -sostenido y legislado desde los rituales- para soportar el vacío. La proximidad con el muerto, la angustia y luego  el dolor. Y aún allí, dirigiendo el dolor a algún otro capaz de escuchar y de acompañarlo. Con un pié en el objeto muerto, sujetándose a él, y con un pié en el Otro y el semejante, des-sujetándose de él. Y de lo íntimo; el vacío mismo: la angustia y sus bordes.  La ausencia del objeto de amor. El Incremento de la pulsión, al producirse el desgarrón. Y las marcas que deja éste en la subjetividad humana.
Hoy, lo público (La combinación Ciencia-tecnología-capital-medios), han vaciado de significación los mitos y aplanado los rituales. Éstos han pasado por la compactadota y trituradora de significantes que propone, como obsoleto, Passé de mode,  el mercado. Lo público propone que el vacío no ha de soportarse.
No se da tiempo a los rituales para enhebrar el vacío a las palabras. La vida y la producción del mercado siguen rápidamente. Los rituales se han convertido en códigos vacíos: salas velatorias cuyas legislaciones están en manos de los empresarios. La ley que proponía Girard (15) ha dejado de legislar: no se respeta a los muertos porque una vez muerto se descarta. No hay más que decir de él. La cultura fast-food o tetra breek elimina inmediatamente todo.
Y el deudo soporta la muerte en la peor soledad. Enredándose rápidamente en las urgencias (sin el tiempo de comprender), sin poder hablar de su muerto ni de la muerte, porque hacerlo, resulta obsceno. Nadie habla al deudo de su muerto y de su muerte. La angustia, el vacío, el tiempo de comprender, debe ser evitado.  Forcluida está  toda manifestación de dolor que siga sosteniendo la división del sujeto. Éste, sin saber a dónde llevar la causa (la falta: le hago falta), sin nadie que escuche y aloje su llamado desesperado, queda, como alma en pena, como a-que-apena (16), aplastado por la angustia. Sin discurso ni lazo que lo anude a la vida en tanto símbolos.
Y el duelo, esa producción de la neurosis, o sea, el discurso en le que se monta la muerte, desaparece.


Definamos con Freud y Lacan lo que entendemos por duelos:
"    Para Freud el duelo es una reacción ante la pérdida.
"    En él habla de la identificación -enigmática, que habremos de intentar desmontar en esta tesis- con el objeto perdido como mecanismo capital en la función del duelo.
"    En el Semianrio VI, Lacan define al duelo como una solución al "desorden creado por la insuficiencia de los elementos significantes para hacer frente al agujero creado en la existencia.
"    En el Seminario X, dice que el trabajo del duelo se nos revela (…) como un trabajo destinado a mantener todos esos vínculos en detalle, en efecto, con el fin de restaurar el vínculo con el verdadero objeto de la relación, el objeto enmascarado, el objeto a, al que, a continuación, se le podrá dar un sustituto, que no tendrá mayor alcance, a fin de cuentas, que aquel que ocupó primero su lugar" (17)
Proponemos, definir lo que entendemos por duelo:
Ante el insondable vacío en que la muerte de un ser querido (y odiado, porque el amor es ambivalente) nos deja, el duelo viene a ser una solución al desorden creado por tamaña inconsistencia, trabajo destinado a mantener todos esos vínculos en detalle con el fin de restaurar el lazo con el verdadero objeto de la relación, el objeto enmascarado, el objeto a, al que, a continuación, se le podrá dar alguna vestidura (-?). Esto sólo puede hacerse porque el Otro de la cultura, el logos, viene allí a circunscribir el horror para dar un espacio en el  que el doliente pueda restablecer alguna interlocución con su muerto y velar, entonces, enmascarar ese objeto y convertirlo en algo distinto. De este modo la tentación a morir con el muerto o volver a matar al muerto (en otro rostro) podrá sustituirse. El muerto se irá y llevará algo nuestro, más no nuestra vida.
Luego de la muerte de un ser querido, y de haber transitado los sinuosos caminos del/los duelo/s, el deudo podría acceder a una posición distinta (entre el deseo y el goce) en relación a su muerto.
Lo que entendemos por duelos desubjetivados:
Pero, según vimos en los avatares de los duelos, éstos transitan por bordes paradojales en los que, forcluidos del Otro Social, del logos,  se transforman en duelos imposibilitados. Allí la angustia no es un tránsito reconocido que serpentea Inhibición, Síntoma y Angustia y sus bordes (Impedimento, Embarazo,  etc.) sino un dolor mudo que debe ser evitado. Un padecimiento. Una afección.  Una enfermedad. Una molestia. Un trastorno. No se transforma en discurso que pondrían en escena el dolor del deudo para ser reconocido, contabilizado, relatado,… sino en enfermedad o patología del acto: inhibiciones, acting-out y pasajes al acto, son su último destino. Una muerte llama a otra muerte. Aquí, casi con seguridad. No es posible matar simbólicamente al muerto.
Nuestra propuesta: Llamamos duelo al discurso en el que se monta el desgarro que la muerte de un ser querido produce en un sujeto. Éste precisa:
1.    De la lengua, o sea de los sistemas lingüísticos de referencia: lo público necesario. Aquí, los rituales cuya función es designar tiempos, lugares y transmitir saberes (míticos, religiosos, de costumbres) que son convocados allí para hilvanar, bordar, sombrear, lo real de la muerte y el agujero de la angustia.
2.    Del tiempo del duelo. Lo Privado. Anudamiento simbólico-imaginario que deja al deudo con su muerto y con su muerte. Demarca el tiempo de comprender. Dispara la falta y su primera representación del vacío. Se produce aquí el momento necesario para el asujetamiento y la separación del objeto.(Desarrollaremos más esto cuando trabajemos el tema de las almas, demonios, espectros, aparecidos…y lo que Freud llamó Amenita de Meynert, ligado a la renuencia a la separación)
3.    De lo íntimo: o cómo se va envolviendo lo real del vacío. Cómo éste se transforma en otra cosa: síntomas, fobias, sueños, formaciones del inconciente, identificaciones al rasgo o histérica, o el acto, como destino posible del tiempo de concluir. Nuestro muerto se convierte en otra cosa, pero queda un resto inconsolable: un agujero, un enigma, que nunca habrá de poder cicatrizar.


Entonces el duelo, como producción del sujeto en la neurosis, precisa que el vacío de la muerte se monte en discursos públicos, privados e íntimos, los que sostendrán el lazo social y alimentarán la interlocución  con el muerto desde una singularidad, convirtiéndolo en algo distinto. Dejarán una impronta en el sujeto en duelo que lo distinguirá, formará parte de su producción subjetiva, de sus goces y de su yo. 
Su "finalización" -paradójicamente siempre inconclusa- podría significar una posición distinta del deudo (en su deseo y en su goce) respecto del muerto (su deseo y su goce)




Notas
*Profesora Adj. de Semiosis Social y Contribuciones del Psicoanálisis -Escuela Francesa- U:NT. Argentina. Invest. Proy. 26k408. CIUN.  Pres. y Doc. de la Fund Freud. Coautora de "Culpa, Responsabilidad y castigo" Vol. I, II y III. Letra Viva Ed.


1 Feinman, José Pablo. 2002:566
2  No debe, simplemente, comprender total mente el francés (nosotros diríamos: español), aunque eso ya sea una primera manera de ser de la parroquia. Si yo hago un chiste en francés hay muchas otras cosas, que supone conocidas, de las que él debe participar para que tal o cual chiste pase y tenga éxito.(Lacan:Sem.V.1957.Inédito)
3 Schnaith, Nelly:2005:23
4 Nelly Sahnaith: (2005:21)
5 Tomamos el chiste pero podríamos haber usado como ejemplo los sueños, los lapsus, los actos fallidos, síntomas… en fin,  lo llamado por Lacan Formaciones del Inconciente.
6 Kristeva, Julia: 1988. El lenguaje, ese desconocido. P.18
7  Barthes, R. 1977: 120
8  Jacques Hasount. Los contrabandistas de la memoria.1996
9 Osvaldo Arribas. 2005. Prólogo de La dimensión clínica del psicoanálisis. Norberto Ferreira: 11.
10 Lacan.1966.Escritos. De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis
11 Gerez Ambertín, Marta. 1996:"La identidad robada... injuriada" Rev. Psico-logos: 116.
12 Vivir sin hamburguesearse.Diario Página 12-12/02/09
13 Feinman, José Pablo. 2002:579
14 Gerez Ambertín, Marta:2007:117
15 (Ariés:1999:426) "Ojalá la humanidad entera se convenza profundamente de esa virtud constante que
todo individuo que no respeta a los muertos es muy capaz de asesinar a los vivos".
16 Gerez-Ambertín, Marta: (2008:113.Detengámonos aquí: el duelante-el doliente queda como "causa perdida", como "alma en pena", como "bala perdida", como "a en pena". Una "causa que ya no causa a nadie" es una "causa" que puede desenmascararse en un puro real y arrastrar al doliente tras un a que apena
17 Lacan, J.(1962-63). El Seminario. Libro X. La Angustia. Bs. As.: Paidós:2006:362


Bibliografía


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Feinmnann, José Pablo. 2002. Escritos Imprudentes .Bs. As. Ed. Norma
Ferreira Norberto. 2005.  La dimensión clínica del psicoanálisis. Ed. Kliné
Gerez Ambertín, Marta. 1996: La identidad robada... injuriada" Rev. Psico-logos. UNT
Gerez-Ambertín, Marta. 2008. Entre deudas y culpas: Sacrificios. Bs. As. Letra Viva Ed.
Hasount, Jacques. 1996. Los contrabandistas de la memoria Ed. La Flor
Kristeva, Julia. 1988. El lenguaje, ese desconocido. Ed. Fundamentos.
Lacan, Jacques. 1957. Seminario V. Inédito.
Lacan, Jacques.  1958.  Seminario VI.
Lacan, Jacques.  1962-63. Seminario.  La Angustia. Ed.  Paidós: 2006.
Lacan, Jacques: 1964. Seminario XI .
Pérez Carlos: 2009. Vivir sin hamburguesearse. Diario Página 12. 12/02/2009
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