Dificultades Epistemológicas del Trabajo Psicoanalítico en la Experiencia Clínica en Centros Penitenciarios
Lic. Psic. Ireri Damian Molina
Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
Mtro. Psic. Alfonso Sarabia Romo
Universidad Autónoma de San Luis Potosí
Línea de Investigación: Estudios Psicoanalíticos: Teoría y Clínica
Palabras Clave: Psicosis - Transferencia - Delirio - Readaptación
Resumen
La dificultad de la transferencia en el trabajo clínico que se efectúa en el marco de la realización de practicas profesionales/servicio social, implica que en inicio la demanda de análisis es una cuestión impositiva: "TE DEMANDO QUE ME HAGAS UNA DEMANDA". En este sentido el interés de abordar una cuestión clínica es del analista, no del paciente. Es decir, trabajamos con sujetos presos, presos de deseo, y es un discurso donde nosotros somos la presa. Para ahondar en esto implica hablar de la psicosis, en tanto no hacemos transferencia con el sujeto, sino con su delirio. O peor… aún, con la institución, pero nunca con el sujeto. Esto se torna peligroso, tanto por el lado del sujeto psicótico, como para el del analista, pues pasamos a convertirnos en su objeto persecutorio. Si bien el sujeto psicótico encuentra cierta fascinación en esto, el aprendiz de analista encuentra un estúpido encanto en ello, pero ahí no esta el discurso del analista. Lo que imposibilita todo tratamiento posible de la psicosis, incluso todo tratamiento posible para la readaptación.
Introducción.
El trabajo en los diferentes centros penitenciarios se caracteriza por ser arduo en tanto que cuenta con vicisitudes difíciles de situar, se podrán ubicar limitantes, pero desde nuestro esquema, el psicoanálisis, son estas las que nos permiten entablar un otro discurso, un discurso analítico con sujetos transgresores de la ley (latín trans. Prefijo. Significa "Al otro lado", "a través de"), no porque la hayan violado, sino porque simplemente esta Ley no esta inscrita en el orden de lo Simbólico, condición tal que los desubjetiviza, que los condiciona como entes, reconocidos por la palabra interno, reo, y sus respectivos; reconocidos únicamente por números o letras, reducidos a cosa: "La institución aparece entonces, ¡Oh, paradoja!, como propulsora de los avances teóricos, sin poder escapar a los efectos mundanos de la vida de los grupos". (Saal, 1988)
En contra parte, esta idea sui géneris, de otorgar el lugar de sujetos, a quien ya no se considera como tal, presenta diferentes connotaciones, pues precisamente que el sujeto pueda poner en palabras aquello que le angustia, es lo que le permitirá significar esa carga de angustia, pero en tanto que al sujeto se le priva de su libertad, se le priva de su palabra.
Esto coloca la práctica psicoanalítica en un absurdo, puesto que es labor del psicoanalista hacer que el sujeto acceda al campo de la palabra en función de las necesidades que la institución demanda, respondiendo a meros intereses institucionales, es esta la condición que lo nulifica todo.
A partir de la configuración de distintas estructuras sociales, se forman jerarquías, lazos sociales, nexos, lideres, tótems y tabús. Estos han de responder a los mitos y costumbres propios de cada región, obviamente las leyes son diferentes y responden a las demandas sociales que pasan de lo particular a lo coextensivo, son pocas y limitadas las acciones en común que se comparten en la aplicación de La Ley pues varía según las particularidades de cada caso. Es el castigo, en el sentido penal, la sanción jurídica que se impone al declarado culpable de en la comisión de un delito, lo que unifica e identifica a los internos de un Centro Penitenciario.
Otro punto sensible, es que el castigo parece operar más a en el orden de lo social: "Se habilita el escenario para el despliegue del fantasma fundamental del cual todas las transferencias, así en plural, serian reediciones, intentos fallidos de recuperar el goce o de reiterar la culpable, posibilidad de alcanzarlo aplicando castigo que hace gozar a través del goce del Otro" (Braunstein, 1993), ubicando al individuo en un, sujeto de castigo del Otro.
En general decimos que el castigo es la búsqueda por responder a una falta en la trama identificatoria familiar que evidencia al sujeto como inadaptado, pues ha pasado a cometer un Acto que ante la sociedad significa la trasgresión de La Ley, y por ello esta condenado a asumir una pena, pueda o no, y donde el Estado tiene el Ius puniendi (Derecho a Sancionar). Donde la finalidad última supone que esta acción de sancionar pueda hacer que el sujeto sea corregido, sea re-adaptado, para así ser reintegrados a la sociedad.
El castigo se puede rastrear desde el origen del hombre, y es a partir de este que se conceptualiza, de manera simbólica, como un pago del cual no da cuenta de haber adquirido tal deuda, más sin embargo se debe de retribuir a la sociedad; con ello el sentido característico de su significado, en tanto castigo como dolor u aflicción. Estas deudas simbólicas, incluso se heredan a través de generaciones.
"El régimen social reconoce a los reyes como similares a dioses que trasfieren al Estado el sistema patriarcal. Tenemos que decir que la venganza del padre abatido y restaurado se ha vuelto dura: el imperio de la autoridad ha alcanzado su punto máximo. Los hijos sometidos aprovecharon la nueva situación para descargar todavía más su conciencia de culpa. El sacrificio, tal como ahora es, cae por entero fuera de su responsabilidad. El propio dios lo ha ordenado e instituido. A esta fase pertenecen los mitos en que el dios mata al animal que le está consagrado, y que en verdad es él mismo. Esta es la suprema desmentida de la gran fechoría con la cual empezaron la sociedad y la conciencia de culpa. Es inequívoco un segundo significado de esta última figuración del sacrificio". (Freud, 1913)
Michel Foucault (1974) describe detalladamente la evolución del castigo desde la horca y el descuartizamiento medievales, hasta los modernos sistemas de multas y encarcelamientos. Foucault observa una evolución en el castigo al delincuente desde el puro acto de venganza del rey hasta un uso más práctico del mismo, enfocado hacia la disuasión y la rehabilitación y afirma que: "El cuerpo varias veces supliciado garantiza la síntesis de la realidad de los hechos y de la verdad de la instrucción, de los actos del procedimiento y del discurso del criminal, del crimen y del castigo".
El castigo es un concepto que está presente en toda sociedad, respaldada por las diferentes religiones. A través de la historia, no se concebía la necesidad de someter al sujeto a un encarcelamiento, de privarlo de su libertad, ya que esto no era en suma necesario, el sujeto era mandando a la horca, la hoguera, pues valía por su producción en tanto ente, sin embargo con las distintas revoluciones industriales, y la del hombres mismo, se comenzó a considerar que la libertad, era algo sobre lo que se podría castigar al sujeto, su pena, es su cuerpo mismo, su palabra misma, y no se le priva de su libertad, se le priva de estar en el mundo.
Por su parte en el orden de lo jurídico, los componentes son aun de mayor presencia en tanto que el castigo, varía conforme al orden social, pero sobre todo responde a la necesidad de una demanda. Hablamos entonces por un lado de una demanda penal, en términos generales, toda petición formulada ante un tribunal de justicia iniciando una acción procesal; y por otro lado, una demanda de análisis que supone una elección singular y una posición subjetiva.
Otro componente es la "pena". La pena también se define como una sanción que produce la pérdida o restricción de derechos personales, contemplada en la ley e impuesta por el órgano jurisdiccional, mediante un proceso, al individuo responsable de la comisión de un delito. El término pena (dolor) deriva del término en latín poena y posee una connotación de dolor causado por un castigo. Sin embargo, a pesar de esta connotación de dolor, las penas pueden ser de multitud de formas diferentes, no necesariamente dolorosas, en función del tipo de sanción que quiera imponer el Estado.
Así es como nace y se concibe la pena a partir de estas necesidades a las cuales va responder el orden social, "para evitar estas usurpaciones se necesitaban motivos sensibles, que fuesen bastantes a contener el ánimo despótico de cada hombre". (Beccaria, 1764) Estos motivos sensibles son las penas establecidas contra los infractores de aquellas leyes.
La pena por excelencia es la privación de la libertad del sujeto, convirtiendo a este en prisionero, en reo. Reus, que quiere decir condenado en sentencia firme penal. "Metafóricamente decimos el que está en deuda por algo, en una deuda simbólica de la que el sujeto es responsable como sujeto de la palabra". (Lacan, 1956)
La finalidad de la pena es castigar, y hacer al sujeto responsable por sus actos. Al respecto Freud (1917) señala. "En vano te resistes contra tu responsabilidad y en vano invocas todo lo que has hecho para reprimir estas intenciones criminales. Tu falta no se borra con ello, pues tales impulsos perduran aún en tu inconsciente, sin que hayas podido destruirlos". Estas palabras contienen una indudable verdad psicológica. Aun cuando el individuo que ha conseguido reprimir estas tendencias en lo inconsciente cree poder decir que no es responsable de las mismas, no por ello deja de experimentar esta responsabilidad como un sentimiento de culpa, cuyos motivos ignora.
La imposibilidad frente a la rehabilitación.
Los objetivos de la cárcel fueron evolucionando con el transcurso del tiempo. Poco a poco, la idea de que el prisionero tenía que reparar el daño que había causado a la sociedad, fue tomando conciencia en la misma. El encarcelamiento tenía que ir acompañado del trabajo, el delincuente pagaba, con la prisión, una deuda, no directamente a sus víctimas, pero sí al daño que su comportamiento había causado a toda la sociedad. Tras haber cumplido su condena y pagado su deuda, el delincuente quedaba exento de toda culpa y podía reemprender una nueva vida.
"Una sanción que un determinado periodo de tiempo venia también a ofrecerse como la ocasión más propicia para ejercitar sobre ellos un poder disciplinar, o sea aquella practica pedagógica de educación del desviado" (Pavarini, 1983)
En este contexto es que nace el concepto de "rehabilitación". Entiéndase por rehabilitación, la forma de extinguir la sanción penal impuesta al reo, reintegrando al condenado en los derechos civiles, políticos o de familia que había perdido en virtud de sentencia dictada en un proceso penal o en cuyo ejercicio estuviese suspendido.
Sobre este aspecto así lo estable el C.P.F. en el ARTÍCULO 99.- La rehabilitación tiene por objeto reintegrar al condenado en los derechos civiles, políticos o de familia que había perdido en virtud de sentencia dictada en un proceso o en cuyo ejercicio estuviere suspenso.
Es tarea de las instituciones educativas enfrentar el problema de intentar educar al sujeto. Sin embargo, "El Ser se resiste, no se adapta ni se educa nunca al objeto, su trayectoria es la trasgresión; pervierte al mundo en un viaje siempre a la deriva como el deseo, se deseduca, contra los cuatro vientos". (Herrera, 2008) En el marco de un proceso judicial, cuando un sujeto es declarado culpable en la comisión de un delito, es sentenciado a resarcir el daño cumpliendo una condena de encierro en el interior de un Centro Penitenciario (CERESO), donde se le pretende readaptar socialmente. Para Pavarini, (1983) "La cárcel, se ha convertido en un observatorio privilegiado de la marginalidad criminal, donde se ofrece como taller para intentar el gran experimento: la transformación del hombre"
Dentro de estas instituciones, los CERESOS cuentan con el servicio, no siempre impartido, de la atención psicológica, es en este escenario que hablaremos de lo que implica el trabajo psicoanalítico. Habrá que preguntarnos a la vez, si se puede hablar de este trabajo, puesto que al interior de una institución, cualquiera que esta sea, es difícil llegar hablar sobre trabajo psicoanalítico.
Los centros penitenciarios han pasado por distintas estructuras, es hasta la fecha discutido la manera en como tratar con pacientes que necesitan atención, puesto que no responden a la demanda propia del sujeto, sino que responde a una necesidad social distinta a la del sujeto, y es esta demanda con la que se llevara a cabo el trabajo de análisis.
Sobre la rehabilitación, Garland (1999) señala que "los frecuentes desórdenes en las prisiones y la perdida de fe en el ideal de la rehabilitación se combinaron para socavar la confianza en los avances en materia penal y para apuntar hacia una reforma penal".
El trabajo clínico enfrenta diferentes problemáticas ante las exigencias de Instituciones que pretenden rehabilitar al sujeto, pero no como sujeto, sino operando desde el lugar de la presa, en el lugar de animalidad, donde rehabilitar se convierte en sinónimo de domesticar. "Por un lado la interpretación del comportamiento humano que ofrece el psicoanálisis abre nuevos horizontes para la comprensión del comportamiento criminal mismo, por otro lado el elevado grado de institucionalización sufrido por este conocimiento ha reducido notablemente esta potencialidad, con el resultado de convertir la práctica en una práctica esencialmente terapéutica orientada al control y a la recuperación de las diversas formas de malestar social". (Pavarini, 1983)
Cuando un sujeto comete un crimen, pierde su condición de sujeto, quedando alienado, y es tratado como criminal; entiéndase por criminal no solo aquél que ha cometido un crimen. Un criminal, desde la perspectiva de la criminología clásica, es considerado mentalmente anormal, es decir, de entrada es considerado peligroso, inadaptado y sin posibilidad de lazo social. Todo esto son factores afectan que afectan el proceso psicoanalítico, y que llevan a la transferencia por caminos distintos de lo que implicaría en la practica privada.
La transferencia, para el psicoanálisis, es uno de los pilares fundamentales para que pueda existir un proceso psicoanalítico propiamente dicho, posibilita todo el dispositivo que operará para que el trabajo psicoanalítico pueda ser llamado como tal. Sin embargo, como señala Tappan (2004), "el psicoanálisis es un conjunto teórico clínico inventado por Freud, el empleo de alguna de sus partes no implica que se haga psicoanálisis".
La trasferencia nunca se ha manejado igual durante el curso de la historia del psicoanálisis. Dor (1996) señala que "algunas elaboraciones de Lacan se apoyarán directamente en esta institución freudiana: en primer lugar la importancia central que se le debe conceder a la transferencia, a la distinción entre demanda y deseo; y luego, el lugar central del deseo del analista en el seno mismo de la transferencia".
Sin embargo, es desde este lugar en donde se pretende hacer un trabajo clínico psicoanalítico, donde no es ni el lugar del analista, ni el lugar en donde se pueda dar una escucha analítica, ni siquiera para plantear la demanda de ser escuchado, donde se pretende que haya un sujeto que se pueda readaptar a la sociedad. La paradoja del psicoanálisis y la educación, es que el psicoanálisis intenta educar a la educación a que no eduque. "Ya Freud demostró que el hombre nunca se adapta, ésta es una novedad entre otras, que trajo al mundo". (Herrera 2008)
Este mecanismo tan difícil de operar, se enfrenta a una dificultad mayor cuando trabajamos con pacientes previamente diagnosticados por el psiquiatra como Trastorno Esquizofrénico Indiferenciado, es decir, ni siquiera podemos argüir que es un sujeto psicótico, se nos remite a un mero diagnóstico.
Estas condiciones, son las que hacen que el trabajo del analista este supeditado en primer lugar, a que haya una identificación con la institución; y en segundo, que la transferencia en la psicosis es una transferencia con el delirio, no con el sujeto.
Sin embargo, nos tiene que quedar claro que el sujeto no es el delirio, es un sujeto que delira, esto nos convoca a cuestionarnos si analizamos al sujeto o al delirio, ciertamente escuchamos al sujeto a través de su delirio. Pero no a través de su demanda.
En este caso, nosotros demandamos que el sujeto nos haga una demanda. "TE DEMANDO QUE ME DEMANDES". Esta es una demanda de la institución, del analista, pero nunca del sujeto. Es una Demanda de Nulidad, es una demanda de nada. Lacan (1967) es quien inserta en este sentido el término de "demanda". "El uso aquí del término demanda me es pedido prestado, no es más que para enredar las huellas de lo esencial: que el sujeto viene al análisis, no para demandar alguna exigencia actual sino para saber que demanda: eso lo conduce precisamente a demandar que el Otro le demande". Sin embargo no nos referimos al hecho de la demanda sin demanda, sino a la demanda sin transferencia.
El que una institución prevalezca que se debe rehabilitar socialmente a una persona ya dice mucho, ahora bien en un sujeto psicótico o con un pasaje psicótico, que esta ahí pagando por una culpa de la cual no da cuenta, torna difícil el trabajo psicoanalítico, si en el proceso el paciente no asume una responsabilidad subjetiva. "El yo, que por una parte se sabe inocente, debe por la otra registrar un sentimiento de culpa y asumir una responsabilidad que no puede explicarse". (Freud, 1926).
El desplazamiento del acento es, como recurso para expresar pensamientos, inaudito. En el pensar de vigilia lo admitimos muchas veces para alcanzar un efecto cómico. Hace una impresión de desvarío, que tal vez pueda provocar en ustedes si les recuerdo cierta historia. En una aldea vivía un herrero que había cometido un crimen castigado con la pena de muerte. El tribunal resolvió que la culpa debía ser expiada, pero como era el único herrero de la aldea y le era indispensable a esta, y en cambio en ella había tres sastres, uno de estos fue ahorcado en su lugar. (Freud, 1916)
El contexto del trabajo son muchos, la escucha, la palabra, la transferencia, la demanda y la paga, en los casos que desarrollaremos sé vera como se corre el riesgo de que la paga sea por el lado del analista.
Para Lacan (1958), el paciente no es el único con sus dificultades que pone toda la cuota. El analista también debe pagar: pagar con palabras sin duda, si la transmutación que sufren por la operación analítica las eleva a su efecto de interpretación; pero también pagar con su persona, en cuanto que, diga lo que diga, la presta como soporte a los fenómenos singulares que el análisis ha descubierto en la transferencia.
El proceso psicoanalítico dentro de Centros Penitenciarios.
El proceso psicoanalítico se desarrolla en condiciones muy particulares, y este siempre tendrá repercusión hacia el sujeto, es imposible que no sea así. Las condiciones en las que se desarrolla un proceso psicoanalítico, brindando un servicio al interior de un Centro Penitenciario tendrán también repercusiones en el sujeto que se nos remite; encontrándose en un lugar asignado que no demanda ocupar.
Uno de los factores, independientemente del lugar donde se interviene, que posibilita el desarrollo de que un sujeto inicie un proceso psicoanalítico es la transferencia, para hablar de trasferencia se debe hacer ahínco en una serie de requisitos fundamentales. Una escucha analítica a sus palabras, que produzca un eco a manera de resonancia para que regrese al sujeto propio. O si hay un poco de suerte regrese al lugar de la escucha. Es decir, romper con el esquema básico de la comunicación.
Ante la imposibilidad de trabajar en lugar de dos metros por dos metros y compartirlo con otro compañero, se aplican varios tests de personalidad, en especifico el de la persona, donde se le pide al sujeto en cuestión que dibuje una persona, es preciso subrayar que esta consigna es precisa "dibuje una persona"; no se le pide que se dibuje a sí mismo, esto nos da pauta a que el sujeto pueda hacer una asociación libre, ya que siempre se le puede preguntar, acerca del por que de ese dibujó, el discurso que estructure será fundamental para que nos ayude a trabajar.
Este discurso resultante no es propiamente el del trabajo psicoanalítico, es en este punto en especifico es donde se comienza a hacer una demanda al interno por parte del psicólogo, o psicoanalista, para que el sujeto hable de aquello, de lo cual, no puede da cuenta y queremos que diga, y puesto que la palabra no lo puede decir todo, el resultante es catastrófico; y debido a que no hay lugar para el discurso, para la transferencia, no hay cabida para la demanda, pero también por esto se paga.
Ante esto nos remitiremos, al caso de una de las internas que llamaremos "Maria". Al pedirle que realizara el dibujo de la figura humana, difícilmente dibujo una cara que abarcaba la totalidad de la hoja, el rostro no tenía más que el contorno, los ojos, unas orejas muy grandes parte de la nariz, sin boca, fue uno de los casos mas interesantes, el que nos llevó más tiempo para trabajar.
Puesto que a partir de aquí, "Maria" que se comportaba de una manera muy aceptable, paso hacer inquieta, todos los días frecuentaba el consultorio de psicología, para preguntar por nosotros los psicólogos, le bastaba con confirmar que estábamos ahí, no entraba, no preguntaba no cuestionaba, solo miraba y al confirmar que aún estábamos ahí, se iba.
"Te demando, que me hagas una demanda", mientras soy "Yo" el demandado, por alguien que esta allá afuera acusándome de un crimen, del que difícilmente puedo hablar, del que difícilmente puedo situar, este juego de palabras, que pareciese muy a manera de lo simbólico en el sujeto, el interno, el que delinque, el que se encuentra en camino de reintegración, pues ya no pertenece al mundo, este juego de palabras en lo simbólico, salen a relucir en lo real, donde difícilmente se puede hacer algo.
La ruptura es caótica puesto que el interno con severos trastornos patológicos, va actuar todo esta significación, estas reacciones llevan a actos tales como los siguientes:
En un motín encabezado por internos, donde la pugna era con los custodios, que acudían generalmente al área de psicología, mientras los internos sometían a los custodios, y que aparentemente ya nada los detenía de hacer lo que quisieran con el resto de personal doctores, dentistas o psicólogos, pero no hicieron absolutamente nada, el acto fue simbólico, [clavar un cuchillo en la puerta del consultorio de psicología], después de este hecho, el apoyo integral (médicos, dentistas y psicólogos) que atendía a los internos se fue. Al parecer no se necesitó interpretación para dicho manifestación.
Tiempo después, parte de estos mismos pacientes del área de psicología, intentaban escapar de ese proceso, pues no le veían utilidad, por una parte, ellos argumentaban que eso no les iba a servir de nada, y por otra, la demanda de parte de psicólogos que hablaran de ello, o al menos lo intentaran; como consecuencia entraron con caos, fue la gota que derramo el vaso, pues por las mismas fechas sus abogados llegaron con el dictamen de su proceso jurídico.
Definitivamente de ese CER-ESO, no saldrían nunca, el discurso que argumentaban no bastaba, precisamente esta frase emitida por sus abogados, "no alcanza con sus palabras para salir de aquí", fue lo que desato una especie de "locura en masa", pues los cuatro internos encerraron a los diez abogados ahí presentes en un cuarto, y les quitaron la vida a cinco de ellos. Si a los internos con los que habían estado negociando, no bastaba con sus palabras para salir de ahí, y a los abogados no les importaban, pasaron a ponerlo en acto.
Aventurado sea también hablar de una psicosis de transferencia, con respecto a un caso de psicosis del que publique hace un año al que denomine "Caso Peter" (Sarabia, 2007), la transferencia que ahí se estableció no fue en el campo de la neurosis. En el desarrollo del historial, fue difícil esclarecer un diálogo como tal, pues queda borrado por la naturaleza misma de la psicosis, pues en el psicótico lo hay es un discurso del amo. Sin duda habla, pero lo que dice, no va dirigido a mí, Peter le habla a su delirio, que es precisamente donde esta jugada la transferencia. Peter está tomado por su delirio. Si bien como dice Lacan (1958) la transferencia calificada de sexual está en el principio del amor que ha sido llamado objetal. La capacidad de transferencia mide el acceso a lo real. No se podría subrayar demasiado lo que hay aquí de petición de principio. Aquí este principio de amor objetal, queda excluido de manera apriorística, pues tal vez en si, ni siquiera exista demanda.
Cuando "Peter" fue trasladado al Ministerio Público donde fue interrogado y levantada el acta, y mientras esto sucedía, dice: - fue como si mágicamente se me ocurriera preguntar por qué estaba ahí- en eso la meritoria que mecanografiaba su declaración le dice: -tú estas aquí por el homicidio del Sr. R. -No puede ser, si él es mi padre- respondió Peter, haciéndose en ese momento acto, pues él nada sabia de lo que había sucedido. Fue en ese momento en que su padre se hizo padre. En tanto este acto es el que da una posibilidad de simbolización. Es sólo la palabra y la escucha analítica lo que posibilita al sujeto a una construcción subjetiva; en este caso del delirio, para hacer sujeto.
A veces nos referimos a "pacientes" e "internos", siendo esto común en la practica profesional, desubjetivizamos al sujeto, para hacer puntualizaciones a partir de lo general, y no de un "caso por caso", es decir, hablamos de, "tenia un paciente", y no de Carlos, Juan, Marta. Pero es esto un proceso inconsciente para diferenciar que el sujeto no es sujeto sino sujetado y que no esta en las mismas condiciones que un paciente, que son "otras" generalidades. Pues paciente, también nos remite al tiempo que el sujeto tiene que esperar para llegar a un final de análisis, tiene que ser paciente, distinto es cuando se está condenado en el encierro.
Esto nos lleva a cuestionarnos de que lado esta la demanda. Lacan (1977) en una clase conocida como "Una práctica de charlatanería" dice al respecto: "Uno está forzado a saber lo que se demanda: pero justamente lo que define la demanda, es que no se demanda jamás más que por lo que se desea -quiero decir pasando por lo que se desea-, y lo que se desea no se lo sabe."
Así que ¿de qué modo operar? Sería totalmente excesivo decir que el analista sabe de qué modo operar. Lo que sería necesario es que sepa operar convenientemente, es decir que pueda darse cuenta de la pendiente de las palabras para su analizante, lo que incontestablemente ignora.
Es este tipo de Acto Psicoanalítico, el que se es sujeto de interpretación, y a través del cual podemos intervenir, entablar transferencia, por lo que no puede haber un proceso propiamente psicoanalítico, desde otro lugar que no sea un lugar del analista, ubicarse desde otro lado podría resultar muy costoso, y el pago ahí no es monetario, ahí se paga con la vida, se paga con la palabra, se paga con libertad, con el cuerpo, al final siempre se paga, El analista, sobre todo paga con algo más preciado, el saber, y al devaluarlo, corremos el riesgo de ponerlo a simple docilidad al servicio de la nada.
Los significantes que se revelan en un sujeto culpable no le excluyen en absoluto de la comunidad humana. Hace posible una cura en que el sujeto no está a él mismo alienado y la responsabilidad que restaura en él responde a la esperanza, que palpita en todo ser deshonrado, de integrarse en un sentido vivido.
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alfonso.sarabia@hotmail.com
México, 2008.