EL MUNDO EN QUE VIVIMOS

LA ODISEA

Amelia Haydée Imbriano

   “Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen, con sus locuras, infortunios no decretados por el destino”[1].
            Homero. La Odisea.

  Estamos hoy frente a una crisis de puntos de referencia. Algunos dicen que no se encuentran, porque ya no encuentran ni a los padres, ni a los maestros, ni a los líderes, ni a las autoridades, ni a Dios. Otros piensan que el punto de referencia es demasiado fuerte: “el capital”.
El capitalismo se generó a través de un truco: “no abolió las autoridades creadoras de la ley, ni las hizo innecesarias. Simplemente dio existencia y permitió que coexistan una cantidad tan numerosa de autoridades que ninguna de ellas puede conservar su potestad. Cuando las autoridades son muchas tienden a cancelarse entre sí. Una autoridad en potencia se convierte en autoridad por cortesía de quien la elige. Las autoridades ya no mandan, sino que intentan congraciarse con los electores”[2], lo que construye como consecuencia es el desmantelamiento de las redes normativas[3].
La tarea de pensar al mundo en el que vivimos se impone más que nunca. Las transformaciones de nuestras sociedades, la conjunción del desarrollo de las tecnociencias y el florecimiento del liberalismo económico, nos obligan a reinterrogar las aseveraciones de ayer.
Observamos hoy las dificultades de los sujetos para disponer de balizas, detenerse y encenderlas, para analizar las situaciones a las que están confrontados y tomar decisiones respecto de las nuevas variables político-sociales, entre ellas: una nueva actitud frente a la violencia, las demandas de los trans-sexuales, los avatares de los derechos de los niños, la emergencia de síntomas inéditos, la transparencia a toda costa, el peso de lo mediático, la inflación de la imagen, el recurso al derecho para legitimar lo ilegítimo y por ende la justicia como comodín de la vida en sociedad, la alienación en lo virtual, etc…. Vivimos un mundo sin límites frente a los nuevos desasosiegos del sujeto[4]. Todo lo podemos resumir en una sola frase: una nueva actitud frente a la muerte.
El tema articulado bajo muchas modalidades es la muerte. Por cierto, no la muerte orgánica, sino la muerte que domina los aconteceres humanos, que ocupa un lugar estructural en su configuración psíquica en tanto pulsión de muerte y su relación con la cultura. Sabemos que cultura e inconsciente tienen relación, por tanto, no somos ingenuos respecto de la influencia de los cambios culturales sobre los sujetos.
El título propuesto tiene una impregnación homérica: “La Odisea” como escrito antecedente a la cuestión de los malestares que atañen a la vida humana y que dan lugar al “penar en demasía” o “mal de sobra” en que vivimos. Zeus, que tanta intervención podía tener en la vida para los lectores de Homero, hace responsable a los mortales de los avatares que les toca vivir; ni los dioses ni el destino alcanzan para justificar los infortunios.
Si bien es sabido el lugar estructural que tiene la pulsión de muerte, no por ello debemos quedarnos “mudos” frente a las nuevas manifestaciones que producen los denominados “síntomas de fin de siglo”.
En 1997 propuse la denominación “los nombres de la muerte” para referirme a aquellos avatares que arrasan las generaciones con la fuerza y la violencia de una guerra, en ocasión de unas reflexiones sobre el SIDA.

El mundo, inmundo, al fin del milenio
Un epígrafe en homenaje a Aguilar, Cadícamo y Discépolo:
“ Hoy se vive de prepo y se duerme apurado, y la barba hasta a Cristo se la han afeitado... Al mundo le falta un tornillo, que venga un mecánico a ver si lo puede arreglar” (José M. Aguilar y Enrique Cadícamo, Tango “Al mundo le falta un tornillo”, 1928)
“Siglo XX cambalache problemático y febril”. “Todo es igual, nada es mejor”, “los inmorales nos han igualado”, “dale no más, dale que va”, “no pienses más, hacete a un lado”.(Discépolo, Tango Cambalache, 1935).
  Hay quienes se han preocupado por describir la época y sus malestares. Los tangos de Aguilar-Cadícamo y de Discépolo son hoy una versión romántica. Los shoppings o el SIDA son la versión consumada.
Discépolo en su cantar habla del malestar de la cultura, le llama “porquería”, así como para Aguilar y Cadícamo se trata de la “falta de un tornillo”. Nos han permitido a los argentinos, y también a los ciudadanos de muchas partes del mundo, cantar quejas y lamentos. Si bien dan cuenta del malestar como estructural de la cultura, y por eso relacionan el año de Cristo con 510, y con el 2000, a nosotros nos cabe preguntar por las diferencias y sus consecuencias.

La globalización, el discurso capitalista, la “Tecno-ciencia”  y sus consecuencias - los denominados síntomas de fin de siglo- son algunos de los que componen “el despliegue de maldad insolente”,  la inmundicia mundanal. - “Todo el mundo está en la estufa, triste, amargado, sin garufa, melancólico y cortado”-.
  “Tecno-ciencia” es una palabra acuñada en la modernidad, en ella, dos términos se unen en una nueva filiación, que deberá ser saber-operativo en donde el saber debe convertirse en hacer y poder. La lógica que la sostiene es la satisfacción de cualquier demanda a través de la operatividad técnica que ofrece los mejores manjares de la sociedad de consumo, en donde la identidad se juega en el tener, causando el apremio de no quedar al margen y generando con ello una población “esclava o cautiva”, denominación usada en las teorías comercialistas. Y, cautivo es, el hombre descripto por Discépolo: “aquél que vive en la impostura, aquél que roba en su ambición, el que es cura, colchonero, rey de basto, caradura o polizón, pues es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro, pretensioso estafador,.. todo el mundo anda de asalto y la creación anda a las piñas...El ladrón es hoy decente y a la fuerza se hizo gente, ya no encuentra a quien robar, y el honrado se ha vuelto chorro porque en su fiebre de ahorro él se afana por guardar... En todo caso todo es igual, nada es mejor”.
Las sociedades son cada vez más desiguales en sus oportunidades no pudiendo negar las diferencias entre el primer y tercer mundo. Y, cada vez más sobreigualadoras en las demandas que imponen, lo que bien puede leerse como un efecto de “renegación”: la globalización impone la igualación obligatoria que actúa en contra de toda diversidad y promueve a la cultura del consumo. Las sociedades cuentan en tanto que mercado y la ética imperante es el utilitarismo, en donde el éxito es la eficacia y el rendimiento. La paradoja es que resulta implementarse un excelente sistema de segregación: una violenta desigualdad según líneas de separación entre centro y periferia, opulencia y miseria, hiperdesarrollo y subdesarrollo, que son institucionalizadas en las formas de interrelación de las naciones. Pedro David se refiere a las actividades delictivas de los Estados y a las actividades de asociación ilícita junto al Estado, llevando nuestra atención a “nuevas formas de criminalidad transnacional organizada: lavado de dinero, fraude, narcotráfico, delincuencia ecológica, delitos informáticos, delincuencia financiera, … sobre todo el delito más importante, respecto del cual hay gran impunidad, las violaciones sistemáticas a los derechos humanos”. Dice: “decimos que murieron 36 millones de personas entre las dos guerras mundiales y hoy sabemos que han muerto 572 millones a manos de regímenes despóticos”[5].
“Voy al shopping” es una frase que se escucha en todos lados, pero ¿quién la dice dónde está?. Poco importa, puede ser Nueva York, París, Buenos Aires,  o Medellín, pues lo importante es que allí está todo, y, el que camina por el megacentro comercial pertenece a la aldea global.  “Vidriera irrespetuosa de los cambalaches en los que se ha mezclado la vida”-. Allí el día y la noche no se diferencian. Tampoco se diferencian los productos, en todo caso son marcas. Las personas se convierten en gente que rebasa anónimamente atrapada por las imágenes que excitan hasta la saturación y son promesa de saciedad. Viven llenos de “lo light”, de esas etiquetas iguales en todo el mundo que siendo marcas comerciales conforman el paisaje de la inmundicia mundanal, orquesta de impurezas con las que se llena nuestro universo de lenguaje. Así en Japón como el Alaska, en Bogotá como en Moscú, todos reconocemos los mismos productos a través de los mismos logos, componiendo un cantar con las mismas canciones en todo el mundo que, ya no son en las lenguas regionales, sino en una lengua universal, intentando disimular, y a veces lo logramos bien, la nueva “Babel” que construimos.  La dependencia a los objetos se extrema, - “vivimos revolcados en un merengue y en el mismo lodo todos manoseados”-.
Se ha generado una sociedad tendiente a la adición y a la adicción, en donde lo que se consume debe llegar hasta el exceso de la máxima satisfacción, y no regresar. Se impone la ley del “safis-facere”, en donde un pretensioso “demasiado hacer” es acto logrado en el “hacer en demasía” que nos atrapa. Su consecuencia está a la vista: “ no tengo tiempo” es la frase de letal elegancia con la cual nos pronunciamos al respecto de lo que llamamos “nuestra vida”. Cabe preguntar: ¿es vida?, ¿de quién?, ¿quién tiene la titularidad de esto que llamamos nuestra vida y quién ha sido el escribano que dio fe de esa escritura?.
Existe una lógica aditiva, la lógica del uno más, de un poco más, en una serie con tendencia al infinito. Ejemplo de ello son los envases de bebidas que en pocos años se agrandan cada vez más: las gaseosas envasadas en botellitas de menos de un cuarto litro se convierten en botellones de dos litros y un cuarto “gratis”; las botellas de cerveza de litro que se beben cuan gigantes mamaderas reemplazan a las diversas copas alemanas que distinguían a los distintos pueblos nórdicos, cambiando la significación de lo que se entendía por “cultura alcohólica”; ahora beber bien es beber hasta la descompostura. El minucioso y detallado menú de un lugar de comidas regionales  es eliminado en los restaurantes “tenedor libre”, en donde se puede comer de todo y mucho al mismo precio, y en donde comer bien se convierte en comer mucho, “aunque la boca se quede ahíta”[6]
Todo es homogéneo, uniforme. No hay alteridad y cada uno se queda con lo suyo que es lo de todos. Y, entonces, si es lo de todos, cada uno en tanto que cualquiera puede en un instante fugaz, velozmente, para verificar el rendimiento, convertirse en paracaidista y volar o dar el salto al vacío, porque en todos los casos se convertirá en el gran triunfador que practica deportes de alto riesgo. La virtud de la prudencia es algo en desuso, también otros valores, el disvalor es rey.
  Es el mundo del “todo-listo”, del  “siempre-listo”, y el que no puede tiene una solución al alcance de la mano: químicos para dormir, despertar, tener fuerza, divertirse, no comer, no dormir, no parar. Así las asociaciones entre fármacos y sustancias tóxicas están en el orden del día.
En este sentido cabe la pregunta al respecto de si la globalización trae como consecuencia una adición-adicción inespecífica: no importa aquello que entra en la cuenta, el asunto es que sume y la inexorable costumbre de sumar. Siempre se trata de una operación de adición, de lograr un más, no importa qué, en tanto sea lograr “lo todo de todos”.
La saturación lleva a querer “tener todo pleno” o bien a “tener ‘la’ nada”, en donde juegan sus lugares bulimia y anorexia, ya no solamente como patologías alimenticias, sino como modos de encarar la vida: ambas son figuras del vacío del ser.
¿Dónde ha quedado la pequeña sala de lectura?, pero... ¡leer he dicho?, ¿quién dijo  leer?. Mejor un gran “living” con el televisor pantalla gigante para ver una sangrienta y cruel guerra desde el sillón con vibraciones “antistress”.
Un dormitorio con privacidad es reemplazado por un gran “loft” con una pequeña “lapto” con la cual nos conectamos, agradecidos a “internet” con todo el mundo, - con varios a la vez, con muchos a la vez, con todos a la vez -, y hasta nuestra máxima intimidad, esa que hoy no sabemos si es pudorosa,  queda satisfecha en una alquimia en donde la caricia puede ser reemplazada por una imagen virtual, obscena las más de las veces, pornográfica o cruel, en otras ocasiones, y ya no sabemos si son las peores o las mejores. Así los “voyeurs” y los “sado-masoquistas” son moda. Pero lo importante es que es económico. Que se pueda usar un “programa” que está en la misma computadora con la cual trabajamos es secundario, lo principal es que la pulsión no se encuentra con el obstáculo del deseo. Aparentemente se trata de menor trabajo, de ese trabajo que convierte la vida en más de lo mismo, constituyendo de un reinado de cuyo política es el goce del trabajo de la pulsión de muerte. El trabajo se ha convertido en un “negocio” - negación del ocio – en donde todo puede ser desfigurado, intercambiado, mecanismos del trabajo del sueño, y al igual que éste se constituye para seguir durmiendo, pero la diferencia es que no está fabricado para el reconocimiento del deseo.
Cultura de lo adictivo en el sentido de lo no-dicho, no porque el sujeto se calle, cosa ya grave, sino porque el sujeto no tiene algo propio a decir, ha quedado abolido, ha pasado a ser objeto del mercado regulado por las leyes del “marketing”. El sujeto en el medio de este “cambalache global” está impulsado por la inercia, como “sujeto entregado al goce de la pulsión”.
No me olvido de la problemática de los nuevos fenómenos psicosomáticos en donde el cuerpo entra en la mesa de juego desde un síntoma que no es metáfora, sino “encarnadura”.
Y, en tanto, cada uno se siente solo, no referido a la pareja, ni a la familia o amigos, sino arrojado a una violenta soledad perdido en la mundialización.
Se trata de una cruel alquimia, en la cual el fin del milenio nos muestra la imagen fuerte del SIDA que consideramos como uno de los nombres de la muerte, quizás el más inmundo, por mostrar con obscenidad la conjunción de sexualidad y muerte. Cabe preguntar: ¿Qué alquimia permite que la sexualidad, ligada al amor y la procreación, pueda encarnarse letalmente y convertirse en factor transmisor de muerte?
El posmodernismo, con la primacía del disvalor o la ley del “todo-vale”, está en relación causal con  patologías contemporáneas, motivando una cultura –política-  de los malestares. Con esto nos referimos tanto a los malestares no-enmascarados como el que sufren los sidosos, los alcohólicos, drogadictos, golpeadores, violadores, y un sin fin de etcéteras, así como a los malestares poco-enmascarados, cuya máscara es la moda, como las competencias automovilísticas llamadas “picadas” o los concursos de bebedores oportunos tal como se estila en algunos centros de diversión juvenil, en donde gana el que bebe mayor cantidad- algunos terminan muertos.
“Todo el mundo está en la estufa y el puchero está tan alto que hay que usar el trampolín”. ¿Trampolín o el pedal de la bicicleta con varios piñones alternativos y muchos cambios?
El mundo del  negocio no es sin consecuencias. Dentro de una concepción económica, el ocio se considera un bien de consumo de primera necesidad; en este sentido la función de utilidad de un sujeto está en relación a dos variables: renta y ocio. En una primera aproximación se puede considerar el ocio en cuanto una medida de tiempo equivalente a tiempo libre. A partir del inicio del siglo XIX el tiempo libre aumentó: la comparación entre 1860 y 1960 de las estadísticas nos muestra una reducción de la semana laboral: en EEUU de 70 a 37 hs y en Francia de 85 a 48 hs. Desde esta perspectiva el ocio surge como un efecto del sistema de producción. Entonces: ¿a menor tiempo de trabajo, mayor tiempo libre?. Creer que es una relación simple es ingenuidad, puesto que la relación es metabolizada en el discurso capitalista a través de la implementación de un "mercado del ocio" que se ocupa de su planificación, surgiendo la dialéctica: diversión-aburrimiento.
La connivencia del sujeto referida por Lacan al respecto del trabajo del obsesivo, hoy vale para todos, ¡qué negocio!. El mercado del ocio es el mejor negocio (nec-otium). Para el tedio que genera, el capitalismo también tiene una numerosa oferta: psicofármacos, drogas, alcohol, SPA, realidad virtual y hasta ludoterapia. Nada se pierde, todo es aprovechable en la producción, y de este modo el discurso capitalista se impone como rechazo a la castración y su producto es un “in-mundo” ideal en donde sus habitantes son “his majestic de global baby”, alienados en los gadgets
( objetos ready-made-trush) y que sufre de “panic attack”.
Sobre finales del siglo XX y principios del XXI, el  “ataque de pánico” -así denominado-  se convierte en un síntoma contemporáneo que es padecido por muchos y que revela un modo de sufrimiento particular. Como psicoanalistas sabemos que el trieb –pulsión- es el dato radical[7]. Por ello plantear el tema conlleva la  pregunta: ¿cuál es la situación de la satisfacción pulsional –goce” - en la vida contemporánea?
Sigmund Freud nos ha legado un saber respecto del poder de las palabras. Las palabras utilizadas para una denominación son, en principio, tan solo palabras, ni más ni menos que palabras. Tienen el poder de definir las cosas, también de construirlas. Sirven para que expresemos sentimientos, pensamientos, también para crearlos, no sin sus consecuentes imágenes que suscitan emociones  y conmociones. “Ataque de pánico” no queda fuera de este destino. ¿Qué construye la expresión ‘ataque de pánico’?
Los medios masivos de comunicación muestran, en parte, la vida contemporánea al modo de una “vidriera de maldad insolente”[8]. Tomaremos dos ejemplos, entre muchos estilos que abundan, ilustrativos para nuestro propósito:  1.- Los titulares de los diarios tales como: “Enviarán otros diez mil soldados a …, se anunció un nuevo despliegue de fuerzas… se considera una guerra preventiva: sigue la violencia”[9]; 2.- Los bloques publicitarios televisivos tales como: “¿te asustan los deportes tranquilos?”, pregunta llevada a la imagen por una placa en pantalla que aparece luego de  otras imágenes que muestran dos figuras - un joven jugando al golf y otro joven jugando al ajedrez -, unidas por un único efecto sonoro: un desgarrador y penetrante grito de una voz desesperada siendo  la concreta figura de la pulsión invocante. No por casualidad, ambas figuras se conjugan con una imagen que muestra juveniles caras apáticas. ¡Y todo eso, para publicitar la práctica de deportes de alto riesgo!.
Medios masivos de comunicación, ¿qué comunican? En parte, comunican sobre aquello que se puede hacer, tener, comprar, adquirir, cambiar, consumir, violentar, etc. (no descartamos que cumplen con otras funciones). Desde este punto de vista, relacionan a productores con consumidores: ¿Libres para comprar?.
Y, hablando de negocios, ¿qué mejor negocio que sembrar semillas de violencia?. Luego de ver los noticieros, al desvanecerse las últimas imágenes nos invade una inquietud que no es más que el retorno en forma desordenada  de retazos de violencia: la violación a un menor, un crimen premeditado, un asesinato por error, un niño desnutrido, un secuestro-express, bombas estallando, cuerpos despedazándose. Violencia mezclada en innumerables vericuetos:  violencia organizada, violencia espontánea, se conjugan en un caleidoscopio de escenas: el cuerpo de un suicida roto en el pavimento, las figuras despedazadas de múltiples víctimas de las guerras, una catástrofe natural, etc. Ha sido sin duda: ¡un noticiero interesante!
Se renueva una pregunta: ¿Por qué las sociedades cultivan la violencia? Buscando algún horizonte releí la carta que en 1932 escribiera Einstein  a Freud y su respuesta a la Propuesta de la Liga de las Naciones. En estos documentos se destaca la pregunta: ¿Hay algún camino para evitar a la humanidad los estragos de la guerra?, y una respuesta: “cuando los hombres se encuentran exhortados a la guerra, por cierto que, entre ellos cuenta el placer de agredir o destruir, innumerables crueldades de la historia y de la vida cotidiana confirman su existencia y su intensidad,… muchas veces tenemos la impresión de que los motivos ideales solo sirvieron de pretexto a las apetencias destructivas aportándoles un refuerzo inconsciente”[10].
No podemos dejar de mencionar otras formas de violencia como la Tecnocracia: moderna segregación que reemplaza la combinatoria del Compradazgo, el Caciquismo y los terratenientes.  Está estructuralmente vinculada a una división violentamente desigual de la humanidad según líneas de separación entre centro y periferia, opulencia y miseria, hiperdesarrrollo y subdesarrollo, que son institucionalizadas en las formas de interrelación de las naciones. Paradoja: globalización y segregación de naciones. Refiere Pedro David: “...los espacios privados se subordinan al todo social  … el todo es el modelo que siguen las partes para reproducirse y/o constituirse … La globalización constituirá así un nuevo paradigma donde los países ricos organizan el sistema de facilitaciones, movimientos económicos, políticos y financieros en su propio beneficio … aseguran una libre circulación del centro a la periferia en las áreas que les favorecen, pero regulan brutalmente los movimientos de la periferia al centro, entre ellos, las migraciones… La globalización produce un nuevo modo de división del trabajo en donde los países y las sociedades más pobres realizan actividades ilícitas cuyos producidos son utilizados ventajosamente por los países poderosos, la economía del Primer Mundo… Esta situación existe … en el interior de cada Estado-Nación. Es así como las metrópollis concentran todos los beneficios de la cultura, la economía y los avances civilizatorios, mientras otras áreas encuentran a sus poblaciones al margen de esos beneficios y desde luego dedicadas a actividades delictuales, que constituyen un nuevo modo de la sociabilidad en las zonas de exclusión…”[11]
Es este el panorama que llamamos “odisea de la civilización contemporánea”, en donde destacamos el discurso capitalista y sus consecuencias.
El discurso capitalista es un discurso en rechazo a la castración. La perversión del capitalismo reside precisamente en un sistema social en donde el todo-compacto es el modelo que siguen las partes. Un modo de suplir el vacío central que es el hombre de tal manera pervertido, que su estructura se resuelve en el ataque al vínculo social que lo instituye. Del capitalismo todos somos víctimas. Su capacidad destructiva es extraordinaria. Lo manifiestan, entre muchas evidencias:
1.- Las guerras: enseñanza de un goce irrefrenable, que necesariamente debe ser repetido.
2.- El horror entusiasmado: o el entusiasmo del horror, ¿Qué es lo que causa horror: la castración o la falta de castración?
3.- La complicidad: en todas partes los hombres se matan despiadadamente entre sí ante nosotros. “No podemos hacer nada”, podría sostener algún ingenuo, pero, a pesar de todo, somos cómplices. Curioso vínculo social: uno en donde la falta no opera, en donde el vínculo es sostenido por un pacto de utilidad y sino quienquiera es desechable.
4.- La igualdad: La globalización nos ha ofrecido un sueño narcisista, proclamando un modo de vivir y gozar universal. Un mundo hecho para todos, igual para todos. Si yo soy igual a los extranjeros, ya no existen los extranjeros. Entonces, somos todos integrantes de una gran liga fraterna en donde la pretendida solidaridad  es siniestra.
5.- Los desperdicios/ lo desechable: En esa perspectiva, todo es mercancía, y toda mercancía producida en este sistema no puede ser más que un objeto efímero, ya caduco en el momento de su adquisición, y destinado esencialmente a ser reemplazado por un nuevo objeto más prometedor, y así sucesivamente. Por consiguiente, todo objeto puesto en circulación en el mercado, lleva consigo una vocación de desecho. El problema se plantea cuando no existe resto, y cuando el sujeto no entra en la cuenta.
6.- La degradación mercantilista: Asistimos al desastre de una sociedad destituida de cualquier autoridad ética sufriendo los efectos sintomáticos de no poder librarse de una degradación mercantilista más que a través de la violencia. Queda constituido así el único sistema económico y social intrínsecamente perverso existente en la historia, y ante ello nadie puede dimitir su responsabilidad.
7.- La fetichización de la mercancía: el más de valor del objeto producido funciona como fetiche, tapando la falta. Lo que queda oculto es la menosvalía: la depreciación infligida al consumidor. Éste se encuentra sometido a la presión constante y siempre más exigente de un empuje a volver a comprar.
8.- La Tecnocracia: Engolosinados por la globalización, solo tienen lugar los dirigentes, también “objetos de reposición” que solo ocupan el lugar de “gerentes” directores de negocios:  Tecnócratas”, ya no gobernantes, que lejos de velar por los valores en torno a la justicia, se dedican al estudio de cuadros de ofertas y demandas, de costos, precios y monedas.
Un sistema así no puede sino extender el consumo cada vez más. Así, está asegurado que el capitalismo produzca cada vez más objetos con los que se acrecienta el empuje insaciable de objetos de satisfacción. En esa carrera, en ese círculo infernal, cada mercancía se vuelve desecho desde el momento de su adquisición. En este circuito entra también el hombre como mercancía.
El mundo, inmundo, está lleno de desechos, lo grave es que se ha desechado, des-hecho, al sujeto.

  La producción de una alquimia
El punto de partida del psicoanálisis es la consideración de la relación del sujeto al Otro. Desde Freud sabemos que la función del padre permite una organización cultural normativizada. Cuando esta se degrada, la violencia es una de las grandes consecuencias, y una de las mayores violencias es la generación de una irreductible voluntad de adquisición de objetos a los que denomino “ready-made-trush” ,listos para ser basura,  en el momento en que se adquieren ya pierden valor. De este modo, esta asegurado que el capitalismo produzca cada vez más objetos con los que se acrecienta el empuje insaciable de objetos de satisfacción que se reciclan. Esto es la muerte que domina los aconteceres humanos en la actualidad. Sabemos que cultura e inconsciente tienen relación, por tanto, no somos ingenuos respecto de la influencia de los cambios culturales sobre los sujetos. ¡La muerte no es solamente eso que está mas allá de la vida, sino aquello que permanece indefectiblemente unida a ella!. Esta es una causa sufrimiento en demasía, mal de sobra, como una de las vicisitudes de la actualidad, siendo origen  de las satisfacciones del padecer.
Se ha producido una alquimia que nos ha llevado desde sujetos deseantes a consumidores, y mutación consecuente es que somos consumidos.
Qué nos ofrece el psicoanálisis
Se trata de ofrecer un espacio para que el sujeto construya una subjetividad deseante, para intervenir allí donde el “sufrimiento en demasía” se desborda y posibilitar al sujeto un despertar.
Se trata de una clínica del sufrimiento humano. Es la falta de deseo lo que el sujeto contemporáneo grita por medio de sus síntomas. Deseo que en la imposibilidad de realizarse arroja al hombre al máximo de agresividad: la violencia y la muerte se aplican a las distintas circunstancias. Un máximo ejemplo es el “snurf” en donde sexualidad y muerte se encuentran en un mismo acto.
En un psicoanálisis lo que está en tratamiento es el sujeto tomado por estos modos de la muerte, aquél atrapado por la pulsión de muerte en sus vertientes más horrorosas. Lo que está en tratamiento es la destitución de  lo que se presenta para el  sujeto como un imperativo de muerte, para producir el advenimiento del sujeto en relación a un deseo-decidido. Lo que resulta de la experiencia del análisis es un saber-hacer nuevo para cada uno.
El trabajo del análisis implica el despertar del sujeto y ésta es su oferta.


[1] Homero. La odisea. Rapsodia I. Biblioteca Clásica. Madrid. 1913.
[2] Bauman, Z. Ibid. . p. 70
[3] Imbriano, A. “Irresponsabilidad e increencia en la dirigencia política argentina”. En: Psicoanálisis y Hospital N° 23. Ediciones del Seminario. Bs.As. 2003
[4] Melman, Ch. El hombre sin gravedad. UNR Editora. Bs.As. 2005
[5] David, P. Sociología Criminal Juvenil, Ob. cit. pág. 19
[6] Lacan, J. Seminario XI, pág…..
[7] Imbriano, A. Los nombres de la muerte. Capítulo en: Enfermedades de transmisión sexual y SIDA. Santiago Rueda. Bs.As. 1997.
  [8] Discépolo. Cambalache. 1935
[9] La Nación, Buenos Aires, domingo 28 de septiembre de 2003. Titulares
[10] Freud, S. Por qué la guerra? Obras completas. Tomo…..pág…..Amorrortu. Bs.As. 1976.
[11] David, P. Sociología criminal juv.. Ob. cit. pág. 20-22





 
REVISTA  PSIQUE Y SOCIEDAD
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