El Otro

Alberto Sanen Luna. Psicoanalista
Hospital Psiquiátrico Infantil. (México)
Universidad Insurgentes. (México)
albsanen@yahoo.com.mx



No existe algo más humano que el Otro y sin embargo del él nunca sabemos, sospechamos e intuimos, le tenemos fe y miedo.

El psicoanálisis se ha encargado de establecer una sutil y rigurosa diferencia entre el Otro como a priori y posteriori del sujeto, lugar de los significantes que dan cuenta de él, y el otro como semejante, lugar de las identificaciones imaginarias. De esta manera ha mostrado la otredad existente en este Yo, sin embargo ha quedado corto en cuanto a las figuraciones y corporizaciones de ello y ademas ha apartado un tanto de su campo de estudio lo otro, como aquellos elementos que a fin de cuentas también prestan su ser para la instauración de un sujeto barrado y de una sociedad en falta.

Pero es el espejismo derivado de la seducción de la forma y la palabra quien da su cause al  recorrido científico de diversas disciplinas que pretenden borrar la otredad, sin percatarse (aunque deseándolo) que  dicho movimiento deja de lado la relación con la verdad, con la historia, con el Deseo, trasformando en una suerte de encantamiento y decantamiento el acontecer del sujeto haciendo de una misión de carácter delirante una misión delirante de mercado o del delirante mercado

Este trabajar, construir e inventar lo otro es la impostergable tarea del ser extendida en el ámbito de lo humano, e incluso podríamos decir que es lo humano  en si. Acotando, la invención de los discursos son maneras de situar lo otro, fuera de nosotros, del horizonte que miramos y al hacerlo nos encontramos con su filtración, marca de humedad

Este intento de individualidad, equivoco, no hace sino devolvernos a la cuestión de nuestra partida. No podría ser de otra manera si consideramos al in-divi-duo, como este dividido en dos; así la individualidad lleva la marca de la locura, esta se reproduce en lo externo en relación con el otro -el semejante el que se asemeja y me asemeja- es un disparador de la paranoia o mejor dicho la paranoia en si, de la otredad que motiva siempre un caso en particular de la imitación. "La imitación tanto en lo moral como en lo físico"(1), es decir, que empuja a la persecución sin fin de la imagen, a la metonimia del significante y del objeto.

Ya la clínica psiquiátrica atinaba en el sentido del dos y de lo semejante, al describir la locura a dos, anunciaba la existencia de otra situación, de otra  escena en donde resalta la inexistencia del delirio común. La similitud de ideas delirantes (…) se encuentra en la locura simultanea, forma lograda de la locura a dos y que cumple con las condiciones ya relatadas en los textos de psiquiatría clásica, en los cuales se especifica la existencia de la "pareja delirante"(2), en la cual se inscriben e introducen elementos del orden de la simultaneidad, donde la introducción deja una marca y el retiro una cicatriz imborrable. Esto devela el problema de la comunicación, ese pensar que hablamos de lo mismo cuando nunca ello acontece.

Por ello la ciencia, las artes, la filosofía en tanto constructos y ficciones responden a la necesidad y necedad de interpretar el devenir, la categorización responde al miedo a admitirse siempre en contacto con el Otro y la intuición de esa otredad que me de-muestra, que de mí muestra y que muestra de mi, por ello el terror, el alejamiento, donde uno podría descubrirse y topándose de frente entonces con la procastinación ya no del deseo, sino del deseo no deseado, del saber no sabido, una manera de mantener en suspenso la respuesta al difícil problema de su estatuto epistémico: ¿creencia?, ¿discurso?, ¿delirio? ¡Ah! ¡Que alivio el de Freud! cuando, al subir la escalinata en Worcester, pudo pensar que al fin, había ocurrido el psicoanálisis "ya no era una producción delirante" (3) sino ciencia de la compulsa a lo irrepetible, que lo único que encuentra es la búsqueda.
Esta búsqueda de algo que no quede como otro, que sea familiar  y seguro lleva incluso a establecer una psicopatología de la vida cotidiana que debemos considerar como un estudio del sufrimiento del alma, como un sufrimiento de todos, al verse corrido este velo podemos percatarnos del instante, ese tiempo que es en si todos los tiempos, en que  "una mirada, una sonrisa, un gesto...la tos de un vecino... cualquier cosa sirve de pretexto a las interpretaciones... más insignificantes, parece el hecho a los ojos del común (es decir, de aquel que no sabe nada), más penetrante le parece su perspicacia. Allí donde otros solo ven coincidencias, ellos, gracias a su clarividencia interpretativa saben desenredar la verdad y la relación secreta de las cosas. Esta aptitud para adivinar las alusiones ocultas, para comprender las insinuaciones y las palabras de doble sentido, para interpretar los símbolos, confirma al enfermo en la buena opinión que tiene de su sutileza; entiendo, dice, lo que nadie entiende."(4), al correrse el velo el golpe de lo Real, a saber lo otro tras lo otro, revienta cualquier cadena, cualquier disfraz de persona, nos deja francos ante nuestra otredad de locos interpretadores.

La noción de otro como semejante articula la formación de un paraje común en nosotros, que al final del día nos lleva a pensarnos como uno mismo, aun cuando siempre seamos dos los que nos acomodamos para por unos instantes en la noche morir. Es ese quien me inscribe como objeto singular, irrepetible y quien justo por esta singularidad me hace común, me lleva a establecer comunidades con otras singularidades para no encontrarme a solas con él.

Al final  también nos lleva a establecer otros, seres distantes u hombres diferentes que denotan nuestra falta, a saber la carencia, la falta de humanidad y precisamente por ello el intento incesante mediante esa proyección de inscribirnos en el campo de lo humano, de hacer campos de otros, o en hacer otro campo.

Esta existencia del Otro y de lo otro, es radicalmente indispensable para surgir como sujeto habitados por el sesgo, por la falta nunca salvable ni saltable del ser y de lo que puede decir sobre de si mismo, es decir, emerge la imperiosa necesidad de él y su vigilancia como garante del pacto y la castración, a fin de cuentas me hace ser… en falta, nos instaura como sujetos sujetados

En medida que la normalidad implica el reconocimiento del otro y de si mismo, pero también el temor de ser alienado en dicho movimiento hasta el punto de ser vislumbrado únicamente como objeto del Otro, lo esperado seria el movimiento de separación por medio del acto agresivo e incluso a veces violento.

Dichos actos responden al rompimiento del espacio en que el sujeto se ha precipitado como primer punto de costura psíquica, a saber la imagen del otro, dejando la marca invisible de su paso por uno mismo, pero instaurando el borde psíquico requerido como advertencia y recordatorio  intenso e incesante de aquel.

Las representaciones de los otros dan cuenta de esa esquizia de la mirada, de la falta instaurada en esos cuerpos extraños de seres fantásticos, mismos que no resultan ser mas que nuestros cuerpos, fragmentados y suturados psíquicamente.

Sujetos sujetados al Otro, observados por otro, en esta medida la paranoia debe ser tomada como la organización subjetiva, que será llamada normalidad y por tanto el resorte de la creación… de la invención de las ficciones que soportan nuestra vida, por ello que ocurra que al separar a los enfermos, es decir a estos sanos, "uno de los dos puede curarse, sobre todo el segundo, cuando es privado del punto de apoyo de aquel que le comunico el delirio"(5), pero ello conlleva el riesgo de superar los "limites del absurdo"(6), y por tanto quedarse completamente solo tal cual siempre se esta ¿o quizás no?.

Ante el vacío y el vaciado, el sujeto aparece como recubrimiento respecto desgarrón de la existencia, otras existencias configuran el mundo de lo psíquico y llenan los lugares del mundo, el agua, el aire, los territorios desconocidos en una clara confusión con esa extraña tierra interior que ya exploraba Freud, esta reconstrucción es nuestro diario acontecer, nuestro rearmado de pedazos del otro, de pies y manos de él, de manos enormes, de un solo pie, de lo corporal como lugar de residencia de lo extraño y de resistencia de mi mismo

Ante la inusitada angustia que lo otro, lo fuera de lugar, lo inaprensible e inefable detona, somos presas del espejismo de la razón orillándonos a establecer distancias entre ciertos conocimientos  e individuos portadores de los mismos o entre ciertos cuerpos y culturas, ellos nos resultan los otros por una mirada en espejo.

Ante esa angustia se pretende velar lo otro, la finitud que queda patente al notar la existencia ominosa de ese eterno cadáver que no vemos y vamos cargando siempre, a saber, ese Otro que soy yo. Estableciéndose para ello razones correspondientes a dominios disciplinarios que  efectúan cortes afectando el entramado social y polarizando de manera ficticia, la evidencia y la extrañeza emanada de lo otro, instaurando razones que como argumento sesgan irremediablemente al sujeto, resistiéndose a reconocer que el todo se encuentra marcado por la falta y la escisión, promoviéndose incluso forzamientos que desembocan en la matematización de la subjetividad como medio de inscripción en la modernidad científica y el alejamiento de la subjetividad, por ejemplo haciendo de la muerte un dato y no un hecho de la vida.

A la par encontramos la negación de lo otro por vía de formulas  que despistan a la razón, lo mismo, la replica, lo igual son figuraciones que hacemos con el afán de solventar la diferencia, esa diferencia radical que indica Lacan, de esta manera la muerte que se pretende dar al Otro augura la apertura al espejismo de la completud, a saber, de la eternidad, sin embargo el cadáver actúa como marca de la otredad y lo inevitable.

Pero lo que evitamos es figurado por diversas cuestiones, el conocimiento, la evidencia, el desgarramiento, la escritura, el movimiento, el parche, las palabras ya que lo otro se instaura de manera invisible pero rigurosa en los actos del ser humano y por supuesto en los figurantes de este ultimo el monstruo, la sombra y el títere, la marioneta, el diferente.
Si el Yo es otro se desprende que la extrañeza se encuentra del lado del primero, de la mascara, de la pre-esencia y la ortopedia e igualmente lo extraño habita en la sociedad y su interacción, en el varios.

Atrapados, sujetados para ser precisos por estos contratos sociales, donde    si existe Folie a deux, también Folie a Million, esta locura comunicada, compartida y simultanea marca los limites sociales, encuadra las organizaciones parentales y permite el surgimiento de los conglomerados, de las agrupaciones, de la re-ligión este religarse al Otro y el acuerdo de la ley como reguladora del goce social y eterna deuda al Padre muerto.

Lo anterior es ese conocimiento paranoico tan de nos-otros, es la recomposición del mundo como única vía de disipación de la angustia, el fantasma de aniquilamiento y la irrepresentabilidad tanto del nacimiento como de la muerte, cuestiones de lo otro que estan presentes en esa extranjera geografía psíquica donde habitamos errantes.

Referencias


1.- Marandon de Montyel,  De la Imitación en su Relación con la Locura Comunicada, en La locura compartida, Epele, México. (1997). 79

2.- Gatian de Clerembault, G., La Cuestión de los delitos Colectivos Esta Estrechamente Ligada a la de los Mecanismos Generadores de la Psicosis, en La locura compartida, Textos de la clínica, México. (1997). 94

3.- Felipe Sosa, M.,   El Psicoanalista, Artefacto, México. (1989). 5

4.- Sériux P. y Joseph C., Las locuras razonantes, el delirio de interpretación, Ed. Anace A. C., México.(2002)

5.- Lasegue y Falret,  Patología. La Folie a deux o locura comunicada, en La locura compartida, Textos de la clínica, México.(1997). 51

6.- Lasegue y Falret,  Patología. La Folie a deux o locura comunicada, en La locura compartida, Textos de la clínica, México. (1997).  67


Bibliografía

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REVISTA  PSIQUE Y SOCIEDAD
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