DOS EMBESTIDAS CONTEMPORÁNEAS VIOLENCIA Y PANICO.

Resumen

  El pánico y la violencia, como dos caras de lo mismo, son síntomas contemporáneos producidos y padecidos por los individuos de nuestra sociedad con demasiada frecuencia. Son síntomas del capitalismo bajo los oropeles de la globalización.
Los medios masivos de comunicación  muestran la “vidriera de maldad insolente” en la cual vivimos[1].
Retazos de imágenes fragmentadas, visuales y sonoras, conforman una colección de horrores mostrando la existencia humana en su máxima  obscenidad, sin vestimenta, sin piel, in-munda, de humus.
El discurso del capitalismo expresa una cultura que hace desaparecer al hombre en su singularidad, -cosa secundaria-, pues lo importante es que se produce un “sujeto en espera desesperanzada” . Y, los síntomas sociales muestran que a los habitantes del mundo globalizado les queda un poco de dignidad “aún”. El sujeto puede hacerse presente bajo la figura de “ataque de pánico” o “ataque de violencia”.
La primer descripción realizada por Freud sobre crisis de pánico[2] (1894), considera que estos estados pueden presentarse en forma de pavor, irrupciones, y ataques sin ser evocados por el decurso de las representaciones, acompañado de síntomas físicos neurovegetativos, y/o mezclarse con interpretaciones espontáneas relacionadas a la muerte. En una lectura freudiana pueden considerarse las descripciones sobre la angustia (Angst) como Angstanfall (ataque de miedo), Angsthysterie (histeria de miedo), Angstausbruch (irrupción de angustia). Tendremos en cuenta la hipótesis general: La idea de Angst se vincula a la concepción de descarga/salida (Abfuhr) de los estímulos (Reize) acumulados. El sujeto, impedido de descargar su libido, sufre la acumulación de excitaciones y para lograr descargar éstas se transforman en síntomas (sudores, taquicardia, contracciones musculares, parestesias, etc). También es interesante considerar que el exceso de Reize es vivido por el sujeto como algo avasallador que lo lleva a un estado de miedo y desamparo: Hilflosigkeit, término que expresa un estado próximo a la desesperación. Aún habiendo reformulado, en 1925, la teoría de la angustia, Freud mantiene la antigua hipótesis implicando al yo: “el yo anticipa la satisfacción de la moción pulsional y le permite reproducir las sensaciones de displacer (…) así se pone en juego el automatismo del principio del placer-displacer”[3]. ¿Será válido realizar hoy la misma lectura que en 1894?. Las diferencias entre la modernidad y la posmodernidad, nos permite considerar que se han producido variaciones discursivas entre los fines del siglo XIX y el principio del siglo XXI-. Desde esta perspectiva vale considerar como diferentes no solo quién sufre ataques de pánico sino también quién los diagnostica y los “trata”. Entendemos que es preferible mantener abierta la interrogación sobre los “ataques de pánicos” que buscar rápidamente una equivalencia con hipótesis ya logradas, y de este modo borrar ese “rasgo de algo nuevo que portan”, corriendo el riesgo de encubrir las diferencias entre 1894 y 2007.
La semiología psicopatológica han sido alcanzados por la globalización: la creación de los DSM genera individuos pensados por una clasificación. Georges Perec[4] considera estas clasificaciones como emergentes de una voluntad -de poder- de distribuir el mundo entero según un código único con el objetivo de que una ley universal regule el conjunto de los fenómenos. En todas las ediciones del DSM es evidente su orientación en comunicar diferentes particularidades sobre los trastornos mentales según un común nomenclador, perdiéndose de este modo, la subjetividad de quién los padece. Se eliminan las estructuras conocidas como Neurosis, Perversión y Psicosis, -y al sujeto en cuestión-, para establecer una larga lista de afecciones que concluyen en un listado numérico de múltiples aspectos fenoménicos que permiten vía libre de acceso a la Psicofarmacología producida por los emporios farmacéuticos. No hay ingenuidad en ello. Se excluye, de este modo, la apreciación de la dimensión fantasmática subjetiva dejando de lado las modalidades singulares de su goce, a propósito de no revelarlas, sino más bien de enmascararlas, de ocultarlas, para impedir toda posibilidad de emergencia de un sujeto. Los psicofármacos colaboran con la construcción de un mundo “igual para todos”, “de una felicidad alcanzable hecha para todos”.
En los ataques de pánico y violencia existe un sujeto que se queda sin recursos frente a su propia inermidad, abatido frente a la propia imprecisión de su malestar, pero denunciante de que el malestar existe, él es un testigo del “malestar de la cultura”. Estos ataques dicen poco del sujeto como efecto del significante, del producto (que es el objeto) y del resultado (que es el síntoma). Son homólogos a un decir sin tiempo y sin función sujeto.
El trieb –pulsión- es el dato radical[5], y el tema conlleva una  pregunta: ¿cuál es la satisfacción pulsional –goce- en la vida contemporánea?. La ciencia, con su gran producción de objetos, anima un discurso en el cual el ojo se nutre con una cantidad jamás vista, produciendo un “exceso de goce”.
Nuestra hipótesis es que el sujeto que padece de ataques de pánico o violencia viene a mostrar la mentira del “vale-para-todos”. Se trata de un sujeto que está “embuchado”, “adormecido” por el exceso de goce, quedando a la espera o en suspenso. Como ese exceso no puede tramitarse, el sujeto re-aparece como pánico o violencia, en una doble vertiente: instancia de suspensión subjetiva en lo simbólico y patentización subjetiva en lo real.
La omnipresencia del Otro en el discurso capitalista produce una falla en la constitución de la realidad psíquica que el pánico o la violencia vienen a revelar brutalmente: el sujeto quiere ser representado, quiere hacerse escuchar, aunque sea al precio de esos costos y costas. Cuando la temporalidad de lo simbólico parece muy reducida, el sujeto se patentiza, se hace presente, busca su lugar,  en “lo real del síntoma”.
El discurso capitalista viene a mostrar la variación entre 1894 y 2007. Recordemos que los discursos formalizados por J. Lacan pueden considerarse como modos de lazo social.
Un discurso constituye el modo en que se transmiten los puestos simbólicos, la raza de los amos y no menos la de los esclavos.
Todo hecho necesita de un discurso que lo diga, pero también que el hecho sea significado según el discurso que lo dice o lee.
Todo discurso vincula de una manera determinada sus elementos.
   Todo discurso tiene restricciones para ciertas operaciones: imposibilidad e impotencia, disyunción lógica entre verdad y producción [6]
En la fórmula discursiva se ponen en relación los siguientes lugares:
   agente        otro                       ó                          __provocación      elaboración
verdad       producción                                           evocación          producción

  Siguiendo las formalizaciones de J. Lacan respecto de los discursos, -ubicando los matemas S1, S2, S/ y a- ha formulado el “discurso del capitalismo”, como una variación del discurso del amo, consecuente con una política que irónicamente denominaremos His majestic the global baby”.

Discurso del amo               Discurso del capitalismo
S1            S2                          S/              S2
S/              a                            S1              a

  Esta variación se produce por dos operaciones: 1.- reversión del lado izquierdo de la fórmula que queda alterada en sus términos y en su relación, 2.- falta de restricciones en las operaciones. En el discurso del amo, el sujeto queda determinado por la verdad, lo que se escribe S1 sobre S/ tachada. En cambio, en el discurso del capitalismo, el sujeto opera sobre el significante amo como verdad, esto quiere decir que el sujeto dirige la verdad, por eso este discurso supone el rechazo de la castración. Es una verdad dirigida, construida, desde el sujeto tachado que encubre con un significante amo su tachadura, o sea, encubre su pérdida. Esto trae consecuencias en las relaciones de los términos: Es el S1 como verdad lo que pone en trabajo al S2. Cuanto más se trabaja para recuperar la primera pérdida, más se pierde, pero más se trabaja: las plusvalías se acumulan. Se trata de poner a contar, totalizar, cotizar la plusvalía cumpliéndose con el objetivo del capitalismo. En este modo discursivo no se producen restricciones, hay plena circularidad.
  El discurso capitalista implica una producción extensiva e insaciable, todo sujeto se convierte en objeto-mercancía. Toda mercancía producida en este sistema no puede ser más que un objeto efímero, ya caduco en el momento de su adquisición, y destinado esencialmente a ser reemplazado por un nuevo objeto más prometedor, y así sucesivamente. Por consiguiente, todo objeto puesto en circulación en el mercado, lleva consigo una vocación de desecho. La plusvalía, el más de valor producido por el capitalismo es inversamente proporcional a la menosvalía, a la depreciación infligida al consumidor. El consumidor se encuentra sometido a la presión constante y siempre más exigente de un empuje a volver a comprar. Un sistema así no puede sino extender el consumo cada vez más. Así, está asegurado que el capitalismo produzca cada vez más objetos con los que se acrecienta el empuje insaciable de objetos de satisfacción que saturan. En esa carrera, cada mercancía se vuelve desecho desde el momento de su adquisición. En este circuito entra también el hombre como mercancía. Este discurso construye su perversión intentando superar la imposibilidad de encontrar “el objeto” -nos referimos al objeto en su estatuto freudiano-.  El discurso capitalista es un discurso en rechazo a la castración. La perversión del capitalismo reside precisamente en generar un sistema social que rechaza las normas, de tal manera pervertido que su estructura se resuelve en el ataque al vínculo social que lo instituye. Todos somos víctimas del capitalismo. Su capacidad destructiva es extraordinaria. Entre modernidad y posmodernidad, se ha procesado una alquimia: pasaje de la creencia en el Otro a la querencia del Otro. La absolutización del amo político plantea el problema del límite para el tirano moderno[7] y lleva a la interrogación sobre la función del padre como límite al goce.[8] Las formas del ejercicio de la autoridad, del poder, se modernizaron con gran rapidez y dieron origen al “amo capitalista”. Consecuencia: El desastre de una sociedad destituida de cualquier autoridad ética sufriendo los efectos sintomáticos por no poder librarse de una degradación mercantilista. Frente a ello, el sujeto no se resigna, sino que grita entre enfermedad y delito.

Nota para editor: cada vez que aparezca S/ debe ponerse la barra sobre la S en forma oblicua.
En las fórmulas se debe colocar la barra como en matemáticas para indicar fracción.
agente/verdad , otro/producción
  provocación/evocación, elaboración/producción.
Discurso de amo es: S1/S/, S2/ a….hacer flechas
Discurso del capitalismo: S/ / S1, S2/a…. hacer flechas

Discépolo. Cambalache. 1935
Freud, S. “Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome de neurosis de angustia”. Obras completas. Vol. III.Amorrotu. Bs.As. 1976
[3] Freud, S. Conferencia 32: Angustia y Vida pulsional (1932). Obras Completas. Ob. cit.
[4] Perec, G. Penser, Classer. Hachette. París. 1995
[5] Imbriano, A. Los nombres de la muerte. La odisea del siglo XXI. Letra Viva. 2006.
[6] Lacan, J. Radiofonía y televisión. 1970. Anagrama. Barcelona.1990
[7] Laurent, E. Lacan y los discursos. Manantial. Bs.As. 1992
[8] Lacan, J. “El reverso del psicoanálisis”. El Seminario. XVII. Paidós. Bs.As.  1992.




 
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  ISSN 2011-8511
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