Fenómeno psicosomático: "Algún dos que se hace uno y cuya consecuencia es el goce específico"
Zulma López Arranz
Resumen:
En este artículo se trata de situar el FPS desde el punto de vista de las enseñanzas de Lacan, considerando que se trata del resultado de un fallo en la operación de separación. Es decir que en el FPS no podemos hablar de “sujeto del Inconciente” porque, en lo que al FPS respecta, no existe la hiancia entre el S1 y el S2. Existe una superposición del S1 y el S2 (holofrase). El resultado de la falla en lo simbólico es la manifestación, en el soporte carnal del cuerpo, a través del FPS.
Palabras claves: Holofrase, Marca en lo real, Soporte carnal del cuerpo
El fenómeno psicosomático no es un síntoma.
Esta oposición podemos sustentarla apoyándonos en las indicaciones dadas por Lacan en el Seminario 11. En sus primeras enseñanzas nos plantea la representación significante del sujeto, para lo cual se hacen necesarios un S1 y S2, es decir tiene una estructura que hace imprescindible “algún dos” para que pueda aparecer el sentido.
Para la aparición del sujeto es necesario un S1 y un S2, recordemos: “Un sujeto es lo que representa un significante para otro significante”. En la hiancia que se produce entre el S1 y el S2 es el lugar de aparición y desaparición del sujeto.
Podríamos decir que el síntoma tiene una estructura de metáfora, es decir una estructura de sustitución de significantes.
En el FPS, en cambio, nos encontramos con la holofrase donde el S1 (significante unario) y el S2 (significante que viene del Otro, bajo la forma de un saber inconciente) están “pegoteados”, aglutinados, congelados. Es decir reduce el par de significantes al UNO, pero un UNO más absoluto que no puede representar al sujeto. No existe el intervalo, la hiancia donde el sujeto aparece y desaparece.
Lacan dice que el FPS puede compararse con un jeroglífico en el desierto, es decir escrito para no ser leído. Podríamos interpretar que no es un llamado al Otro del significante para que lo descifre. Es una marca, no representa al sujeto.
Esta afirmación nos conduce a pensar: ¿En el FPS, dónde está el sujeto?
En el FPS no existe afánisis del sujeto. Existe una falla a nivel simbólico. El lenguaje no cumple con la función de separar el goce del cuerpo, dejando reservado el goce a las zonas erógenas
Tomando en cuenta las operaciones de constitución del sujeto, el FPS podría ser pensado como una patología de la separación.
En la operación de alienación el sujeto se identifica a los significantes que provienen del campo del Otro, en la separación, el sujeto apunta a la falta en el Otro, hay una intersección de las dos faltas, una falta recubre a la otra. Pero, en el FPS no se produce la hiancia entre el S1 y el S2. El S2 como significante que viene del Otro queda holofraseado con el S1, no pudo producirse la “juntura” de las dos faltas, la del sujeto y la del Otro.
¿Cuál es la consecuencia de la falta de intervalo?
La respuesta es que al no existir intervalo entre el S1 y el S2 no hay caída del objeto a lo que significa que no hay agujero ni en el Otro ni en el sujeto, por ello Lacan sitúa el FPS del lado de la psicosis y de la debilidad mental.
La falla a nivel simbólico, donde el lenguaje no cumple con la función de separar el goce del cuerpo (dejando reservado el goce a las zonas erógenas) hace que el goce irrumpa en forma inlocalizada, tomando el cuerpo propio como cuerpo del Otro.
¿De qué goce se trata?
No se trata del goce fálico regulado por el significante. Hay un retorno del goce a nivel del cuerpo.
Existe un rechazo del inconciente ligado a la forclusión del sujeto.
Cabría preguntarnos ¿qué es lo no inscripto? Se me ocurre pensar en una falla localizada en un par de significantes que no hace a la cuestión de la estructura, ya que sabemos que el FPS se puede manifestar en una neurosis, psicosis o perversión. Algo de lo no inscripto que no afecta al conjunto de la cadena significante. ¿Será el congelamiento de una secuencia de la cadena? Esto nos permitiría entender porqué el FPS pueda aparecer en las diferentes estructuras.
Esta “forclusión localizada” es la responsable del retorno del goce a nivel del cuerpo. En este goce específico, es el cuerpo propio el que se lesiona, no el cuerpo fantasmático.
Podríamos pensar que el sujeto a través del FPS se hace un nombre propio (por el artificio de la identidad corporal) para suturar la falla simbólica, dejando de lado el nombre del padre en el punto preciso en que ha fallado como sujeto., en ese agujero que podríamos llamar forclusión parcial.
Cuando en el FPS el significante se holofrasea pierde su valor simbólico y aparece como signo, es decir se imaginariza. Por esta razón Lacan dice que el FPS está enraizado en lo imaginario. Así encontramos frecuentemente, en el FPS, manifestaciones de mimetismo por identificación a un modelo.
Es necesario poner de relieve que no todo es significante, la lesión está del lado de lo real, es del orden del escrito jeroglífico sobre el cuerpo propio. No es un mensaje cifrado. Eso no se lee, no se trata de cifrado de sentido sino de la emergencia de un UNO más absoluto que se manifiesta por brotes, como contador de goce.
Podríamos preguntarnos ¿porqué la periodicidad? ¿Porqué muchas veces desaparecen sin la menor intervención?
Se podría arriesgar que la periodicidad está en relación con fechas que puntualizan la historia del sujeto, así como también con los avatares del nombre propio, éstos son del orden del número, designan el ser del sujeto como único e irremplazable.
Se me impone una pregunta final: ¿Cómo abordar el FPS?
La respuesta por la que me inclino es dándole sentido al goce específico.
Hay sujetos que pasan la vida con su mal y no demandan a nadie, muchos se conforman con consultar a un médico cuando su mal se convierte en invalidante.
La remisión de un FPS no significa que se ha curado. Frecuentemente sobrevienen brotes.
No obstante, desde el enfoque lacaniano podríamos pensar que el FPS puede ser subjetivado en una cura.
La cura en cuestión no recorre los derroteros de la sugestión, que muchas veces dio resultado...tampoco consiste en darle sentido a todo a través de racionalizaciones del sujeto para explicar su mal.
¿Cuál es entonces el camino a seguir según las indicaciones de Lacan?
Es preciso quebrar la petrificación del sujeto, su fijación a ese goce específico.
Al FPS lo podemos situar por fuera del afecto ya que la emergencia de la angustia se “tapona” con el FPS. Por ello ¡Qué advenga la angustia! Es ella la que pone límite al goce. Por esta razón el advenimiento de la angustia permitiría la emergencia del sujeto. A este precio es posible producir un descongelamiento de la holofrase. Podríamos pensar en un punto de corte, de quiebre de la petrificación del sujeto como si su fijación al goce específico pudiera quebrarse. Es necesario ir del goce específico, fijado a nivel del cuerpo propio, al goce-sentido en tanto puede ser “escuchado” por el sujeto.
Es posible que esto suceda por un nuevo ordenamiento, en una cadena, de lo que antes era la nebulosa de la holofrase.