“Algunas reflexiones en torno a  la formación del analista”

Elena Bravo

Resumen
El presente trabajo realiza un recorrido a través de lo que se ha propuesto como el camino para la formación del analista. Inicia con el planteamiento freudiano para finalmente analizar lo que ocurrió antes de Lacan y con Lacan mismo especialmente en torno a su propuesta del Pase. Se plantea la vigencia de la pregunta sobre qué se espera de un analista y si existe la posibilidad de hablar de garantías de su formación.  El psicoanálisis es un saber y una praxis que requiere una transmisión y una enseñanza que no se limita a lo conceptual y que sólo es posible mediante el análisis del analista; pero habría que precisar qué se espera de un psicoanalista para que pueda ser legítimamente llamado como tal.

  Palabras claves: Formación del analista-Análisis de control-análisis didáctico-supervisión-transmisión del psicoanálisis-enseñanza del psicoanálisis-El pase
La autoridad capaz de decir quién era analista y quién no lo era, había sido, sin lugar a dudas, encarnada por Freud hasta el momento de su muerte.  La preocupación sobre este tema la tuvo Freud en vida, pues ¿qué pasaría cuando él ya no estuviera? ¿Qué podría garantizar la transmisión del psicoanálisis y la adecuada formación de un analista posteriormente?  Resulta pertinente en el 2008 preguntarse: ¿Quiénes son entonces los nuevos guardianes que tendrán el criterio decisivo para determinar qué es psicoanális(ta)is y lo que queda fuera de ese campo y esa práctica?.
  Después de Freud y antes de Lacan, con la IPA, la respuesta a estas interrogantes era dada a partir de una estandarización en la formación, que autorizaba a practicar el psicoanálisis a quienes tuvieran determinadas horas recorridas en análisis, en supervisión y en su formación teórica.  Sin embargo, es claro que con la posición de Lacan, la pregunta ¿qué es un psicoanalista? se torna una tarea interminable. Introduciendo conceptos como “el deseo del analista”, “el saber del analista”, replanteando el problema de la formación de los analistas y el problema del fin de análisis, etc., dejan de existir fórmulas sencillas para responder a ¿qué es un psicoanalista? y ¿cuándo ha logrado una formación “adecuada” o “completa” para ser autorizado?
Este tema nos lleva a hablar de la autorización ¿a partir de qué momento alguien podría considerarse analista?  Si esta pregunta, antes de Lacan, se solía responder dentro de un marco burocrático, en una institución que se encargaba de autorizar analistas; existen consecuencias cuando Lacan propone “el analista sólo se autoriza a partir de él mismo” ([1]), dejando claro que esta autorización ya no está del lado de la institución sino de un trabajo subjetivo e individual que le compete únicamente a cada interesado.
  Además de los aspectos mencionados, existe otro a tomar en consideración, que es el proceso después de la autorización y consiste en el reconocimiento de la comunidad analítica de este analista recién autorizado por sí mismo.
  En "¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la Universidad?" (1918) Freud reconocía que, para su formación, el analista puede prescindir de ella –la universidad– puesto que:
La orientación teórica que le es imprescindible la obtiene mediante el estudio de la bibliografía respectiva y, más concretamente, en las sesiones científicas de las asociaciones psicoanalíticas, así como por el contacto personal con los miembros más antiguos y experimentados de éstas. En cuanto a su experiencia práctica, aparte de adquirirla a través de su propio análisis, podrá lograrla mediante tratamientos efectuados bajo el control y la guía de los psicoanalistas más reconocidos. ([2])
Quedaba ya aquí planteado el famoso trípode de la formación: análisis personal, supervisión o control y formación teórica.  Empecemos por pensar en el análisis personal como el aspecto central de la formación; es en este espacio, privilegiado para las formaciones del inconsciente, para el cuestionamiento por el deseo y del goce, para experimentar la transferencia y sobre todo, para aprender a escuchar.   Experiencia muy personal, cuyo tiempo no obedece a una cronología sino a una lógica, en la que ninguna institución ni ningún tercero podría mediar en relación a su inicio, su duración, su proceso y su fin.
  Lacan, tomando ya una postura distinta respecto a la situación del psicoanálisis en la Asociación Psicoanalítica Internacional, nos recuerda que el análisis personal del analista en formación no difiere esencialmente de cualquier otro análisis excepto en la elección de ser analista, en su deseo de analista.  Elección que conlleva ponerse en contacto con el compromiso ético que esto implica.  Es esta forma una experiencia única y singular para cada analizante y analista implicado.  Por lo anterior, este análisis no debe tener injerencias institucionales o reglamentación de la frecuencia semanal o duración del tratamiento.
En 1967, Lacan propuso que el analizante, devenido así analista al final de su análisis, pueda testimoniar frente a sus colegas sobre su deseo de analista, propio de cada practicante, en una experiencia que denominó “el pase”.   Esto lo hace en La proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela y comienza con lo siguiente: “Se trata de fundar en un estatuto lo bastante durable para ser sometido a la experiencia, las garantías con que nuestra Escuela podrá autorizar por su formación a un psicoanalista, y desde este momento responder de esto.”([3])
Entonces, el Analista Miembro de la Escuela es aquel que ha hecho sus pruebas y de quien la escuela puede garantizar una relación con su formación; pues ha podido testimoniar a partir de su propia cura y de ese momento de pase a psicoanalista.  Es decir, habría ofrecido un testimonio de que han ocurrido operaciones que Lacan ubicó en el fin de análisis: barramiento del Otro, asunción de la castración, caída de los ideales, atravesamiento del fantasma, liquidación de la transferencia, destitución subjetiva del analista, reducción del goce, así como la emergencia del deseo del analista.
Este procedimiento comenzó a ejercerse en octubre de 1969, tras una primera reunión de los pasadores convocada por Lacan.  En el año 1972, durante su seminario “O Peor. El saber del analista” dirá
El pase -siempre es Scilicet, por donde anda eso, resulta el lugar indicado-, cuando digo que el pase se malogra, no quiere decir que no se hayan ofrecido a la experiencia del pase.  Como lo aclaré a menudo, esta experiencia del pase es simplemente lo que les propongo a quienes son bastante sacrificados para exponerse a los fines de tener información sobre un punto muy delicado y que consiste en suma en que, lo que se afirma de modo más seguro, es que resulta totalmente a-normal (objeto a normal) que alguien que hace un psicoanálisis quiera ser psicoanalista.  Ahí hace falta verdaderamente una especie de aberración que vale, que valía la pena que fuera ofrecida a todo cuanto podíamos reunir, como testimonio.  Indudablemente por eso es que instituí provisoriamente este intento de recolección para saber por qué alguien, que sabe lo que es el psicoanálisis pro su didáctico, puede todavía querer ser analista. ([4])
Lacan plantea aquí que el dispositivo del pase es algo que instituyó provisoriamente como un intento de recolección para saber por qué alguien que sabe lo que es el psicoanálisis, podría todavía querer ser psicoanalista. En este sentido parece que hay un error común al pensar al pase como una condición para ser psicoanalista, y no como una opción “para quienes son bastante sacrificados” para ofrecerse a testimoniar esta experiencia.
  En 1973, Lacan hace una evaluación del pase en un texto publicado con el título “Sobre la experiencia del pase”.  Sitúa al pase como la experiencia que le permite “a alguien que piensa que puede ser analista, a alguien que se autoriza él mismo a ello, o que está a punto de hacerlo, dar a conocer qué fue lo que lo decidió a introducirse en un discurso del cual pienso que por cierto no es fácil ser el soporte”([5]).
En 1974, en el Seminario XXI, “Los incautos no yerran” hace referencia a la necesidad de algunos otros para la autorización del analista. La fórmula que había expresado “el analista se autoriza sólo de él mismo” queda ahora ampliada. Aún cuando encontramos aquí la famosa adición de que “al autorizarse sólo por sí mismo él no puede con ello sino autorizarse también por otros” ([6]), desde el planteamiento del pase ya quedaba figurada, al hacer este testimonio ante un jurado o incluso podríamos decir, desde el dispositivo de la supervisión, podíamos ya ubicar esa función del tercero necesaria para la formación del analista.
  En abril de 1978, durante las Jornadas de Deauville, especialmente dedicadas al examen de los resultados del pase, Lacan admitirá su “fracaso completo”:
La única cosa importante es el pasante, y el pasante, es la pregunta que me hago, a saber: ¿qué puede pasarle por la cabeza a alguien para que se autorice a ser analista? He querido conocer testimonios, por supuesto no he recibido ninguno acerca de cómo ocurría. Este pase es, por supuesto, un fracaso completo. ([7])
No resulta del todo claro a qué se refiere lacan con este fracaso completo. SI no ha conocido testimonios sobre el pase, no se comprende cómo es que algunos pasantes fueron nombrados Analista de Escuela, cuando Lacan mismo formaba parte de los jurados de confirmación que los nombraba. La otra posibilidad es que estos testimonios no hayan sido satisfactorios para Lacan. De cualquier modo, Lacan no interrumpió el procedimiento del pase aún después de esta declaración e incluso no lo interrumpe en la Disolución que hace de la Escuela al final de su vida.
El pase se sigue practicando en distintos lugares del mundo, habría ahora que preguntarse si este dispositivo no ha tenido consecuencias como las que Lacan criticó, haciendo de esta experiencia un nuevo criterio de normativización universalizante que se asemejaría más a los criterios de la Asociación Psicoanalítica Internacional y que de alguna manera contrarían la afirmación de que el analista se autoriza en sí mismo.  La formación del analista sólo puede encontrar respuesta a partir del cuestionamiento por el deseo del analista, apoyada en la particularidad de cada analista en formación.  Además de lo anterior, el dispositivo del pase corre los riesgos que en cualquier institución se presentan; es decir, el de reproducir jerarquías (a partir de nominaciones), de obedecer a intereses institucionales más que éticos.
El segundo aspecto a considerar en la formación del analista es el control o la supervisión en donde se involucran en un mismo espacio el analista en formación, el paciente que este analista escucha y aquel, más experimentado que supervisa o controla.  En alemán, el término que eligió Freud fue el de “Control” (Kontrollanalyse). Con la injerencia de la Asociación psicoanalítica de Estados Unidos, la palabra “control” fue desplazada por el término anglosajón “supervisión”. Ambos términos parecer tener estas connotaciones de “inspección”, “mirada desde la jerarquía”, ambos conceptos tienen las connotaciones de persecución y de horizontalidad pero aún no se ha propuesto otra palabra para nombrar este dispositivo que logre perder estos sentidos.
  La supervisión queda instalada en un lugar diferenciado de los otros dos componentes del llamado “trípode formativo”, y mantiene con ellos relaciones. Si bien, podemos partir de que el análisis personal es el eje que puede habilitar a alguien para ejercer el psicoanálisis, también resulta evidente que a esa experiencia de lo inconsciente, se debe agregar un “saber-hacer” que sólo se puede adquirir en la práctica misma como analista.
Lacan, en 1953, en “Función y campo de la palabra y del lenguaje”, hace una analogía en la que el controlado presenta el discurso del sujeto no tratando simplemente de repetirlo, sino como “refractario” a tal discurso.  El analista que controla puede así “leer la partitura” aportada y manifestar una “segunda visión” ([8]).
  Cuando Lacan afirma “El analista sólo se autoriza en sí mismo y en algunos otros” está hablando de cierta necesidad de un tercero.  En el control o supervisión, no se trata de que el analista más experimentado dirija la cura en lugar del analista joven ni mucho menos que legitime la posición del analista en formación, sino de permitir a éste elaborar su comprensión de los movimientos de la cura o dicho de otra manera, se trataría de que pensaran juntos lo que el analista está haciendo en cada análisis singular y único.
Philippe Julien dice que si el análisis de control es una “superaudición”, no es porque el analista audite lo que el analista controlado dice haber escuchando del analizante; es que el analista que controla da a entender lo que en el après coup el analista controlado le dice en voz alta, descifrando lo que ha escuchado detrás de lo dicho de su analizante.  “La superaudición es lo escuchado de lo leído de lo escuchado” ([9]).
La supervisión entonces, sería un espacio para hablar de un caso en relación a sí mismo, o para hablar de sí mismo, en relación de un caso, siendo siempre así pues si se excluyera alguno de estos elementos se podría caer, en el primer caso, en un discurso universitario, y en el segundo, en un análisis.
  Sabemos que Lacan en la Escuela también deslindó a la práctica de control o supervisión de una obligación, dejó de ser una práctica regulada por una frecuencia específica, por supervisores autorizados, etc. y la ubicó del lado del deseo del analista en formación. Dejó de ser un control obligado y se convirtió entonces en un control necesario. El primero responde la demanda del Otro, institucional; el segundo, responde al deseo de aquél que lo solicita.
Ahora bien, ¿qué se supervisa o controla?, ¿cómo se presenta el material de un caso?, ¿el analista de control escucha desde la atención flotante?, ¿qué diferencias o semejanzas guarda respecto al análisis propiamente dicho? El supervisado relata, pero no propiamente siguiendo la regla de la asociación libre.  Sin embargo, este espacio también se da bajo transferencia.  Además, el discurso del supervisado también tendrá rupturas en la continuidad de su narración, habrá lapsus lingue, olvidos que podrán también posibilitar la emergencia de otras articulaciones tanto del mismo analista en formación como del caso que está trabajando.
La supervisión o el análisis de control entonces es un espacio para hablar de un caso en relación a sí mismo, o para hablar de sí mismo, en relación a un caso, siendo siempre así pues si se excluyera alguno de estos elementos se podría caer, en el primer caso, en un discurso universitario, y en el segundo, en un análisis. Igual que el análisis, la supervisión tiene una duración limitada, puesto que tendería a volverse imprescindible al paso del tiempo.
  Además del análisis personal y el control, existe el estudio de la teoría dentro de la trípode formativa.  Así, la lectura y discusión crítica de la obra de Freud y Lacan siguen siendo la referencia fundamental, sumado a la lectura de otros psicoanalistas y la propia producción teórica que el analista debutante pueda elaborar.  A este respecto dice Freud:
Si algún día se fundara una escuela superior psicoanalítica –cosa que hoy puede sonar fantástica-, debería enseñarse en ella mucho de lo que también se aprende en la facultad de medicina: junto a la psicología de lo profundo, que siempre sería lo esencial, una introducción a la biología, los conocimientos de la vida sexual con la máxima extensión posible, una familiarización con los cuadros clínicos de la psiquiatría.  Pero, por otro lado, la enseñanza analítica abarcaría disciplinas ajenas al médico y con las que él no tiene trato en su actividad: historia de la cultura, mitología, psicología de la religión y ciencia de la literatura.  Sin una buena orientación en estos campos, el analista quedaría inerme frente a gran parte de su material. ([10])
Hemos ya hecho una revisión de lo que implica el psicoanálisis en intención, ahora nos centraremos en ciertos puntos que Lacan aborda en torno al análisis en extensión, a la enseñanza del psicoanálisis.  Lacan critica en “El psicoanálisis y su enseñanza”, texto de 1957, también la forma en la que las instituciones fueron tornando a esta enseñanza una especie de “técnica, que compara con programas de enfermería o de dentistas.
La enseñanza de estos institutos no es más que una enseñanza profesional y, como tal, no muestra en sus programas ni plan ni mira que rebase los sin duda loables de una escuela de dentistas (la referencia ha sido no sólo aceptada sino proferida por los interesados mismos): en la materia sin embargo de que se trata, esto no llega más arriba que la formación del enfermero calificado o de la asistencia social, y quienes introdujeron allí una formación usual y felizmente más elevada por lo menos en Europa, siguen recibiéndola de un origen diferente. ([11])
Lacan entonces plantea una alternativa al tema de la enseñanza haciendo referencia a la cuestión de que lo que se transmite es un estilo. Deja atrás el campo de los universales en cuanto a reglas a seguir a manera de “técnica” única del psicoanálisis. Evidentemente cuando Lacan hace referencia a este estilo, no se refiere a la forma pedagógica del enseñante al evocar un saber teórico, sino a su propio estilo en la clínica que sostiene.
Sumándose a todo lo anterior, este trabajo, el del psicoanalista, no se puede hacer en el aislamiento, lo que nos lleva al otro punto que es el lugar de la institución en la formación del analista, y por otro lado al hecho de que la formación analítica también involucra un aspecto que es el reconocimiento de otros analistas, lo que implica el poder aceptar poner en juego su trabajo clínico ante éstos. El hecho de que diferentes analistas se reúnan obedece a la necesidad de hablar de la experiencia, o de formarse, aunada a la necesidad de reconocimiento o de pertenencia.
  Sin lugar a dudas, un tema central en este sentido es la propuesta de Escuela para Lacan.  Lacan empieza a utilizar el términos Escuela el 21 de junio de 1964, cuando funda la Escuela francesa de Psicoanálisis, que luego se llamará Escuela freudiana de París, E.F.P. que nace como consecuencia de las contingencias de Lacan con la I.P.A. Deja de utilizar los términos “Asociación”, “Instituto”, “Sociedad”, frecuentes para hablar de las instituciones de psicoanálisis e introduce el concepto de Escuela y aclara por qué la elección de este término:
Este término (Escuela) debe ser tomado en el sentido en que antiguamente significaba ciertos lugares de refugio incluso de bases de operación contra lo que podía llamarse malestar en la cultura. Al atenernos al malestar del psicoanálisis, la Escuela entiende dar su campo no solamente a un trabajo de crítica: sino a la apertura del fundamento de la experiencia, al enjuiciamiento del estilo de vida en que desemboca. ([12])
La Escuela se propone como uno de los lugares posibles para la formación del analista y para garantizar esta formación. Sin embargo, no es indispensable ser analista para ser admitido en una Escuela de Psicoanálisis ya que la Escuela podría aprender de profesionales de otras disciplinas. Por otro lado, tampoco es necesario, si se es psicoanalista, estar adherido a una Escuela.
  Hemos ya mencionado cómo desde Freud hasta nuestros días, las distintas propuestas de formación, la institucionalización del psicoanálisis, los desvíos en la forma de tratar de “aprehender” a lo inconsciente mediante fechas, horas, días, programas para conseguir títulos que busquen servir como “garantías” de un sujeto que ahora esté capacitado para escuchar manifestaciones del inconsciente de otros y cobrar por eso, ha generado crisis, estancamiento, esterilidad teórica y clínica y una posición de un analista que está más comprometido con una institución, con un grupo o con un afán de poder,  que con su propio deseo puesto en juego en la clínica.
  Así, retornar a la pregunta por el lugar y función del analista para pensar cómo se llega a ser uno sigue siendo un aspecto insoslayable.  En psicoanálisis es difícil tratar de hacer una tajante separación entre teoría y clínica; pues precisamente la teoría es un efecto de la clínica.  Freud nos lo demostró con toda su obra, que se alejaba de la especulación y era un resultado de su escucha día a día en el consultorio.
De este modo, no se puede dejar de pensar en cómo, con qué herramientas y después de haber seguido qué formación se coloca un analista en ese lugar pues en gran medida de eso dependerá su escucha, su posibilidad de soportar un acto analítico e incluso su posibilidad de hacer una producción teórica a partir de lo que escucha en la clínica.
  En el caso de la formación del analista, sucede lo mismo que en la cura; al igual que no hay cura-tipo, es decir que cada caso llama a una analista a inventar su cura, tampoco hay formación-tipo pues ésta tiene la dimensión del uno y por uno.
  Un analista surge de una combinación de un saber referencial y un saber textual, de un psicoanálisis en intención y en extensión, la formación es un recorrido del análisis personal, lecturas, seminarios, análisis de control que obedece a un tiempo lógico y a la estructura de cada sujeto en formación.
  Si bien, desde la propuesta de Lacan, el análisis llega a su fin, la formación del analista es interminable.  No parece posible pensar que hay una formación hecha de una vez y para siempre, pues la formación del analista se corrobora en cada momento que sostiene su función, su lugar y cada vez que soporta el acto analítico.


  ([1]) Lacan, Jacques.  “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista en la escuela” en Varios Autores, Momentos Cruciales de la Experiencia analítica, Bs.As, Manantial, 1991, p. 7.  Esta es la versión traducida de la versión escrita y publicada en el primer número de la revista Scilicet (Ed. Du Seiuil, 1969).
  ([2]) Freud, Sigmund “¿Debe enseñarse el Psicoanálisis en la Universidad?” (1919) en Obras Completas, Bs. As., Amorrortu Editores, 1994, t. XVII, p. 169.
([3]) Lacan, Jacques.  “Proposición del 9 de octubre de 1967” en Ornicar? No. 1., Publicación periódica del Campo Freudiano, Barcelona, Petrel, 1981.
  ([4]) Lacan, Jacques. “O peor.  El saber del psicoanalista, El Seminario. Libro XIX, seminario inédito, Clase 7 del 1º de junio de 1972. La versión corresponde a Ricardo E. Rodríguez Ponte realizada para la Escuela Freudiana de Buenos Aires.
([5]) Lacan, Jacques. “Sobre el pase” En Ornicar? No 1. Publicación periódica del Campo Freudiano, Barcelona, 1981, p. 33
([6]) Lacan, Jacques. “Los incautos no yerran (los Nombres del Padre)”, El Seminario. Libro XXI, Seminario Inédito, clase 11 del 9 de abril de 1974.  La traducción es de Irene M. Agoff de Ramos y la revisión técnica es de Evaristo Ramos. Versión completa de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.
([7]) Lacan, Jacques. “Clôture des Assises sur la passe, enero de 1978, Lettres de l´Ecole, no.23, citado por Eric Porge, Jacques Lacan, un psicoanalista. Recorrido de una enseñanza, Madrid, Síntesis, 2000, p. 309.
([8]) Lacan, Jacques.  “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis” en Escritos 1, Siglo Veintiuno editores, Madrid, 1999. pág. 243.
([9]) Safouan, Moustapha; Julien, Philippe y Hoffman, Christian.  Malestar en el psicoanálisis.  El tercero en la institución y el análisis de control.  Bs. As., Nueva Visión.  1997. Pág. 63.
  ([10]) Freud, Sigmund  ¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis? (1926) en Obras Completas, Tomo XX, Bs. As., Amorrortu Editores, 1994. Pág. 230.
  ([11]) Lacan, Jacques. “El psicoanálisis y su enseñanza” en Escritos 1, Bs.As., Siglo XXI, 1991, p. 438.
([12]) Lacan, Jacques. “Acta de fundación. 21 de junio de 1964” en Varios Autores, La Escuela. Textos institucionales de Jacques Lacan, Bs. As., Manantial, 1989, p. 15.




 
REVISTA  PSIQUE Y SOCIEDAD
  ISSN 2011-8511
Revista Electrónica del Campo Psi y Social 
Revista Electrónica del Campo Psi y Social 
Psique y Sociedad. Revista del Campo Psi y Social. En línea desde 2007. Aparece una vez al semestre" Suscripción gratuita
Todos los artículos y recursos de este sitio tienen sus respectivos derechos reservados (prohibida su reproducción sin la        autorización de Psique y Sociedad)

Copyright © 2007/ 2010        Dir.: Jairo Gallo Acosta
jairogallo75@yahoo.com.ar
Bogotá - Colombia

SUMARIOS                                                                        
CONTACTOS                                                                          
VINCULOS                                                                            
COMITES                                           
COLABORADORES                                          
PRINCIPAL