DE FREUD A LACAN (1)
Jairo Báez (2)
Una teoría, por más depurada que sea, no deja de ser más que un dato autobiográfico bien relatado.
Parafraseando a Paul Valéry
RESUMEN
El inconsciente no es simplemente un comodín para la explicación de algunos aconteceres humanos; si el inconsciente tiene su lugar en el psiquismo humano, es por ser su fundamento mismo. Partiendo del testimonio, como única posibilidad de decir que queda al sujeto, se quiere mostrar que el inconsciente ha hecho su oficio mucho antes de que emerja el enunciado y el sentido en la cadena significante. El asunto aquí, versa sobre la ubicación del inconsciente en Uno, más allá de la búsqueda en otro. Algo permite hacer lazo social con Lacan, el Nombre del Padre (Freud).
Palabras claves: inconsciente, psicoanálisis, enseñanza, saber, transferencia.
Se me ha pedido que informe sobre la imagen que he ocasionado en unos pequeños otros y que ha sido entendida como un hecho de que he mutado del freudismo al lacanismo. Que tenga referencias de ello, una es ubicable en el CINDE, otra en la UNIVERSIDAD SAN BUENAVENTURA y otra más en la FUNDACIÓN UNIVERSITARIA LOS LIBERTADORES. Estas palabras van dirigidas expresamente a la persona que me invitó a este encuentro y en extensión a todos ustedes.
De los tiempos en que tomé por primera vez la Autobiografía de Freud, año 1986, a los octubre de 2009, una preocupación ha sido constante: entender lo humano. Más que un deseo de intervenir en la humanización, lo que me sacó de la mecánica industrial, como profesional calificado, fue la curiosidad de saber sobre lo humano. Eso lo encontraba cada vez que abordaba un texto más de los escritos por Freud. Aun resuenan las palabras con las que me defendí al cambiar de profesión, así tal vez hoy no las avale demasiado: la máquina pasa, el hombre queda.
El estudio de Freud lo tomé a título personal; más allá de las asignaturas que pudimos tener en la Universidad Nacional, Freud fue mi directo Maestro; escuchar las lecciones de mis profesores no pasaron más de ser referentes que me aportaban al entendimiento de las enseñanzas que me daba Freud en cada una de sus obras. Alguien captó mi trato con los textos freudianos, e interpretó que mi gusto por aprender directamente de los libros señalaba mis deseo de evitar la transferencia (esa alguien no era psicoanalista pero gustaba del psicoanálisis).
Freud no solamente me enseñó psicoanálisis, Freud me enseñó economía, filosofía, política, literatura, poesía, neurología, arqueología, psicología, etc. Freud daba respuesta, si no a todos, a muchos de mis interrogantes intelectuales; cuando no los tenía me remitía a los intelectuales que me podrían dar visos de respuesta a lo que yo me preguntaba. Por Freud conocí a Nietzsche, Goethe, Frazer, Le Bon, Charcot, Bernheim y muchos más; con Freud surgió me mi aprecio por los griegos y las culturas milenarias. Esa alguien de marras había hecho una interpretación en contravía, pues el amor en transferencia con Freud alimentaba mi deseo de saber. Goethe ya lo había sentenciado a su modo: el hombre sólo aprende de quien ama.
El trabajo monográfico (3) de pre-grado es una muestra del deseo por el psicoanálisis freudiano; cuando todos, asesores y jurados, se empecinaban a que tenía que ampliar mis referentes teóricos a Lacan para explicar la danza; mis intereses eran hacer que Freud respondiera a una pregunta importante para mí en el momento (por ese tiempo, como integrante de un grupo de danza folklórica, me encontraba con mi cuerpo, por ese tiempo me encontraba con el cuerpo de una(s) mujer). Los textos deberían ser entes vivos capaces de responder preguntas futuras. Mi intención monográfica, no trataba de la verdad que pueda actualizarse con los tiempos; mi intención era la verdad que pueda mantenerse a pesar de los tiempos cambiantes; un texto fuerte debe mantenerse incólume ante los avatares cronológicos.
Los profesores hicieron lo posible para que odiara a Lacan queriendo que lo amara a la fuerza. Los profesores, al decirse científicos, olvidamos que el encuentro con un autor no es cuestión de conocimiento sino cuestión de amor. ¿Qué hace que un psicólogo escoja un determinado enfoque cuando es imposible dirimirlo por el lado de las pruebas de la verdad? Todos los enfoques tienen pruebas de que aquello que postulan es verdad. Bien sería para el profesor repensar, en el trato con el estudiante, lo que señalaba Picasso: No buscar, encontrar (4).
Con el trascurrir de los tiempos se dio el encuentro con Lacan, fueron casi quince años, contados desde el momento de oír de Lacan y el encuentro con Lacan. El encuentro se dio en la Maestría, donde la idea nunca fue contrastar si Lacan superaba a Freud, sino visualizar los aportes que cada uno de ellos hacía al psicoanálisis. Lacan tomó las banderas del freudismo; bien sabida es la arenga de Lacan a su auditorio: si ustedes quieren ser lacanianos es su problema, yo me conformo con ser freudiano (5). Lacan duda que todo lo que se dice es psicoanálisis, sea psicoanálisis, y de allí que no vea otro camino que volver a Freud, a los textos de Freud 6). Inconscientemente, la identificación con Lacan ya explicita estaba en el mismo momento que rehusé meter cualquier texto que no fuera freudiano en mi monografía de grado. Si se quiere, ya era lacaniano quince años antes del encuentro con Lacan; si se quiere, lo que me une con Lacan es el deseo de ser freudiano y el deseo por el saber psicoanalítico.
La lectura que Lacan hace de Freud, contrario de lo soterrada que pueda parecer al lego, es esclarecedora del psicoanálisis. La contundencia del análisis de caso, aplicado al saber psicoanalítico, es el aporte de Lacan a la causa freudiana. Nada de lo evidente es verdadero, todo lo que se diga ser psicoanalítico debe ser objeto de sospecha y pasado por el filtro de la comprensión y el entendimiento en el saber freudiano; y toda comprensión y entendimiento del saber freudiano debe a su vez ser objeto de sospecha, incluso hasta el mismo Freud. Lacan devela que Freud no dijo todo sobre el psicoanálisis (7); pero, igualmente, que dijo mucho del psicoanálisis sin saber siquiera que lo dijo (8); aún más, que Freud dijo cosas que definitivamente no son psicoanálisis (9).
Para Lacan, es el trabajo sobre la cosa psicoanalítica en lo real, lo imaginario y lo simbólico, lo que depurará lo que es el psicoanálisis; no se trata de leer textos de psicoanálisis, tampoco hacer cosas que se digan son psicoanálisis, ni mucho menos pertenecer a sociedades que representen los derechos de los que se nombran psicoanalistas; se trata de la conjunción de esas tres dimensiones en uno, que permitan asumir en su rigor una práctica de lo psíquico, que pueda ser llamado psicoanálisis. Así pues, llevado por el inconsciente, encontré algo que no estaba buscando: una imagen especular con la cual logro hacer lazo social. Reflexión que aquellos que nos hacemos llamar psicólogos deberíamos hacer en tanto decimos amar y ser críticos con nuestro saber.
Con Lacan, el campo de trabajo que abriera Freud continúa, el celo por la verdad de lo humano se mantiene. Mientras muchos otros saberes, incluido la ciencia misma, renunciaron al encuentro con la verdad y decidieron concertar en la verdad, el psicoanálisis que se hereda de Freud, vía Lacan, insiste en la verdad, y se da el lugar de un saber más. Lacan supo enrostrar que si el asunto humano es el asunto de la verdad, el primer cuestionado ha de ser el método; Lacan sabe dar cuenta de las falencias del método científico así como en su tiempo Freud lo hizo con las falencias de la religión. Cuando con Freud le aposté a la verdad que podría encontrar en la ciencia, y renunciar a la religión, con Lacan se me clarifica que en la ciencia no encontraría la verdad, por su fundada certeza en el saber imaginario. Por tal, la apuesta ha de ser al psicoanálisis en tanto otro saber que pretende dar cuenta de lo problemático de lo humano.
Problema eterno humano, buscar una verdad para solazarse en ella; solución que rescata el psicoanálisis, encontrar una verdad así sea una tragedia. El problema del ser humano es buscar lo que nunca tendrá; la solución, encontrar lo que se siempre se ha tenido. Así, podría responder a aquellos que me ven cambiado: no se dejen llevar por el imaginario, en el inconsciente soy el mismo, el que no busca, el encuentra.
Notas
1. Documento leído el 14 de octubre de 2009 en la V Jornada Multimodal de Psicología, organizada por los estudiantes de la Facultad de Psicología de la Fundación Universitaria Los Libertadores, a propósito de la invitación para explicar por qué ahora se me imagina lacaniano cuando de antaño se me reconocía como el último freudiano.
2. Psicólogo, Magister en Psicoanálisis. Docente de la Facultad de Psicología de la Fundación Universitaria Los Libertadores.
3. El texto en cuestión puede ser consultado en www.gratisweb.com/jairobaez/danza.htm
4. Referencia tomada de Lacan, J. El seminario 6. El deseo y su interpretación. Clase 7. 7 de enero de 1957. Buenos Aires. Escuela Freudiana de Buenos Aires.
5. Lacan, J. El seminario 27. La disolución. Clase 7. 12 de Julio de 1980. Buenos Aires. Escuela Freudiana de Buenos Aires.
6. Lacan, J. (2000). El seminario 1. Los escritos técnicos de Freud. Clase 2. Buenos Aires. Paidós
7. Lacan, J. (2000). El Seminario 20. Aún. Clase 9. Buenos Aires. Paidós
8. Lacan, J. (2000). El Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales. Clase 4. Buenos Aires. Paidós
9. Lacan, J. (2000). El Seminario 5. Las formaciones del inconsciente. Clase 19. Buenos Aires. Paidós; Lacan, J. (2000). El Seminario 8. La transferencia. Clase 16. Buenos Aires. Paidós.
Referencias Bibliográficas
Báez, J; Rodríguez, R. La danza: una visión desde el psicoanálisis. Monografía de grado. Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Psicología. Bogotá. Disponible en www.gratisweb.com/jairobaez/danza.htm
Lacan, J. (2000). El seminario 1. Los escritos técnicos de Freud. Clase 2. Buenos Aires. Paidós
Lacan, J. (2000). El Seminario 5. Las formaciones del inconsciente. Clase 19. Buenos Aires. Paidós
Lacan, J. El seminario 6. El deseo y su interpretación. Clase 7. 7 de enero de 1957. Buenos Aires. Escuela Freudiana de Buenos Aires.
Lacan, J. (2000). El Seminario 8. La transferencia. Clase 16. Buenos Aires. Paidós.
Lacan, J. (2000). El Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales. Clase 4. Buenos Aires. Paidós
Lacan, J. (2000). El Seminario 20. Aún. Clase 9. Buenos Aires. Paidós
Lacan, J. El seminario 27. La disolución. Clase 7. 12 de Julio de 1980. Buenos Aires. Escuela Freudiana de Buenos Aires.