Como Freud llega a preguntarse ¿Qué quiere una mujer?
Andrea Báez Gallardo
Al invocar la pregunta irresuelta de Freud busco repasar las articulaciones de sus planteamientos para precisar en que punto la mirada del padre del psicoanálisis se quedó corta. Dado el tema que convoca el presente numero de esta publicación divulgativa, haré una sucinta revisión de los postulados psicoanalíticos freudiano que dicen relación con la mujer, apuntando a un público no necesariamente familiarizado con esta corriente de pensamiento, por lo que serán articulados sin ahondar excesivamente.
Cabe mencionar que el que se dedique una revista entera a La Mujer muestra claramente que en actualidad aún existe la necesidad de intentar decir algo acerca de ella. De igual manera la senda que fulguró Freud al dejar en suspenso la pregunta: ¿cual es el deseo de la mujer?, fue retomada por Jacques Lacan
[*] consiguiendo la radicalización que el apotegma
[†]: “La mujer no existe” reduce. A pesar de ser más contemporáneo, Lacan es un paso lógico posterior a Freud y amerita un artículo a parte para cumplir el recorrido de sus razonamientos y elaboraciones y así entender dicho axioma. En el presente escrito se revisará entonces sólo la cuestión freudiana.
Sigmund Freud formuló los conceptos fundamentales que sustentan el armatoste teórico psicoanalítico. Abrió así paso en la cultura occidental a la idea revolucionaria por la cual el ser humano está lejos de ser el ente racional de la Ilustración, sino que asoma en él una instancia que ignora y sin embargo es determinante en sus actos y elecciones; es la idea de lo Inconsciente y desde que Freud la usara para su explicación del fenómeno subjetivo, asume un estatuto privilegiado en esta disciplina separándose de las concepciones por las cuales sería una facultad secundaria y de menor relevancia respecto de la razón o conciencia.
En su texto inaugural “La interpretación de los sueños”
[1], Freud consigue demostrar que el producto onírico es resultado del trabajo de lo Inconsciente, que recogiendo restos de las percepciones de la vida vigíl, mezclados con las marcas imborrables de la infancia y estimulado por la pulsión elabora un sueño sólo en apariencia incomprensible. Construye la noción de huella mnémica como el elemento básico de este aparato psíquico; es como un hilo de magma que produce una incisión indeleble en el sistema, fundando la posibilidad de la memoria, y constituyéndose como las boyas que se ligaran en un entramado de asociaciones de las cuales los sueños y dichos de cada cual son el resultado.
A lo largo de este texto usa múltiples ejemplos de sueños suyos como también de sus pacientes, para mostrar como gracias a todas las ocurrencias posteriores, era posible desentrañar el significado cifrado de las imágenes oníricas. Es a través del uso de su regla técnica central, la asociación libre, que se entera que los sueños no eran un azar ni el enloquecimiento de neurotransmisores -en palabras de hoy-, sino que el resultado del confluir de ideas inconscientes, del traspaso de energía psíquica entre las varias huellas mnémicas hasta atrapar algún contenido pasible de ser soñado, como también que la interpretación desandaba el camino de sobredeterminaciones que influyeron en la formación del sueño para alcanzar los contenidos inconscientes reprimidos.
Así describe el aparato psíquico como aquel sitio inubicable fisiológicamente en algún punto del sistema nervioso, que se ordena secuencialmente desde un polo perceptivo, al cual confluye lo ambiental, le sigue el sistema inconsciente que sólo por medio de la venía de la instancia del pre-consciente consigue expresión en lo consciente, en los actos, o síntomas llevados a cabo por lo motor, siendo éste el otro extremo del aparato. Gracias a la deformación impuesta por la instancia censuradora pre-consciente hay resistencia al develamiento de lo que realmente está en juego. Las manifestaciones de lo Inconsciente van más allá de los sueños siendo estas: los chistes, los actos fallidos, los
lapsus linguae -o como se les llama en teatro, los furcios- , y sin duda los síntomas. El psiquismo humano se define por estar afectado por este
Otro escenario[‡] que se puede advertir e investigar en los antes mentados fenómenos. Dado que el acceso al Inconsciente es limitado por la censura pre-consciente todo lo que de ahí aparece, requiere del trabajo analítico para la interpretación del significado inconsciente.
Como era de entender por este aparato corre cierta energía, que por su campo de acción podemos nombrar como psíquica, y que Freud llama trieb. Ya desde la traducción de la palabra alemana, comienzan las complicaciones, dado que la primera traducción fue “instinto”, idea demasiado connotada desde lo orgánico como para dar cuenta de las particularidades de la energía psíquica que anima al psiquismo. Es uno de los conceptos más difíciles de precisar dado que es una energía no mensurable como las del campo biológico aunque Freud no pudo evadir su deducción de las consecuencias que en su clínica constataba; pero sobretodo dado que mantiene un grado de particularidad inherente a cada sujeto que imposibilita la formulación de un universal que describa una única vía de proceder de esta energía. En otros términos se aparta de la concepción de instinto en su raíz, porque éste es un patrón predeterminado de comportamiento que permite clasificar a los individuos de una especie, mientras que ella se caracteriza por la multiplicidad de posibilidades de ser satisfecha. Es así que en una traducción más acertada se denominó la energía psíquica como Pulsión, quedando así presentado el segundo concepto fundamental que edifica el Psicoanálisis.
En el primer texto sobre la pulsión Freud nos introduce en ella, avisándonos que como todos los conceptos fundamentales científicos “
experimentan una perpetua modificación del contenido”
[2]. (Es decir ya preveía que sería superado por otros avances). A estas alturas, 1915, Freud la concibe como lo que incita a lo psíquico, pero no desde lo ajeno al organismo, como el ambiente circundante, sino que es en el cuerpo mismo que late íntimamente. Y además nunca deja de hacerlo o dicho freudianamente, es una fuerza constante, que no acaba nunca de pulsar. Por los dos aspectos anteriores no se puede arrancar como se lo haría de una cualquier estimulación externa. La dificultad de la pulsión es que es “
un concepto límite entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del cuerpo, que arriban al alma, y como una magnitud de la exigencia de trabajo impuesta a lo anímico a consecuencia de su conexión con lo somático”
[3], entonces ésta somete al sujeto a formular un modo de satisfacerla que concilie estas dos dimensiones, siendo el modo lo que asume en lo humano una variedad enorme.
Entendía como buen hijo del tiempo de la revolución industrial por ende mecanicista, que de esta fuerza se tenía noticia cuando aumentaba la cantidad de excitación en el aparato psíquico y que mediante la evacuación de ese exceso permitía al aparato descansar de la tensión, otorgándole la satisfacción.
Dichas estas condiciones generales detalla sus cuatro características. La primera alude a que cada pulsión requiere de un montante de esfuerzo para que el alivio ocurra mediante descarga de la excesiva tensión, llama a esto el Drang, es decir la perentoriedad o el empuje de la fuerza. Dirá que toda pulsión tiene como Fin la satisfacción, es decir que la búsqueda del alivio del aparato psíquico sobre-estimulado es el objetivo de su accionar. El punto crucial es que la satisfacción se consigue de manera distintas entre sujetos, además a lo largo de la historia de cada cual se logra por vías diferentes. La tercera característica dice relación con el Objeto, o cosa, gracias al cual se logra la satisfacción; es lo más variable que tiene la pulsión, y reconoce la posibilidad de usar alguna parte del propio cuerpo como objeto de la pulsión. La sustitución perpetua del objeto pulsional es lo que a mi entender revela la mayor distancia con la concepción del instinto sexual animal que en cambio tiene prederteminado el objeto con el cual acoplarse. En fin su última característica es la fuente, es decir la sección de cuerpo involucrada en la emanación de la energía.
Según Freud habría dos vertientes diferentes, distinguiendo así las pulsiones sexuales de las pulsiones de conservación. Las primeras son las que mejor conoce a partir de sus investigaciones clínicas y cuya noción perduró en el avance de la investigación analítica. En efecto las pulsiones de conservación le eran menos aprehensibles y en su modelo teórico daban cuenta de la energía orientada a la mantención del individuo. Sin embargo afirma aquí que la pulsión sexual se distancia de los afanes procreadores de todo ser viviente, ya que en un primer momento surgen éstas buscando “
la consecución del placer del organo”
[4], es decir se manifiestan con cierto grado de exclusión del otro, o el designado autoerotismo, y solo luego la pulsión sexual podría coincidir con el ejercicio de la mantención de la especie en el acto procreador. Esto es claramente una divergencia notoria con la noción de que la sexualidad es el medio para generar perdurabilidad a la especie humana, nos dice en verdad que este es no es un fin último, ni necesario ni suficiente, para que el sujeto transite por los atolladeros de la sexualidad.
Esta sinopsis de una parte de la concepción freudiana permite esbozar la cuestión del como Freud articula una explicación acerca de las manifestaciones humanas ya sean en el hombre como en la mujeres dado que ambos viven y padecen los efectos de lo Inconsciente y de la Pulsión. Sin embargo la diferencia entre los sexos en Freud está lejos de ser una condición a obviar, o como se ha defendido políticamente, una discriminación que desde lo legal debe desaparecer por que ante la ley “somos todos iguales”. Estas perspectivas son ajenas a la psicoanalítica en vista que ésta última toma en cuenta que la diferencia sexuales anatómica es ineludible y demuestra que tiene consecuencia para el psiquismo humano. La mirada freudiana sobre la sexualidad finalmente integra nociones novedosas como la sexualidad infantil, inocula el problema entre lo innato y lo adquirido en el como cada uno asume su rol sexual en lo social, y en fin se detiene en la cuestión de la feminidad sin poder perfilarla a cabalidad. Ya veremos por que.
El trabajo freudiano en “Tres ensayos para una teoría sexual” es mostrar y razonar sobre la sexualidad humana. Constata que es un campo en que la manifestación de un patrón único de objeto y de comportamiento erótico no existe, sino que todo lo contrario: la variabilidad de las versiones de la satisfacción sexual se hace patente. Entonces se perfila una distancia entre la dimensión biológica y la psíquica, palpable en lo clínico como también en la observación de la vida infantil, con lo cual se puede desprender que para Freud la constitución orgánica no es garantía de que la elección de objeto sea heterosexual ni haya gracias a ella la determinación de un conducirse masculino o femenino al modo de la determinación genética.
Comienza esta obra, revisando el fenómeno por el cual un sujeto escoge un objeto de su mismo género para la satisfacción de la pulsión sexual, denomina a esto: la
inversión[§]. Frente a la cuestión de si es un comportamiento innato o adquirido, resuelve el impasse no abanderizándose con lo exclusivamente biológico, (a pesar de su formación como medico) sino que forja el concepto de
disposición bisexual[5]. Con esta idea Freud establece que desde el inicio coexisten en el psíquismo de ambos sexos, tendencias ya sea masculinas que femeninas y esta disposición – cuya proporción es siempre singular- ofrece el punto de partida desde donde el avatar de las propias circunstancias marcarán las vías que dirijan a cada cual al elegir ciertos objetos sexuales en vez de otros
[**].
En el segundo ensayo: “La sexualidad infantil”
[6] inaugura la argumentación señalando que el no recordar, sino sólo retazos, de la primera infancia es evidencia de que la represión
[††] ha sustraído la pulsión asociada a las huellas mnémicas de la activa vida infantil, que por haber acaecido tuvieron que ser reprimidas. Por otra parte revela que el mal supuesto inocente infante, desde sus primeros años se muestra como librado a la consecución del placer pulsional a toda costa, sin limitaciones ni aun diferenciación de partes corporales, lo cual se manifiesta en la dedicación entusiasta al succionarse el pulgar como en la elección del propio cuerpo para la satisfacción pulsional. Nos plantea que el origen del descubrimiento de que nuestro cuerpo puede ser fuente de placer, está fundado en la experiencia del amamantamiento, durante el cual se estimula el orificio bucal, aliviando la tensión general por el hambre, pero también generando la excitación sexual de ese fragmento de cuerpo. No obstante esto, las necesidades biológicas están solo en un inicio entramadas a las pulsiones sexuales, cumpliéndose luego una fractura irrevocable de la cual resulta que la pulsión sexual se satisfará con lo que pueda ocupar el lugar de esa huella inconsciente que representa el trocito de cuerpo estimulado anteriormente; a modo de ejemplo, a posteriori hasta una tapa de un lápiz puede sustituir en la edad escolar ese pezón perdido.
La intensa actividad de investigación a la cual se abocan los infantes, que Freud pensaba esta causada por la curiosidad sobre cual era la proveniencia de los niños, presenta como premisa -deducible de los tiempos posteriores-, que en ambos sexos existe la creencia primitiva de que entre mujeres y hombres no hay diferencias anatómicas en lo genital. En efecto es al constatar que la diferencia anatómica es real, que se producen las marcas inconscientes por la perdida de la ilusión “
que todas las personas poseen un órgano genital exacto al suyo”
[7].
Las consecuencias en lo psíquico de este descubrimiento para el niño versus la misma situación en la niña serán el tema a dilucidar mediante la referencia al Complejo de Edipo. Freud elabora este mito personal para poder articular y dar cuenta de la sexualidad humana como fundamentalmente problemática, como un campo donde la regulación no es debida solamente a las hormonas; además gracias al Edipo logra fundamentar cuales son las vías por las cuales el sujeto humano se haciendo un sujeto de la cultura es decir marcado por cierta Ley que lo ordene.
En su obra fundacional acerca del sueño de 1900 es en el primer lugar donde de la interpretación del Edipo de Sófocles, extrae la cuestión de la rivalidad con el padre y el deseo inconsciente de asesinarlo por arrebatarle el amor de la madre. A lo largo de los años continuó desarrollándolo hasta conseguir situar al Complejo de Edipo como la operación crucial e ineludible que justifica en cada uno su particular versión de ser hombre y de ser mujer. Es un mito con consecuencias en lo inconsciente, (sin duda era una época en que la función paterna era, por decir lo menos, diferentemente ejercida).
Recorramos nuevamente la lógica de las aseveraciones freudianas acerca de Complejo de Edipo
[8]. El antecedente lógico del hito estructurante edípico, es el periodo en que la madre desempeñaba su función de cuidadora maniobrando sobre el cuerpo de su hijo/a, limpiándolo y sobretodo nutriéndolo; gracias a esto el cuerpo insuficientemente desarrollado del infante como para bastarse por si sólo, se prende a la estimulación que desde lo corporal incita a lo psíquico en su dimensión sexual. Así el recién nacido sabe del alivio de la grandes presiones orgánicas gracias a ella, que con saciarle el hambre consigue establecer el modelo de todas las satisfacciones venideras: por el auxilio de este agente externo (sea la madre real o quien por ella) se desagua la tensión concitada por el aumento de energía -es lo que Freud llama “
la experiencia de satisfacción”
[9]-, y después de la madre tendrán que concurrir objetos distintos pero equivalentes, para aplacar los siempre resucitados apremios psíquicos; como antes decía, el amamantamiento repercute en la zona erógena oral la cual es investida por la pulsión sexual. Aún está muy de la mano con la energía que concitan las necesidades biológicas, pero eso no ha de quedar así por mucho tiempo. Sin embargo lo anterior, constituirá la base del sentimiento amoroso que el niño como también la niña viven para con su madre. Es a raíz de esto que Freud asevera tajantemente que para ambos sexos el primer objeto de amor es la madre.
Entonces la pregunta lógica es ¿Cómo, si de ambos sexos se parte “enamorados” de la madre abandonándola como objeto amoroso, se puede llegar a la gran diversidad de elecciones de objetos amorosos de la adultez?
Desde el ángulo energético Freud describe la etapa fálica como el momento en que luego de la excitación de lo oral, la pulsión sigue sus desarrollos movilizándose hacia los genitales que cosquilleando con fuerza despiertan la curiosidad y exploración, además que en virtud de manipulaciones varias consiguen restablecer la experiencia de satisfacción, a saber, otorgar placer al sujeto infantil en lo erótico. Ya anteriormente decía que es el tiempo en que la diferencia sexual anatómica es ignorada para ambos sexos.
En el caso masculino la masturbación se instala claramente en su órgano peniano, que por la intervención adulta viene cohibida por los reproches y las intimidaciones de los cuidadores, produciendo así las primeras interdicciones a la vida sexual infantil
[‡‡]. A pesar de ellas, el juego placentero masturbatorio se consigue detener sólo cuando la
Amenaza de Castración, nombre teórico del agente que en la operación edipíca hace retroceder al niño de la elección materna, se hace efectiva. Esto ocurre con el aterrador hallazgo que es el descubrimiento de los genitales femeninos como castrados, en falta, con una ausencia de pene. Sólo luego de esto el niño, cree fehacientemente que tiene algo que perder en la disputa por el amor de la madre. La rivalidad que antes pudo tener con su padre
[§§] por ser claramente un entrometido en su relación con la madre - digámoslo ya: ilusionado con que era el único amor de ella-, pasa a ser reprimida definitivamente, dado que conoce las consecuencias reales de la
Amenaza de Castración, entiende al fin que tiene algo muy preciado que perder si insistiera en la pugna.
Renunciar a ella luego de esto no es sin algo a cambio, en efecto ese sentimiento de rivalidad con el padre se podrá conmutar en idealización -en todos los grados posibles de ésta- por la cual el hijo recortará algún rasgo que inconscientemente haya definido como factor clave en la relación entre sus padres, para hacerlo suyo y así condecorándose con estas insignias viriles paternas, podrá separarse de su primer objeto amoroso, con la promesa que alguna sustituta podrá hallar gracias a portarlas, es decir tener ese algo por el cual se puede ser amado.
Como vemos, el trabajo en el psiquismo masculino respecto al tema de la elección amorosa se reduce a que éste ha de abandonar a la madre en particular, como objeto -merced la
prohibición al incesto, a saber, la Ley que repartirá el campo de los parientes del lado de lo interdicto en el conjunto de los objetos amorosos posibles de elegir
[***]- pero dada la heterosexualidad de la relación primordial, las que la sustituyan mantendrán su mismo sexo.
Para poder justificar la mantención de esta prohibición en la futura conducta erótica, Freud construye la idea del Super-yo. Ésta es la instancia que ejerce la coerción al psiquismo necesaria para el respeto de la Ley Edipica, y que en el hombre es heredera del Complejo de Edipo, es decir es el resto de esa operación por la cual el niño se ha identificado a las insignias del padre, y hecho suya la “
conciencia moral, o (…) sentimiento inconsciente de culpabilidad”
[10] gracias a las que podrá orientarse a un objeto pulsional no incestuoso. Sin duda la instalación de esta instancia es consecuencia de la amenaza de castración que en el hombre opera con fuerza dada la alta valoración del órgano en cuestión.
Para la niña es diametralmente opuesto el trabajo del psiquismo.
Si la Amenaza de Castración para el niño es lo que lo impulsa a someterse a la renuncia del objeto materno como amoroso, para la niña es una intimidación que no tendría que venir a cercenar, en vista que ella desde el principio carece de pene. El aterrador hallazgo de los genitales femeninos como faltantes del miembro predilecto para el niño, se experimenta en la mujer como la amarga constatación que en cuanto a la distribución de dicho órgano ella fue ignorada; se instituye para Freud así el complejo de inferioridad femenino, que le granjeó los odios feministas, pero que en su construcción teórica son plausibles visto el rol protagónico de órgano masculino.
La suposición de la mutilación de pene es la justificación que introduce la niña al Edipo, ya que ésta le carga a su madre la responsabilidad de haberla hecho en falta, por lo que el odio por dicha afrenta asienta la oportunidad de abandonarla como objeto amoroso.
Entonces es la
envidia del pene el eje explicativo del como es que la niña consiente a atravesar el Complejo de Edipo. Dado que en ambos sexos el periodo fálico antecede al edípico, el descubrimiento de la diferencia sexual anatómica según Freud, hace que la niña se perciba inferior en cuanto al hombre y de por terminada la apasionada vida masturbatoria de lo que había sido su equivalente orgánico del pene: el clítoris. Éste es tomado en su justa medida de insuficiente, y olvidado como fuente de placer, lo cual le hace suponer a Freud que el decurso hacia la feminidad implicaría la renuncia al placer clitoridiano por la avanzada hacia lo vaginal, considerando que le era augurable el “
apartarse de la masculinidad y la masturbación masculina”
[11] en pos de éste desarrollo. Una posible derivación de la envidia del pene da la base para comprender freudianamente los celos femeninos, como la condición amorosa o exigencia de muchas por ser la única para un hombre.
Por el lado del objeto, de una predilección por un objeto de su mismo sexo pasa a desear ser revindicada en su carencia por el padre, tomándolo como segundo objeto de amor al cual puede pedirle inconscientemente un hijo. Dado que la asunción de la castración conlleva la constatación que nadie la podrá resarcir con un órgano peniano, la salida para la mujer a su falta es sostenida por a la ecuación inconsciente pene=niño. Entonces entra al Complejo de Edipo envidiosa por su ausencia de órgano y ama al padre por esta chance de restituírselo bajo el don de un hijo. Pero para ella también grava la
prohibición al incesto por lo que nuevamente su aparato psíquico tendrá que sufrir una perdida ahora del segundo objeto de amor. El padre tampoco está permitido como meta amorosa, por lo que gracias a mecanismo de
desplazamiento y condensación[†††] con los cuales el inconsciente opera, podrá escoger un hombre que calce con las condiciones especificas que la niña subrayó como necesarias y suficientes para que sustituyera a su padre, y al fin darle el hijo compensatorio.
Desde el punto de vista del Super-yo, en el caso de la niña por no estar en juego la castración en lo real del cuerpo, esta instancia tendría una fragilidad inherente al no tener nada que perder, por lo cual Freud dice: “aunque vacilo en expresarla, se me impone la noción de que en el nivel de lo ético normal es distinto en la mujer que en el hombre. El super-yo nunca llega a ser tan inexorable, (…) como exigimos que lo sea en el hombre”. Habría entonces en la mujer cierta laxitud ante la consecución de la prohibición incestuosa, que la haría muy ajena a la vida anímica masculina.
Este repaso telegráfico de las encrucijadas impuestas por el Complejo de Edipo son el desarrollo completo de este avatar para lo psíquico según Freud. Pero cabe recordar que este acontece siempre de formas singulares; y no necesariamente todos avanzan de la misma manera por este laberinto, hay mujeres que no abandonan inconscientemente nunca al padre u hombres a su madre, mostrándose esto en la variedad clínica como ciertas renuncias exigidas no se acometieron nunca. El ser un hito para todos los seres humanos no implica que no existan diferencias, es justamente en la variedad de combinaciones entre el como cada progenitor ejerció su función cuidadora y castradora, en que “proporción” cada cual presenta su bisexualidad constitutiva, y en la época que le toca vivir es que resulta la inmensa diversidad de posiciones sexuales y malestares propios respecto al amor y la sexualidad.
Al elaborar la operación edípica, Freud se embate en lo que será un impasse infranqueable para sus alcances teóricos: del despeje de esta operación la consecuencia para la mujer es que su deseo inconsciente al atravesar este mito, es tener un hijo, lo cual reduce la feminidad a la maternidad.
Me pregunto en mi condición de mujer actual: ¿Es posible aceptar esta afirmación freudiana? Antes que nada me parece que es la muestra de cómo todas las concepciones teóricas tienen la marca de su época, siendo Freud ejemplo de ello justamente en esta aseveración sobre la mujer: ella quiere ser madre.
No podemos más que decir que eso tal vez pudo constatarse con más regularidad en la época victoriana, pero hoy en día a mas de 100 años de inaugurado el discurso psicoanal??tico, es claramente un reducción insostenible. Vemos mujeres siempre más disfrazadas de hombres revindicando sus derechos legales en territorios predominados antaño por lo masculino. Sin duda espacios conquistados son muchos, pero si el campo psíquico es el que me incita a hablar, debo reconocer que con Freud es inexplicable lo que quiere una mujer si no quisiera un hijo que compense al pene ausente. Es la alternativa de una mujer que no conciba como una afrenta este estar en falta, sino que ella perciba que la existencia puede ofrecerle algo más allá de la maternidad.
Para muestra de ello basta convocar al genero televisivo tan vilipendiado de la teleserie
[‡‡‡]; en la producción del primer semestre 2007 del canal católico se exhibe con todo el dramatismo dilatado del genero, el conflicto de la protagonista por haber rechazado el ser madre como una condición deseable para su vida. El conflicto que padece está tironeado claramente por el mensaje de critica a su elección, pero sin duda es testimonio de tantas mujeres actuales que han sentido que hay un más allá de los hijos, es decir su deseo inconsciente no se reduce a ellos.
Sin duda Freud reconoce su piedra de tope en la feminidad, a menudo en sus textos sobre el tema asume un tono de vacilación y humildad científica, dirá por ejemplo: “
Los dos deseos, el de poseer pene y el de tener un hijo perdura en lo inconsciente intensamente cargados y ayuda a preparar a la criatura para su ulterior papel sexual. Pero, en general, hemos de confesar que nuestro conocimiento de estos procesos evolutivos en la niña es harto insatisfactorio e incompleto”
[12]. Sabe que no puede dar respuesta a la pregunta ¿Qué quiere una mujer? No lo pudo hacer con esas herramientas teóricas tan biológicamente inspirada en el conflicto del tener o no el pene. Sin embargo es el punto donde otro psicoanalista toma el relevo de Freud y reelaborando sus postulados y ejes explicativos consigue avanzar en este problema, demostrando que es solamente desde la perspectiva fálica que la mujer se puede sentir inferior, pero que su ser puede determinarse desde Otro modo de gozar. Es Jaques Lacan quien afirmará luego que
a la mujer no le falta nada, y que es imposible agruparla como se puede hacer con los hombres aunándolos bajo el paraguas de los quienes tienen falo, mientras la mujer por no presentar ese atributo no es sometible en el conjunto fálico al igual que los hombres, es decir a ella no se la puede coleccionar según ese atributo. El deseo de la Mujer es incomprensible al hombre dado que este lo supedita siempre a la lógica de tener o no y ella puede prescindir de ésta. Este es el corazón de la incomprensión que siempre habita la relación entre los sexos. O quien no ha escuchado o hasta pronunciado la fatídica frase “¿Quién entiende a las mujeres?”. En verdad con Lacan se llegará concluir que se las entiende una por una.
Traigo aquí a algunas de las conclusiones de Lacan como titulares, sólo para advertir a los desconfiados del psicoanálisis que la cuestión de la mujer en este campo no acaba con Freud sino que es un motor para el relanzamiento de la investigación y que el aporte lacaniano logra avanzar sobre el tema, pero eso será tema de revisión para otro artículo.
[*] Jacques Lacan, (1901-1981), psiquiatra francés que en Paris se hiciera conocido en los ’50 al interior de la SFC (Sociedad Francesa de Psicoanálisis) por un decenio dedicado a formar psicoanalistas haciendo su particular lectura de los textos freudiano para su transmisión; fue en 1964 “excomulgado” (es su decir acerca de lo sucedido) de la SCF, impulsándose así el comienzo de otro momento de su enseñanza, basada en su relectura de Freud pero avanzando en la reflexión acerca de las cuestiones inconclusas del freudismo para asentar la denominada, por Jacques-Alain Miller, corriente de la Orientación Lacaniana. En el amplio espectro del psicoanálisis hoy, toma un camino aparte dado que se aúna bajo una organización mundial fundada por seguidores de Jacques Lacan (Asociación Mundial de Psicoanálisis AMP), y no la Internacional Psychoanalitic Association IPA heredera directa de Freud. Esta distinción política guarda estrecha relación con lo motivos de su expulsión: La excomunión se debió a que Lacan destacó que ser fieles a la senda del pensamiento freudiano no era por la vía de exigir una adecuación de la ser a la realidad objetiva, sino que en el corazón de la experiencia humana existe un agujero incolmable con el cual hay que saber lidiar…como diría el mismo Freud “
he sido un hombre afortunado, en la vida nada me ha sido fácil”.
[†] Apotegma es una frase breve y sentenciosa.
[‡] expresión que Freud le agradece en “La interpretación…” a Fechner y usa para resaltar que existe otra dimensión donde está ocurriendo la verdadera acción que tiene repercusiones en la vida consciente.
[§] Siendo este texto producido en 1905, las notas del autor en ‘10 y ‘15 lo muestran avanzando en su labor investigativa y teorizadora al acentuar sus primeras intuiciones radicalizándolas en conceptos generales.
[**] Dicho sea de paso, para Freud este postulado hace impensable suponer a los homosexuales como sujetos hechos de otra manera respecto de los heterosexuales, ya que al ser la
bisexualidad constitutiva de lo humano, todos tenemos la posibilidad de hacer una elección de objeto homosexual aunque sea una elección inconsciente, a saber, desconocida por el individuo consciente.
[††] La represión es una defensa del aparato anímico ante la irrupción de la pulsión que desde lo inconsciente intentar manifestarse en lo consciente. Para conseguirlo en un primer tiempo debe existir un rechazo de aquella representación intolerable, principalmente de índole sexual, que relegadas a lo inconsciente volverán a tratar de surgir ahora si deformadas para vencer la censura, siendo necesario constantemente el ejercer una nueva fuerza represiva sobre los emisarios inconscientes
[‡‡] Sin duda la delimitación de las practicas sexuales, no es evitable dado que el camino del infante dependiente y sin regulación es hacia constituirse como un ser social sujeto a los cánones de su particular colectivo social, por lo cual no se trata de no reprimir al niño o niña sexualmente juguetones, sino que el quid está en como se lo consigue. Píensese en la distancia que entre un adulto que sanciona violentamente, por ejemplo encerrando en un closet como castigo por su practicas, a alguien quien le habla de la privacidad con que ciertas actividades es recomendable desarrollarlas además de señalarle la posibilidad que no todos pueden involucrarse con su cuerpo, y le asegura que en un futuro tendrá un espacio suyo para hacerlo
[§§] que Hamlet tan atormentadamente padece en sus vicisitudes de adulto e inhibiciones para cumplir su objetivo: vengar al padre.
[***] La prohibición al incesto fue encontrada en los estudios antropológicos de Levi-Strauss como un universal común a diferentes culturas.
[†††] Desplazamiento es una de los mecanismo de funcionamiento del inconsciente; implica el traslado de la pulsión de una huella mnémica a otra, es dada por la posibilidad de sustituir una representación más cargada energéticamente por otra con menos carga, o en lo externo de un objeto or otro. Se le puede apreciar en el comercial de una multitienda en el que Penélope Cruz, en la mitad de la pantalla con una cartera en mano, mira deseante hacia la otra mitad donde figura el nuevo modelito de cartera, el cual ya en el cuadro siguiente en su poder, aunque persevera la mirada hacia el verdaderamente “último modelo” que vuelve a aparecer a su derecha. En este frenético subseguirse de modelitos profiere “Mi cartera favorita siempre será la próxima”.
Condensación por su parte es el otro mecanismo que gracias a la existencia de la plasticidad del inconsciente, los elementos del aparato psíquico se pueden fundir en una imagen a cual confluyan varias cadenas asociativas. Los sueños, los lapsus, neologismos y collages son muestras de una condensación; como ejemplo reacuérdese la portada de un antiguo The Clinic en la que se representaba el rostro del dictador Augusto Pinochet con la boina estrellada del revolucionario Ernesto Che-Guevara con bajo el slogan didascálico “CHE- tumadre”.
[‡‡‡] pero a mi entender la telenovela muestra el esfuerzo de sus no siempre aventajados guionistas por intentar representar y reflejar las realidades cotidianas de los telespectadores de hoy
[1] Freud, S. (1998).“
La interpretación de los sueños”. En Obras Completas. (Vol. 1, pag 343-722). (Traducción Luis Lopez- Ballesteros). Madrid: Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado 1900)
[2] Freud, S. (1998). “
Los instintos y sus destinos”. En Obras Completas. (Vol. 2, pag 2039-2052). (Traducción Luis Lopez- Ballesteros). Madrid: Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado 1915)
[5] Freud, S. (1998). “
Tres ensayos para una teoría sexual”. En Obras Completas. (Vol. 2, pag 1208). (Traducción Luis Lopez- Ballesteros). Madrid: Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado 1905. Pag 1178-1179.
[8] Para el desarrollo de las ideas acerca del Complejo de Edipo revisé los textos: “
Algunas consecuencias de la diferencia sexual anatómica”, “
Nuevas conferencias introductorias al psicoanálisis. Lección XXXIII: la feminidad”, “
Disolución del Complejo de Edipo”. en Obras Completas. (Vol. 3 y 2). (Traducción Luis Lopez- Ballesteros). Madrid: Biblioteca Nueva. (Trabajos originales publicados en 1925, 1932 y 1924 respectivamente)
[9] Freud, S. (1998).“
La interpretación de los sueños”. En Obras Completas. (Vol. 1, pag 689). (Traducción Luis Lopez- Ballesteros). Madrid: Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado 1900)
[10] Freud, S. (1998).“
El Yo y el Ello” En Obras Completas. (Vol. 3, pag 2714). (Traducción Luis Lopez- Ballesteros). Madrid: Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado 1923)
[11]Freud, S. (1998). “
Algunas consecuencias de la diferencia sexual anatómica”. En Obras Completas. (Vol. 3, pag. 2901). (Traducción Luis Lopez- Ballesteros). Madrid: Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado en 1925)
[12]Freud, S. (1998). “
La Disolución del Complejo de Edipo”. en Obras Completas. (Vol. 3, pag. 2751). (Traducción Luis Lopez- Ballesteros). Madrid: Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado en 1924).