El Hilo del Deseo
Carlos Seijas*
III
En el inicio fue el amor
Si toda historia es una historia de amor, cada uno de nosotros guarda en sí mismo la capacidad de crear, pues cada uno de nosotros somos una historia de amor en sí mismo y a la vez guardamos el potencial de crear vida pero sólo a través de la unión con otro ser, eso es una historia de amor. ¿Y si no hay criatura de dicha creación? Para mí sigue siendo una historia de amor, pues el fruto de la misma no debe medirse en los hijos que de ella nazcan en la fecundación de un óvulo por un esperma, sino en la fecundación de un cuerpo que se hace por medio de otro. Así los homosexuales tienen mucho que enseñarnos, pues a ellos no los une el deseo de reproducción, sino la necesidad de buscar otro ser con el cual contar su historia, de compartir, que literalmente significa partir el pan.
Según los antropólogos, el nacimiento de la familia se debe precisamente a los alimentos, pues dicen que cuando un ser humano compartió sus alimentos con otro nació la familia. Es de ahí que donde se coma en común, en donde se compartan los alimentos, ahí hay una familia. Cuando yo deseo compartir mi alimento con alguien más nace una unión que en ninguna otra forma de vida se manifiesta: el amor. Dada la falta de lenguaje en relación al sexo, permítaseme decir en metáfora que si deseo compartirme como alimento con alguien más, eso es amor.
Los poetas nos hablan de él, los artistas plásticos tratan de darle cuerpo, los músicos sonidos, pero no es sino en el cuerpo de cada uno de nosotros que ese amor logra su máxima expresión. Para avanzar en mis argumentos necesito entrar en un tema aún más tabú y es el de la sexualidad femenina. Las mujeres, de todos los tiempos, han sido el trofeo, o la posesión más valiosa de un hombre, y es de ahí que Lacan dice que el síntoma de todo hombre es una mujer. Pues ¿Cómo puede el hombre saber qué es ser hombre? Facilísimo, teniendo una o más mujeres, por ello la poligamia está bien fundamentada en dicho principio, quien más mujeres tenga es más hombre, no el que tenga más hijos, pues ese será más padre, pero no necesariamente hombre. Es un argumento biologista y hoy en día sería inmediatamente tildado de machista, pero tiene una base histórica, y nuevamente es exclusivamente occidente el que se ha limitado a la monogamia. ¿Cristianismo? Pues así como hay poligamia, existe la androgamia, en la que una mujer puede tener varios hombres. Pero para que los occidentales lo acepten hacen falta varios años platónicos. Las mujeres son un bien precioso, pues de nadie más depende la permanencia de la raza humana.
Por ello la sabia naturaleza sin excepción, siempre nos regala un 51% de mujeres. Nuevamente no piensen que por este argumento estamos los hombres libres de responsabilidad de engañar a las mujeres, fornicándolas. ¡No! La poligamia es una institución respetada y legalmente establecida en la que se respeta tanto a las mujeres como a los hijos que con ellas se tengan. Claro, conlleva ciertas reglas y detalles que no entraremos a tocar, solamente la menciono para que sirva de ejemplo en una de las formas en que se ha desarrollado la sexualidad humana. El control de la mujer es lo que resalta, puesto que el hombre puede ser infiel, pero no la mujer. ¿Por qué tal injusticia? Es muy sencillo, ya que no es sino a partir de finales del siglo XX que los hombres pueden exactamente saber si el hijo al que mantienen es suyo, pues la prueba de ADN lo evidencia, pero antaño eso sólo se podía saber si la mujer de uno sólo había tenido relaciones con uno y con nadie más, tiene como ven una lógica económica individualista propia de occidente. Mientras la androgamia sólo es posible en una cultura que tenga un sistema comunitario en la que los niños que nacen son de todos, o como se acostumbra en las tribus africanas, quien ejerce de figura paterna es el tío, y como siempre hay sobrinos a todos les toca niños de una u otra forma. Así queda resuelto que el dilema de un hombre se limita a conseguirse una mujer y vigilar que le sea fiel.
Mientras que el de la mujer es más complejo, pues cómo sabe ella qué es ser mujer. Muchos dirían que teniendo hijos, pero eso la hace madre, no mujer. Nuestra cultura occidental individualista y patriarcal, por no decir falocéntrica, hace que una mujer sea definida por la cultura, es decir, y permítaseme usar los prejuicios más trillados para ello, para nosotros los occidentales las mujeres son las de pelo largo, falda, aretes y maquillaje, valgan las permutaciones que sean para dar como resultado de la ecuación una mujer. Para los árabes son las que usan burka y zapatillas de tela para no hacer ruido y molestar el pensamiento de los hombres. Para los chinos aquellas a las que se les somete a un tortuoso empequeñecimiento de los pies. Como ven siguen siendo objetos de deleite de los hombres, las adornan y las visten, para luego complacerse. Una mujer no tiene definición en nuestra cultura occidental y para sobresalir tiene que convertirse en hombre. Es decir, seguir los valores que la sociedad occidental impone a los varones: ser competitivo, agresivo, vulgar. Dicho y hecho, cada vez más las delicadas féminas, son más hombres que los hombres. La evidencia la marca sus mutilados cuerpos. Para no ser objeto del deseo masculino deben sobrexcederse en su peso o desnutrirse: la obesidad y la anorexia.
Esto es un síntoma visible en cualquier ámbito, pues a las mujeres se les está diciendo cada vez más que son iguales a los hombres y con el perdón que me merecen, esto es falso, o al menos está incompleto. En espíritu y alma por supuesto que son iguales, pero en cuerpo, no sé si se han dado cuenta pero yo sí veo diferencias. Las mujeres tienen un cuerpo hecho para dar protección, habilidades para crear comunidad, cooperación y no el ser competitivas y exitosas. Esta distorsión puramente occidental nos llevará a borrar las diferencias que hacen que se mantenga el equilibrio. Además las mujeres tienen una ventaja sobre los hombres, y cuando ellas se den cuenta será la perdición de los hombres: su cuerpo es su arma más poderosa. Si ellas son exitosas, competitivas, agresivas, dueñas de sí mismas, qué rol le queda al hombre: el de ser un triste donante de esperma. Pues hasta en la sexualidad ellas son multiorgásmicas, mientras el hombre es monorgásmico. Eso es una gran ventaja, y por ello en algunas culturas se les extirpa el clítoris, para que no tengan esa superioridad.
Ni qué decir de los homosexuales, tan aborrecidos en todas las culturas. En la misma Biblia los tildan de abominables, como al hombre de las nieves. Pero como siempre, si ven con cuidado, es a los hombres, pues claramente dice que es abominación el varón que yazca con varón. ¿Y la mujer? pues la homosexualidad en las mujeres ha sabido hallar un espacio tan silencioso y subrepticio que ha pasado inadvertido a la hegemonía masculina. Que dos mujeres se unan carnalmente no deja huellas, no rompe lazos, no crea conflictos y además es socialmente aceptado. ¿Qué cómo dice? así mismo, que es socialmente aceptado. Las mujeres se saludan de beso, pueden caminar tomadas de las manos, duermen juntas, pueden bañarse juntas, decirse cuan hermosas son, y es más, expresarse abiertamente que se aman. Los hombres no pueden, es intolerable cualquiera de las anteriores expresiones de afecto. ¿Por qué? Nuevamente, la respuesta es económica. ¿Qué hacer con un varón que guste de otros varones? Si de repente, todos los hombres gustaran de los hombres, no habría procreación, y la especie humana desaparecería. Sabemos bien, que eso no va a pasar, por más gays que hayan, pero en la primitiva fantasía masculina un hombre que no guste de las mujeres debe ser abominable, tanto más por si le tientan y a también les gusta. Con el fin de encontrar una salida a esta falta de afecto, se desarrolló la virtud de la amistad, para crear lazos entre los hombres, hacer sus grupos, sociedades, hermandades, etc. que les permite de una forma socialmente aceptada reconocerse su afecto, sin sentir la culpa de amar a otro hombre.
De la homosexualidad femenina permítaseme esgrimir un argumento más, para el psicoanálisis nuestra primera y única fuente de amor es la madre, independientemente del ser varón o hembra. Olviden lo que les contaron de Freud y el complejo de Edipo, pues éste complejo explica más a Freud que a todos nosotros, pues Freud estaba muy enamorado de su madre que apenas le llevaba quince años y detestaba los vejámenes que sufría a manos de su anciano padre que le llevaba a su madre más de sesenta años. Volviendo a la madre como primera fuente de amor, vemos que el primer objeto de amor de la niña es su madre y por ende ella misma, alguien del mismo sexo, el amor en la niña es homosexual. En cambio el niño ama a su madre y por ende buscará amar a alguien del sexo opuesto, pero, y es ahí donde el Padre cobra su único papel en la familia, si no hace el corte, surge la confusión de la opción sexual. Si el Padre no les niega la madre a ninguno de los dos, buscarán el objeto de deseo contrario. Es decir, si el Padre no hace el corte la niña seguirá amando únicamente a su madre y buscará objetos de amor femenino, mientras que si el niño sigue amando únicamente a su madre, ninguna mujer podrá ser amada por él, pues sólo su madre merece todo su amor, y si llegase a amar a otra mujer le sería por definición, infiel a su madre. Ven, es todo cuestión de economía libidinal, tal como lo expresa el psicoanálisis. Ahora bien, también puede ser que el padre niegue el amor a sus hijos y por ello las niñas puedan detestar al objeto masculino que niega amor, ubicándolo únicamente en una mujer y el niño buscando ese amor que le fue prohibido en un hombre. Así como la mujer es socialmente bisexual, pues ama a su madre pero necesita socialmente convertirse en madre (he ahí para lo que le sirve el hombre), para poder encontrar su objeto de amor en su hijo, mientras que el niño es homosexualmente reprimido, pues en nuestra cultura occidental le negamos a los niños el poder amar fraternalmente a otros hombres, expresar sus emociones, expresarse con el alma.
He ahí el origen de la temida homosexualidad, que no es nada de temer pues si nuestra familia siguiera normas basadas en el amor, nunca los homosexuales serían un peligro para la permanencia de la especie, ya que en ello reside su abominación. Reside como siempre en la intolerancia y la indiferencia que caracterizan al hombre de occidente, al cual le es más fácil negar e incluso eliminar todo lo que no le parece "normal" en vez de buscar comprenderlo y aceptarlo. Siempre habrá homosexuales, así como siempre habrá heterosexuales. Para ejemplo tómese a la cultura griega, la cual nombrábamos como el inicio de occidente, quienes eran por decirle de alguna forma una cultura homosexual, pues abundan los escritos en los que se exalta al amor carnal entre los hombres como la fuente máxima de complementación plena, pero como sabios que eran sabían que la humanidad necesitaba reproducirse por lo que valoraban la necesidad del matrimonio y la familia, para que hubiera estructura social, sólo que ellos encontraban más deleite en la unión con hombres que con mujeres; y por supuesto había griegos que no gustaban de la unión masculina y eran heterosexuales y no por ello se les condenó en una cultura homosexual, se les dejaba al libre albedrío. Es más, los griegos le daban tanto valor a la mujeres que es a ellas a quienes les encargaban la divina tarea de cuidar del fuego sagrado de los templos, siendo también la única cultura que colocó a la mujer por encima del hombre en las tareas espirituales, haciéndolas las guardianas de la vida. Es decir que no eran ciegos a sus placeres, sino que habían logrado una media dorada, que no imponían sino que recomendaban. Es de éstos mismos sabios que sabemos que el hombre sólo puede conocer a Dios, a través de una mujer, pues al conocer carnalmente a una mujer el hombre consigue el estado de éxtasis que lo lleva a detener físicamente su corazón y morir en vida: el orgasmo. Pues es bien sabido que cuando se experimenta un orgasmo se da lo que los poetas llaman "la pequeña muerte", y con ello conocemos a Dios a través de una mujer. Ahora imaginémonos cuánto más divinas son las mujeres al ser multiorgásmicas.
Es en la lógica psicoanalítica que podemos verificarlo pues, para que la sociedad sea tal, necesitamos sabernos seres limitados es decir seres en falta, y sólo debe existir UNO que no sea limitado, uno infinito: Dios. Dios es por ende el padre de todos, los demás somos padres de unos cuantos. Pero Dios puede tenerlo todo y a todos. Esa fórmula aplica únicamente a los hombres, pero no aplica a las mujeres. Pues a ellas las define la cultura, no el saber que no pueden ser madres de todos, o tenerlo todo. Las mujeres son las que ponen las reglas, o como me gusta decir, en la fantasía masculina los varones creen ilusamente que ellos escogen a su mujer, pero bien lo saben ellas que son las mujeres las que escogen al hombre, pero nos permiten vivir engañados para el bien de nuestra autoestima. Esa ilusión queda de cuando se podían comprar las mujeres, pero a partir del surgimiento en occidente del amor romántico, la fórmula ha cambiado y en la sociedad griega se aplica, pues las mujeres no eran vistas como objetos sino como seres divinos. Claro salvo excepción de los esclavos, tanto hombres como mujeres. Por ello las mujeres no están definidas por la limitación sino por su capacidad de dar vida y acercar a los hombres a la divinidad, por lo que vienen a ser la manifestación de Dios en la tierra. Un hombre no es nada sin una mujer, pero una mujer puede seguir siendo mujer sin un hombre. Así los griegos daban un justo lugar a cada uno de sus apetitos. Lastimosamente hemos olvidado, y ese es el mayor de los pecados, olvidar, pues olvidamos que somos seres divinos, dotados de la capacidad de amar y ser amados, en cuerpo, en espíritu y en alma.
"No existe remedio para el Amor, ni bebida, ni comida, ni ensalmos, sino sólo besos y abrazos y yacer juntos y desnudos"
Longo de Lesbos
Dafnis y Cloe
IV
No fornicarás
Volvamos al amor, a esa frase de que en el inicio fue el amor. Toda historia es una historia de amor, creo que luego de las anteriores líneas el panorama se va aclarando, un poco, espero, pues como seres formados en su mayoría de agua, somos un tanto vaporosos y por lo tanto un misterio que cuando más nos adentremos más nos sorprenderemos. Dios hizo al mundo por amor, y así mismo entregó a su hijo único, nos dicen los evangelios. Es el maestro Jesús el que nos dice que no hay amor más grande que aquel que entrega la vida por los que ama, tal como Él lo hizo. Todo es una historia de amor. Esto lo evidencia el llamado dispositivo analítico o dicho de otra forma la clínica, las personas, los seres humanos, que llevan sus pesares, sus alegrías, anhelos y tristezas ante el psicoanalista buscando una cura, una cura a su mal de amores.
¿Por qué sufrimos? Podemos contestar místicamente, que esto se debe a la primera gran separación, la de la unidad; la cual se nos repite en la separación de la madre. Puesto que la madre es la metáfora de la divinidad, lo eterno femenino, como ya lo hemos expresado en las líneas anteriores. La madre y el feto son un solo ser, es hasta que el niño nace y toma su primera respiración que el alma entra en éste y fusionado al cuerpo crean el espíritu. Por ello permítaseme decir que antes del alma hay un cuerpo. Entiendo que esta tesis puede llevarnos al ridículo argumento de quién fue primero si el huevo o la gallina, y de esto diré que primero tiene que haber un huevo, pues simplemente la gallina tuvo que nacer de huevo, pero quien hizo el primer huevo no necesariamente era una gallina, espero que me esté dando a entender. Por ello, usaré el argumento de que antes del alma hubo un cuerpo, pues sin cuerpo el alma no puede encarnar, por lo que hablando filosóficamente el alma es una causa necesaria pero no suficiente, mientras que el cuerpo es necesario y suficiente. Sin el cuerpo, el alma no cobra existencia, existencia en el sentido de la materia, claro está, pues el alma tiene su propia realidad que en la filosofía se le ha nombrado lo real, a lo que el cuerpo no tiene acceso. Por ello el alma se compenetra en el cuerpo, más no al revés, pues ese es el camino a recorrer, que el cuerpo se compenetre en el alma y puedan entender el discurso que subyace a cada uno, pues el alma debe hallar el camino para comunicarse con el cuerpo y el cuerpo debe estar listo para recibir el mensaje de su maestro. Esto nos llevará a un sendero de aprendizaje y reminiscencia de una y de otra, pues el cuerpo aprende y el alma recuerda, así en conjunto se adaptan a su nueva realidad, a la del siglo en la que les toca encarnar. Pues el alma está siempre llena de sabiduría cósmica, pero no puede saber la realidad que le toca encarar en su nuevo cuerpo, pues debe reaprender un idioma con sus debidas modificaciones de uso, a comer, a vestir, a ser por decirlo de alguna forma, un ser de su tiempo, hideggerianamante hablando: ser en el tiempo y en el mundo.
Aún más si de una a otra le toca un cuerpo de sexo diferente. Si en la vida anterior fue hombre y ahora mujer, o viceversa, le toca además que aprender a ser hombre y mujer de su tiempo. Como ven antes del alma fue el cuerpo, pues es quien determina las reglas del juego del alma. Antes era alto o guapo, ahora pequeño o feo. O en síntesis, tomando al sabio Aristóteles tendrá que vérselas con los accidentes y no con las sustancias ya que las sustancias son inmutables. El cuerpo determina al alma, es lo real del ser, pues necesariamente debe aprehender de él su mundo: el de la materia. El otro mundo, el espiritual, el alma lo conoce bien, pues es su esencia, mas al encarnar, debe encarnación tras encarnación aprender a domar la fuerza de sus pasiones, de sus apetitos, de sus deseos, de un cuerpo que no hace otra cosa que demandar, y cuando lo ha conseguido, le toca volver una vez más. Como ven, el cuerpo es una causa necesaria pues todos debemos tener uno y suficiente pues es el medio para alcanzar el fin: la muerte.
Al tomar un cuerpo, el alma se separa de la unidad cósmica y el cuerpo de su unidad física, por lo que la nostalgia de unidad es doble. Siempre deseamos volver a ella, y la única metáfora posible que nos queda es la unión carnal y espiritual con otro ser. Para explicarme tomaré una teoría sobre el amor extraída del psicoanálisis, por una parte junguiana a través de Joseph Campbell y por la otra freudiana a través de Jacques Lacan.
Para Joseph Campbell hay cinco órdenes de amor: a) la del amo y el esclavo; b) la del amigo por el amigo; c) de padre e hijo; d) el matrimonio; e) el amor en sí mismo. Para éste caso nos encontramos con niveles de amor, amor jerarquizado de menos a más, pero en sí hay que verlos más bien como formas de amor. Es decir que puede haber personas que no puedan hacer vínculos amorosos más que de amo y esclavo lo que es muy típico en las parejas posmodernas, hay un amo y un esclavo siempre, sea en el trabajo, en las relaciones matrimoniales, con los hijos, con los amigos, necesitamos controlar a los otros y subyugarlos, que hagan lo que nosotros queremos, en una palabra: que nos obedezcan. Al partir de una visión fenomenológica hermenéutica, puede afirmarse que ninguna de los cinco "órdenes" de amor es mejor que el otro, sino que son manifestaciones del amor universal, pero no todos podemos cultivarlos, es decir, que el amor no está en el amor en sí, sino en la experiencia interpersonal. Es decir a mi pareja la puedo tratar como esclava, como amiga, como hija, como esposa o como diosa. Ese es mi punto, a mi hijo lo puedo amar como esclavo, como amigo, como hijo, como pareja -aunque suene raro, mas hay madres que se casan con sus hijos o padres con sus hijas, entre los homosexuales es muy típico- , o como dios. Así podemos permutar cada "orden" entre el número de relaciones que tengamos y hay quienes no pueden más que amar al nivel de amo y esclavo, a sus hijos, padres, pareja, amigos. Hay quienes ven en su empleado la oportunidad de hacer nacer una relación de amor que pueda vincularlo con lo divino. No me refiero a idolatrarlo de colocarle velas y descontextualizarlo pidiéndole milagros, sino logrando entender al ser divino que encarna en cada ser. Puede parecer en estas comparaciones que el amor divino es superior a todos los demás, mas prefiero que apreciemos el poder de cada uno de los "órdenes" pues no podemos amar a todos de forma divina. Es decir, hay relaciones en el que la brecha de edad, educación, económica hace imposible otra relación que no sea la de esclavitud. Es muy típico que las personas que cuidan o limpian carros me digan "patrón", "jefe", "licenciado", "maestro", lo que evidencia una posición de amo y esclavo, y eso siempre va a ser así, siempre habrá personas que tendrán una visión del mundo estructurada en el imaginario de un Dios Todopoderoso, que no sabe otra cosa que colocar reglas y castigar. Así podemos ver que dependiendo del nivel de evolución espiritual de la persona eso le permitirá poder encontrar lo divino de cada ser y por ello no podemos exigirlo ni recomendarlo a todos y cada uno, sino que cuando esté preparado su ser interno se lo permitirá.
Me parece que los "órdenes" de Campbell podrían tomarse de otra forma sin que pierdan su encanto. La base de las relaciones amorosas siempre será la del amo y el esclavo, pues es forzada, uno compra al otro, lo manda, lo gobierna, pero sin uno no hay otro, por lo que el esclavo es un pequeño amo, pues todo amo necesita un esclavo y todo esclavo necesita un amo. Esto ya está bastante trabajado por Hegel y en psicoanálisis por Jacques Lacan, pues es la relación de la histeria, toda histérica necesita un amo, un falo que la estructure que le diga quién es y qué hacer. Vemos como las megareligiones corporativas transnacionales fungen este rol, ordenan y dirigen la vida de sus siervos, todos los aspectos de su vida. Cómo deben pensar, sentir, amar. Es la relación que fomentan las universidades, sólo que usan como instrumento de esclavitud el saber, el magíster dixit. La sociedad patriarcal falocéntrica está basada en la relación del amo y el esclavo, por ello el no fornicarás es un mandamiento. El amo y el esclavo sólo pueden tener una forma de relación: la fornicación. Si me jodes, te jodo, si no me jodes, también te jodo.
Luego la siguiente relación es la del amigo y esta es la que aglutina a las demás, la base del amor libre es la del amigo, sea del sexo que sea, pues a nadie se le obliga la amistad. Siempre la amistad ha sido vista como un vínculo estructurante de la sociedad masculina, los hombres no se pueden casar pero pueden ser amigos. Las amistades, resulta que son para toda la vida, uno no tiene un recurso legal para divorciarse de los amigos y matar la relación. Podrá pelearse con ellos, dejarse de hablar por años, pero cuando la marea baje, seguirán siendo amigos. En cambio, las parejas que se divorcian peleándose a los hijos, el dinero, las cosas en general, no fomentaron el amor de amigos sino el de amo y esclavo, pues la premisa de la amistad es que somos pares, es decir iguales en nuestras diferencias, a cada uno se le acepta con sus virtudes y defectos, hay amigos que nos gustan por lelos, otros por listos, otros por despistados, otros por su belleza, por su alegría, así cada uno es amado por sus peculiaridades. Por ello digo que la amistad es la base del amor y del odio. Pues cuando un amigo nos traiciona nos duele, cuando un enemigo lo hace, no, y es porque del enemigo se espera la traición, del amigo se espera amor y cuando éste falta hay odio. El amor en la amistad lo podemos sintetizar en la comunicación, pues la característica de la amistad es el contarse abiertamente las cosas, no a todos, pero hay amigos de amigos y he ahí donde entran los otros "órdenes" de Campbell: los amigos, los hijos, la pareja y lo divino. Todos vistos como amigos nos conlleva hacerlos participes del misterio del ser que habita en nosotros y que ellos nos compartan del suyo. La palabra compartir es muy elusiva ya que literalmente significa "partir el pan", y para el caso el pan es nuestro ser. Alimentarnos los unos de los otros, y ven que no he hablado de sexualidad.
Es obvio que las reglas sociales nos impiden pensar en una relación sexual entre padres e hijos o entre hermanos, pero es pura deformación occidental, pues en la mitología encontramos continuamente relaciones incestuosas, y la historia misma nos cuenta de las uniones incestuosas entre Faraones, Reyes y Emperadores. Ahora lo vemos ominoso, más otrora era cosa de todos los días y con ello no digo que se haga, pues la genética nos ha mostrado que estas uniones tienden a magnificar las taras en los hijos. Aunque nunca he tenido la oportunidad de conocer un caso actual y para muchos, estos "casos", fueron los gobernantes que forjaron la historia. Dejemos de lado al incesto y clasifiquémoslo como una posible excepción, o como diría un filósofo: Lo bueno del incesto es que queda en familia.
En todos las demás relaciones que hemos mencionado puede haber sexo, pues es más que sabido de las relaciones entre amigos, las legalizadas de las parejas y las uniones con lo divino.
Me referiré a la divina porque vuelve a atravesarnos la idea de ¿Cómo se tiene sexo con lo divino? Es sencillo, hay que preguntarle a Santa Teresa de Ávila. Ella narra en sus textos los orgasmos que le producían sus encuentros con los ángeles de flameantes espadas, que la penetraban una y otra y otra vez hasta dejarla exhausta. Cuando tenemos una comunión con lo divino, cuando nos unimos a un amigo o amiga, como pareja viendo en ella a su divinidad y abriéndole nuestra divinidad podemos alcanzar una unión sexual con lo divino. Sólo es a través de los otros que podemos conocer a Dios. Tal como lo decían los sabios Griegos, "el hombre sólo puede conocer a Dios a través de una mujer" y por ello en sus templos contaban con sacerdotisas consagradas al arte de amar, para que al producir el orgasmo o pequeña muerte, pudiéramos experimentar, nosotros, seres mortales, la muerte en vida y hacernos uno con el todo.
Por aquello de los prejuicios tan posmodernos, es necesario aclarar que además de las ardientes sacerdotisas de Venus, estaban las Vestales, vírgenes encargadas de cuidar el fuego del templo. Aunque si reflexionamos un poco en torno a la virginidad veremos que es un asunto más agrario que divino. Esto se debe a que desde siempre la maternidad es fácil de comprobar: el hijo es de quien lo pare; mas la paternidad no puede ser comprobada de ninguna forma más que la mujer que se le entregue -en venta, permutación, préstamo, dádiva o amor- al varón sea virgen, y una vez desflorada sea penetrada única y exclusivamente por él. Por ello afirmo que es una cuestión agraria, porque el hijo es visto como ganado, como un producto más del patrimonio. El pater familia sólo dará su nombre y alimento a aquellos que pueda comprobar que sean sus hijos. Léase bien, que no estoy afirmando en ninguna parte que la virginidad no valga, sólo digo que la virginidad es una virtud creada a partir de una mentalidad agraria utilitarista. La virginidad está pues, centralizada en la preservación indemne de una membrana, que en griego es hymén; palabra que da vida al mitológico Himeneo, dios de las bodas, representado como un joven con una flauta, una antorcha y una corona de rosas. Si algún fin puede tener dicha membrana sería la representación corporal del velo que cubre el fuego sagrado que alimentará el hogar, otorgándole a través de su rosa consuelo y ternura. Esto puede decirse de otra forma, como que la mujer a través del entregar su cuerpo proporciona a la pareja entre muchas otras virtudes, el placer del encuentro carnal y el fruto de esa unión: la pareja misma y sus hijos. Puesto que aunque el himen pueda "sobrevivir" a la penetración, es con el nacimiento del primogénito que la membrana se rompe definitivamente. Es de esta forma que con el nacimiento de un nuevo ser, ese templo sagrado que da vida abre finalmente su velo con amor, permitiendo que el ciclo de luz, vida y amor se perpetúe.
Con lo que el asunto de la virginidad visto místicamente, es muy diferente, puesto que la virginidad no está puesta en el cuerpo y mucho menos en una tela; con lo que la mujer que no sea virgen, pero que se entrega a su hombre fielmente cada noche, aunque no sea éste quien la haya desflorado, es tan virginal como cualquier primeriza, pues su amor es sólo para él. De la misma forma podemos espiritualizar la virginidad del varón cuya virtud está en entregarse a su amada en cuerpo y alma tal como nos habla el hermoso Cantar de los Cantares, y con esa unión cada noche ambos se desfloran en la divinidad, se integran al uno, volviendo transmutados, transubstanciados, cambiando sus cuerpos en divinos receptáculos de Dios que les dio la vida y el entendimiento, volviendo a ser vírgenes noche tras noche en un amor que no conoce límites más que el ser amado. En boca de Filón de Alejandría: Para el congreso de los hombres, para la procreación de los niños... Pero cuando Dios empieza a asociarse con el alma, Él hace que la que fue mujer se convierta en virgen de nuevo".
* Psicoanalista, escritor, músico y compositor. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad de Salamanca, Magíster Scientis en Métodos Matemáticos Aplicados a las Ciencias Sociales por la Universidad de Costa Rica, Psicólogo por la Universidad Francisco Marroquín. Con estudios en Historia, Historia del Arte, Filosofía y Teología. Investigador asociado del Instituto de Psicoanálisis y Psicoterapia de la Universidad de Viena y del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociales de la Universidad Santa María la Antigua en Panamá. Miembro de la Asociación Guatemalteca de Filosofía, de la Asociación de Médicos Escritores, de la Asociación de Hipnosis Clínica y de la Asociación Enrique Gómez Carrillo. Ha publicado los libros "Formación de la Mitología Griega " y "Glosas Vestales" editados por Palo de Hormigo. Columnista de elperiódico y Revista D, La Palabra y Transición de México. Ha publicado diversos artículos en revistas como Metaphora, Acta Académica de la Universidad Autónoma de Costa Rica, la Revista Internacional de Matemática, Acheronta en Argentina; "Intuición" de la Asociación Guatemalteca de Filosofía y La Ermita. Jefe de la Unidad de Análisis del Conflicto de la Institución del Procurador de los Derechos Humanos