XI
Néctar y Ambrosía
¿Cuántas veces no hemos escuchado el ensordecido sermón de un encendido religioso recordándonos que somos fruto del pecado? ¿Cuántas horas de sueño y paz hemos perdido, atormentados por esos deseos tan naturales de la carne? Nos tienen tan bien condicionados por la culpa que hasta sentir deseos de nuestra pareja lo creemos sucio. En el momento del arrebato pasional olvidamos las culpas por un momento, pero al poco tiempo ya tenemos rondándonos en la cabeza ese gusano corrosivo y doloroso. Ocurre con muchas más cosas que sólo con el sexo, pero realmente el sexo es un síntoma muy elaborado en el ser humano. Puede deberse a que en occidente nos han enseñado a verlo como el fruto prohibido, el fruto que comieron los llamados padres de la humanidad: Adán y Eva. Si tal es el caso por qué el mismísimo sabio Rey Salomón escribió un libro tan erótico como el Cantar de los Cantares. Es curioso que digan los sacerdotes que el bautismo elimina el pecado original, asociando dicho pecado a la relación carnal. Es decir como somos fruto del sexo debemos ser bautizados para estar limpios.
Es increíble lo que el paso del tiempo produce en la mente de los hombres, pues el bautismo no lo crearon los cristianos de ningún tipo. El bautismo era y sigue siendo un rito de purificación celebrado durante la ceremonia de la Iniciación en los estanques sagrados de la India, y también el rito idéntico posterior establecido por Juan "el Bautista" y practicado por sus discípulos y partidarios, que no eran cristianos. Este rito era considerado antiguo cuando fue adoptado por los cristianos de los primeros siglos. El bautismo pertenecía a la primitiva teurgia caldeo-akkadiana; era religiosamente practicado en las ceremonias nocturnas en las pirámides, en donde vemos aún hoy día la pila bautismal en forma de sarcófago; es sabido que se practicaba durante los Misterios Eleusinos en los sagrados estanques del templo, y es practicado hoy día por los descendientes de los antiguos sabeos. Los mendaítas, a pesar de su engañoso nombre de "Cristianos de San Juan", son menos cristianos que los árabes musulmanes ortodoxos que los rodean. Son sabeos puros, y esto se explica muy naturalmente cuando al recordar que el verbo arameo seba, origen del nombre moderno sabeo, es sinónimo del griego Baptizo.
Los sabeos modernos, los mendaítas, cuyas vigilias y ceremonias religiosas, frente a frente con las silenciosas estrellas han sido descritas por varios viajeros, han conservado todavía los ritos teúrgicos, bautismales de sus remotos y casi olvidados antecesores, los Iniciados caldeos. Su religión tiene multiplicados bautismos, siete purificaciones en nombre de los siete gobernadores planetarios, los "Siete Ángeles de la Presencia" de la Iglesia católico-romana.
Se sabe además, que Boodhasp un supuesto caldeo, era en verdad un budista (un Boddhisattva) del Oriente, que fue el fundador de la escuela esotérica de Neosabeísmo, y cuyo rito secreto del bautismo pasó íntegro al rito cristiano del mismo nombre. Durante cerca de tres siglos antes de nuestra era, recorrieron toda Siria, se encaminaron al valle de la Mesopotámia, llegando hasta Irlanda. Llevando a cada región a la que visitaron el misterio del bautismo.
En Grecia tenemos el ritual de la Anthesteria, fiesta de las flores. Durante esta fiesta se celebraba el rito del Bautismo o purificación en los Misterios eleusinos en los estanques del templo, Limnœ, y en ella se hacía pasar a los neófitos (Mystœ) por la "angosta puerta" de Dionisios, para salir de allí como perfectos Iniciados.
Finalmente es bien conocida la malinterpretada simbología que guarda el Bathomet o Baphomet, supuestamente símbolo diabólico venerado por los Caballeros Templarios. Bathomet o Belfometh es el andrógino chivo-cabra de Mendes. Los templarios fueron acusados de adorar a Baphomet, y Jacques de Molay, Gran Maestre de los templarios, con todos sus hermanos sufrieron la muerte por ello. Pero esotérica y filológicamente, dicha palabra nunca significó "chivo", ni siquiera cosa alguna tan objetiva como un ídolo. El término en cuestión significa, "bautismo" o "iniciación en la sabiduría", de las voces griegas Bafe y metis.
De esta forma tenemos que el bautismo es un rito ancestral de purificación, con el fin de demostrar estar listo para ser iniciado en ciertos misterios y uno de esos misterios es el del amor. Por lo que el bautismo en todo caso nos permite adentrarnos a conocer esos arcanos, tal como el que trabajamos anteriormente: las Bodas Alquímicas.
Recuerden que el pecado original, el que provocó la caída del hombre fue el comer del fruto prohibido, de la desdichada "manzana" que Varona dio a Adán, seducida por la Serpiente. Digámoslo de otra forma, la fuerza femenina es seducida por el saber y hace que la fuerza masculina desee saber también. Así, la Serpiente, que es la falsa Sophia, el Saber no la Sabiduría, cautiva a lo femenino (Varona) diciéndole: "serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal". Come del fruto y se lo da de comer a lo masculino. Así cayó el hombre con su mujer. El pecado original tiene que ver más con un saber falso que con el sexo.
Los que sí cayeron por lujuriosos fueron un grupito de ángeles. Los famosos ángeles caídos. Pero según nos han contado los enardecidos obcecados predicadores de todas las sectas cristianas es la historia de que Satanás con su ejército fue echado del cielo por soberbia. Esa historia es la que todos sabemos, todos los curas nos la cuentan y damos por sentado, pero resulta que no está en la Biblia, al menos no en la romana aprobada y mutilada. Ese mito de la lucha de los ángeles contra Dios es un antiguo mito caldeo que no narraremos ahora, mas quien desee ahondar en páginas pletóricas de metáforas esotéricas lea el Vishnu Purâna. En cuanto a la caída lujuriosa nos la cuenta Henok, un libro sagrado considerado apócrifo por la Iglesia Romana que desde el siglo IV lo sacó de la Biblia. En el capítulo VII versículos 1 y 2 el libro de Henok nos cuenta:
"Cuando en aquel tiempo los hijos de los hombres se hubieron multiplicado, aconteció que les nacieron hijas elegantes y bellas. Y cuando los ángeles los hijos de los cielos las hubieran visto, se enamoraron de ellas, y se dijeron los unos a los otros: escojamos a unas mujeres de la raza de los hombres, y tengamos hijos con ellas".
Del hombre en occidente no tenemos mayor referente mitológico que lo que nos cuenta oriente y que vemos recapitulado en la obra de Platón. Por ello resulta que nosotros, los portadores de carne, los que tuvimos que ser vestidos con pieles tenemos que reencontrarnos, rebuscarnos entre las líneas de los textos de otras culturas, que terminaron siendo la nuestra y que nos cuentan nuestro origen. Nuestro referente será la hebrea, en la Biblia. La alegoría puede verse de la siguiente forma. El primer ser creado fue el Adam Kadmón el primer hombre que era andrógino, tal como lo cuenta Platón en El Banquete, o quien lo prefiere bíblico: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó: varón y hembra los creó". Nos creó hombre y mujer a la vez. Luego aparece la separación, cuando saca a Varona de una costilla de Adam. Es entonces cuando ya estamos divididos que esa fuerza negativa que representa a lo femenino de varona, el ánima junguiana toma del árbol del bien y del mal, desea juzgar, desea ser como Dios. A ese lado caprichoso y vanidoso del hombre o de la mujer es a lo que hacen referencia. Es decir, el Satanás que se reveló ante Dios no es tal sino que somos nosotros mismos. Nuestra soberbia nos llevó a desobedecer cuando ya poseíamos la sabiduría masculina y la inteligencia femenina. Desafiamos nuestro estado de Corona, equilibrado por Chokmah y Binah. Pecamos al mancharnos haciendo uso de la soberbia de la sabiduría, el falso saber, y de la vanidad del entendimiento, la falsa libertad. Fuimos las presas de nuestro deseo de saber, de sabernos seres en falta, por lo que tuvimos que encarnar para remediar nuestro error y buscar la verdad de la carne en el traicionero mundo de las apariencias. Nuestra curiosidad femenina nos llevó a abusar de nuestra libertad, creyendo ingenuamente que necesitábamos saber-conocer el bien y el mal. Así fue como Adán y Eva (la humanidad), engendraron al bien y al mal en la tierra, bajo el nombre de Abel y Caín.
Regresemos un momento y detengámonos unas breves líneas para decir algo respecto a la serpiente. Podemos encontrar en la historia al menos tres "tipos" de serpientes:
" La Serpiente de la Eternidad: que es el Logos nacido del cielo o Ananta;
" La Serpiente de Fuego o ígnea: que representa la luz superastral (noumenal), la primera radiación de la Raíz Mûlaprakriti, Substancia cósmica indiferenciada, que se convierte en Materia astral. Se la denomina también "Mar de Fuego"; y finalmente
" La Serpiente mundana: Con este nombre se ha designado la Materia.
El primer símbolo de la Serpiente figuraba la Perfección y Sabiduría divinas, y ha representado la Regeneración psíquica y la Inmortalidad. De aquí que Hermes haya llamado a la serpiente el más espiritual de los seres. Moisés, iniciado en la sabiduría de Hermes, siguió su ejemplo en el Génesis; siendo la Serpiente de los gnósticos, con las siete vocales sobre su cabeza, el emblema de las siete Jerarquías de los Creadores septenarios o planetarios. A los sabios y a los Iniciados perfectos se les ha dado el nombre de Serpientes, y en tiempos antiguos la serpiente era considerada como el primer rayo de luz emanado del abismo del divino Misterio. Sin embargo, se establece una diferencia entre la Serpiente buena y la mala; la primera, encarnación de la Sabiduría divina en la región de lo Espiritual, y la segunda, el Mal, en el plano de la Materia. Pues la Luz Astral, o el Éter de los antiguos paganos, es Espíritu-Materia. Comenzando en el puro plano material, se hace más grosera a medida que desciende, hasta que se convierte en la tentadora y engañosa serpiente en nuestro plano.
Nuestro recorrido por la simbología de la caída del hombre y de los ángeles nos sirve como un amplio preámbulo para referirnos al Kamasutra. El hombre no cayó por el sexo, por lo tanto no es pecado, ni sucio, ni denigrante. Es como nos lo han presentado quienes no han sabido escuchar dentro de sí a esa voz que clama en el desierto. El sexo es un camino que puede llevarnos a la reintegración, cuando lo ubicamos en su sentido divino, como parte de la trinidad divina el Trivarga, que los orientales dividen en: Dharma, Artha y Kama. En oriente les nombramos por: Luz, Vida y Amor. El Dharma es la Ley Sagrada, que tomándola por la Luz, se puede asimilar a través de la contemplación, por medio de la lectura de textos sagrados y compartiendo con sabios. El Artha es lo útil, es la vida, procurarse de bienes materiales y de amistades y se aprende de tratar a las personas encargadas del gobierno, a los profesionales y comerciantes. Finalmente y no menos importante tenemos el Kama, el amor, del cual el Kamasutra nos dice:
"Es actuar de forma que resulte agrada
ble al oído, tacto, vista, gusto y olfato, cada uno en su ámbito, todo controlado por la mente unida al alma. Pero en concreto, el Amor es la sensación adecuada de esta última, rebosante de la alegría que brota de la conciencia, y rica en resultados, relacionada con un contacto especial."
O traducido en nuestro texto, se tiene Kama cuando el alma, tras la estimulación sensorial a nivel de los órganos sexuales, vive una experiencia real y consciente, que se corona con el placer del orgasmo. Condición indispensable es que tenga lugar entre dos seres humanos bajo el influjo de la pasión, que lleva consigo la alegría de la conciencia, que se realiza en los besos y en las caricias. Por ello la mejor traducción de Kama-Sutra es Hilo del Deseo.
Regularmente nos han hecho creer que el Kamasutra es un libro con dibujitos eróticos que cual manual nos dice llanamente cómo tener sexo. Sin embargo, el Kamasutra original, no el del mercado, no tiene ni una sola gráfica, ningún dibujo, sólo texto. Pues sí, es un manual, pero de cómo hacer el amor. En occidente constantemente decimos hacer el amor, pero no tenemos la menor idea de a qué nos referimos con ello. Veamos que tienen que decirnos los griegos al respecto: el amor es hijo de ????? (Poros)s y de ????? (Penia) o bien ?????? (aporia). Los nombres de estos personajes pueden tomarse de la siguiente forma: ????? por Expediente, Recurso o Astucia, ????? por pobreza o miseria y ?????? por carente de recursos. La historia resumida es la siguiente: Aporía y Poros se encuentran en la fiesta del nacimiento de Afrodita; como fiesta que se precie se trastorna el orden de lo normal. Poros se duerme de borracho y entonces es el momento de Aporía, quien dado el estado de Poros se hace embarazar por él y tener a ese vástago llamado Amor (Eros); y por ello la fecha de natalicio de Amor, corresponde a la de Afrodita, por lo que siempre tendrá una relación, la mayoría de las veces, un tanto oscura con lo bello. De ahí que amor es dar lo que no se tiene, pues Aporía no podía ofrecer nada más que su falta. Hacer el amor no es "tener sexo", sino dar en la unión carnal lo que no se tiene a quien se toma por lo que no es, tal como lo vimos anteriormente. El amor conlleva un poco de astucia en la conquista del amado, más se enriquece en la carencia de la materia y la búsqueda de la belleza, Tiphereth .
Al rebosarnos en las páginas del Kamasutra nos encontramos con un sinfín de consejos para acercarse los hombres y las mujeres, incluso las mujeres con las mujeres y al que curiosamente llaman desde tiempos inmemoriales "el tercer sexo". Es de ésta forma que nuestra búsqueda llega a un fin, que como vimos no es más que un nuevo inicio. Un fin en cuanto a que hemos realizado una ardua y enriquecedora odisea, la de repensarnos, reinterpretarnos como seres humanos y divinos. Al crear un nuevo lenguaje, una poiésis que nos permita a través de la ancestral sabiduría depositada en oriente encontrar nuestro Kamasutra. Un Kamasutra occidental, es decir, una letra que permita despertar el deseo, ser el hilo que lleve al atolondrado, solitario e individualista sujeto occidental, hacia dentro del laberinto de su inconsciente para que se enfrente al grotesco Minotauro que lo habita; y le hace creer que el sexo es sólo carne, mera sensualidad, y que el otro a quien debe unirse es su enemigo su contrario y a la vez objeto de sus pasiones. De esta lucha heroica el nuevo hombre debe resurgir triunfante, al lograr unir su cuerpo, su espíritu y su alma en el sagrado vínculo de lo femenino y lo masculino, reintegrándose en la unidad, cumpliendo el oráculo: conócete a ti-mismo y con ello conocerás al universo y a los dioses.
El gran efecto del Amor es el de convertir toda cosa a su propia naturaleza, que es toda bondad, toda dulzura, toda perfección. Es este poder divino el que cambia el agua en vino; el dolor y la angustia en júbilo exultante y triunfante"
Hitchcock,
Remarks upon Alchemy and the Alchemists
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La Piedra Filosofal
A manera de epílogo decidí agregar unas líneas finales sobre nuestro transcurrir en el tema del amor en todos los aspectos que hemos podido abarcar. Cada vez que me embarcaba en la tarea de escribir éstas líneas y aún más cuando me enfrentaba a la cruda hoja de papel de mi cuaderno de notas, me venía una y otra vez la idea de para qué escribir sobre este tema; pues me decepcionaba enormemente, al observar a través de la televisión y los diarios una y otra vez la disoluta posición del ser humano de seguirse viendo como una animal reproductivo. Tanto hombres como mujeres no están "satisfechos" con su apariencia física y se operan para ser más "culturalmente hermosos", emanan superficialidad, vanidad y egocentrismo enfermizo, todos quieren ser amados por lo que son... por fuera. Todos quieren amor, dicen, y lo que se ve es que quieren sexo, carne, carne y más carne. Me volvía la idea de que finalmente estas líneas no tenían sentido en un mundo donde lo material, lo comercial, lo corporal reinaba. Es básicamente la relación de espejo que hablamos, la de ver en el otro lo que me falta a mí o cambar al otro para no ser quien soy, diluirme en el Otro de la cultura sin olvidar mi esencia. Es una competencia feroz por callar al ser interno.
Sin embargo desde que escribí la primera línea hasta ahora, y a pesar de toda esa sanguinaria cacería de cuerpos que emana nuestra enferma civilización occidental, me sostenía mi deseo de compartir con aquellos más sensibles, una visión del amor para occidente que no sea la desencarnada y limitante de las "ciencias" que dicen estudiar al hombre y no hacen más que encerrarlo en manuales reduccionistas que dan recetas de amor, de cómo conseguir pareja, de cómo ser el amante perfecto, entre otras boberías. Tampoco quise dar una visión extremadamente esotérica y mística que haga pensar que sólo se puede amar siendo Santa Teresa de Jesús, o es más alguno de los grandes Maestros Iluminados de todos los tiempos y culturas. O bien que el "verdadero amor", es la supresión del cuerpo, el famoso celibato, la castidad, la virginidad. Esas son opciones pero no reglas absolutas, como lo hemos visto.
Mi entusiasmo residía en hacer que la visión terrenal del amor puede ser llevada a otros planos, otras dimensiones en la que nuestra naturaleza divina implica no el sacrificio del cuerpo sino el abrazar nuestra mortalidad con todas nuestras fuerzas, pues si bien deberemos pasar por nuestra transición y volveremos a tener otro cuerpo, por el momento sólo ese tenemos y debemos cuidarlo, sin obsesionarnos por él, mas darle su justa dimensión, ya que es el vehículo de nuestra esencia inmortal. ¿Descuidarían su medio de locomoción y percepción al punto de ponerse en peligros innecesarios? Hemos de cumplir ciertas normas básicas y debemos hacerlo lo mejor posible. Lo lavamos, lo pulimos, tratamos de mantenerlo al día con sus ajustes; en fin, lo cuidamos y le damos lo necesario para que podamos movilizarnos y experimentar a través de este la experiencia de vivir y ser materia. Esto implica desarrollar la sensibilidad para encontrar en su justa medida los placeres que este vehículo nos da. Placeres que nos pueden llevar a través de la sagrada unión con otro ser divino, a conocer el universo y a los dioses... que residen en nosotros.