DOSSIER ZIZEK, ARRIESGAR LO IMPOSIBLE
Zizek: Imposible.
Rosendo Rodríguez Fernández*
rosendo.rodriguez@uan.edu.co
"Los Milagros sí existen"
S. Z., Arriesgar lo Imposible.
"Las paradojas quiebran el sentido común y tensan a avanzar un poco más."
Graciela Jasiner, Coordinando Grupos.
Posibilidad es un término que se refiere a la ocurrencia de un hecho, el cual podría tener lugar. Existirían unas condiciones para que algo fuera producido en un devenir. Algo que se podría distinguir del flujo de un universo aparece, precisamente porque es posible.
Arriesgar lo imposible, es cuando menos, poner en juego algo que no puede ocurrir. Arriesgar es salir de una seguridad arduamente conseguida, por lo cual se defiende. Entonces, lo que sugiere Zizek a partir del título de su obra, es salir de lo seguro, histórico, apostándole a lo que no puede ser.
El imposible de Zizek, objeto de un riesgo, termina siendo sin embargo, algo que aparece en la realidad. Lo imposible de Zizek está en la realidad misma, por cuanto la palabra que designa lo imposible es perfectamente posible, y designa algo en la experiencia humana, algo que se ha traducido al lenguaje. Ese algo que está en el borde de la palabra imposible es precisamente, lo real lacaniano, de dimensiones ónticas, que por ser innominable es mortífero.
La cosa en sí, el carozo del ser, es inconcebible. De tal modo que se tiene una cosa impenetrable, que se sitúa en el plano óntico, ser en estado de puro devenir, ser que es ya en sí mismo, y del cual se desprenden las cosas que empiezan a ser simbolizadas e imaginadas. Cuando se entra en ésta condición de la imaginación y simbolización de las cosas, se entra en el pensamiento. El pensamiento en símbolos e imágenes es algo compartido por los organismos. De lo contrario, no se podría explicar porqué un organismo se relaciona de cierto modo con respecto a su semejante, y por qué lo hace de otra manera con respecto a su depredador.
Este universo simbólico e imaginario, compartido con todos los organismos, sin embargo, entra en una diferenciación en el caso del homo sapiens, organismo que desarrolla el lenguaje. Ocurre pues algo, en la Naturaleza, que provoca una diferenciación radical con respecto al ser de las cosas. Frente al devenir puro del ser, y frente a los códigos ontológicos que se desprenden de allí con la organización biológica, aparece el habla, que genera una externalidad con respecto a los objetos, incluido el propio cuerpo. Esto es, un mundo imaginado, solo posible como delirio colectivo, donde sin embargo, lo delirante toma caminos individuales, al punto que es posible aislarse totalmente del delirio colectivo con el delirio individual. Platón toma el mundo de la forma perfecta como referente para el conocer, y sitúa la razón en el plano de la meditación y la intuición para acceder a ese mundo que trasciende lo aparente que deviene con el lenguaje. Es el acceso a la idea perfecta, olvidada en la cárcel del cuerpo, en el apresamiento del mundo de las apariencias, algo posible a través de la intuición. Meditar e inspirarse, la idea aparece en el ejercicio de la contemplación, que de cualquier modo, es hacer teoría. Y teoría, en Platón, es forma. Pensamiento formal, dicen, es hacer teoría. Pero la teoría es un entramado que interpreta y a la vez es producto de la interpretación del mundo sensible, el cual, de todas maneras, remite al mundo ideal. Aristóteles se quedó en el mundo sensible, empírico. Pero Platón buscó la verdad en el mundo ideal.
La hegemonía del sustantivismo aristotélico, y la primacía de las demostraciones matemáticas de enfoque Newtoniano, la experiencia de Boyle de la creación del vacío en el laboratorio, como referente del cero, entre muchas otras cosas, y la fortaleza del positivismo sumada a su articulación con la economía de mercado y el surgimiento del capital, reificaron la concepción de la Naturaleza como algo externo al hombre, medible, cuantificable, explotable. El hombre mismo, un artículo de consumo, incluso para sí mismo, pues el mundo de la apariencia se impone sobre el mundo de las ideas. Zizek sigue el curso de la historia del pensamiento, situándose sin embargo en la discusión desde una postura estalinista (en un mundo donde Stalin y Lenin son proscritos) con el pensamiento radical alemán, retomando especialmente a Heidegger y su trabajo sobre el ser (en el mundo), para oponerse radicalmente al capitalismo y a sus correlatos epistemológicos: el neoliberalismo y el multiculturalismo. Tal vez lo imposible sea impedir que la historia siga su curso, como predice Marx.
El capitalismo sería un estadio anterior al advenimiento del comunismo, utopía que terminaría con la filosofía, pues el pensamiento muere cuando el deseo se termina en la satisfacción. No obstante, la teoría de la plusvalía contradice esta utopía de la muerte de la filosofía. Esta idea no es ajena al psicoanálisis, o más bien, es propia del psicoanálisis freudiano. Lacan, el lector de Freud, el intérprete que plantea una realidad anudada en torno al objeto de deseo, un vacío en el centro de una estructura borromeica, una realidad fantasmática generada desde tres registros (Imaginario, Simbólico, Real), entra en la filosofía de Zizek a resolver el problema de lo imposible.
El ser, pretendidamente domesticado por la palabra, se manifiesta cada vez que pretende ser aprehendido, en forma de lo innominable. Lo negado del hombre no solamente en la ideología, sino en la ciencia, reaparece en la realidad, generando el malestar en la cultura que toma la dirección de lo ilícito, o lo lícito inmoral o lo lícito que rompe con la ética. La rasgadura que produce lo real en la trama de la realidad, es algo que siempre resuelve la creación de un nuevo lenguaje, siempre sujeto a modificación. Zizek da un lugar al deseo en la filosofía, y con el deseo, confronta la ideología capitalista. Muestra como lo imaginario se convierte en síntoma del malestar en la cultura, psicoanalizando los filmes, principalmente holliwoodenses. Hace hablar, otra vez, como hizo en otro tiempo la Escuela de Frankfurt, al psicoanálisis y el marxismo con el pensamiento radical alemán.
Al arriesgar lo imposible, se atreve a desafiar a la Hidra, el desarrollo del fenómeno económico mundial, con sus propias contradicciones, y sin ser un pesimista, promueve la idea de que los milagros sí existen. Lo peor de lo real, lo innominable, lo destructivo de la pulsión de muerte, no es que sea imposible. Sino que por el contrario, en la lógica de la pulsión de muerte, creadora y destructora de lo viviente, lo real es posible. La mirada de Zizek, volviendo a Platón, no es ya tan propiamente la de un marxista clásico, positivista en su modo de concebir el mundo. A pesar de lo aparente de la verdad actual, la verdad es aquello a lo cual no se renuncia. Apuesta fuerte la del psicoanálisis, con su discusión sobre la ética. Zizek se compromete, de manera militante, con la mirada lacaniana, para recuperar una ontología política dotada de un sujeto: el sujeto de lo inconsciente.
La filosofía es sacada del ostracismo al que pretenden someterla las ciencias cognitivas, con sus eficientes y eficaces dispositivos de alta rentabilidad y pragmatismo. Lo imposible es, en el momento actual, oponerse a la ideología neoliberal y sus efectos propagandísticos, subjetivadores, totalizantes.
Tapar el sol con un dedo previene sin embargo de la ceguera del ojo, no bien que la del espíritu. El hombre actual ve lo que le es dado ver desde el Otro. Es allí donde se arriesga lo imposible, a mi juicio, por parte del filósofo. El accidente de la naturaleza que dio lugar a la razón, a la contradicción entre la materia y su producto, el pensamiento, es también lo que da lugar a lo innombrable en nosotros, situado en la fractura entre la palabra y la cosa. Esa brecha, ya nombrada como el sujeto, es lo imposible de prescindir, al menos en sus efectos, pues está rechazada del lenguaje filosófico y científico actual. Allí, en el imposible, está Zizek: imposible.
*Psicólogo. Candidato a Magíster en Psicoanálisis