La Neurosis: Una Pregunta

Rosendo Rodríguez Fernández

Resumen:

El texto trata el problema de la investigación, que si bien se trata de un problema epistemológico, es esencialmente un problema psicológico. Esto por cuanto, si bien se reconoce que la teoría precede al investigador, el investigador se adhiere a la teoría por razones psicológicas, subjetivas, que se encuentran velando lo esencial: el sujeto. Es el neurótico el que se pregunta por su origen, y trata de dar respuesta a través de las grandes teorías. La pregunta por el origen ha pasado históricamente por el mito, la religión, la filosofía y la ciencia. Se puede reconocer que las respuestas han estado plenas de "originalidad" y con una buena dosis de imaginación. Sin embargo, a pesar de que las soluciones a la pregunta por el origen parecen obvias, responden al espíritu de la época. El psicoanálisis lacaniano señala, como aporte, el problema psicológico que se asocia a la significación, al origen vinculado al significante. Peligrosamente vinculado al capitalismo y al multiculturalismo, el investigador renuncia de entrada al reconocimiento del sujeto cartesiano en referencia al problema de la investigación actual. La necesidad de dar respuesta al problema del origen, además de pasar por el problema de la ideología y el mercado, pasa por el rechazo de lo molesto, de lo inquietante: de lo real del sujeto.

Palabras claves:
Investigación - Investigador - Creador - Creación - Mito - Escatología - Psicoanálisis - Lacan.


"...y se llevaron el cuerpo embalsamado dentro de un ataúd metálico, y quienes alcanzaron a verlo siguieron repitiendo durante muchos años que no habían visto una mujer más hermosa, ni viva ni muerta."
                       Gabriel García Márquez, El Rastro de Tu Sangre en la Nieve.

La cuestión de la pregunta por la pregunta, es decir, la pregunta por la curiosidad, conduce, siguiendo la propuesta de Jacques Lacan, a un problema estructural. Es decir, conduce a más preguntas. En efecto, la curiosidad del científico, del filósofo, del investigador, ¿De dónde se origina? Esta cuestión, poniéndola casi en labios del Psicoanalista, con P mayúscula, tiene una elucidación que podría ser un aporte a los trabajos de investigación, en lo que atañe a ¿Quién es el investigador?

Otra vez, el problema del Origen.

Mircea Eliade, en su freudiano trabajo sobre los mitos, señala constantemente el papel del mito como una explicación del origen, como una "verdadera" explicación de la creación del hombre, donde es Otro el Creador. El Creador, según los diversos mitos, puede estar "retirado" de su creación, habiendo dejado a cargo a otros dioses menores, y aunque por lo regular ya no interviene en los asuntos humanos, se le hace intervenir, especialmente cuando su creación se encuentra amenazada. Es decir, cuando la muerte se hace presente, en términos de magnitudes sociológicas, catastróficas, se demanda la intervención del dios. Esta descripción permite sustentar el tipo de relación que existe entre el hombre y la divinidad, entre el hombre como símbolo, y otro símbolo, que es el Padre. Hay un origen allí que es explicado por la Creación. En el mismo texto de Eliade, se sigue que la terapia, cualquier curación, requiere un ritual, el cual consiste en la renovación, o la actualización del origen, al repetirse el proceso creador originario. La escatología consiste esencialmente en la decadencia de todas las cosas frente a la acción del tiempo (y de la muerte), y la renovación consiste en la repetición de la creación por la invocación del dios Creador, el cual aparece de nuevo en el ritual, se encarna y crea otra vez al hombre. Se trata de un nuevo comienzo para el enfermo, gracias al contacto con El Comienzo de todas las cosas. "…en ciertas culturas (por ejemplo, en Polinesia), el mito cosmogónico es no solo susceptible de tener un valor terapéutico intrínseco, sino que constituye también el modelo ejemplar de toda clase de <<creación>> y de <<hacer>>. (Eliade, 1992, p. 43)

El estudio de los mitos lleva a una concepción según la cual la existencia del hombre se debe a la actividad de seres sobrenaturales que en un comienzo despliegan su actividad creadora. Lo que sucede en los tiempos de la cosmogonía y antropogonía han hecho del hombre lo que es hoy. Si es mortal, se debe a lo que sucedió en los comienzos. Si no hubiera sido por ello, el hombre sería inmortal.

Pero, en apariencia al menos, las concepciones míticas han entrado en decadencia. La actualidad está soportada sobre otros orígenes. Frente al evolucionismo y la revolución biológica, podría pensarse que la antigua mitología perdió sus credenciales. La renovación puede ser llevada a cabo por medios tecnológicos de los que dispone el hombre de la edad de la ciencia, más como una reparación donde la medicina y la fisiología ocupan el lugar de los antiguos seres sobrenaturales. No es extraño tampoco, ver que los hombres de ciencia tomen el camino del misticismo, y reencuentren en los mitos el sentido de su actividad creadora o descubridora. Llama poderosamente la atención ese retorno al misticismo, advertido por los filósofos. Jaime Toro (1997) señalaba la imposibilidad de fundar un nuevo orden sobre el espejo roto de Dios. Una vez muerto Dios, el hombre se ha esforzado por revivirlo, o colocar en su lugar alguna de sus versiones posmodernas. En otro sentido, Dany-Robert Dufour (2007) afirma que el tiempo actual está signado por la delegación de la responsabilidad fundacional al individuo mismo, adquiriendo el lugar del Otro. "Sé tú mismo", sustituye al viejo postulado en que se compelía al individuo como "hijo de Dios". Sin embargo, el precio que paga es equivalente al narcisismo y al cinismo, la postura posneurótica en que el individuo es acrítico, sujeto o sometido a las mortíferas leyes del goce, en el contexto de la sociedad globalizada y mercantilizada.

Retomando el antecedente de la muerte de Dios, la vieja discusión que planteó la Ciencia ubica al individuo en el horizonte de la Crítica: desde unos postulados, se desarrolla un debate que no termina con la rendición de alguno de los bandos, sino con su sincretismo. El posmodernista, acrítico, da lugar tanto a la religión como a la ciencia, sin objetar algo con respecto a la flagrante contradicción e incoherencia discursiva que se introduce con el eclecticismo. En la experiencia cotidiana, religión y ciencia aparecen complementándose, pues una y otra sirven a diversos modos de goce, a formas de consumo. Se subraya aquí que ese narcisismo acrítico y cínico se liga indistintamente a los discursos en relación al exceso de goce, exceso mortífero que por su naturaleza genera un malestar. En este sentido, si bien se toma de la religión, la ciencia y el mito para fundarse, la fundación viene teniendo lugar en relación con el "Sé tú mismo". "Toma tu destino en tus manos", "Si no eres tú, ¿Quién? Si no es ahora, ¿Cuándo?", son frases que encarnan el ideal individual que empuja al hombre a desear ser algo que ignora, en términos ónticos, pero que consume. En otras palabras, se ofrece el ser como una mercancía, con su plusvalía. Sin embargo, ese "ser" del discurso de la ideología, no tiene otro plus que la insatisfacción, el malestar, por cuanto, por idiota que sea el consumidor, lo consumido no cubre su falta. Siempre entonces, se ofrece en el mercado del "ser" otro producto que promete satisfacción, siempre se promete un plus, y siempre el plus es carente. De nuevo, no obstante, el individuo queda al margen de su verdadero ser, quedándose con la dimensión imaginaria. Además, ignora la solución del problema del ser, ya propuesta por los filósofos griegos, incluso por presocráticos, que mostraban la diferencia entre el mundo sensible y el mundo de la forma, el mundo del ser. Esta ignorancia constituye el terreno fértil del mercado, ignorancia docta incluso, recordando la frase de Nicolás de Cusa, el sabio del Renacimiento.

El problema del origen, sin embargo, es importante resolverlo en el plano ideológico, al menos, para justificar el mercado de las ideas sobre una apariencia de producto de buena calidad, que promete al hombre la provisión de un orden simbólico sobre el cual pueda crear significaciones para su existencia. Oparín plantea el origen de la vida, mientras Schrödinger intenta definirla. Si bien el problema aparece resuelto, en la perspectiva de la ciencia y de la cultura, sigue siendo algo que escapa en la experiencia del hombre a su propia comprensión. Es decir, aún a sabiendas de que el origen, tanto del cosmos, como de la vida, y por consiguiente, de sí mismo, tiene una explicación en la perspectiva científica, el hombre continúa insatisfecho frente a la explicación. De cierto, conoce que las explicaciones cambian con el paso de la historia, pues hay quienes se han ocupado de ese problema (Kühn, Popper, Lakatos, Habermas, entre otros), pero en la misma explicación se deja sentado que la teoría trascenderá a la larga los postulados de un saber. No parece que se llegue al final de la teoría, como tampoco al final de la historia y la filosofía, para su realización. En suma, puede decirse, a riesgo, que el origen continúa siendo problemático para el hombre, aún con los cúmulos de evidencias que se acopian con cada explicación. Un planteamiento que vale la pena resaltar, es el de Jacques Lacan, en lo tocante a lo enigmático del origen en la experiencia del hombre, pero más claramente, a nivel del sujeto.

Siguiendo el texto del Seminario "Las Psicosis", existe algo que escapa a la trama simbólica. Lo simbólico, sea dicho de paso, "da una forma en la que se inserta el sujeto a nivel de su ser". (Lacan, 2004, p. 256) La trama simbólica, entonces, para Lacan, no logra cubrir la procreación en su esencia: que un ser nazca de otro. El que un ser sale de otro ser, es algo que ha escapado a la trama simbólica, la cual solamente llega a dejar sentada la sucesión entre los seres. "Todo el simbolismo está allí para afirmar que la criatura no engendra a la criatura, que la criatura es impensable sin una fundamental creación. Nada explica en lo simbólico la creación" (l. c.)
Continúa Lacan, en la misma dirección, en el mismo lugar, con el señalamiento de la ausencia de la explicación en lo que respecta a que sea necesario que unos seres mueran para que otros nazcan. "Los biólogos dicen que hay una relación esencial entre la reproducción sexuada y la aparición de la muerte, y si eso es cierto, muestra que ellos también giran en torno a la misma pregunta". Es decir, no todo pasa por el lenguaje, no todo es recubierto por lo simbólico. Pero, ¿Qué es lo que propicia esa fuga del origen, a pesar de las múltiples explicaciones del origen? ¿Cómo es que escapa la procreación a la explicación de la creación? Lacan muestra que las preguntas sobre el origen se formulan a pesar de la evidencia fáctica de que un ser sale de otro ser. Es decir, aún cuando parece obvio que un hijo sale de una madre, y que se necesita de un proceso de fecundación, ya sea por parte de un macho o de un dispositivo tecnológico, permanece la pregunta en torno al origen. La solución freudiana, contundente por lo sencilla y obvia, y sin embargo magistral, es del orden de que la vida cumple su ciclo, siempre, para alcanzar la muerte. El significante reproduce el ciclo, pero valiéndose de lo simbólico: una vez realizado como hombre o mujer, el ser humano se pregunta por su origen, y busca la relación existente entre los seres que protagonizan el ciclo de la vida, con su acto creador. Pero para Lacan, algo hay inasimilable de manera radical al significante, y es la existencia singular del sujeto. Freud decía que el individuo no cree en su propia muerte, en el fondo. Lacan retoma esa idea en relación con el significante, el que, al ubicar al sujeto más allá de la muerte, al inmortalizarlo por esencia, no puede ofrecerle una concepción ni de la vida ni de la muerte. ¿Qué funda al individuo? Su nombramiento, por parte del padre, es decir, el devenir de un significante o un suplente en su defecto, que le permita hacer el tránsito por la textura de una realidad constituida en términos de lenguaje. Lo que escapa al lenguaje es tan radical, que el sujeto, a merced del significante, solamente puede formular las preguntas desde esa estructura, devenida en el discurrir de los accidentes biográficos, en la expresión de Lacan. Mitos, Religión, Ciencia y Filosofía, en diferentes contextos, han debatido con sangre el problema del origen. La actualidad lo "resuelve" imaginariamente en el plano de la ideología ligada al capitalismo y al mercado. La obra de Slavoj Zizek está allí, diciendo sobre esto, pronunciando sobre esto, planteando sobre esto, un problema radical que tiene que ver con la exclusión del campo del conocimiento del sujeto cartesiano, que señala lo que molesta, lo intolerable, y lo que hace la crisis existencial actual. Lacan muestra, con Freud, lo radical de la pulsión de muerte, que se relaciona con la escatología y la continua necesidad de renacer, visible tanto en los mitos antiguos, como en la ciencia actual.  

REFERENCIAS
Dufour, Dany-Robert (2007). El Inconsciente es la política. En: Desde el Jardín de Freud. No. 7. Revista de la Universidad Nacional de Colombia. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
Eliade, Mircea (1992). Mito y Realidad. (2ª. Edición). Barcelona: Editorial Labor.
Lacan, Jacques (2004). Las Psicosis. 1955-1956. Libro 3. El Seminario de Jacques Lacan. (1ª. Edición, 3ª. Reimpresión). Buenos Aires: Paidós.
Toro, Jaime (1997) La Muerte de Dios. Deseo y Transgresión. En: Caos y Dimensión Estética. De Kant a Deleuze. Revista Carpe Diem, Documentos 1. Bogotá.
Zizek, Slavoj (2001). El Espinoso Sujeto. El Centro Ausente de la Ontología Política. Buenos Aires: Paidós.


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