Lo onírico, medio de representabilidad de lo traumático.

La importancia del sueño radica en que "…se constituye en continuador de la labor diurna y lleva a feliz término un proceso mental que el pensamiento despierto dejó pendiente"
Freud, 1900.

     Nada sabemos de lo real sino a través de construcciones ficticias, Nietzsche en Braunstein (2006); Así pues, lo real es un significante, por ello el trauma no es la situación, es la construcción psíquica que realiza el sujeto de esa experiencia. Lo real es lo que vuelve siempre al mismo lugar (Lacan, 1975),  y eso que vuelve es aquello que no se ha podido articular dentro del psiquismo humano, cuyas fuentes pueden provenir del exterior o del interior en forma del ideal del Yo, y que el sujeto experimenta como imposible de soportar dentro de su lógica, por lo tanto lo real es lo insoportable dentro de la subjetividad, resultando así que lo real es lo particular, lo traumático. Ante ello entonces, se encuentra al sueño dentro de la teoría psicoanalítica como un medio que puede dar cuenta de esas desarticulaciones anímicas, un medio que puede ser tomado dentro de un dispositivo analítico dirigido a la cura del síntoma en el marco de  la relación analítica  transferencial - cotransferencial.  
     Sigmund Freud junto con Charcot y Breuer, empieza sus investigaciones sobre las nociones de lo denominado como traumático (Benyakar  & Lezica  2005), formulando entonces una teoría a la que llamaron "descarga por reacción", en donde se definía que la neurosis traumática se produce por la falta de capacidad del lograr descargar el afecto concomitante a la experiencia. A partir de dicho planteamiento Freud no solo adjudica a la concepción del trauma su cualidad de experiencia displacentera sino además que, dicha experiencia no logra su descarga afectiva, afirmando de este modo que: "Todo suceso no descargado pasa a ser un evento traumático", (Benyakar & Lezica, 2005) la acumulación de excitación displacentera es tan fuerte que no logra el psiquismo asimilarla. De este modo el trauma sería para Freud, en un primer momento, aquello que no se puede digerir.

     Esta concepción es la de un Freud cuyas formulaciones eran del orden mecánico -fisiológicas en donde hay un sistema nervioso cargado de energías reguladas por el principio de placer-displacer constituido por tres instancias. Sistema ?, quien recibe las excitaciones del mundo exterior, un sistema ? quien se encarga de equilibrar las energías provenientes del cuerpo buscando los modos de descargarlas, y un sistema ? en donde queda inscrito la experiencia como una huella mnémica. El complejo traumático es la imposibilidad por parte de ? para descargar una energía que resulta ser inarticulable, rebosa el sistema de amortiguación al romper la barrera de autoprotección. De este modo se introducía  la explicación a la psiconeurosis de defensa, puesto que son los mecanismos de defensa quienes neutralizan el recuerdo de un evento sentido como displacentero, por ejemplo, el asco y la conversión somática en la histeria o el delirio en la psicosis. Emerge entonces el síntoma como un medio para exteriorizar aquello que no ha sido elaborado y que resulta insoportable. El síntoma como una sustitución del trauma, para Lacan un goce encapsulado o camuflado.

     "Una experiencia que, en un breve lapso de tiempo le acarrea a la vida psíquica un aumento de estímulos tan fuerte que fracasa su terminación o elaboración a la manera normalmente acostumbrada por lo que resultan trastornos en el funcionamiento energético" (Freud, 1926, p.199)

     Hasta aquí vemos los primeros acercamientos teóricos a la concepción del trauma, concibiéndolo inicialmente como una fuerza que el Yo no logra articular, que se queda anclada como huella mnémica en el sujeto y que prosigue en el tiempo, en síntesis la definición del trauma tenia que ver con la concordancia entre lo displacentero y el tiempo, en relación a su permanencia-fijación. 
 
     A partir de su obra Más allá del principio del placer de 1920, Freud, replantea la premisa en la que se concibe al aparato psíquico como aquel que se mueve por la búsqueda del placer y la evitación del displacer, pues al analizar nuevamente los sueños traumáticos descritos en su obra la interpretación de los sueños de 1900, encuentra que en ellos no hay un indicio de placer, encuentra una "…tendencia del aparato psíquico a aferrarse a lo displacentero" (Benyakar M & Lezica, 2005, p. 69), una "compulsión a la repetición al servicio de la función defensiva del Yo, para evitar la emergencia de recuerdos dolorosos", un goce en Lacan. 

     El goce es "la satisfacción de una pulsión, pero específicamente de una muy precisa, la pulsión de muerte" (Braunstein, 2006, p 69 ), La pulsión de muerte viene a servir en el sentido de que su parálisis detiene la experiencia del dolor, mostrando evidencia de su existencia en la repetición; Por ello se define al goce en su carácter particular,  pues remite a concebirlo como un producto que no esta ligado al deseo del otro, sino que es una forma subjetiva de estructurar la experiencia relacionada siempre con el estilo de hacerle frente a la realidad, desde su realidad. A partir de esta concepción, se encuentra que la compulsión es más primitiva que el principio de placer.

     Repetición, con este nuevo concepto se da un giro radical, puesto que  Freud (1900) ahora concibe al trauma como un núcleo representacional que desencadenará el proceso patógeno, Baptiste (1973), al decir desencadenar expresaría que hay algo que ya está presente, solo que, al aparecer una cierta  experiencia hace brotar lo traumático al anudarse con otra huella mnémica que emergerá por efecto de retroacción.

     "Una situación nunca es traumática per se" (Benyakar & Lezica, 2005, p. 63), es decir, no hay nada del exterior que llegue a un sujeto y se denomine de tal forma, para ello ha de entrar en escena la propia subjetividad; Por lo tanto lo traumático no es un hecho especial en sí, tiene que ver con el significante que se le atribuya, de este modo Freud (1926) pasa a denominar trauma a todo núcleo representacional que desencadenara el proceso patógeno, más allá de su origen externo.

      Para Gómez (2004),  quien se encuentra inmerso dentro de una situación traumática es aquel que: "…revive lo acontecido con la viveza y agudeza de un hecho actual, aun transcurrido el tiempo, muchas veces largo, desde que tuvo lugar el suceso funesto… el sujeto traumatizado no recuerda sino que repite, vive lo sucedido es invadido por…sueños de la desgracia". De acuerdo con la anterior afirmación, la autora hace hincapié en una de  las características del trauma que es la de la repetición, señalando al sueño como una eclosión característica de dicho fenómeno, así el sueño se convierte en una fuente que da cuenta del sentido y la fuerza que representó y representa algún evento, dicha manifestación puede ser "inmediata o tardía" según refiere, y además que "no puede olvidar, ni borrar de su mente las imágenes de espanto… esas imágenes reaparecen en sus sueños…" (Gómez, 2004, p. 84). Por lo tanto, el sueño cumple con una función vital que será la de representar y hacer retornar al sujeto a la escena traumática. De acuerdo con lo anterior, resulta entonces que el elemento más relevante del síndrome de repetición lo constituye el sueño traumático puesto que: "repite de manera casi idéntica la escena traumática"  (Gómez,  2004, p. 86). Ante esto, la repetición traumática irrumpe principalmente en los sueños que, de forma casi invariable, reproducen el acontecimiento traumático, desplegándolo justo hasta ese momento de confrontación con lo real, es decir, con lo insoportable. 

     En este punto, se encuentra entonces al sueño como un medio que posibilita el acercamiento al conocimiento de toda una gama de significantes que se tejen alrededor del complejo traumático, una vía que permite el conocimiento y comprensión a la historia de esa huella mnémica indeleble inscrita en el aparato anímico, puesto que al reflejar las imágenes que la componen las hace audibles no solamente al analista, sino al sujeto en sí, ya que al concatenar la imagen con un significante, por asociación, conlleva a realizar una resignificación en donde este sujeto podría reconocer y hacerse responsable de lo que ha evitado y rechazado pensar en lo consciente.

     Pero, ¿cual es la concepción del sueño dentro de la teoría psicoanalítica?. El sueño es para Sigmund Freud, la realización de un deseo, un producto psíquico que representa la mejor vía para llegar al Inconsciente de un sujeto (Freud, 1900), cuya fuente de contenido es la infancia.
  
     Freud realiza un recorrido histórico por la concepción al origen y desarrollo del sueño desde las épocas iníciales de la humanidad, encontrando que el mundo fue proclive a establecer teorías sobre el sueño y su significado, para entonces, con el florecimiento de la disciplina intelectual de las ciencias físicas fue transformando toda esta significativa mitología que se venia desarrollando alrededor del sueño, al ubicar al sujeto como el agente creador de su contenido. Así, con  su teoría del Inconsciente, Freud da un giro radical a la concepción del sueño puesto que planteará que: no es un regalo divino (envió de Dioses) es una escritura de representaciones que han burlado la represión; ya no será concebido como una experiencia psicosomática, es una fabricación que se da a partir de la represión y la censura onírica; su elaboración será a partir del relato, es decir, del discurso de un sujeto y por tanto se analizara a partir de la libre asociación que haga el soñante sobre los fragmentos del sueño, para finalmente afirmar que el sueño será entendido como la realización inconsciente de un deseo (Freud, 1900). El papel del analista será por lo tanto decifrar y traducir el sueño a través de la palabra del sujeto en análisis.
     La teoría de los sueños es el resultado de sus trabajos psicoanalíticos dirigidos a la cura de psicopatologías tales como las fobias histéricas, las representaciones obsesivas y la neurosis, en donde a través del análisis de sus pacientes y de sus propios sueños (materia prima) Freud (1900) desea encontrar la solución a la psicología de la neurosis. El interés de Freud por investigar el sueño se da por que es en él precisamente donde descubre un medio que sustenta y justifica la existencia de su teoría del Inconsciente, en su texto La interpretación de los sueños; libro que consideró como su mejor trabajo, publicado en 1899, pero que lo inscribe como si fuese en 1900, con el ánimo de que su obra entrara en el nuevo siglo (XX). 

     Es el sistema inconsciente punto de partida de la formación de los sueños, cuyas representaciones son absolutamente incapaces de llegar a lo preconsciente por lo tanto ha de enlazarse con una representación preconsciente no censurable para poder llegar a la consciencia, a partir del  establecimiento de las ideas latentes y de la transformación de las mismas en el contenido manifiesto, esto, al volcar un(os) significantes valiosos en contenidos insignificantes aparentemente, a través del desplazamiento (transposición) y la condensación (formaciones en unidad), dos procesos psíquicos primarios que sirven a favor de la representabilidad del sueño, por esto, Freud define que lo que se ha de analizar no es la imagen en sí misma como elemento aislado y descontextualizado, sino que ha de interpretarse a la luz de la palabra (como expresión de la subjetividad) de cuya asociación se revela el Inconsciente puesto que "El sueño es conciso, pobre y lacónico en comparación con la amplitud y riqueza de las ideas latentes" (Freud, 1900, p. 517)  que se encuentran  en cada imagen que representa un contenido de total interés para el sujeto,  hallado a través de la técnica psicoanalítica denominada como Asociación Libre (Freud, 1925-26).

     A partir de las transformaciones que sufren los significantes y significados que comprenden al sueño (Metáfora y metonimia en Lacan ), Freud (1900) se interesa por sus producciones simbólicas o contenido manifiesto, encontrando que esta simbología encarna  el modo de representar la realidad psíquica, esta que tiene un propio significado (objetivo de la interpretación), y que va mas allá de la imagen (objeto de la interpretación): será entonces el contenido latente "y no del manifiesto, del que desarrollamos la solución del sueño" (Freud, 1900, p. 516); De allí que Freud (1900), conciba al símbolo como una representación indirecta,  cuya función es la representación del material sexual, un modo  entonces de evidenciar el deseo al igual que por ejemplo sucede con la fantasía, los mitos, las fabulas, los chistes, entre otros fenómenos psíquicos que en forma camuflada intentan no ser investidos por la represión y así ahogarse en su propio deseo de poder desear.

  
     El sueño entonces, pareciera como un espacio de confesión que, cuando los fuertes mecanismos de la censura se encuentran desprovistos de fuerza, pueden emerger pensamientos y emociones sentidos como verdades que en la vida diurna un sujeto no se atrevería a contemplar, una catarsis del Inconsciente, la voz del alma que atrapada por los lineamientos de la prohibición habla, habla a través de símbolos ya que el hombre de algún modo tiene que comunicarse a sí mismo lo que siente, por que si lo calla se le convierte en síntoma de su malestar, de allí que, el análisis de un sueño, invite a  que se realice un proceso de conversión del contenido latente en manifiesto y en una traducción de lo manifiesto al contenido latente, esto dirigido a la resignificación de una situación denominada  como traumática, en donde el sujeto ya no repita si no recuerde, proceso que se denominará como reelaboración, el cual consistirá también  en palabras de Freud (1914), en desarrollarse un trabajo terapéutico, que en buena parte consiste en la reconducción al pasado, si bien es cierto es hacer consciente lo inconsciente, también hace parte de construir nuevos significantes. De este modo, Freud encuentra que así como para el cuerpo trae satisfacción el dormir al generar una sensación de reparación, la representabilidad de lo reprimido en el sueño anudada a una interpretación, permite realizarse una articulación de significantes que ligan al alma de las cadenas de la censura y  no permiten se escienda el yo.    


     El sueño evidencia la búsqueda compulsiva inconsciente de un encuentro fallido con el objeto fálico que es simbolizado en recuerdos, pero que como entes reales no existen y ante esta inexistencia se crea la falta, de allí que Freud (1900) mencione como realidad, la realidad psíquica, en donde es la fantasía lo que le importa al psicoanalista y no en sí la facticidad de la experiencia,  por tanto, lo importante no es el sueño en si mismo entendido como contenidos manifiestos, sino, en el sentido que le provea el sujeto a estos elementos, es decir al contenido latente. 

       El sueño comprende finalmente, la continuidad del psiquismo en la vigilia (Freud, 1900), por tanto, este en un medio potencial para que el analista tenga suficiente material con el cual pueda realizar un proceso analítico, dado que, en él la censura no ejerce una mayor deformación y por lo tanto permite acceder al saber inconsciente. De acuerdo con ello, se comprenderán las relaciones que dieron lugar a lo que el sujeto concibe como traumático, se vislumbra la lógica con la cual se articulo, y  de este modo no se trabaja con una experiencia fáctica.





     *Baptiste J. (1973). Para comprender a Lacan. Buenos Aires, Argentina: Editorial Amorrortu
     *Benyakar, M. & Lezica A. (2005). Lo traumático, Clínica y paradoja: Abordaje Clínico.  Tomo II. Buenos Aires, Argentina: Editorial. Biblos.
     *Braunstein N. (2006). El goce un concepto Lacaniano. Buenos Aires, Argentina: Editorial: Siglo Veintiuno. 
     *Freud, S. (1976) Inhibición, síntoma y angustia. Tomo XX. En J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.) Obras completas. Buenos aires, Argentina: Editorial Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1925-1926)
     *Freud, S. (2000). La interpretación de los sueños. Obras completas. (2da.Ed.) Tomo  II. Madrid, España: Editorial Biblioteca Nueva. (Trabajo original publicado en 1900)
* Lacan J. (2003) R.S.I. Seminario 22. Barcelona, España: Editorial Paidòs. (Trabajo original    publicado en 1975)


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