Entre los dos azules
Del cielo y del océano
Una línea de arena
Seca, sola, sombría.
Luego cae la noche.
Y nave y costa y mar
Y tierra y canto
Navegan al olvido.
Pablo Neruda (Final del Poema, fragmento XXII de La Insepulta de Paita)
Entre los Dos Azules
Rosendo Rodríguez Fernández
Cuando se habla de la actualidad, se habla desde el imaginario centro de la Tierra, en la vida cotidiana, vida de la cual, al fin y al cabo, es de la que se habla, desde la que se habla, y para la cual se habla. En ese sentido, un metalenguaje que surge más allá de las descripciones de Freud sobre las patologías que surgen en el diario vivir, pone al habitualmente a salvo "hombre normal" sobre la pista hegeliana de que se trata, en realidad, de un ser enfermo, acosado por un registro imaginario del cual no se puede librar tan fácilmente, y digámoslo de una vez, con poca anestesia, parodiando una frase del argentino Marcelo Pérez, pese a la palabra como vía de simbolización.
La aufklarung, es el tema recurrente desde los tiempos de Kant. La actualidad, siempre pretendida como actual, encubre un espíritu nietzscheano, que juega a condensar el tiempo en el presente como un deseo que sujeta, y que mueve como una marioneta al soñante, al delirante, para emplear una expresión corriente en los grupos de discusión en que participo
.
Esta discusión, no es nueva, tampoco. No hay algo nuevo en decir que el DSM-IV de la APA, por ridículo que parezca, establece un ingenuo criterio de normalidad estadístico, tomando como justificación nada más ni nada menos que un concepto matemático de Gauss. Por asociación, al modo como vigotskianamente los niños asocian una palabra con una acción y hacen una conferencia de sentido, generando la magia del pensamiento, los grupos de estudio adscritos a la APA entronizan patologías por encuestas, en el fondo, valiéndose de la confiabilidad y validez. Ya Jairo Gallo hizo un acercamiento a este problema. Desde el pensamiento de la APA, quienes hablan contra ese criterio, o lo objetan, en su ingenuidad, serán marginales, anormales. Y tendrán razón, por supuesto, pero razón desde un circular pensamiento que Bacon calificaría como una petición de principio. Instaurar una verdad por consenso, por doxa o por opinión. Tampoco pienso que, una teoría como el psicoanálisis esté libre de eso, pero tal vez, concediendo el beneficio de la duda, sus equivocaciones sean de plano metateóricas.
Sumando, por insoluble, el problema de la verdad, que quizá consiste esencialmente en que la verdad es que no hay verdad, o su variante, la verdad es vacía, en tanto que la cotidianidad tiene que inventarse y en consecuencia inventar sus referentes, es necesario dejarlo al lado y tomar, de modo funcionalista, sus efectos.
Así, una actualidad que se esgrime como absoluta, al modo humanista, aún siendo insostenible, es lo que se sigue sosteniendo. ¿Es que la actualidad latinoamericana no tiene precedentes? ¿Qué hay, por ejemplo, en enunciados, en la cotidianidad colombiana, a favor o en contra de tal o cual candidato a ser elegido presidente, apoyados en tales o cuales referentes?
Jairo Báez señalará de nuevo, con Nietzsche, que no hay más que relación especular. Un imaginario nos rodea, y cinco mil millones de imaginarios bordean el planeta. La paradoja es que estas palabras pueden ser leídas por muchos de ellos. Sin embargo, serán leídas de tantas cuantas maneras hay de leer, es decir, en tanto que haya uno que pueda leer, su entendimiento oscurecerá el texto, iluminando y tiñendo de sombras otros aspectos del mismo.
La dinámica de la secta, sin embargo, planteará una personalidad para un grupo. Gregarios que comparten un imaginario, y lo sostienen, desmedrando casi totalmente la individualidad. Esta línea de razonamiento lleva a la paradoja de que el yo es el otro, y su distinción se hace imposible. En mi secta, se hablan estos temas.
De este modo, buscamos, al igual que los parroquianos de domingo, referentes en todas partes, para sostener una imagen, un símbolo, un discurso. La actualidad, de acuerdo con los diálogos seguidos, más o menos autísticamente, que es tan actual, sin embargo y a pesar de los humanistas, tiene referentes históricos (tal vez sean histéricos, después de todo).
Un documento, de Alberto Abello , relata algunos de los avatares de la relación entre ese llamado Libertador, Simón Bolívar, a cuya figura se deben no pocas vicisitudes actuales, y una de sus mujeres, quizá colocada en el lugar de La Mujer (con el "La" tachado) en el psiquismo derivado de allí, pone en circulación fantasmas que nunca han sido atravesados, obviamente en la dimensión de la cotidianidad.
La insepulta de Paita, luego de luchar bajo la égida del Libertador, contra los partidarios del General Santander, termina decepcionada por la dimisión del héroe y su muerte, quizá teñida justamente de pena moral, en tanto la egolatría no alcanzó para la idolatría de su tiempo. Por el lado santanderista, el asunto germinó en una división que no se había declarado abiertamente desde los tiempos de la guerra contra los españoles, pero que alcanzó un grado de violencia elevada y recurrente a lo largo del siglo XIX. Véase la tesis de Renán Delgado , marcando un rumbo, un destino de las pulsiones, alcanzado sin meditación más que por parte de algunos, que de cualquier modo, no logran perturbar el entramado imaginario que siempre ha caracterizado cualquier actualidad.
Digámoslo con poca anestesia: esto es una repetición, más compulsiva de lo deseable, y más peligrosa en tanto que se trata de la vida cotidiana la que carece de estos referentes, y a cambio se sostiene sobre ¡La voluntad de Dios!
En el siglo XXI, Colombia tiene un fantasma, un enemigo, y un amigo que la protege. En los viejos tiempos de Bolívar, este héroe estuvo en Europa, no solamente jurando en un monte que libertaría, románticamente, un continente. Unos años después el emblemático James Rook moría en combate contra las tropas españolas, tomando su amputado brazo con el que le quedaba, afirmando que la patria es por la que se lucha. No es la única vez que el Reino Unido hace intervenciones militares, "liberadoras". Al modo de los césares, las recientes comunidades de naciones andan liberando pueblos oprimidos por la ola comunista. Es interesante ver que de cualquier modo, los colombianos guardan cierta simpatía por sus amigos ingleses, o por lo menos, que hablan su idioma. No son ya tan simpáticos sus vecinos, venezolanos y ecuatorianos, aunque con los últimos ya ha vuelto a reinar la hermandad.
Cuando Bolívar salió por última vez de Bogotá, fue protegido por cien granaderos venezolanos, y otros cuatrocientos soldados. Podría decirse que salió de la capital como un venezolano, pero dejó de herencia el fantasma de que Venezuela podría tomar posesión de la patria. En el sur, con el asesinato de Sucre, Obando y López fueron acusados por Mosquera de negligencia para capturar a los asesinos en Berruecos. Una guerra de varios años también terminó en otros brutales asesinatos, y olvidadas batallas entre los históricos liberales y conservadores.
Hoy todo eso parece elaborado. En los libros de historia por allí circulan fantasmas de que estos ilustres hombres, y mujeres, son ángeles incomprendidos. Sin embargo, una lectura revela que Manuelita Sáenz no pudo lograr el poder al que hubiera accedido si su hombre no se cansa de la sangre y el odio, que parece ser, terminan por hastiar hasta al más clausewitzsiano, a condición de que sea neurótico y no perverso. Santander no es santo de la devoción sino de los que siguen su causa anti-bolivariana, y de manera ilustrativa, los descendientes de generales como Obando desconocen hasta para qué lado de la cuerda tironeaba el violento abuelo.
No estoy seguro sobre el conocimiento que tengan los ecuatorianos de su historia. La ecuatoriana Manuelita Sáenz, también salió expulsada de Bogotá. Según el poema de Neruda, y las conferencias de Abello, se puede pensar que había ya perdido pasados los cincuenta años, la gracia de la que la dotó la pasión por el poder. Románticamente también, frente al mar, seguramente con los fragmentarios recuerdos de su recorrido con el que ahora se quiere recordar como Bolívar.
Imaginarios, estos personajes de fábula, de mito, permiten hacer una asociación que no deja de ser absurda por justificada. Esa inquina xenofóbica entre quizá muchos de los ciudadanos del común de estos países que fueron parte de la Gran Colombia, parece tener referentes históricos olvidados, reprimidos, que regresan una y otra vez. Léase a José María Vargas Vila, un colombiano de corazón venezolano, y se verá de nuevo la misma tensión xenofóbica que parece tener como referentes la expulsión de Bogotá de una pareja venezolano-ecuatoriana.
Lo reprimido regresa, dice Freud. Eso es, la represión falla. Y los fantasmas del pasado se hacen presentes en toda actualidad, volviendo a determinar las respuestas de los individuos y grupos de las colectividades, que se mueven por imaginarios tales como la nación, el estado, la comunidad, etc.
En la vida cotidiana, los normales, que son mayoría, sostendrán una vez más los imaginarios imperantes, negando nuevamente la impotencia de los pretendidos dioses. No querrán ver que el Otro está, realmente, castrado. Creerán que eligieron, y que eligieron bien. Esgrimirán la legitimidad de los procedimientos, y alegarán que el otro hizo trampa, si pierden. En lo cotidiano, las plazas destinadas a emplear a los ciudadanos serán el referente último del sufragio. Se negará a todo pulmón la manipulación, y se seguirá fomentando el espíritu de la democracia. ¡No se cree que un político manipule con la figura de otro político, usando los tesoros del fantasma para tal fin!
Al modo de los humanistas, seguirán diciendo que el presente ¡Es todo lo que tienes! El pasado, ¡Es algo que ya pasó! Y el futuro ¡Es algo que no puedes controlar!
Sin embargo, la rareza que salta es que el futuro es deprimente, el pasado ignoto pero determinante, y el presente un deseo marcado por todo lo anterior. Además, nunca se ha sabido a ciencia cierta de qué liberarse. Si Espartaco se hubiera liberado de Roma, ¿Lo habría podido hacer de su Mujer?
Terminemos entre los dos azules, dos conservadores simbolizados así, pues azul es el color de los viejos tradicionalistas. Insepultos, en fantasiosas vidas eternas, llenos de promesas de mercado paisa y prosperidad por el poder mágico de los cristales. Plenos de Ecclesia, defensores de la vida a ultranza, así tengamos que matar para lograrlo.
Curiosamente, la actualidad no da muchas buenas razones para vivir; pero tampoco para morir. El limbo del sujeto de la actualidad, si hacemos caso de los trabajos de Laclau, Zizek, Butler, Deleuze, etc., hasta remontarnos al viejo Freud de la Psicopatología de la Vida Cotidiana, es que el invento del sentido pierde su sentido.
Si no se tiene una buena razón para vivir, bueno es buscarse una para poder morir.
REFERENCIAS
Abello, Alberto. Bolívar y Manuelita. Una Pasión Histórica. Santafé de Bogotá, N. D.
Delgado, Renán. Crisis y Caída de la República Liberal. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
Mayo, 2010.