El psicólogo clínico ante las nuevas exigencias de la salud mental en Colombia

Jairo Báez
Universidad Antonio Nariño

Resumen

La reflexión siguiente versa sobre el lugar del psicólogo clínico en la exigencia que le hace la concepción de salud mental en la realidad actual de Colombia y en concordancia con políticas nacionales e internacionales. Su punto e inicio es una investigación en la cual participó el autor y la cual llevó a visualizar las prácticas actuales de los profesionales en psicología clínica. El análisis remite a una mutación tanto en su formación como en su proceder ampliando su visión y concepción teórica a otras dimensiones y espacios que le son ofrecidos por las nuevas disposiciones que promulgan la promoción, prevención y tratamiento en la salud y la enfermedad.

Palabras Claves: clínica, psicólogo, salud, formación, rol, función

¿Está el psicólogo preparado para enfrentar los problemas que le plantea el concepto de salud mental del momento en Colombia? Haciendo un balance de los datos arrojados por la investigación realizada en Bogotá, ¨factibilidad de intervención en la psicosis desde el psicoanálisis en un programa institucional de reinserción social¨   la situación del psicólogo en las instituciones que prestan servicios de salud mental, deja algunas inquietudes que valdría la pena tener presente a la hora de responder a un tipo de pregunta como la anterior.

Un dato primario indica que el psicólogo en tanto se declara clínico, lo hace más llevado por el imaginario de los espacios en los cuales ejerce su profesión, que en sí por su posición epistemológica, teórica o metodológica que le permita un proceder particular.  El psicólogo clínico asume que su lugar es en el consultorio y los establecimientos donde la salud, tomada como sinónimo de bienestar somato-físico, son los servicios que se ofrecen. Así, los hospitales, las clínicas y los centros de salud son los lugares propicios para desarrollar su función.

En el psicólogo que está siendo graduado actualmente por las universidades bogotanas, se echa de menos la concepción de la clínica como un método de investigación, cuyo paradigma clásico es el análisis de caso , o el método de investigación que utiliza como base sólo a uno; esto en la medida en que se sustenta que ese uno (sea sujeto, objeto, fenómeno, etc.) es único y que por tal no es repetible ni contrastable. Este método de investigación entra en clara disonancia con el método estadístico o investigación fundamentada en las medidas de tendencia central, de de boga en la actualidad de la psicología que se imparte en nuestras facultades. La falta de un sustento epistemológico acerca de lo que es la clínica, lleva a la reducción de creerla una práctica cuyo objetivo es diagnosticar y tratar los trastornos presentados en el DSM  o cualquier manual nosológico previamente establecido. Esto pone de manifiesto la falta de una concepción de la clínica en donde los síntomas y los signos son los derroteros frágiles pero indiscutibles para el discernimiento y acercamiento a la verdad que se rehúsa a revelarse de una vez por todas y para siempre; y donde la concepción de una cosa, en un continuo transcurrir, ampara una convicción y no una opción investigativa. 

Una reducción de la clínica psicológica a estas dimensiones, ocasiona lugares precisos de visualización del psicólogo por parte de los otros profesionales de la salud mental y un rol asumido por parte del psicólogo, que lo deja siempre en calidad de paramédico. Así es frecuente que el psicólogo clínico sea llamado a evaluar y diagnosticar trastornos, deficiencias sensoriales, cognitivas, afectivas, socio-familiares, etc.,  pero que sean otros profesionales los que toman las decisiones cruciales con respecto a lo que hay que hacer con un paciente así evaluado. Es propio aún, que el psicólogo siga las directrices del psiquiatra, quien es el considerado a tomar decisiones trascendentales para un paciente cuando de la salud mental se trata.

Siguiendo esta reducción, el rol del psicólogo clínico se complementa en su calidad de evaluador y diagnosticador, siendo un tallerista o consejero que enseña técnicas y estrategias para responder a las exigencias de las normatividades sociales. Al asumir este rol, el psicólogo clínico pierde toda posibilidad de actuar como profesional competente ante las exigencias que ocasiona el nuevo concepto de salud mental. La OMS , propone ahora un concepto de salud que supone prioritaria su promoción y necesarias la prevención y la intervención en la enfermedad. Ante esto, el psicólogo clínico sigue siendo reticente a moverse de su posición y espacio adquiridos; sigue asumiendo que su objeto de trabajo en la clínica es la persona en su dimensión individual, cuando no asumiendo como máxima ampliación, el ámbito de sus relaciones familiares particulares. Antes que emergiera la promoción de la salud, hace mucho que se pasó de la intervención en la enfermedad a la prevención de la misma; el exceso de costos y la poca efectividad de las intervenciones para reversar la enfermedad instituida, hizo poner los ojos en la prevención; allí el psicólogo clínico dejó al psicólogo educativo este espacio que la nueva concepción de la salud le hacía.

Que el psicólogo clínico de hoy se piense como un profesional capaz de dar solución a un macro-problema de salud mental es ilusorio; el pensamiento cerrado que hace una preocupación más por el consultorio y el hospital, como lugares exclusivos de la práctica clínica psicológica, hace que los problemas grandes de la salud mental en el país, la región y la familia, -tomada esta última en la generalidad de una idiosincrasia dada-, sean vistos como problemas para otros profesionales cuando no para los políticos. Otras dimensiones y otros espacios, propios de una concepción de una salud integral, aun son desconocidos o mínimamente abordados por el psicólogo clínico; ampliar el marco de aplicación tecnológica de sus teorías y modelos, cuando no enfoques y escuelas, al colegio, el barrio, el tiempo libre, la organización, etc., no son concebibles para una función clínica psicológica. Los psicólogos clínicos, que bien podrían aportar conocimientos necesarios para la solución a problemas medianos y grandes de la salud mental en Colombia, si se asumen como investigadores más que como ejecutores de técnicas, están aun por venir, porque las prácticas que ejercen en el momento no son consecuentes con sus alcances, si se asumieran en la anchura clásica de lo que debe ser la clínica.

Pensar un psicólogo clínico liderando el Ministerio de Protección Social,  aportando ideas desde el Congreso de la República para cambiar normas caducas, o tomar las riendas de un municipio, grande o pequeña ciudad, asumiéndose como Alcalde o a lo mínimo Asesor, no es posible porque atenta contra el imaginario de lo que es un psicólogo clínico. Estos son campos de la psicología organizacional, social o comunitaria y nunca para un psicólogo clínico. Bastante diciente esta noción, que tiene su origen en los currículos asignaturistas que imparten nuestras facultades de psicología y que obvian cualquier viraje hacia una formación en base a un currículo problémico, que forme realmente investigadores en psicología, capaces de dar solución a los problemas que demanda la sociedad colombiana.

Mientras se mantenga un currículo asignaturista, que asume un psiquismo fragmentado, cuando no un proceder distinto de acuerdo al contexto donde se desenvuelva el sujeto, la posición del psicólogo clínico como un técnico es una realidad. Esto no necesariamente debe ser cuestionable pero sí debería ser consecuente con los costos y beneficios para las partes implicadas. Para aprender a aplicar una prueba y hacer una entrevista con miras a enviar los resultados a un profesional competente, no se necesitan tantos años de estadía en la academia; menos para diseñar y realizar un taller para enseñar técnicas y estrategias de vida normal. Es ya propuesta del Colegio Colombiano de Psicólogos no permitir la práctica clínica sin tener medianamente una especialización en clínica; si el psicólogo ha de ser un técnico en su desempeño profesional, no se justifica tal predisposición.
Referencias

Báez, J; Rodríguez, R; Karam, J; Velosa, J. Factibilidad de intervención en la psicosis desde el psicoanálisis en un programa institucional de inclusión social. En Revista Tesis Psicológica. No. 3, pp. 100-115. Noviembre 2008. Facultad de Psicología. Fundación Universitaria Los libertadores. Bogotá.

Foucault, M. El nacimiento de la clínica. México. Siglo XXI. 1999

American Psychiatric Association. Diagnostic And Statistical manual of mental disorders. New York. Mansson. 1995

Organización Mundial de la Salud (OMS). Informe mundial sobre la violencia y la salud. Sinopsis. Ginebra: OMS. 2002.


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