DOSSIER ZIZEK, ARRIESGAR LO IMPOSIBLE
¿POLÍTICAS PÚBLICAS Y SUBJETIVIDAD?
Eulices Manrique Díaz*
eulito@yahoo.com
Abordamos el presente texto como un desarrollo parcial de la reflexión que adelantamos, desde hace algunos meses, en el campo de conexión entre "Políticas Públicas y Subjetividad". Desde luego, nuestro punto de partida es la obra de Zizek que promueve esta iniciativa de publicación **. Hemos tomado para la elaboración que sigue algunas ideas del citado texto (particularmente nos hemos orientado por lo que se indica en la quinta conversación), de acuerdo con lo que desde nuestra perspectiva hace eco a problemáticas locales que parecen ejemplificar, al menos en parte, experiencias contemporáneas del lazo social en nuestro medio. Asimismo, quiero agradecer a la psicóloga Blanca Inés Zamudio, por permitirme usar en este texto parte de su reflexión en torno a lo que ella designa "nominación ", refiriéndose a algunas prácticas institucionales observadas durante su experiencia profesional.
Posibles antecedentes
Desde hace algunos lustros, el Estado colombiano intenta asumir un papel más protagónico en lo que atañe a su responsabilidad en materia de derechos de las personas que habitan el territorio. Esta nueva dinámica institucional, se ve reflejada en diversos desarrollos constitucionales y legales que han dado origen al reconocimiento de la diversidad de modos de vida, creencias y "expresiones del espíritu" de los ciudadanos a lo largo y ancho de nuestro país. Aunque en nuestros discursos y prácticas actuales ya no es extraña la alusión a políticas específicas que se orientan a la atención de grupos potencialmente vulnerados, hasta mediados del siglo XX sólo se conocían incipientes esfuerzos, no exentos de tensiones, concentrados en campos como la legislación de las comunidades indígenas y campesinas.
Hoy encontramos, especialmente en los entornos urbanos, todo un cuerpo de políticas orientadas a las llamadas minorías (étnicas, culturales, sexuales), a los jóvenes (en sus diferentes expresiones) y a las mujeres, entre otros grupos de más reciente aparición. Estos nuevos agentes hacen parte del conjunto de actores políticos ahora visibles por el empuje de disposiciones internacionales y nacionales en materia de políticas de reconocimiento. Es claro, por otra parte, que el desarrollo y consolidación de algunos de estos avances, sería imposible sin la participación de los interesados, quienes han intervenido de manera organizada y eficiente en distintos escenarios de decisión política, respaldados en la gestión y el apoyo de distintos representantes de los poderes públicos (especialmente en el legislativo y el judicial) que han producido actos administrativos y jurídicos en defensa de los derechos de estos ciudadanos.
La promesa de las políticas públicas
Desde entonces, asistimos a una relación entre el Estado y los ciudadanos en la que se definen formas del bien común a partir de lo que el Estado, a través de sus instituciones, entiende genéricamente como bienestar. Desde estos "entendidos" se delimitan, además, unas formas del malestar y del síntoma social que deben ser tramitadas según los términos definidos institucionalmente. Delimitado el campo problemático, se diseñan estrategias de intervención y de regulación orientadas a los ciudadanos, materializando así lo que hoy conocemos como políticas públicas.
En este escenario, las formas de nominación provenientes de la política pública, juegan un papel importante que busca incidir en la subjetividad de aquellos a quienes se dirige. Esto, especialmente, cuando la política pública tiene como encargo particular abordar la cuestión de los malestares sociales y atender las imposibilidades de los sujetos, recurriendo a la nominación de su condición, vale decir: el pobre, el joven marginal, la mujer cabeza de hogar, el desplazado, el reincorporado, el vendedor ambulante. Pero ¿Cómo surgen dichas nominaciones? ¿Cuáles son los efectos de las nominaciones propuestas por la política pública, tanto en los beneficiarios de los programas como en los profesionales encargados de desarrollarlos? ¿Cómo se ubica y cómo responde el sujeto ante el nombre, el significante, la nominación propuesta?
El malestar del bienestar
Los párrafos precedentes nos brindan una idea de las dimensiones que es necesario trabajar al aproximarse al campo de las políticas públicas, en clave de reconocimiento y "perspectiva de subjetivación". Expresan, asimismo, la inevitable ambigüedad que comporta el despliegue de unas políticas que apuntan a la restitución de derechos sociales y culturales, enmarcados en la democracia liberal que nos caracteriza, con sus posibles aciertos pero también con sus innegables carencias y pretensiones.
Quizá en este punto sea oportuno referirnos, brevemente, al tema de las exigencias subjetivas para los nuevos destinatarios de las políticas públicas. Nos permitiremos centrar nuestra atención en esta última parte del texto en el caso de los llamados LGBT (Lesbianas, gays, bisexuales y transgénero) ¿Por qué la imperiosa necesidad de exponerse? ¿Acaso es imprescindible sacrificar la dimensión de lo íntimo, en aras de la defensa identitaria en lo social? ¿Se trata acaso de una simple condición de visibilidad política? ¿O estamos ante la exigencia de un amo contemporáneo que ensaya nuevas maneras de forclusión subjetiva, bajo el amparo de la dinámica de defensa de intereses democráticos en sociedades plurales? Abrir las puertas para la regulación de un campo social y de derechos con base en la dimensión de lo sexual ¿no nos expone a una intervención todavía más fuerte e invasiva de los dispositivos ideológicos de control, ubicados previamente en lo que Foucault llamó biopolítica? A propósito de lo anterior ¿de qué noción de sexualidad se habla al elevar estos reclamos?
Estos son sólo algunos de los interrogantes que surgen en una primera aproximación. Ahora intentemos un borde distinto, dado por un posible análisis de lo que implica la aparición de esta minoría sexual en las distintas escenas de lo político. Aquí será necesario distinguir el interés representativo (o la pugna por el lugar dentro del sistema de representación), la pretensión de restitución de derechos mediada en el campo sociopolítico por la exigencia de una sólida adscripción de identidad (con sus respectivos relatos y vindicaciones a las que forzosamente tiene que adherir el interesado) y el nivel propiamente del "desacuerdo" político (en términos de Rancière) materializado en la pretensión de tomar parte en la "otra parte" de la cual se presume exclusión.
Cobra aquí pleno sentido la elaboración de Zizek en relación con el multiculturalismo como horizonte ideológico del capitalismo. Ello se expresa en la fácil asimilación que éste hace de movimientos como las llamadas minorías, desde posturas y prácticas políticas que o bien las "victimizan" o bien las tratan como especies en vía de extinción, en un intento precisamente por no reconocer su "particularidad universal", por controlar y hacer digerible la contradicción y el litigio que eventualmente encarnan.
Es pasmoso verificar como el trámite ideológico funciona: elimina las aristas consideradas más problemáticas, haciendo de grupos como los LGBT una suerte de fuerzas "contraculturales" sin aguijón contracultural, en el mejor estilo del muy posmoderno café sin cafeína. Estos LGBT "normalizados" lideran, aparentemente, el libre ejercicio de elección entre distintas y muy enriquecedoras formas de vivir en sociedad y, sin embargo, optan por reducirse al reclamo de lo diferente desde un ideal imaginario de reconocimiento a una siempre inestable identidad. A cambio de esto, obtienen como salida concreta, al menos en nuestro contexto distrital, acceso diferencial a una oferta de bienes y servicios absurdamente inaccesibles antes de la pugna.
Notas
*Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Especialista en Gerencia y Gestión Cultural de la Universidad del Rosario
** Zizek, Slavoj y Glyn Daly. Arriesgar lo imposible. Madrid: editorial Trotta, 2006.