Lo Real y la teoría política

"Cómo volver, si no es con un discurso especial, a una realidad prediscursiva?. Este es el sueño, el sueño fundador de toda idea de conocimiento. Pero es igualmente lo que ha de considerarse como mítico. No hay ninguna realidad prediscursiva. Cada realidad se funda y se define con un discurso"
Jacques lacan, Seminario 20. Aún.

Jairo Gallo Acosta*

Aunque el discurso funda la realidad, esta nunca termina de fundarse o cerrarse completamente, ya que en eso mismo fundante hay un límite: lo Real lacaniano, y este límite es que permite fundamentar una teoría política, teoría que trata de construir un discurso de la realidad (realidad política) que solo puede tener sentido con un Real que la excede.

Al estar la realidad basada y definida por el discurso,  esta realidad también se soporta por las fantasías imaginarias,  por lo tanto, la realidad política también sería constituida por lo simbólico e imaginario: "La política es idéntica a la realidad política y la realidad política, como toda realidad, está, primero, constituida en el nivel simbólico, y segundo, soportada por la fantasía" (Stavrakakis, 2007:112).

Desde lo anterior se  hace necesario a la hora de poder construir una teoría política una diferenciación de eso imaginario, simbólico y Real en Lacan. Para algunos autores como Chantal Mouffe, la diferencia se puede ubicar en lo político y la política: "Concibo lo político como la dimensión de antagonismo que considero constitutiva de las sociedades humanas, mientras que entiendo a la política como el conjunto de prácticas e instituciones a través de las cuales se crea un determinado orden, organizando la existencia en el contexto de conflictividad derivada de lo político" (Mouffe, 2009.15).
Para Mouffe, la política tiene que ver con el nivel óntico y lo político con el nivel ontológico. La realidad política es un intento imposible de borrar la ontología de lo político, negar lo político no la hace desaparecer "Lo político se convierte en una de las formas de encuentro  con lo real. El Campo de la construcción social y la realidad política es el campo que intenta la simbolización de este real" (Stavrakakis, 2008:114).

Para Stavrakakis la principal contribución que Lacan puede brindar a la teoría política se encuentra en el nivel de la ontología, que  para los teóricos cercanos a la teoría política como Laclau no es una nueva versión política de la metafísica. Para Laclau la lógica de la hegemonía (la relación  entre las dimensiones de lo universal y lo particular) y la del objeto "a" lacaniano, se entrecruzan en una relación ontológica (siendo lo ontológico para Laclau la dimensión universal que es independiente del contenido real de un proyecto, y lo óntico, como contenido particular de un proyecto) donde solo es posible alcanzar "la plenitud" mediante una investidura radical en un objeto parcial (que es la totalidad),  como también separar radicalmente lo ontológico de lo óntico (brecha de lo Real o brecha de paralaje en Zizek) ya que hay una condición de (im)posibilidad de la relación entre lo particular y lo universal, es decir, cada demanda en particular, tiene que universalizarse, presentarse como "más" universal (ontológico) que su contenido concreto (óntico), y este el exceso que retoma Laclau de Freud, para que algo particular pueda empezar a hegemonizar el campo social, o el campo de las prácticas sociales.

Los aportes en los últimos años de Laclau, Zizek, Mouffe (entre otros) en la teoría política son muy importantes porque tratan de fundamentar una teoría que ofrece una mirada muy sugerente sobre la estructuración de la realidad, su plenitud fallida y las opciones de poner en cuestión lo naturalizado. Además  que cuestionan  la constitución sociopolítica de la sociedad, mostrándola como un espejismo, así  como cuestionan la creencia que la política democrática actual está garantizada desde una esencia a la cual hay que dirigirse desde una serie de políticas, olvidando (negando) que dicha sociedad sólo existe a - posteriori, después de una serie de actos que puedan representar dicha sociedad, darle existencia desde lo simbólico.

"Lo social es articulación en la medida en que lo social no tiene esencia - es decir, en la medida en que la sociedad es imposible- (…) la necesidad de lo social es la necesidad propia de identidades puramente relacionales" (Laclau/Mouffe, 2006)
La institución de la fantasía social eso que Laclau llama lo hegemónico,  los antagonismos que se hacen equivalentes  en un significante vacío hegemónico. "Todo acontecimiento dislocatorio lleva a la articulación antagónica de diferentes discursos que intentan simbolizar su naturaleza traumática" (Stavrakakis, 2007:115).

Cada vez que hay un encuentro con lo real, la realidad solo se posibilita por la negación de ese real exterior:

"La articulación de un nuevo discurso político solo puede tener sentido  sobre el  fondo de la dislocación del orden socio político precedente o del espacio ideológico. La falta creada por la dislocación causa el deseo de una nueva articulación discursiva. Esta falta creada por una dislocación de lo social forma el núcleo de lo político como encuentro con lo real lacaniano" (Stavrakakis, 2007:115)
La realidad política se construye en lo simbólico soportada por lo imaginario (fantasías): (Dios, patria, nación, partido, clase, seguridad, democracia): "Todos los proyectos políticos apuntan a este objeto imposible, que reduce la utopía a una pantalla fantasmática" (Stavrakakis, 2007:125).
Los puntos de capitón son investiduras libidinales que hacen lazo con los otros, y es lo que permite la ilusión de "unidad" por medio de las identificaciones a un rasgo común (el goce encarnado). El goce siempre emerge dentro de un campo fantasmático. 8lo real emergiendo en el campo imaginario articulado a lo simbólico social):

"¿Qué es lo que crea y sostiene la identidad de un terreno ideológico determinado más allá de todas las variaciones posibles de su contenido explicito? (…) el cúmulo de significantes flotantes, de elementos protoideológicos, se estructura en un campo unificado mediante la intervención de un determinado punto nodal (el point de capitón lacaniano) que los acolcha, detiene su deslizamiento y fija su significado. El espacio ideológico está hecho de elementos sin ligar, sin amarrar, significantes flotantes, cuya identidad está abierta, sobredeterminada por la articulación de los mismos en una cadena con otros elementos" (Zizek, 1992:125).

Los puntos de capitón fijan por medio ciertos significantes el sentido en la cadena de significantes, es ahí donde la ideología la articulación de elementos (fantasías) alrededor de un punto nodal y que organiza la vida social.

Vista las cosas de ese modo, se podría pensar que no hay salida para ese encuentro con lo real, pero el psicoanálisis no deja una sin salida, permite "inscribir un reconocimiento de lo real, instituir el momento de lo político en el espacio de la política" (Stavrakakis, 2007:129).

Por eso la política es el arte de lo imposible, el intento perpetuo de institucionalizar dentro de la realidad política lo político, institucionalizar la falta en la realidad política. Identificarse con el síntoma social, lo que  anda, lo que es imposible de atrapar, lo que precisamente constituye lo social y la política. Aceptando la representación de lo imposible, representado la imposibilidad, es que es posible representar lo imposible.

El problema es cuando la política reemplaza lo político, cuando lo imposible de lo político es reemplazado por identidades de todo tipo: nacionales, raciales, étnicas, culturales, de género o cualquier otra, para el caso apuntan a lo mismo: negar lo Real. La apuesta  ética aquí consiste en enfrentarse a ese Real.

"Lacan está muy lejos de convertir lo real en tabú, de elevarlo a entidad intocable exenta de análisis histórico; antes bien, para él, la única posición ética verdadera es asumir plenamente la tarea imposible de simbolizar lo real" (Zizek, 2003:296).

Lo político pase al ser el arte de lo imposible, se convierte en el intento perpetuo de institucionalizar dentro de la realidad política lo político, institucionalizar la falta en la realidad política. Identificarse con el síntoma social, lo que  no anda, lo que es imposible de atrapar, lo que precisamente constituye lo social y la política. Aceptando la representación de lo imposible, representado la imposibilidad, es que es posible representar lo imposible.

"Lo que está claramente en juego aquí es la posibilidad de realizar gestos simbólicos que institucionalicen la falta social, es decir, incorporar el reconocimiento ético de la imposibilidad de la clausura social" (Stavrakakis, 2007:190)
De lo que se trata en la teoría política es de elevar el síntoma social, lo excluido a una verdad universal  (dignidad de la cosa lacaniana), un saber hacer sobre el síntoma, para que hay un viraje no hacia el goce -  giro que conlleva a posiciones identitarias -sino hacía la eso que Freud llamaba "sublimación".

Toda intervención política debe apuntar al goce, a lo real lacaniano que estructura lo imaginario (realidad -fantasía) y lo simbólico (social).

* Psicólogo. Magister en Psicoanálisis. Doctorando en Ciencias Sociales.
Bibliografía
Laclau, E/ Mouffe, C (2006) Hegemonía y Estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Mouffe, C (2009) En torno  a lo político. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
Stavrakakis, Y (2007) Lacan y lo político. Buenos Aires: Prometeo.
Zizek, S (1992) El sublime objeto de la ideología. México: Siglo Veintiuno
Zizek, S (2003) La metástasis del goce Seis ensayos sobre la mujer y la causalidad. Buenos Aires: Paidos.

  ISSN 2011-8511
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