La Seducción, de la Realidad a la Fantasía: Un recorrido por la obra de Freud.

  Lic. en Psic. Nelly Adriana Ruz Sanguino

  La fantasía no es otra cosa que un modo de memoria emancipado del orden del tiempo.
Samuel Taylor Coleridge.

Resumen
  La pregunta fundamental que se plantea sobre el término seducción se encuentra en su naturaleza, y es la que le dio dirección a la investigación y la práctica psicoanalítica. A sus inicios el psicoanálisis estudiaba el fenómeno “seducción” como un hecho real encontrándose con serios problemas para comprobar su validez. Posteriormente la fantasía (incluyendo la de seducción) se convierte en objeto de estudio del psicoanálisis y adquiere un valor fundamental en su teoría. El presente artículo es un recorrido histórico por la obra de Freud a través de los cambios teóricos que derivan del estudio de la seducción como origen de la histeria.
  Las primeras investigaciones referentes a la seducción, se sitúa en 1896 cuando Freud, a través de sus conferencias en torno a la etiología de la histeria habla por primera vez de las relaciones sexuales precoces y su influencia en el desarrollo emocional posterior del individuo. Durante esos primeros años como investigador, Freud, intentaba hallar las causas de la histeria, siendo esta indagación el motivo que lo lleva a desarrollar una teoría acerca de la sexualidad infantil; muchos fueron los escritos, y las ideas planteadas en éstos, antes de llegar a la formulación de la teoría.
  El trauma psíquico y la teoría de la seducción
Uno de los primeros escritos, cuyas aportaciones están relacionadas con las vivencias infantiles como origen de la neurosis, lo realizó en colaboración con Breuer en 1893; este trabajo es publicado con el nombre de: Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: Comunicación preliminar y, como su nombre lo indica, describe el mecanismo psíquico de los fenómenos histéricos a través del trauma psíquico, pero no explica la causa última de la histeria, por lo tanto no aborda la cuestión de la sexualidad infantil, únicamente lo menciona, siendo éste el tema a tratar en sus siguientes publicaciones.
Acerca de trauma psíquico, Freud y Breuer afirman que es el origen de la neurosis traumática, y en algunos casos de histeria corriente, entendiendo la palabra trauma como: “toda vivencia que suscite los afectos penosos del horror, la angustia, la vergüenza, el dolor psíquico; y desde luego, de la sensibilidad de la persona afectada” (Freud y Breuer, 1893, pag. 31); la histeria también puede ser resultado de varios traumas parciales que en su sumación alcanzan el efecto traumático. Cabe mencionar que Freud y Breuer no consideran al trauma psíquico como un agente provocador apartir del cual se desencadena el síntoma, sino que lo describen como un cuerpo extraño que puede alojarse por largo tiempo en el inconsciente del individuo sin hacer efecto, y que una vez que se ha hecho efectivo puede eliminarse su virtud si se trae a la conciencia el recuerdo del proceso ocasionador y el afecto que lo acompañó,  (Freud y Breuer, 1893).
Con este trabajo las bases para explicar la etiología de la histeria ya estaban sentadas con la explicación del proceso mediante el cual se forma el fenómeno; a la luz de esta elucidación se alcanza a inferir que la seducción puede ser considerada como un trauma cuya presencia en el niño podría poner en riesgo su salud mental, pero aún Freud no aborda el contenido de dichos traumas, por lo que permanecía una interrogante sin atender: ¿Cuál es la causa última de la histeria?, esta interrogante está relacionada directamente con la sexualidad infantil y con las vivencias que podrían modificar el rumbo de su desarrollo; Freud aborda este tema en su siguiente escrito.
En 1895 Freud y Breuer, siguiendo con la misma línea de trabajo,  publican Estudios sobre la histeria. En dicho documento presentan dos historiales clínicos, en los cuales afirmaban que sus jóvenes pacientes enfermaron a raíz de la seducción vivida en la infancia. Con esta enunciación, ambos explican la histeria desde la sexualidad anormal infantil, (Freud y Breuer, 1895).
Durante este año (1895), Freud elabora la Teoría de la Seducción, ésta plantea que el recuerdo de la seducción de un niño por parte de un adulto, es la causa de la neurosis. Freud añade que este hecho (la seducción) tiene lugar antes del período de la pubertad, aunque la aparición de la neurosis sea después de ésta. Dicha teoría la presenta el 21 de abril de 1896, en una conferencia titulada Etiología de la histeria, e impartida ante la Sociedad de Psiquiatría y Neurología de Viena, en la que muestra dieciocho casos clínicos (seis hombres y doce mujeres) que sustentaban su hipótesis. En ella, Freud plantea el camino que va del síntoma de la histeria a la escena del trauma que lo originó; pero para saber que se está frente a dicha escena, ésta debe de poseer dos condiciones: la idoneidad determinadora y la fuerza traumática. Se entiende como idoneidad determinadora la relación lógica o justificada que existe entre el evento traumático y el síntoma, y por fuerza traumática la intensidad de la vivencia, (Freud, 1896).
Al exponer estas dos condiciones en la escena traumática, Freud plantea 3 tipos de dificultades para recorrer el camino del síntoma a la escena, y es cuando la escena exteriorizada en sesión no presenta alguna de las dos condiciones o ambas. Él soluciona este conflicto de la siguiente manera: “ningún síntoma histérico puede surgir de una vivencia real sola, sino que todas las veces el recuerdo de vivencias anteriores, despertado por vía asociativa, coopera en la causación del síntoma”, (Freud, 1896, pag. 196). Por lo tanto, el analista deberá hacer un recorrido cronológico inverso, descubriendo cada una de las asociaciones que conforman la cadena mnémica hasta llegar infaliblemente a una vivencia sexual, siendo esta la causa última de la histeria, vivencia ubicado en un momento real, (Freud, 1896).
Respecto al contenido de las vivencias, Freud (1896) afirma que únicamente tienen dos caracteres en común: La sexualidad y que se dan antes del período de la pubertad, porque éstas suelen ser muy diversas y van desde las más traumáticas agresiones sexuales, o el ser testigo de actos sexuales entre progenitores, hasta entrar en contacto tiernamente con un amigo. A partir de estas especificaciones, acerca de las vivencias, Freud comienza a definir aquellas que pueden ser consideradas una seducción y piensa que son la condición para la predisposición de la histeria, aunque, también añade que dichas vivencias se combinan con la carencia psíquica de las histéricas para manejar las demandas de la sexualidad al llegar a la etapa de la pubertad.
Hasta este momento de su investigación, se puede apreciar que, Freud consideraba que el trauma está cimentado forzosamente en una vivencia real de índole sexual. El sustento de que el trauma es generado por una vivencia de índole sexual recae en los 18 casos presentados, Freud a la letra:
Si someten al más riguroso examen mi tesis según la cual la etiología de la histeria residiría en la vida sexual, ella sale airosa de la prueba, como lo indica el hecho de que en unos 18 casos de histeria pude discernir ese nexo para cada síntoma singular y toda vez que las circunstancias lo permitieron, corroborarlo con éxito terapéutico”, Me objetarán por cierto, que el decimonoveno y el vigésimo análisis acaso muestren una derivación de síntomas histéricos también desde otras fuentes, y así limitaría la validez de la etiología sexual, que ya no sería universal sino de un ochenta porciento. Y bien aguardaremos a que esto ocurra… (Freud, 1896: Pág. 199).
Del mismo modo defiende la idea de que estas vivencias están basadas en un hecho real y no como parte de su invención de la siguiente manera:
Yo nunca he conseguido imponer a un enfermo cierta escena que yo esperaba, de suerte que él pareciera revivirla…existe, además, toda una serie de otras garantías sobre la realidad objetiva de las escenas sexuales infantiles. Primero, su uniformidad en ciertos detalles, resultado forzoso de ser recurrentes y homogéneas las premisas de esas vivencias… Segundo… los enfermos describen como inocentes unos procesos cuyo significado, evidentemente no comprenden, pues de lo contrario por fuerza los espantarían; o bien, tocan sin atribuirles valor, detalles que sólo alguien experimentado en la vida conoce y sabe apreciar como unos sutiles rasgos de carácter de lo real-objetivo… hay otra y más fuerte prueba… las escenas infantiles prueban ser por su contenido unos irrecusables complementos para la ensambladura asociativa y lógica de la neurosis, y sólo tras su inserción se vuelve el proceso inteligible {verständlich}, (Freud, 1896: Pág. 204).
Freud agrega 2 pruebas más: que el éxito terapéutico podría demostrar la veracidad del evento y su implicación causal en la neurosis. Y, la que considera la prueba más contundente, que es la corroboración de otras personas relacionadas con el paciente que hubieran participado en su infancia en la misma vivencia: dicha corroboración la consiguió en 2 casos de los 18 presentados. En uno de los casos el hermano, que se había mantenido sano, reconoció haber sostenido vivencias sexuales con su hermana enferma, y en otro caso dos mujeres bajo tratamiento reportaron haber mantenido comercio sexual con el mismo hombre, (Freud, 1896).
Otro escrito que habla acerca de la teoría de la seducción fue publicado el mismo año (1896), es: Nuevas puntualizaciones sobre la neurosis de la defensa, en éste escrito Freud retoma lo planteado con anterioridad en relación a las vivencias traumáticas infantiles de tipo sexual, insistiendo en la importancia de la etapa en la cual se genera el trauma psíquico, pero a diferencia del escrito anterior, en el cual planteaba que experiencias muy diversas pueden dar origen al trauma, en éste escrito hace una descripción del contenido de las vivencias, y lo expresa de la siguiente manera: “estos traumas sexuales corresponden a la niñez temprana {frühen Kindheit} (el período anterior a la pubertad), y su contenido tiene que consistir en una efectiva irritación de los genitales (procesos semejantes al coito)”, (Freud, 1896 b, Pag. 164). Con esta afirmación se establece que la seducción consiste en toda vivencia de índole sexual que produzca una excitación genital en el niño.
A pesar de la importancia que posee la seducción en su teoría, Freud nuevamente plantea que el trauma no es generado por la misma, sino es el resultado del recuerdo de las vivencias sexuales que generalmente ocurren a la edad máxima de 8 años, y cuyos síntomas aparecen después de la madurez sexual, (Freud, 1896 b).
Un aspecto importante a considerar en este trabajo, es la diferencia de la incidencia de neurosis y sus tipos, de acuerdo al sexo. Este hecho lo relaciona con la frecuencia de ataques sexuales en ambos sexos. Freud menciona, basándose en trece casos de histeria (de los cuales solo dos eran hombres), que la razón por la cual existe una mayor frecuencia de la histeria en el sexo femenino, es por ser el grupo más estimulador de ataques sexuales, (Freud, 1896 b).
En cuanto a los tipos de neurosis Freud (1896 b) plantea de la diferenciación entre el origen de la histeria y él de la neurosis obsesiva (tema el cual únicamente introduce al final del escrito Etiología de la histeria y que desarrolla en Nuevas puntualizaciones sobre la neurosis de la defensa) siendo que la primera proviene de las experiencias sexuales pasivas de la niñez, y la segunda de las experiencias sexuales activas, estas últimas son más comunes en los niños, quienes podrían tener una participación placentera en el acto sexual, lo que explica el porqué en los hombres suele presentarse con mayor frecuencia la neurosis obsesiva y en las mujeres la histeria. Sin embargo, también menciona que en la neurosis obsesiva las experiencias sexuales activas fueron precedidas por experiencias pasivas. Esto se puede traducir en que siempre el origen de la neurosis está en la seducción de un niño por parte de un adulto, (Freud, 1896). Freud, nuevamente le da un tinte de realidad a la seducción, subrayando la situación que viven los infantes de sexo femenino en esa época, hasta éste momento el infante carece de sexualidad, esta proviene del exterior, de un adulto que la inserta en su vida.
Respecto a los seductores Freud menciona que de los 13 casos en los cuales basa su estudio, las niñeras, gobernatas, educadores y otro  tipo  de personal de servicio eran los que realizaban los abusos. Así mismo, menciona que en 7 casos, los responsables eran otros niños, en su mayoría hermanos que mantenían relaciones sexuales con sus hermanas menores. Llamándoles a estas agresiones: atentados infantiles no culposos. Esto reitera la afirmación que en algunos casos, los niños agresores primeramente fueron agredidos e iniciados en actos sexuales por un adulto que estaba a cargo de su cuidado, generando un despertar prematuro de su sexualidad y posteriormente convirtiéndolo en un agresor sexual, (Freud, 1896). Hasta éste momento, el niño carece de sexualidad, esta es introducida por el adulto a través de la seducción.
A pesar de la tenacidad que demostró en sus inicios Freud para defender la teoría de la seducción, el 21 de septiembre de 1897 expresa, en una carta dirigida a Fliess (Carta 69), que no puede seguir sustentando dicha teoría, y que considera poco probable que la perversión contra los niños esté tan difundida. Piensa ahora que el relato de sus pacientes se apoya en un falso recuerdo, producto de sus fantasías, (Freud, 1950).
Como resultado de esta reflexión, Freud (1898) cambia públicamente de opinión en el escrito La sexualidad en la etiología de la neurosis, en éste escrito presenta una nueva visión sobre la sexualidad infantil, afirmando que: el niño está capacitado “para todas las funciones sexuales psíquicas y para muchas somáticas” pero también asevera que “la organización y el desarrollo de la especie humana aspiran a evitar un quehacer sexual más basto en la infancia”, (Freud, 1898, Pág. 272- 273). La razón por la cual, las experiencias sexuales a edades tempranas resultan patógenas deviene de esta contradicción entre psiquismo y sociedad; porque el niño que ha vivido una experiencia sexual puede estar psíquica y hasta fisiológicamente preparado para ésta, pero socialmente se le impone reservarse estás mociones hasta la pubertad. Está es la primera vez que Freud se refiere a la sexualidad como algo que posee el infante o no como un elemento que es introducido por el adulto.
Posteriormente, en el escrito: Tres ensayos de teoría sexual menciona 2 tipos de causas en la reaparición de actividad sexual en la infancia: las externas y las internas. De ésta forma Freud se retracta de las afirmaciones realizadas en su escrito La etiología de la histeria expresando que había sobrevalorado las causas externas (seducción) como causas de la anormalidad, primeramente porque no consideró a los individuos que habían pasado por este tipo de experiencias y tenían una vida normal adulta; y sobretodo porque no reflexionó acerca de los factores dados en la constitución y el desarrollo sexual, no siendo necesaria la intervención de la seducción para despertar la vida sexual de un niño, teniendo éstas un origen interno, (Freud, 1905).
A pesar de restarle importancia a la seducción como un hecho real en éste escrito, incorpora el término: Disposición perversa polimorfa, siendo está la disposición del niño a realizar todo tipo de trasgresiones bajo la influencia de la seducción. La explicación que ofrece a ésta, es que el niño aún no posee los diques anímicos: Vergüenza, asco y la moral contra los excesos sexuales, por lo que carece de resistencias y puede desarrollar un gusto por las perversiones.
En este mismo escrito (Tres ensayos de teoría sexual) muestra la importancia de la vida sexual interna del niño y considera que la seducción dista de aclararnos la condición inicial de la pulsión sexual del niño, ya que proporciona a éste un objeto sexual ajeno a su cuerpo (zonas erógenas), del cual no muestra necesidad en estas primeras etapas, como resultado del autoerotismo. Eso no significa que el niño no muestre interés hacia otras personas como objetos sexuales. De hecho, menciona 3 tipos de pulsiones: las del placer de ver, de exhibir y la crueldad, todas independientes de las zonas erógenas y orientadas hacia otras personas, pero a diferencia de la seducción, estas no se relacionan directamente con la vida genital, hasta la pubertad, (Freud, 1905).
Como resultado de la afirmación acerca de los deseos sexuales en los niños y la inclinación a darle una mayor importancia a las fantasías infantiles relacionadas con estos deseos, Freud elabora la teoría del complejo de Edipo, en la cual el seductor pasa a ser el niño, uno de los padres es objeto de amor y el otro, el rival, objeto del odio infantil, formando el triángulo edípico, (Freud, 1906). Las fantasías toman un lugar privilegiado en la teoría, ya no es necesario demostrar que tan real es el discurso de los pacientes, lo importante ahora es el análisis de una realidad interna.
  Con la renuncia a la seducción, tres temas fueron preponderantes en la correspondencia con Fliess: La sexualidad infantil, la Fantasía y el Edipo, la introducción de éstos elementos da lugar a una nueva visión acerca de la sexualidad infantil, pues la pulsión sexual tiene lugar en ella, mucho antes de la llegada de la pubertad, por lo tanto la escena de seducción por parte de un adulto no es más que el resultado de una fantasía que se transforma en un recuerdo real y una actividad sexual espontánea que se torna en pasividad. Con ésta renuncia Freud disminuye la importancia de las influencias circunstanciales de la vida en el origen de las neuropatías, sustituyéndolas por la predisposición a través de la “constitución sexual”, abandonando de esta forma el realismo biológico que caracterizaba su trabajo. (Laplanche, 1985).
Desde éstos cambios el psicoanalista en su práctica no hace intervenir las “realidades” exteriores al tratamiento mismo, el material debe ser analizado en un contexto de transferencia, y la técnica indica suspender todo juicio de realidad. Esta suspensión trae consigo 2 riesgos: “que el interés por el análisis se desvanezca si desde el primer momento le dice al analizado que todo el material que aporta son sólo imaginaciones, o que se reproche más tarde por haberlo estimulado a tomar las fantasías por realidades”, (Laplanche, 1985 Pág. 24). Ante esta situación Freud crea el concepto “Realidad psíquica” como la realidad de nuestros pensamientos que se opone a la realidad material y es tan válida como la primera para ser objeto de estudio, este concepto lo introduce en La interpretación de los sueños definiéndolo como un núcleo heterogéneo dentro del campo psicológico. “Por lo tanto existen tres tipos de fenómenos (o, en el sentido más amplio, de realidades): la realidad material, la realidad de los “pensamientos de relación” o de lo psicológico y la realidad del deseo inconsciente y de su “expresión más verdadera” (Laplanche, 1985 Pág. 24).
A partir de 1896 la concepción de fantasía en el pensamiento freudiano toma una nueva significación, no es sólo un material para analizar (independientemente que sea como ficción o como un recuerdo real), sino también es un resultado del análisis, es un contenido oculto detrás del síntoma el cual hay que descubrir. La fantasía se convierte en objeto de estudio del psicoanálisis y adquiere un valor fundamental que se refleja en su tratado en varios escritos como: “Sobre teorías sexuales infantiles” (1908), “El creador literario y el fantaseo” (1908), “Apreciaciones generales sobre el ataque histérico” (1909) y “La novela familiar de los neuróticos” (1909). En “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad” (1908). Convirtiéndose la fantasía en el material de trabajo del psicoanalista.

Referencias
   Freud, S. (1896). La etiología de la histeria. (Vol. III). En Sigmund Freud Obras completas. Buenos Aires: Amorrotu Editores.
  Freud, S. (1896 b). Nuevas puntualizaciones sobre las neuropsicosis de defensa. (Vol. III). En Sigmund Freud Obras completas. Buenos Aires: Amorrotu Editores.
  Freud, S. (1898). La sexualidad en la etiología de las neurosis. (Vol. III). En Sigmund Freud Obras completas. Buenos Aires: Amorrotu Editores.
  Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual. (Vol. VII). En Sigmund Freud Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  Freud, S. (1950). Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Freud. (Vol. 1). En Sigmund Freud Obras completas, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
  Freud, S., & Breuer J. (1893). Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos: comunicación preliminar. (Vol. II).  En Sigmund Freud Obras completas Buenos Aires: Amorrotu Editores.
  Freud, S., & Breuer J. (1895). Estudios sobre la histeria. (Vol. II). En Sigmund Freud Obras completas, Buenos Aires: Amorrotu Editores.
  Laplanche, J. y Pontalis J. B. (1985). Fantasía originaria, fantasía de los orígenes, orígenes de la fantasía. Buenos Aires: Gedisa.





 
REVISTA  PSIQUE Y SOCIEDAD
  ISSN 2011-8511
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